sábado, 12 de noviembre de 2016

13/11/2016 Domingo 33 del Tiempo Ordinario. Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)



El Señor llega:
Hemos llegado a los últimos días del Año Litúrgico, y no nos sorprende que la palabra de Dios proclamada en nuestra celebración dominical parezca poner también delante de nuestros ojos los tiempos últimos de la historia de la salvación, de la que el Año Litúrgico es una imagen sacramental. Vosotros sabéis, sin embargo, que la palabra de Dios, aunque referida al pasado más remoto o al futuro más lejano, proyecta siempre su luz sobre el presente, es decir, sobre nuestra celebración de hoy y sobre nuestra vida.
Guiados por la palabra de Dios, intentaremos acercarnos a la verdad de la celebración y a la verdad de la vida, a lo que somos y a lo que esperamos ser.
Unidos en una sola voz, formando un solo cuerpo, hemos orado, diciendo: “El Señor llega para regir la tierra con justicia”.
¿Quién es el que ora? ¿De quién es esa única voz? ¿Quién forma ese único cuerpo? En la unidad de la oración he podido distinguir con nitidez, junto a la voz del salmista, la voz de cada uno de vosotros, y también la voz de los desheredados de la tierra que han entrado con su pobreza en vuestras vidas. Son muchos los que para vosotros tienen un rostro concreto y un nombre, porque han llamado alguna vez a vuestra puerta. Son muchos, muchísimos más, los que entran en nuestra oración como un grito sin rostro y sin nombre, hombres y mujeres sin patria, sin documentos, sin raíces, moradores del sufrimiento y del hambre. He oído también resonar en nuestra asamblea, a una voz con la nuestra, la oración de los muertos: era la oración de una multitud de hombres y mujeres y niños sepultados por el desierto o devorados por el mar.
Y, sin embargo, nosotros con ellos, con los desheredados de la tierra, hemos orado, diciendo: “El Señor llega para regir la tierra con justicia”. Las palabras de nuestra oración, nacidas al calor de la fe, estaban tan empapadas de esperanza, y llenaban el corazón de gozo tan grande que hemos sentido necesidad de invitar la creación entera a participar en nuestro himno de alabanza al Señor: “Tocad, suenen los instrumentos, aclamad, retumbe el mar, aplaudan los ríos, aclamen los montes”.
¿Dónde se fundamenta nuestra esperanza? ¿De dónde brotan los gozos? ¿De dónde nace nuestro canto? Habíamos oído la palabra del profeta: “Llega el día”; y hemos orado, diciendo: “El Señor llega”. Llega el fuego, y quemará la paja. Llega un sol de justicia, y trae la salvación en las alas. Llega el Señor para regir la tierra con justicia. Vienen a la memoria las palabras de Jesús en la montaña: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”; dichosos, dice, bienaventurados, felices, porque Dios los saciará. El Señor que llega, él es el fundamento de la esperanza, el hontanar de los gozos, la razón de nuestro canto.
Hemos orado, diciendo: “El Señor llega para regir la tierra con justicia”, y la memoria de la fe puso delante de nuestros ojos el misterio inefable de la encarnación, y contemplamos a Cristo Jesús, buena noticia de Dios para los pobres, justicia de Dios para los oprimidos, libertad para los esclavizados, perdón para los pecadores, luz para los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. “El Señor llega para regir la tierra con justicia”, dijiste, y tu corazón se abrió para acoger, por la comunión, a Cristo que llega, buena noticia, justicia, libertad, perdón y luz que viene a tu vida. “El Señor llega para regir la tierra con justicia”, dijimos, y pensamos en el día del Señor, cuando todo se hará definitivo y pleno: La comunión con Cristo, el evangelio, la justicia, la libertad, el perdón y la luz.
Un sueño: Que cada uno de nosotros sea para los pobres un signo de la llegada salvadora de Dios a sus vidas.
Un deseo: Que llevemos siempre a Cristo en el corazón.
Feliz domingo.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Misericordia. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Catequesis de Papa Francisco (21/09/16)



 Misericordia. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Catequesis de Papa
Francisco (21/09/16). Ser como Él, llenos de amor, de compasión, de misericordia. Cuando Jesús nos pide ser misericordiosos como el Padre, ¡no piensa en la cantidad! Pide a sus discípulos ser signo, canales, testigos de su misericordia. Significado de ser misericordiosos: lo explica Jesús con dos verbos: «perdonar» y «dar».
 Cfr. Papa Francisco, Misericordiosos como el Padre, Catequesis 21 de septiembre de 2016.
1. «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso».
 Ser como Él, llenos de amor, de compasión, de misericordia.
Hemos escuchado el texto del Evangelio de Lucas (6,36-38) del que está sacado el lema de este Año Santo extraordinario: Misericordiosos como el Padre. La expresión completa es: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (v. 36). No se trata de un eslogan efectista, sino de un compromiso de vida. Para comprender bien esa expresión, podemos compararla con la paralela del Evangelio de Mateo, donde Jesús dice: «Sed pues perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (5,48). En el llamado sermón de la montaña, que se abre con las Bienaventuranzas, el Señor enseña que la perfección consiste en el amor, cumplimiento de todos los preceptos de la Ley. En esa misma perspectiva, san Lucas explicita que la perfección es el amor misericordioso: ser perfectos significa ser misericordiosos. ¿Una persona que no es misericordiosa es perfecta? ¡No! ¿Una persona que no es misericordiosa es buena? ¡No! La bondad y la perfección arraigan en la misericordia. Es cierto que Dios es perfecto. Sin embargo, si lo consideramos así, se hace imposible para los hombres tender a esa absoluta perfección. En cambio, tenerlo ante los ojos como misericordioso, nos permite comprender mejor en qué consiste su perfección y nos empuja a ser como Él, llenos de amor, de compasión, de misericordia.
2. Cuando Jesús nos pide ser misericordiosos como el Padre, ¡no piensa en la
cantidad! Pide a sus discípulos ser signo, canales, testigos de su misericordia.
Pero yo me pregunto: ¿las palabras de Jesús son realistas? ¿Es de verdad posible amar como ama Dios y ser misericordiosos como Él?
Si miramos la historia de la salvación, veamos que toda la revelación de Dios es un incesante e incansable amor por los hombres: Dios es como un padre o como una madre que ama con insondable amor y lo derrama con abundancia sobre toda criatura. La muerte de Jesús en la cruz es el culmen de la historia de amor de Dios con el hombre. Un amor tan grande que solo Dios lo puede realizar. Es evidente que, comparado con este amor que no tiene medida, nuestro amor siempre será defectuoso. Pero cuando Jesús nos pide ser misericordiosos como el Padre, ¡no piensa en la cantidad! Pide a sus discípulos ser signo, canales, testigos de su misericordia.
o Cada cristiano está llamado a ser testigo de la misericordia, y eso se produce en el camino de la santidad.
 Significado de ser misericordiosos: lo explica Jesús con dos verbos: «perdonar» y «dar».
Y la Iglesia no puede ser sino sacramento de la misericordia de Dios en el mundo, en todo tiempo y con toda la humanidad. Cada cristiano, por tanto, está llamado a ser testigo de la misericordia, y eso se produce en el camino de la santidad. Pensemos cuántos santos llegaron a ser misericordiosos porque se dejaron llenar el corazón por la divina misericordia. Dieron cuerpo al amor del Señor derramándolo en las múltiples necesidades de la humanidad que sufre. En ese florecer de tantas formas de caridad es posible descubrir los reflejos del rostro misericordioso de Cristo.
Nos preguntamos: ¿Qué significa para los discípulos ser misericordiosos? Lo explica Jesús con dos verbos: «perdonar» (v. 37) y «dar» (v. 38).
La misericordia se expresa, ante todo, en el perdón
La misericordia se expresa, ante todo, en el perdón: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados» (v. 37). Jesús no pretende cambiar el curso de la justicia humana, pero recuerda a los discípulos que para tener relaciones fraternas hay que suspender los juicios y las condenas. Es el perdón, de hecho, el pilar que sostiene la vida de la comunidad cristiana, porque
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en él se muestra la gratuidad del amor con el que Dios nos amó primero. ¡El cristiano debe perdonar! Pero, ¿por qué? Porque ha sido perdonado. Todos los que estamos aquí, hoy, en la plaza, hemos sido perdonados. No hay ninguno que, en su vida, no haya tenido necesidad del perdón de Dios. Y como nosotros hemos sido perdonados, debemos perdonar. Lo recitamos todos los días en el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Es decir, perdonar las ofensas, perdonar tantas cosas, porque nosotros hemos sido perdonados de tantas ofensas, de tantos pecados. Y así es fácil perdonar: si Dios me ha perdonado a mí, ¿por qué no debo perdonar a los demás? ¿Soy más grande que Dios? Este pilar del perdón nos muestra la gratuidad del amor de Dios, que nos amó primero. Juzgar y condenar al hermano que peca es erróneo. No porque no se quiera reconocer el pecado, sino porque condenar al pecador rompe el vínculo de fraternidad con él y desprecia la misericordia de Dios, que no quiere renunciar a ninguno de sus hijos. No tenemos el poder de condenar al hermano que se equivoca, no estamos por encima de él: tenemos más bien el deber de recuperarlo a la dignidad de hijo del Padre y de acompañarlo en su camino de conversión.
Jesús indica también un segundo pilar: “dar”
A su Iglesia, a nosotros, Jesús indica también un segundo pilar: “dar”. Perdonar es el primer pilar; dar es el segundo pilar. «Das y se os dará […] con la medida con la que midáis, se os medirá a vosotros» (v. 38). Dios nos da mucho más de lo que merecemos, pero aún será más generoso con cuantos aquí en la tierra hayan sido generosos. Jesús no dice qué les pasará a los que no dan, pero la imagen de la “medida” constituye una advertencia: con la medida del amor que demos, somos nosotros mismos los que decidimos cómo seremos juzgados, cómo seremos amados. Si miramos bien, hay una lógica coherente: en la medida en que se recibe de Dios, se da al hermano, y en la medida en que se da al hermano, se recibe de Dios.
o Tenemos necesidad todos de ser un poco más misericordiosos, no hablar mal de los demás, no juzgar, no “desplumar” a los demás con las críticas, con las envidias, con los celos.
El amor misericordioso es por eso la única vía que recorrer. Cuánta necesidad tenemos todos de ser un poco más misericordiosos, no hablar mal de los demás, no juzgar, no “desplumar” a los demás con las críticas, con las envidias, con los celos. Debemos perdonar, ser misericordiosos, vivir nuestra vida en el amor. Ese amor permite a los discípulos de Jesús no perder la identidad recibida de Él, y reconocerse como hijos del mismo Padre. En el amor que practican en la vida se refleja esa Misericordia que no tendrá fin (cfr. 1Cor 13,1-12). Pero no os olvidéis de esto: misericordia y don; perdón y don. Así el corazón se agranda, se ensancha en el amor. En cambio el egoísmo, la rabia, hacen el corazón pequeño, que se endurece como una piedra. ¿Qué preferís? ¿Un corazón de piedra o un corazón lleno de amor? Si preferís un corazón lleno de amor, ¡sed misericordiosos!
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Vida Cristiana

La catequesis. Homilía de Papa Francisco en el Jubileo de los Catequistas


 La catequesis. Homilía de Papa Francisco en el Jubileo de los Catequistas (25/09/2016). El
centro de la fe: el Señor ha resucitado. A Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. El rico del Evangelio de hoy sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos. No ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede fuera. Ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana, hoy no tengo tiempo, te ayudaré mañana».
 Cfr. Papa Francisco, Homilía en el Jubileo de los Catequistas (25/09/2016)
Domingo 26 del tiempo ordinario Ciclo C
1. La catequesis. El centro de la fe, el anuncio principal: el Señor ha resucitado.
 «Jesús te ama de verdad, tal y como eres. Déjale entrar: a pesar de las decepciones y heridas de la vida, dale la posibilidad de amarte. No te defraudará».
El Apóstol Pablo, en la segunda lectura, dirige a Timoteo, y también a nosotros, algunas recomendaciones muy importantes para él. Entre otras, pide que se guarde «el mandamiento sin mancha ni reproche» (1Tm 6,14). Habla sencillamente de un mandamiento. Parece que quiere que tengamos nuestros ojos fijos en lo que es esencial para la fe. San Pablo, en efecto, no recomienda una gran cantidad de puntos y aspectos, sino que subraya el centro de la fe. Ese centro, alrededor del cual gira todo, ese corazón que late y da vida a todo es el anuncio pascual, el primer anuncio: el Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, está a tu lado y te espera todos los días. Nunca debemos olvidarlo. En este Jubileo de los catequistas, se nos pide que no dejemos de poner por encima de todo el anuncio principal de la fe: el Señor ha resucitado. No hay un contenido más importante, nada es más sólido y actual. Cada aspecto de la fe es hermoso si permanece unido a ese centro, si está permeado por el anuncio pascual. En cambio, si se le aísla, pierde sentido y fuerza. Estamos llamados a vivir y a anunciar la novedad del amor del Señor: «Jesús te ama de verdad, tal y como eres. Déjale entrar: a pesar de las decepciones y heridas de la vida, dale la posibilidad de amarte. No te defraudará».
2. A Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral.
 El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde.
El mandamiento del que habla san Pablo nos lleva a pensar también en el mandamiento nuevo de Jesús: «Que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12). A Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde. No se anuncia bien a Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo sólo bonitos sermones. Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio.
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 Significado de amar. Evitar algunos peligros.
o El rico del Evangelio de hoy sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos.
 No ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede fuera.
En su corazón ha entrado la mundanidad que adormece el alma.
El Evangelio de este domingo nos ayuda a entender qué significa amar, sobre todo a evitar algunos peligros. En la parábola se habla de un hombre rico que no se fija en Lázaro, un pobre que «estaba echado a su puerta» (Lc 16,20). El rico, en verdad, no hace daño a nadie, no se dice que sea malo. Sin embargo, tiene una enfermedad peor que la de Lázaro, que estaba «cubierto de llagas» (ibíd.): este rico sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos. No ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede fuera. No ve con los ojos porque no siente con el corazón. En su corazón ha entrado la mundanidad que adormece el alma. La mundanidad es como un «agujero negro» que engulle el bien, que apaga el amor, porque lo devora todo en el propio yo. Entonces se ve sólo la apariencia y no se fija en los demás, porque se vuelve indiferente a todo. Quien sufre esta grave ceguera adopta con frecuencia un comportamiento «estrábico»: mira con deferencia a las personas famosas, de alto nivel, admiradas por el mundo, y aparta la vista de tantos Lázaros de ahora, de los pobres y los que sufren, que son los predilectos del Señor.
3. El Señor mira a los que el mundo abandona y descarta.
Pero el Señor mira a los que el mundo abandona y descarta. Lázaro es el único personaje de las parábolas de Jesús al que se le llama por su nombre. Su nombre significa «Dios ayuda». Dios no lo olvida, lo acogerá en el banquete de su Reino, junto a Abraham, en una profunda comunión de afectos. El hombre rico, en cambio, no tiene siquiera un nombre en la parábola; su vida cae en el olvido, porque el que vive para sí no construye la historia. ¡Y un cristiano debe construir la historia! Debe salir de sí mismo para construir la historia. Quien vive para sí no construye la historia. La insensibilidad de hoy abre abismos infranqueables para siempre. Y nosotros hemos caído, en este momento, en la enfermedad de la indiferencia, del egoísmo, de la mundanidad.
4. La vida del hombre rico sin nombre se describe como opulenta y presuntuosa: es una continua reivindicación de necesidades y derechos.
 La pobreza de Lázaro, sin embargo, se manifiesta con gran dignidad: de su boca no salen lamentos, protestas o palabras despectivas.
o Como servidores de la palabra de Jesús, estamos llamados a no hacer alarde de apariencia ni buscar la gloria; tampoco podemos estar tristes y disgustados.
 El que proclama la esperanza de Jesús es portador de alegría y sabe ver más lejos, tiene horizontes, no tiene un muro que lo encierra; ve más lejos porque sabe mirar más allá del mal y de los problemas.
Ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana, hoy no tengo tiempo, te ayudaré mañana».
En la parábola vemos otro aspecto, un contraste. La vida de ese hombre sin nombre se describe como opulenta y presuntuosa: es una continua reivindicación de necesidades y derechos. Incluso después de la muerte insiste para que lo ayuden y pretende su interés. La pobreza de Lázaro, sin embargo, se manifiesta con gran dignidad: de su boca no salen lamentos, protestas o palabras despectivas. Es una valiosa lección: como servidores de la palabra de Jesús, estamos llamados a no hacer alarde de apariencia ni buscar la gloria; tampoco podemos estar tristes y disgustados. No somos profetas de desgracias que se complacen en denunciar peligros o extravíos; no somos personas que se atrincheran en su ambiente, lanzando juicios amargos contra la sociedad, contra la Iglesia, contra todo y todos, contaminando el mundo de negatividad. El escepticismo quejoso no es propio de quien tiene familiaridad con la Palabra de Dios.
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El que proclama la esperanza de Jesús es portador de alegría y sabe ver más lejos, tiene horizontes, no tiene un muro que lo encierra; ve más lejos porque sabe mirar más allá del mal y de los problemas. Al mismo tiempo, ve bien de cerca, pues está atento al prójimo y a sus necesidades. El Señor nos lo pide hoy: ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana, hoy no tengo tiempo, te ayudaré mañana». Y eso es un pecado. El tiempo para ayudar es tiempo regalado a Jesús, es amor que permanece: es nuestro tesoro en el cielo, que nos ganamos aquí en la tierra.
5. Que Jesús nos dé la fuerza para vivir y anunciar el mandamiento del amor, que nos vuelva sensibles a los pobres.
En conclusión, queridos catequistas y queridos hermanos y hermanas, que el Señor nos conceda la gracia de vernos renovados cada día por la alegría del primer anuncio: Jesús ha muerto y resucitado, Jesús nos ama personalmente. Que nos dé la fuerza para vivir y anunciar el mandamiento del amor, superando la ceguera de la apariencia y las tristezas del mundo. Que nos vuelva sensibles a los pobres, que no son un apéndice del Evangelio, sino una página central, siempre abierta a todos.
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Vida Cristiana

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La parábola del fariseo y el publicano (Cfr. el Evangelio del Domingo 30 del tiempo ordinario, Ciclo C).


1  La parábola del fariseo y el publicano (Cfr. el Evangelio del Domingo 30 del tiempo ordinario, Ciclo C). La humildad es la base de la oración. ¿Hablamos desde la altura de nuestro orgullo o desde lo más profundo de un corazón contrito y humilde? La parábola ejemplifica dos modos de oración opuestos. LA PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO Cfr. Sagrada Biblia – Nuevo Testamento – EUNSA 2004 – Nota a Lucas 18, 9-14 Cfr. Domingo 30 del tiempo ordinario – Ciclo C - Evangelio Lucas 18, 9-14: 9 En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: 10 - «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. 11 El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. 12 Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." 13 El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. " 14 Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»  La humildad es la base de la oración. o ¿Hablamos desde la altura de nuestro orgullo o desde lo más profundo de un corazón contrito y humilde? - La oración, además de ser perseverante, tiene que ser humilde. Es lo que enseña esta parábola: «¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o “desde lo más profundo” (Salmo 130,1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado 1 la humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Romanos 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios» 2 (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559).  La parábola ejemplifica dos modos de oración opuestos. o El fariseo La parábola ejemplifica dos modos de oración opuestos. El fariseo, satisfecho de sí mismo - reza de pie cfr. v. 11- , se jazta ante Dios de todo lo bueno que hace, no ve en si pecado alguno y, por tan to, no siente necesidad de arrepentirse. Cumple sus obligaciones religiosas más allá de lo prescrito (v. 12): ayuna dos veces por semana, cuando los rabinos establecían ayunar una vez; paga el diezmo de todo, cuando sólo era obligatorio pagarlo en ciertos productos. Sus no son verdadera oración porque no se dirige a Dios: reza «para sus adentros», y desprecia a los demás (v. 11). o El publicano En el polo opuesto está el publicano. Éste reconoce humildemente su indignidad y se arrepiente sinceramente; se considera un pecador y confía sólo en la misericordia divina (v. 13). Su oración es auténtica y descubre las verdaderas disposiciones que hay que tener ante Dios. El publicano baja justificado (v. 14), «porque la oración contrita o la contrición orante eleva el alma a Dios, la une a su bondad y obtiene el perdón en virtud del amor divino que le comunica este santo movimiento» (S. Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios 2,20). www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana 1 Cf Lucas 18, 9-14 2 San Agustín, Sermo 56, 6,9.

30 domingo del tiempo ordinario, Ciclo C. (23 de octubre de 2016)


30 domingo del tiempo ordinario, Ciclo C. (23 de octubre de 2016). El fariseo y el publicano. Dos modos diversos de orar; dos modos diversos de concebir la salvación.  Cfr. 30 domingo del tiempo ordinario (Año C). 23 de octubre 2016 Lucas 18, 9-14 (cfr. Temi di predicazione – Omelie, editrice domenicana italiana, Ciclo C, n. 54 nuova serie, pp. 8-17; R. Cantalamessa, Passa Gesù di Nazaret, Piemme 1999, pp. 283-288). Lucas 18, 9-14: 9 En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: 10 - «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. 11 El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. 12 Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." 13 El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. " 14 Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» El fariseo y el publicano: dos modos diversos de orar. Dos modos diversos de concebir la salvación. 1. Dos personajes, un fariseo y un publicano, subieron al templo a orar (v. 10) • El Señor a veces pone enfrente dos figuras, para hacer entender mejor su pensamiento: el rico y el pobre (Lucas 16, 20s); el hijo mayor y el hijo joven (Lucas 15.11.25), etc. En el Evangelio de hoy, el fariseo y el publicano.  el fariseo: • Representa la categoría de los observantes rígidos de la ley mosaica; se abstiene de la injusticia y adulterio, paga las tasas, hace los ayunos prescritos... E inicia su oración de un modo formalmente irreprensible, contiene la lista de los méritos de una existencia correcta, justa y respetada. Se sabe que el fariseismo representaba la corriente del judaísmo más «espiritual», o más abierta y humana. Jesús condenará por tanto la degeneración que puede infectar algunas veces la vida espiritual. • Hay que analizar detalladamente su oración, para darse cuenta de lo que condenó Jesús: - En primer lugar: “¡Oh Dios, te doy gracias! El inicio es bueno. Comenzar a rezar con el agradecimiento a Dios es cosa sumamente recomendable. Pero debemos estar atentos. ¿Por qué da gracias a Dios el fariseo? ¿Por Dios? No, sino por sí mismo: «porque - así dice – no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano». En el fondo, su oración podría salvarse y ser digna de alabanza, si atribuyese todo a la gracia de Dios. Pero no; él atribuye el «no ser cómo los demás» a sus propias obras: al hecho de que ayuna y paga el diezmo. Normalmente se piensa que el fariseo es un hombre que está en orden, «irreprensible por lo que se refiere a la observancia que deriva de la ley», pero a quien falta humildad. Pero tal vez esto no es exacto. Jesús - se lee en la introducción – dijo estas palabras refiriéndose a algunos «que se tenían por justos». No que eran justos sino que se tenían por tal. - ¿En realidad que ha hecho el fariseo? Él, por decirlo así, ha confeccionado una moral como un 2 traje a medida. Ha establecido por su cuenta cuáles son las cosas con las que se decide lo que es justo o injusto, lo que es bueno y lo que es malo. Para él son estas: no ser ladrones, no se injustos, no cometer adulterio, ayunar dos veces por semana y pagar las tasas. Las cosas importantes son las que hace él y no hacen los demás. Ha hecho su autorretrato. De este modo, uno acaba por terminar vencedor en la confrontación. No se da cuenta, por ejemplo, de que ha dejado fuera de su cuadro un punto importantísimo de la ley, es decir, el amor al prójimo. Esto no tiene ningún lugar en su ideal de perfección, si él puede calificar indiscriminadamente a los demás como ladrones, injustos y adúlteros, y referirse con tanto desprecio al publicano que está a su lado”. (R. Cantalamessa, o.c. pp. 284-285). - En segundo lugar: “Él ha invertido el lugar donde colocarse entre Dios y él. Ha hecho de Dios un deudor y de sí mismo el acreedor. Ha hecho algunas obras buenas y se presenta a Dios para recibir lo que le es debido. ¿Qué hace Dios, de grande y de extraordinario en este caso? Nada más que lo que hace un vendedor que entrega la mercancía a quien le presenta el recibo” p. 285  b) el publicano • Es el odiado funcionario fiscal, que colabora con el poder romano, con el poder extranjero, recaudando los impuestos; al impuesto - convenido con los romanos- , ellos mismos añadían a su arbitrio una cantidad como recompensa por su trabajo, con la que ellos se quedaban. Los publicanos eran considerados pecadores, hombres sin escrúpulos que ponían el dinero y los negocios por encima de todo. • El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. • “Este hombre está solo delante de Dios, no se mide con los demás, como hacía el fariseo, sino sólo consigo mismo y con Dios. No se atreve a acercarse al altar, considerándose indigno de arrimarse a Dios, y ni siquiera se atreve a alzar los ojos hacia el cielo. Se bate el pecho. De su corazón brota una oración mucho más breve que la del fariseo, en la cual, sin embargo, está todo su corazón contrito y humillado: «Oh Dios, ten compasión de este pecador»”. (R. Cantalamessa, o.c. p. 285). 2. Dos modos, radicalmente diversos, de concebir la salvación Cfr. R. Cantalamessa, o.c. p. 287  Como algo que el hombre pretende realizar por sí mismo; o como don de la gracia y de la misericordia de Dios. • “... o como algo que el hombre pretende realizar por sí mismo; o como don de la gracia y de la misericordia de Dios. El ejemplo más célebre de conversión del primero al segundo de estos dos modos, es el de San Pablo apóstol: «Fariseo ante la Ley», como se definía a sí mismo, desde el día en que encontró a Cristo él consideró como «pérdida y basura» la justicia derivada de la observancia de la Ley, en relación con la santidad que deriva de la fe en Jesús (cfr. Filipenses 3, 5-9). Estos dos modos de concebir la salvación están todavía presentes y actúan en el panorama religioso de hoy día. Muchas de las así llamadas «nuevas formas de religiosidad», hoy de moda, conciben la salvación como conquista personal, debida a técnicas de la meditación, o de alimentación, o a determinados conocimientos filosóficos. La fe cristiana concibe la salvación como don gratuito de Dios en Cristo, que exige ciertamente el esfuerzo personal y la observancia de los mandamientos, pero más en el sentido de respuesta a la gracia que como su causa. (...) Un cristiano se comporta, por ejemplo, como fariseo cuando establece por su cuenta la medida del bien y del mal, de modo que ella corresponde exactamente a lo que él hace. Un marido o un padre de familia dirá: «El marido ideal, un óptimo padre de familia, es aquél que se comporta así o así...», y se describe tácitamente a sí mismo. También yo puedo decir pensar conmigo mismo: «El sacerdote ideal es aquél que hace así o así, que predica así o así, que emplea su tiempo así o así...», es decir, como hago yo. La Escritura llama todo esto autojustificación (¡aprendamos la palabra para desaprender el hecho!). Pero 3 quien se justifica a sí mismo no vivirá jamás la experiencia de «volver a casa justificado» por Dios, como el publicano”. 3. En breve.  La oración del creyente: presenta a Dios los problemas reales y también, si es el caso, le pide explicaciones. Al final, pondrá su causa en manos de Dios. • En la Biblia, las grandes figuras de los creyentes - no sólo Jeremías, sino también Abraham, Moisés (quien en su oración «rehuye, objeta y sobre todo interroga»: Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2575) - nos enseñan a llevar a Dios los problemas reales y a preguntarle sobre el «por qué» de lo que nos sucede. Se nos dice 1 que “En el «cara a cara» con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la palabra de Dios; es, a veces, un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia (Cf Amós 7, 2. 5; Isaías 6, 5. 8. 11; Jeremías 1, 6; 15, 15-18; 20, 7-18)”. • También en nuestro tiempo hay dificultades evidentes en la vida y, como se dice en el Salmo 122, nuestros ojos se fijan en el Señor, esperando su misericordia: Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.  Quien pone su causa en las manos de Dios es el «pobre» • Leemos en Jeremías (20,13): Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos de malhechores. • ¿Quién es el pobre o pobrecillo en la Biblia? En la Biblia, el pobre no es tanto quien no tiene propiedad material, sino aquél que se fía del Señor, y se abandona en El - Sal 52 (51),10 - : «en el amor de Dios confío para siempre jamás». Un de las consecuencias de la fe “es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una conocida oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente: Nada te turbe, / Nada te espante, Todo se pasa, / Dios no se muda, La paciencia / Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene / Nada le falta: Sólo Dios basta (Poesías, 30)”. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica n. 227). Pobre es quien no fundamenta su seguridad y su confianza en los bienes que posee, en el triunfo, en el orgullo, en los ídolos del oro y del poder. Su corazón está abierto a Dios y a los hermanos. • Los títulos para dirigirnos a Dios no son nuestros méritos sino su misericordia, fidelidad y compasión. • En el Salmo 69/68 el salmista expone los títulos en los que se basa para dirigirse a Dios con confianza: se apoyan en la «misericordia», en la «fidelidad» y en la «compasión» de Yahvé. (vv. 14 y 17). www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana 1 Cf n. 2584

Domingo 31 del tiempo ordinario, año C (30 de Octubre 2016). La culpa fue del whatsapp


La culpa fue del whatsapp. Según un estudio del CyberPsychology and behaviour Journal, el whatsapp ha causado 28 millones de separaciones en todo el mundo. Como es de suponer, la mayoría de las rupturas que se producen por culpa del whatsapp son jóvenes, novios cuya relación no se ha asentado todavía. No obstante, toda pareja está bajo amenaza de sufrir una crisis de whatsapp siempre y cuando se cumplan estas dos condiciones: primera, un mal uso de tal aplicación, y segunda, una comunicación deficiente. Es evidente que no debemos dejar nuestra relación en manos de un aparato telefónico. Nos hemos acostumbrado, a hablar más con los dedos que con la boca, a hacerlo a distancia y no en presencia, lo cual limita bastante lo que se quiere expresar. Seguimos pensando que la culpa no fue del whatsapp, sino de la baja calidad de la comunicación. Publicado el 21/10/2013 por blogfamiliaactual Según un estudio del CyberPsychology and behaviour Journal, el whatsapp ha causado 28 millones de separaciones en todo el mundo (ver) Parece que dos de las funciones de esta aplicación, como son el doble check, que indica que el mensaje ha llegado al receptor (aunque no lo haya leído), y la vista de la hora exacta de la última conexión, son los culpables de que tal cantidad de parejas hayan roto su relación. Como es de suponer, la mayoría de las rupturas que se producen por culpa del whatsapp son jóvenes, novios cuya relación no se ha asentado todavía. No obstante, toda pareja está bajo amenaza de sufrir una crisis de whatsapp siempre y cuando se cumplan estas dos condiciones: primera, un mal uso de tal aplicación, y segunda, una comunicación deficiente. En primer lugar, es evidente que no debemos dejar nuestra relación en manos de un aparato telefónico; no obstante, hay muchos jóvenes y no tan jóvenes que lo hacen. Se han acostumbrado, nos hemos acostumbrado, a hablar más con los dedos que con la boca, a hacerlo a distancia y no en presencia, lo cual limita bastante lo que se quiere expresar. No 2 hay símbolo que diga lo que se quiere decir, ni emoticono que sustituya a la expresión facial de la persona que nos está hablando. Las investigaciones del psicólogo Albert Mehrabian sobre la comunicación de actitudes y sentimientos le llevó a la conclusión de que la comunicación digital, es decir, las palabras, cuentan solamente un 7%, mientras que la comunicación analógica, a saber, la voz (38%) y la fisiología (55%), el resto. Especialmente en la transmisión de sentimientos, la intensidad, el volumen, el tono, el ritmo y la velocidad de la voz, así como los gestos, la mirada, las posturas, la respiración y todos los demás aspectos fisiológicos, son mucho más decisivos que lo que se dice. El mal uso del whatsapp se puede corregir utilizándolo para lo que sirve, para dar recados y poco más, y no pedirle que sustituya a una conversación personal. Algunas webs recomiendan una solución técnica, como es eliminar los indicadores check y de última conexión. Estas dos opciones pueden generar un clima de desconfianza, al ver que el otro se ha conectado después de haberle enviado un mensaje y no “ha querido” contestar, cuando en realidad puede ser que simplemente no lo haya leído. Pero esa solución técnica no soluciona el problema, si seguimos confiando nuestra intimidad a lo que puedan teclear nuestros dedos en un espacio tan reducido. En segundo lugar, también resulta claro que una comunicación deficiente en la pareja propicia que se pueda caer en una crisis de whatsapp. El antídoto pasa por atender a las tres “ces” que aparecen en la palabra comunicación. La primera “c” es de conexión, pues no se puede mantener una relación sin que haya una conexión, una unión, un vínculo, entre los dos. La segunda es de cantidad, pues las relaciones se enfrían cuando se dejan enfriar, cuando se deja de hablar, cuando las palabras se quedan dentro de cada uno. La tercera “c” es la “c” de calidad, capital en toda comunicación, pues mientras la cantidad suma, la calidad multiplica. De nada nos sirve hablar mucho si las palabras que decimos no tienen ese peso que hace que no se las lleve el viento. Al whatsapp le podemos pedir conectividad, inmediatez, cantidad, comodidad, diversión… pero no le podemos exigir lo que no puede dar: calidad en la conversación. De lo contrario, nos puede pasar lo que le ocurre a la pareja del cortometraje de Paco Caballero (ver): el whatsapp es capaz de crear tales susceptibilidades entre ellos que acaban rompiendo la relación. Sin embargo, seguimos pensando que la culpa no fue del whatsapp, sino de la baja calidad de la comunicación. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

martes, 8 de noviembre de 2016

Ideología de género (2016)


 Ideología de género (2016). El Papa contra la ideología que no osa decir su nombre. Para el pontífice, una cosa es tener tendencias homosexuales o la necesidad de tratar con respeto también a los transexuales, y otra “hacer en las escuelas una enseñanza en esta línea”. En este caso, se trata de una “voluntad de cambiar las mentalidades”, “una colonización ideológica”. Respetar la ecología humana. La postura del Papa tampoco es una novedad, pues ya la había expresado en diversos documentos magisteriales. ACEPRENSA - 3.OCT.2016
Aunque no era un tema central en su recién acabada visita a países del Cáucaso, la denuncia del Papa Francisco de la “colonización ideológica” para imponer la ideología de género ha ocupado los titulares periodísticos. Solo la mencionó en uno de sus discursos, pero, a preguntas de los periodistas en el avión de vuelta, concretó más y puso como ejemplo la experiencia de un padre francés, lo que ha irritado a la ministra de Educación de este país.
Durante el encuentro con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en Tiflis el pasado 1 de octubre, en el que respondió a diversas preguntas, el Papa hizo un elogio del matrimonio y mencionó “un gran enemigo de matrimonio hoy en día: la teoría del gender. Hoy hay una guerra mundial para destruir el matrimonio. Hoy existen colonizaciones ideológicas que destruyen, pero no con las armas, sino con las ideas. Por lo tanto, es preciso defenderse de las colonizaciones ideológicas.”
En el viaje de regreso a Roma, en la tradicional conferencia con los periodistas, el Papa se ha referido a lo que le contó un padre de familia francés. Al preguntar a su hijo qué quería ser, este le contestó: “Ser una niña”. Según el Papa, “el padre se dio cuenta entonces que en los libros de texto se enseñaba la ‘teoría de género’, lo que va contra la naturaleza de las cosas”.
Para el pontífice, una cosa es tener tendencias homosexuales o la necesidad de tratar con respeto también a los transexuales, y otra “hacer en las escuelas una enseñanza en esta línea”. En este caso, se trata de una “voluntad de cambiar las mentalidades”, “una colonización ideológica”.
La ministra de Educación francesa, Najat Vallaud-Belkacem, ha reaccionado diciendo que lamentaba que el Papa “se hubiera dejado engañar por los integristas y su mentirosa locura”. Y ha asegurado que en los manuales franceses “solo se habla de la necesidad de no establecer jerarquías entre un sexo y otro”. Sin embargo, no pocas organizaciones familiares y el movimiento La Manif pour Tous vienen denunciando que, bajo la pretensión de la igualdad, se quiere introducir una teoría que difumina las diferencias entre los sexos.
o En guardia contra la “colonización ideológica”
No es la primera vez que el Papa advierte contra las “colonizaciones ideológicas”. Durante su viaje a Filipinas en 2015, Francisco puso en guardia contra “la nueva colonización ideológica que trata de destruir la familia”.
En su encuentro con los obispos en su viaje a Polonia el pasado julio, el Papa Francisco advirtió: “Y una de estas [colonizaciones] –lo digo claramente con ‘nombre y apellido’– es el gender. Hoy a los niños –a los niños– en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: ‘Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador’. Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios
nos dio un estado ‘inculto’ para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta
cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado ‘inculto’”.
Estas
palabras han puesto a prueba la luna de miel de los activistas LGTB con el Papa
del
“¿quién soy yo para juzgar?”
. Francisco ha demostrado con hechos
que no excluye a estas
personas, pero no transige con los intentos de imponer en la escuela, como si fueran conclusiones
científicas, ideas peculiares de estos grupos sobre la sexualidad y el género.
Ya entonces las palabras del Papa a los obispos polacos provocaron que los grupos LGTB
mostraran su decepción, con declaraciones recogidas en un
artículo
del
New York
Times.
A su
juicio, las palabras del pontífice muestran una “peligrosa ignorancia” sobre la identidad de género,
ya que esta no se puede escoger sino que simplemente se reconoce y puede ser distinta al sexo
biológico. Pero esto es precisamente lo que otros ven como una simple postura ideológica, sin base
en la realidad.
o
Respetar la ecología humana
La postura del Papa tampoco es una novedad, pues ya la había expresado en diversos
documentos magisteriales. Así, en la
Amoris laetitia
, dice citando la
Relaci
ón final
del Sínodo:
“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada
gender
, que ‘niega
la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin
diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a
proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una
intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La
identidad humana
viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el
tiempo’” (n. 56).
También en la encíclica
Laudato si’
se refería a la necesidad de respetar la “ecología
humana” para aprender a respetar la naturaleza: “La aceptación del propio
cuerpo como don de
Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común,
mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de
dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus
significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio
cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro
con el diferente. D
e este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la
otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que
pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma» (n. 155).
También en un
congreso
celebrado en el Vaticano en 2014, con representantes de distintas
confesiones religiosas, Francisco i
nsistió en que el matrimonio entre hombre y mujer proporciona el
marco adecuado para la educación de los hijos. “Los niños tienen el derecho de crecer en una
familia, con un papá y una mamá, capaces de crear un ambiente idóneo a su desarrollo y a su
madura
ción afectiva”, dijo el Papa.
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El delito de opinión por disuadir del aborto (2016)


 El delito de opinión por disuadir del aborto (2016). ¿Es lo mismo encadenarse a la puerta de un quirófano para impedir que se practique un aborto que ofrecer en una web consejos y alternativas para que una mujer lleve adelante su embarazo en vez de abortar? Para la ministra francesa de los Derechos de las familias, de la infancia y de las mujeres, Laurence Rossignol, parece que sí, y por eso intenta castigarlo con las mismas penas que ya se aplican desde 1993 al primer supuesto: hasta dos años de prisión y 30.000 euros de multa. Se trataría de un “delito de obstaculización digital”.
Uno podría pensar que la penalización de la libre expresión en Internet está reservada a las webs yihadistas o similares, pero para el gobierno socialista francés estas webs provida son también muy peligrosas. No es que inciten a la violencia ni a la ocupación de una clínica, ni que insulten a su personal. Pero la ministra les acusa de “engañar deliberadamente a los internautas haciéndose pasar por sitios oficiales o neutros, y tratando de disuadir a las mujeres de recurrir a la IVG [interruption volontaire de la grossesse]”
Publicado el 4 octubre, 2016 – El Sónar, Ignacio Aréchaga
¿Es lo mismo encadenarse a la puerta de un quirófano para impedir que se practique un aborto que ofrecer en una web consejos y alternativas para que una mujer lleve adelante su embarazo en vez de abortar? Para la ministra francesa de los Derechos de las familias, de la infancia y de las mujeres, Laurence Rossignol, parece que sí, y por eso intenta castigarlo con las mismas penas que ya se aplican desde 1993 al primer supuesto: hasta dos años de prisión y 30.000 euros de multa. Se trataría de un “delito de obstaculización digital”.
Uno podría pensar que la penalización de la libre expresión en Internet está reservada a las webs yihadistas o similares, pero para el gobierno socialista francés estas webs provida son también muy peligrosas. No es que inciten a la violencia ni a la ocupación de una clínica, ni que insulten a su personal. Pero la ministra les acusa de “engañar deliberadamente a los internautas haciéndose pasar por sitios oficiales o neutros, y tratando de disuadir a las mujeres de recurrir a la IVG [interruption volontaire de la grossesse]”. Estas webs facilitarían “informaciones sesgadas con el fin de disuadir, culpabilizar o atribuir un traumatismo”.
Es evidente que si a la ministra le preocupan estas webs es porque están encontrando suficiente audiencia, fuera de los canales oficiales que solo se preocupan de asegurar el derecho al
aborto. A juzgar por las palabras de la ministra, uno podría pensar que estas webs suplantan la IP de sitios oficiales, o utilizan el logo del Ministerio. Pero no hay nada de eso. Son unas webs más, que se llaman
Ivg.net, SOS bébé, Afterbaiz… y que, como cualquier otra web, defienden su causa en uso de su libertad. En ellas se ofrece información sobre la legislación del aborto, alternativas, repercusiones médicas, testimonios negativos de mujeres que abortaron…
El Ministerio les reprocha en un comunicado el “ejercer presiones psicológicas o morales a fin de disuadir a las mujeres de recurrir a la IVG”. ¿Pero no es esto lo que hace cualquier grupo que quiere cambiar algo? Por la misma razón, habría que perseguir a los que ejercen presiones psicológicas y éticas para pedir más protección para los animales amenazados o a los veganos que intentan disuadir a los adictos a la carne. Habría que meter en la cárcel a los de Greenpeace que nos culpabilizan por utilizar la energía nuclear, y multar a las webs de sindicalistas que han hecho campaña contra la reforma laboral del gobierno por ofrecer informaciones no neutrales.
o Delitos de opinión
Pero en el caso del aborto, el gobierno francés ha redescubierto el delito de opinión. Por supuesto, la ministra dice de entrada que los provida tienen toda la libertad del mundo para expresar sus opiniones contrarias al aborto. Pero, a renglón seguido, les amenaza con prisión y multas por lo que expresan. Da la impresión de que aquí hay una verdad oficial, que el gobierno define. ¿Es una “alegación falsa” afirmar que el aborto tiene secuelas psicológicas negativas? ¿No es científico decir que el feto tiene toda la información genética de una vida humana? ¿No es real la experiencia de mujeres que confiesan haber abortado por las presiones de su pareja o del entorno familiar?
También es llamativo que la ministra reproche a estas webs el no ser neutrales, cuando la web oficial del ministerio (ivg.social-sante.gouv.fr) se exonera de esa neutralidad. En esa web todo se reduce a facilitar el derecho al aborto, se desanima la búsqueda de informaciones alternativas (“¡Cuidado con las informaciones publicadas en ciertas webs!”) y, puestos a contrastar informaciones, remite a sitios tan neutros como el de la Asociación nacional de clínicas acreditadas para el aborto.
El intento de introducir este “delito de obstaculización digital” a través de una enmienda en un proyecto de ley sobre Igualdad y Ciudadanía ha despertado la preocupación no solo de los provida, sino también de juristas que no ven ninguna diferencia entre esto y el delito de opinión.
Afortunadamente, el gobierno no tiene mayoría en el Senado, y los senadores han estimado que esta enmienda no guarda relación con este proyecto de ley, y no la han admitido a debate. También resultaba paradójico que en una ley sobre Igualdad y Ciudadanía se introdujera una enmienda dirigida a evitar que ciertas webs tuvieran igual libertad de expresión que las demás, y se impidiera así ejercer un derecho ciudadano.
Instaurar un control de objetividad en la información en la web es algo tan descabellado o titánico que nadie se atrevería a proponerlo. Pero sí es un pretexto al que se agarran todos los gobiernos autoritarios para silenciar al discrepante. Que en el caso del aborto intente utilizarlo un gobierno de un país democrático, no deja de ser sorprendente.
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domingo, 6 de noviembre de 2016

Santidad. Homilía de Papa Francisco en Suecia, en la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre 2016). La santidad. Las bienaventuranzas. La mansedumbre.

  • Cfr. Papa Francisco, Homilía, martes 1 de noviembre en el Swedbank Stadion de Malmoe (Suecia).

Con toda la Iglesia celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Recordamos así, no sólo a aquellos que han sido proclamados santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor, en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente, entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.
Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del bautismo. Una santidad hecha de amor a Dios y a los hermanos. Amor fiel hasta el olvido de sí mismo y la entrega total a los demás, como la vida de esas madres y esos padres, que se sacrifican por sus familias sabiendo renunciar gustosamente, aunque no sea siempre fácil, a tantas cosas, a tantos proyectos o planes personales.
Pero si hay algo que caracteriza a los santos es que son realmente felices. Han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta hacia la patria. Las bienaventuranzas son el camino de vida que el Señor nos enseña, para que sigamos sus huellas. En el Evangelio de hoy, hemos escuchado cómo Jesús las proclamó ante una gran muchedumbre en un monte junto al lago de Galilea.
Las bienaventuranzas son el perfil de Cristo y, por tanto, lo son del cristiano. Entre ellas, quisiera destacar una: «Bienaventurados los mansos». Jesús dice de sí mismo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Este es su retrato espiritual y nos descubre la riqueza de su amor. La mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y nos enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad, como hicieron hijos e hijas de esta tierra, entre ellos santa María Elisabeth Hesselblad, recientemente canonizada, y santa Brígida, Brigitta Vadstena, copatrona de Europa. Ellas rezaron y trabajaron para estrechar lazos de unidad y comunión entre los cristianos. Un signo muy elocuente es el que sea aquí, en su País, caracterizado por la convivencia entre poblaciones muy diversas, donde estemos conmemorando conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. Los santos logran cambios gracias a la mansedumbre del corazón. Con ella comprendemos la grandeza de Dios y lo adoramos con sinceridad; y además es la actitud del que no tiene nada que perder, porque su única riqueza es Dios.
Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús. Así, podríamos señalar nuevas situaciones para vivirlas con el espíritu renovado y siempre actual: Bienaventurados los que soportan con fe los males que otros les infligen y perdonan de corazón; bienaventurados los que miran a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía; bienaventurados los que reconocen a Dios en cada persona y luchan para que otros también lo descubran; bienaventurados los que protegen y cuidan la casa común; bienaventurados los que renuncian al propio bienestar por el bien de otros; bienaventurados los que rezan y trabajan por la plena comunión de los cristianos... Todos ellos son portadores de la misericordia y ternura de Dios, y recibirán ciertamente de él la recompensa merecida.
Queridos hermanos y hermanas, la llamada a la santidad es para todos y hay que recibirla del Señor con espíritu de fe. Los santos nos alientan con su vida e su intercesión ante Dios, y nosotros nos necesitamos unos a otros para hacernos santos. ¡Ayudarnos a hacernos santos! Juntos pidamos la gracia de acoger con alegría esta llamada y trabajar unidos para llevarla a plenitud. A nuestra Madre del cielo, Reina de todos los Santos, le encomendamos nuestras intenciones y el diálogo en busca de la plena comunión de todos los cristianos, para que seamos bendecidos en nuestros esfuerzos y alcancemos la santidad en la unidad.

http://www.parroquiasantamonica.com/vidacristiana/wa_files/26B12EvangelizacionApostoladoMonopolioEnvidiaCarismas.pdf

HABLEMOS DE ......CRISTO DE RIVAS

En un numero como este, dedicado a Rivas-Vaciamadrid, es obligado hablar de uno de sus vecinos mas importantes, el Cristo de Rivas.

La imagen del Santo Cristo de los Afligidos de Rivas, se venera en la Ermita de Santa Cecilia, que esta adosada al convento de los Padres Mercedarios Descalzos. Ahora pertenece al termino municipal de Rivas-Vaciamadrid, pero antes de la unificación pertenecía a “Ribas del Jarama”.
La edificación esta a los pies de un cerro yesifero, que se conoce con el nombre de “Cerro de Gracian Ramírez”; en cuya cima se elevaba un castillo de origen musulmán, una típica edificación andalusí del siglo IX, que tenia por finalidad custodiar el acceso a las aguas del río Jarama. Esa fortaleza era cercana de la de Cervera, que estaba en Mejorada del Campo, muy próxima a la confluencia con el Río Jarama. Se trataría de una pequeña fortificación islámica, para vigilar también el camino natural que ofrecían los ríos Jarama y Henares.
Gracián Ramírez, según la tradición, es el nombre del señor de Rivas que, a principios del siglo VIII, consiguió que se edificase una ermita a la Virgen de Atocha, y que ésta fuese respetada por los musulmanes.
Cuenta la leyenda, que dicho caballero, alcaide de la fortaleza de Madrid, se encontraba orando con su familia a la virgen de Atocha, a la que prometió la construcción de un santuario. En esos tiempos, los musulmanes habían invadido la península, y al ver que se comenzaba la construcción de un edificio, lo confundieron con una fortaleza y se comenzaron a atacar. Gracián, temiendo que su mujer e hijas fuesen capturadas, decidió degollarlas, y se retiró a su castillo en Rivas. Sin embargo, la intercesión milagrosa de la Virgen hizo que el caballero encontrara indemnes a las mujeres, mientras estas oraban en el lugar en el que se veneraba a la imagen milagrosa. En sus cuellos tan solo se apreciaba un collar
.
Gracian Ramírez, fue el primer antecesor del Duque de Rivas.
El convento actual que alberga la imagen del Cristo, se asienta sobre una anterior edificación de 1156, la ermita de Santa Cecilia, que a su vez estaba edificada sobre una cueva en la que un guarrero halló milagrosamente entre destellos una talla de madera de dicha advocación; el guarrero estaba guardando una piara que tenia a su cargo cerca de donde está el convento en la actualidad, y , vio subir por la parte de Vaciamadrid, un enorme nublado que iba acompañado de muchos y grandes truenos y relámpagos y amenazaba una gran tempestad de piedra y agua. Para guarecerse de la tempestad decidió meter el ganado en una cueva pequeña que había cerca. No pudo hacer entrar al ganado en la cueva por más que lo intentó; e intuyo que dentro habría algún animal dañino y por eso el ganado huía. Entró en la cueva y vio un resplandor y en medio de él una imagen. Salió sobrecogido y no viendo su ganado, se encaminó al lugar, dando voces y avisando al sacerdote del lugar; entraron y vieron cercada de resplandor una imagen pequeña, de madera, que es la imagen del Cristo de Rivas
La familia de Gracián Ramírez, del que ya hemos hablado anteriormente, fue levantando en ese lugar, una ermita. La cueva durante siglos se conservó inalterada, según las crónicas hasta el siglo XVII. El permiso para su fundación fue concedido el 28 de abril de 1603, sobre la antigua ermita. En su interior se hallaban habilitadas habitaciones para 40 religiosos y dependencias para la acogida de devotos que por allí quisieran pernoctar. Además disponía una biblioteca y tres capillas de distinto tamaño una de ellas dedicada al santo Cristo de los Afligidos.
Aquel viejo convento es en la actualidad propiedad de los Duques de Rivas y alberga en su interior la ermita del Cristo de Rivas. En la entrada Principal hay una imagen de Santa Cecilia. Destaca en su interior la talla del Cristo de los Afligidos, un cuadro del mismo y una talla de Nuestra Señora de la Merced. La talla original del Cristo era obra del artista vallisoletano Juan Rodríguez; discípulo de Gregorio Hernández, si bien fue destruida durante la Guerra Civil, por lo que la actual es una copia basada en diferentes documentos; y representa un ecce homo, donde se representa a Jesús tras el juicio de Poncio Pilato, atado a una columna.

El edificio fue declarado monumento Historico Artístico en 1979. Es de alzado Barroco, edificado en mampostería y ladrillo. El permiso general para la fundación se concede mediante licencia de 28 de Abril de 1603. Sus primeros dueños de la imagen, fueron los Condes de Benavente, pasando por distintos propietarios, hasta su traslado definitivo a este convento en Febrero de 1655. Cuando en el año 1836, se lleva a cabo la desamortización de Mendizábal, la imagen es nuevamente trasladada y los monjes debieron abandonar el Convento. Pocos años después, en 1842, D. Ángel Saavedra, III Duque de Rivas gestiona sus derechos de patronato sobre el asilo religioso evitando que salga a subasta pública.
D. Ángel Saavedra, fue embajador en Nápoles y Paris, vicepresidente del Senado y del Estamento de Próceres, Ministro de la Gobernación y de Marina, Presidente del Consejo de Ministros, presidente del Consejo de Estado, y Director de la Real Academia de la Lengua y de la Historia El Duque, encomendó a sus descendientes la conservación y cuidado del convento y santuario, indicando que en caso que los mercedarios renunciasen o dejasen el convento este pasaría a los vínculos de la fundadora, revirtiendo a la familia.
La Romería del Cristo, se celebra cada año el 29 de septiembre y a ella acuden miles de devotos, que vienen sobre todo de las localidades vecinas y de Madrid capital, y se acercan ese día a venerar la imagen del Cristo, para realizar peticiones, dar gracias por los favores concedidos, pedir algún que otro milagro, o simplemente orar ante la imagen, de gran belleza. Hasta hace unos años en la Ermita había gran numero de exvotos de cera, que en la actualidad, ya no pueden llevarse, para evitar incendios, pero ello no ha disminuido el gran fervor que despierta el Cristo.
La ermita y su entorno, es un lugar mágico, que esta dentro de nuestro término municipal, y donde vive uno de nuestros vecinos mas ilustres y famosos, el “Cristo”, como es conocido popularmente. La zona donde se encuentra, nos transporta a otra época, donde se mezcla la historia, con la devoción, la naturaleza con lo religioso, y que hacen de ella un enclave digno de conocerse, sea cual sea la fe o religión que se profese. Es un sitio natural de gran belleza y donde se respira silencio y solemnidad. Puede visitarse cualquier domingo, ya que sé celebra misa a las 12,00 horas, y se encuentra abierta. Un paseo, en primavera, por la ermita, nos hará conocer y disfrutar de uno de los lugares más bonitos de Rivas-Vaciamadrid.
Valvanuz Peña García

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C


Queridos: En este domingo, en el que la palabra de Dios nos acerca al misterio de la resurrección de los muertos, no esperéis de mí una reflexión sobre la naturaleza de este acontecimiento salvador o el significado que puede tener para cada uno de nosotros y para la comunidad eclesial. Sólo pretendo que podamos decir con verdad: Creo en la resurrección de los muertos, de modo que esta fe, no sea una ilusión proyectada sobre un futuro incierto, sino una luz que, iluminando el presente, nos ayude a discernir en cada circunstancia de la vida lo que es justo, lo que es bueno, lo que es verdadero, lo que es santo.
Cuando digo: Creo en la resurrección de los muertos, en realidad estoy confesando el poder creador de Dios, la libertad de su amor infinito, la fidelidad del Rey del universo a su palabra, a sus promesas, a su alianza.
Cuando digo: Creo en la resurrección de los muertos, confieso que el Señor se ha comprometido conmigo para librarme de la opresión del pecado y de mi servidumbre a la muerte.
Cuando digo: Creo en la resurrección de los muertos, todo mi ser confiesa que mi Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
Y porque he confesado lo que creo, he puesto sobre roca firme el fundamento de la esperanza, y puedo decir con verdad, como aquellos siete hermanos a quienes un rey inicuo amenaza con la muerte: Dios mismo nos resucitará; de él recibiremos multiplicado lo que en la vida nosotros le entregamos; de él recobraremos lo que ahora con violencia un rey malvado nos pueda arrebatar. Y porque confesamos lo que creemos, y esperamos lo que la fe nos promete, de la fe y la esperanza recibiremos la fuerza que necesitamos para guardar con fidelidad la ley del Señor.
Nosotros decimos: Creo en la resurrección de los muertos. Y es como si en el corazón de cada uno se hallase recogida toda la esperanza del salmista: Al despertar, me saciaré de tu semblante, Señor. En realidad, aquel creo en la resurrección de los muertos,  es nuestro modo de decir: al despertar, me saciaré de tu semblante, Señor.
Contemplad ahora, queridos, al salmista, a los siete hermanos que mueren por su fidelidad a la ley del Señor, a Jesús de Nazaret que está llegando al final de su éxodo de este mundo al Padre, y poned en el corazón y en los labios de cada uno de ellos las palabras del salmo con el que hemos orado, y sacad a la luz los tesoros de fe, esperanza y amor que cada corazón encierra.
“Escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, a la sombra de tus alas escóndeme. Para el salmista, para los mártires, para Jesús, también para nosotros, ¡cuánta tensión y cuánta paz!, ¡qué cerca la muerte y qué cierta la vida! En verdad, Dios nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza.
“Al despertar, me saciaré de tu semblante, dice el salmista, el inocente injustamente acusado, que acude al tribunal de Dios, justo juez, y espera que en la mañana será admitido a su presencia. Al despertar, me saciaré de tu semblante, dicen los mártires, los fieles del Señor dispuestos a morir antes que quebrantar su ley y su alianza, pues para ellos habrá una mañana  de Dios en la que despertarán de la muerte a la vida, y recibirán de la justicia divina lo que les ha arrebatado la injusticia de los malvados. Al despertar, me saciaré de tu semblante, dice Jesús de Nazaret, el inocente crucificado, y lo dice con palabras de Hijo que, sufriendo, aprende la perfección de la obediencia y la esperanza: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Al despertar, me saciaré de tu semblante, decimos nosotros, y nuestra vida se ilumina entera con la luz de Cristo resucitado, y volvemos los ojos y el corazón hacia esa mañana de Dios, en la que, resucitados con Cristo, despertaremos del sueño de la muerte y se manifestará, también en nosotros, la gloria del Señor.
Queridos, vosotros sois el pueblo de los que siguen a Cristo resucitado y esperan que amanezca el día en que resucitaréis con Cristo. Mientras tanto, sois hombres y mujeres del domingo, que hacen comunión con Aquel a quien siguen, y en Él ya son, de modo misterioso y verdadero, lo que esperan ser.
¡Feliz espera! ¡Feliz domingo!

Domingo 32 del tiempo ordinario, Ciclo C (6 noviembre 2016). La vida en esta tierra, según la carne o según el Espíritu.


Domingo 32 del tiempo ordinario, Ciclo C (6 noviembre 2016). La vida en esta tierra, según la
carne o según el Espíritu.

Cfr. 32 Domingo del tiempo ordinario Ciclo C
            6 de noviembre de 2016 -  Lucas 20, 37-38
cfr. El canto del Espíritu (Raniero Cantalamessa, PPC, 1999); Passa Gesù di Nazaret (Raniero Cantalamessa, Piemme 1999; Temi di predicazione omelie (Editrice Domenicana Italiana, Ciclo C, Nuova serie 54). El misterio de Pentecostés (Raniero Cantalamessa, Edicep 1998, pp. 85-92)
Lucas 20, 27-38: 27  Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: 28 «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. 29 Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; 30 y la tomó el segundo, 31 luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. 32 Finalmente, también murió la mujer. 33Esta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer.» 34 Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; 35 pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, 36 ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37 Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor = el Dios de  Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. = 38 No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»

LA VIDA CRISTIANA:
VIDA SOBRENATURAL, VIDA DIVINA EN NOSOTROS,
VIDA SEGÚN EL ESPÍRITU, SEGÚN CRISTO.
VIDA ETERNA, EL CIELO: VIVIR PARA SIEMPRE CON CRISTO.

La visión de la vida eterna según los saduceos
Los saduceos tienen una visión de la resurrección y de la consiguiente vida eterna como calcada de la
vida terrenal, como una reedición ennoblecida y más alegre de la vida presente; conciben la bienaventuranza eterna como una potenciación o prolongación  de las alegrías de esta tierra, incluidos probablemente todo tipo de placeres, los que  sean legítimos moralmente.

Quiénes eran los saduceos
A diferencia de otros grupos religiosos no creían en los ángeles y en la resurrección de los muertos.
Biblia de Jerusalén: Mateo 22,23s: Esta secta (3,7+) se atenía estrictamente a la tradición escrita,
sobre todo del Pentateuco, y afirmaba no  encontrar en él la doctrina de la resurreción de la carne (ver 2 M 7, 9+). Los fariseos se oponían a ellos en este punto (ver Hech 4,1+; 23,8+).
Se podría añadir que eran un partido aristocrático-conservador , sostenido sobre todo por el alto clero
judío. El nombre hacía referencia a Sadocq, el Sumo Sacerdote en la época de Salomón, iniciador de una dinastía sacerdotal muy poderosa sobre todo en los siglos sucesivos al exilio en Babilonia. Los saduceos eran menos celosos que los fariseos y más preocupados por la política.
Los saduceos cuentan al Señor una historia, sin que se sepa si era verdadera o inventada (vv. 28-33). La
narración se basa en las prescripciones de la Ley, en este caso el Deuteronomio 25, 5-6: 5 Si unos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa, 6 y el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel.
La ley del Levirato: Comentario de la Biblia de Jerusalén: Deuteronomio 25,5: Del latín levir
«cuñado» que traduce el hebreo yâbâm (cuñado en sentido amplio): la viuda sin  hijo varón es desposada por su cuñado; el primer hijo se considera como si fuera del difunto y recibe su parte de herencia. Esta institución, que también existía entre los asirios y los hititas, tenía por objeto perpetuar la descendencia y garantizar la estabilidad de los bienes familiares. El primer aspecto se subraya en la historia de Tamar, Génesis 38; el segundo se destaca en la historia de Rut, Rut 4, donde los derechos y deberes del levir se extienden al «vengador» (ver Nm 35,19+).  La ley del Deuteronomio limita esta obligación al caso en  que los hermanos vivan juntos y permite sustraerse a ella. La institución se mantuvo en el Judaísmo posterior, a pesar de la oposición de ciertos grupos. De esta ley tomaron los saduceos argumento contra la doctrina de la resurrección (ver Mateo 22,23s.)

Resumen de lo que dice el CCE sobre la vida eterna
Algunos puntos sobre la vida eterna que son como los presupuestos para entender la respuesta de Jesús.
Es conveniente profundizar, hasta donde nos es posible, sobre la resurrección y la realidad de la vida
eterna, que no es un prolongación de la vida terrena, sino una vida nueva.  A continuación se ponen unos puntos que son resumen de lo expuesto en el CCE, señalando el número del Catecismo de dónde se ha sacado ese punto, de modo que cada uno vea  que  es lo que juzga oportuno decir en la homilía, ya que será imposible llegar a todo, es más habrá que elegir algo entre muchas posibilidades:
El cristiano ve  la muerte como una ida hacia Jesús y la entrada en la vida eterna (n. 1020)
«Cielo» es para los que mueren en gracia y amistad con  Dios, vivir para siempre con Cristo, ser para
siempre semejantes a Dios, porque se le ve «tal cual es» (n. 1023).
Cielo es comunión de vida y de amor con la Trinidad, con la Virgen, los ángeles y todos los
bienaventurados; es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre (n.
1024).
Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo, sobrepasa  toda
comprensión y toda representación,  y la Escritura nos habla de ello en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso (n. 1027).
La resurrección de todos los muertos, «de los justos y de los pecadores» - Hechos 24,15 -, precederá el
Juicio final. (n. 1039).
Después del Juicio final, los justos glorificados en cuerpo y alma, reinarán para siempre con Cristo, y el
mismo universo será renovado. La Escritura  llama «cielos nuevos y tierra nueva» a la renovación misteriosa que transformará la humanidad y el mundo (nn. 1042,1043).
Hay una profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre, así pues el universo visible
también será transformado (nn. 1046, 1047); ignoramos el momento y cómo se transformará el universo, pero, ciertamente la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa. (n. 1048).
La espera de una nueva tierra no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación por cultivar esta
tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, y, aunque hay que distinguir entre progreso terreno y crecimiento del Reino de Cristo, el progreso, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios. (n. 1049).

El entendimiento de lo que es la vida cristiana, en esta tierra, o, dicho de otro modo,  la vida divina en nosotros (vida sobrenatural, vida según el Espíritu Santo, en Cristo) nos ayuda a entender lo que es la vida eterna, la vida en el cielo, la realidad después de la resurrección de los muertos.

a) La vida divina y la vida natural
             Cfr. El Canto del Espíritu, pp. 110-111.
Se trata de la vida divina, o sea, de la vida que tiene su origen en el Padre, que, en Cristo, «se manifestó»
(1 Jn 1,2) y que, en el renacimiento bautismal, se comunica al creyente.  Entre esta vida y la vida natural, que recibimos del nacimiento humano, no hay oposición real (ambas proceden de Dios que es el dueño absoluto de toda vida, física y espiritual); sin embargo, hay una diferencia y un contraste en el plano moral, que se expresa en las conocidas antítesis: naturaleza/gracia, carne/ Espíritu, hombre viejo/hombre nuevo, vida terrenal/vida eterna.
La diversidad se debe a que esta vida nueva, según el Espíritu, es fruto de una nueva y distinta intervención de Dios, con respecto a la creación; el contraste se debe a que el pecado ha hecho que la vida natural esté «encerrada» en sí misma, y se resista a acoger la vida según el Espíritu».

b)  La lucha entre la carne y el espíritu.
             Cfr. El canto del Espíritu, pp. 112-113.
Eso explica la lucha entre la carne y el espíritu, y por tanto el carácter dramático que caracteriza la existencia del cristiano en el mundo.  Si «elegir es renunciar», no se puede elegir la vida según el Espíritu, sin sacrificar algo de la vida según la carne.
«Los que viven según sus apetitos, a ellos subordinan su sentir; mas los que viven según el Espíritu, sienten lo que es propio del Espíritu.  Ahora bien, sentir según los propios apetitos lleva a la muerte; sentir conforme al Espíritu conduce a la vida y a la paz.  Y es que nuestros desordenados apetitos están enfrentados a Dios, puesto que ni se someten a su ley ni pueden someterse» (Rom 8,5-7).
El contraste entre ambas vidas llega a configurarse como contraste entre vida y muerte: «Si vivís según vuestros apetitos, ciertamente moriréis; en cambio, si mediante el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis» (Rom 8,13).
La relación entre muerte en la carne y vida en el espíritu no es tanto de tipo cronológico (primero tenemos que morir a la carne, a nosotros mismos, para después experimentar la vida nueva y la resurrección): es una relación de simultaneidad y causalidad.  Es precisamente muriendo a la carne cuando experimentamos y vemos crecer en nosotros la nueva vida del Espíritu: es en la medida en que nos identificamos con el Crucificado como tomamos parte en la vida del Resucitado, en espera de aquella situación final en la que ya no habrá ningún contraste, porque uno de los dos polos, la «carne», habrá desaparecido.

c) Se trata de una vida sobrenatural, no de una super-vida natural, del vitalismo o del super-hombre. Es morir a uno mismo para vivir la vida en Cristo Jesús
       Cfr. El canto del Espíritu, pp. 113-117.

El influjo de la filosofía que exalta el vitalismo
Algo ha cambiado en la valoración de este aspecto de la vida cristiana, a caballo entre el siglo pasado y el
nuestro, con la aparición de una filosofía que exalta el vitalismo.  De distintas maneras, éste fue el mensaje de los biólogos evolucionistas como Darwin, de los positivistas, de los historicistas, de los filósofos pragmatistas y de los intuicionistas como Bergson, mediante la seductora tesis del «impulso vital».  Pero quien hizo del vitalismo su religión fue Nietzsche.  El propone el ideal de la «gran salud» como medio esencial para llevar a cabo el nuevo curso de la historia por él preconizado; define a los cristianos como «los tísicos del alma que, nada más nacer, ya empiezan a morir, y su doctrina es la fatiga y la resignación» . En la introducción a la edición de Así habló Zaratustra (Lipsia 1919), la hermana del filósofo resume así el pensamiento de su hermano sobre este punto:
«Él opina que, debido a un malentendido y débil cristianismo, todo cuanto había de hermoso, fuerte, soberbio y poderoso - como las virtudes que proceden de la fuerza- ha sido proscrito y desterrado, y que por eso han disminuido mucho las fuerzas que promueven y ensalzan la vida.  Pero ahora hay que darle a la humanidad una nueva tabla de valores, a saber: el fuerte, poderoso y magnífico hombre llevado a su punto más excelso, el superhombre, que se nos presenta ya con arrolladora pasión como objetivo de nuestra vida, de nuestra voluntad y de nuestra esperanza... El nuevo y opuesto modo de valorar tiene que presentar un tipo gallardo, sano, vigoroso, contento de vivir, y una apoteosis de la vida».
La idea cristiana de una vida sobrenatural es sustituida aquí por la de una super-vida natural; en lugar del hombre nuevo, el super-hombre (Nietzsche).
La idea cristiana de una vida sobrenatural es sustituida aquí por la de una super-vida natural; en lugar del
hombre nuevo, el super-hombre.  La calidad se resuelve en la cantidad.  En el interior de la vida sólo hay sitio para una evolución rectilínea, en intensidad y en «potencia», no para un salto cualitativo.  A la luz de estos desarrollos, parecen proféticas las palabras que unas décadas antes escribió Kierkegaard:
«¡No hay ningún sentimiento al que el hombre se apegue más que el de la vida; no hay nada que desee con mayor intensidad y fuerza que sentir la vida latir en él, y nada que le haga estremecerse más que la muerte!  Pero he aquí que se anuncia un Espíritu que vivifica.  Entonces, apeguémonos a él: ¿quién lo dudaría?  Danos vida, más vida, y que el sentimiento de vida rebulla en mí como si la vida entera estuviera contenida en mi pecho ... Pero esta vivificación del Espíritu no es una sublimación directa de la vida natural del hombre en una continuidad y coherencia inmediata... Es una vida nueva en sentido estricto. obsérvese, en efecto, que aquí interviene la muerte, la mortificación; y una vida que es, por el otro lado, la muerte, es sin duda una nueva vida» .
El pensamiento de Nietzsche no nos interesa tanto por sí mismo, como por el hecho de que, sobre este punto, su provocación ha sido recogida en parte por algunos teólogos, dando lugar a un nuevo modo de entender al Espíritu «dador de vida».  Se propone sustituir el ideal tradicional de la espiritualidad por el de la «vitalidad», entendiendo con eso «el amor por la vida que une a los hombres con los demás seres vivos», una vitalidad entendida como «verdadera humanidad» .
Quisiera hacer alguna reflexión al respecto.  También nuestro himno, con el título de «creador», evoca la acción universal del Espíritu Santo, incluso fuera de los confines de la Iglesia.  Pero, como hemos visto, distingue claramente las dos formas de actuar del Espíritu Santo: como Espíritu «creador» y como Espíritu «de la gracia».  Sin embargo, en la perspectiva que acabamos de mencionar, esta distinción, a pesar de que no es negada, queda inoperante, y la diferencia que hay entre ambas esferas parece más de grado que de calidad.  Desaparece todo rastro de aquella distinción prácticamente infinita que existe, según Pascal, entre los tres «órdenes» de la vida: material, intelectual y espiritual .
Morir a uno mismo para que los demás vivan
La decadencia y la muerte, en el plano natural, sean «realzadas» y transformadas en éxito en otro plano (Cfr. 2 Corintios 4,16).
La nueva interpretación del «Espíritu de la vida» nace del deseo de dar un fundamento teológico a la lucha por la defensa de la vida, sobre todo de la vida débil, «impedida» y amenazada.  En eso se aparta radicalmente del vitalismo de Nietzsche que, por el contrario, está concebido precisamente en función de los fuertes, de los hombres que poseen la «gran salud».  No obstante, opino que esta noble preocupación encuentra un fundamento muy válido también en la perspectiva tradicional, que se inspira en el principio bíblico de morir a uno mismo para que los demás vivan.  Pablo ha expresado todo esto, hablando de las tribulaciones apostólicas:
«Así que en nosotros actúa la muerte y en vosotros, en cambio, la vida» (2 Cor 4,12).
La mortificación nunca debería ser un fin en sí misma, sino que debería tener siempre como objetivo también la promoción de la vida ajena, tanto física como espiritual.  El máximo modelo, al respecto, es Cristo, que murió para dar la vida al mundo, y renunció a su gozo de vivir, para que el gozo de los demás fuera completo . Los cristianos verdaderamente «espirituales» son los que en esto han seguido a Cristo.  A menudo los ascetas más implacables a la hora de afligir su cuerpo, han sido los más tiernos cuando han tenido que aliviar el sufrimiento del cuerpo de sus hermanos, en todas sus formas: minusvalía, enfermedad, hambre, lepra, etc.  Nadie ha respetado, defendido y cultivado la vida más que ellos.  La experiencia demuestra, por lo demás, que nadie puede decir «sí» a sus hermanos, si no está dispuesto a decir «no» a sí mismo.
Las dos vidas suscitadas por el Espíritu - la natural y la sobrenatural- no se tienen, por tanto, que separar, y mucho menos contraponer entre sí, pero tampoco se han de confundir y reducir a una única vida que no conoce solución de continuidad.  Es cierto que el Espíritu promueve la vida en todas sus manifestaciones, naturales y sobrenaturales, haciéndola apta para recibir la forma a la que Dios la ha destinado, que es la «conformidad» a Cristo.  Fomenta la vida física en todo aquello que la ennoblece y la orienta hacia su fin eterno (¡sin excluir nada!); la «mortifica» en lo que se opone a ello.
Negar la radical «novedad» de la vida del Espíritu, significaría quitar toda relevancia al evento Jesucristo.  La vida en Cristo, o en el nuevo Adán, no sería diferente a la vida en el viejo Adán. Significaría también resignarse a que la obra vivificadora del Espíritu esté, desde el principio, abocada a la derrota y al fracaso, porque ya sabemos cómo va a acabar toda nuestra «vitalidad» en el plano natural.  El triunfo final del Espíritu está en la posibilidad de que la decadencia y la muerte, en el plano natural, sean «realzadas» y transformadas en éxito en otro plano.  Escribe el Apóstol:
«Por eso no desfallecemos; al contrario, aunque nuestra condición física se vaya deteriorando, nuestro ser interior se renueva de día en día» (2 Cor 4,16).

d) Clarificación del significado de los dos términos carne y Espíritu. Uso cotidiano y uso bíblico.
      Cfr. El misterio de Pentecostés, pp. 86-88
Tratemos de clarificar, ante todo, el significado de los dos términos carne y Espíritu, En el uso cotidiano «carne» indica el componente corporal del hombre, con una referencia concreta a la esfera sexual; mientras que «espíritu» indica la razón, o el alma, esto es, el componente espiritual del hombre. En este sentido se habla, por ejemplo, de los placeres o pecados de la carne, o también de cultivar el propio espíritu. Este uso ha ensombrecido a menudo el genuino significado bíblico de los dos términos. En la Biblia, la oposición carne-espíritu, aun incluyendo este primer significado, no queda limitado a él, sino que es mucho más radical. Carne indica tanto el cuerpo como el alma, esto es, la inteligencia y la voluntad del hombre en cuanto realidades  puramente naturales, marcadas, además, por la experiencia del pecado que los hace proclives al mal. En otras palabras, carne indica a todo el hombre en su precariedad, tanto física como moral, en cuanto infinitamente distante de Dios que es Espíritu (cfr. Juan 4,24). Para utilizar una expresión moderna, carne indica las «condición humana». Decir que el Verbo se ha hecho carne (Juan 1,14), significa decir que se ha hecho hombre, que ha asumido la condición humana. ¿Y qué indica, entonces, la palabra Espíritu? Indica la realidad divina, la gracia y todo aquello que el hombre es y hace cuando está movido por este principio nuevo y superior. En la contraposición carne-Espíritu, Espíritu indica siempre, directa o indirectamente, al Espíritu Santo, y por ello debería escribirse con letra mayúscula.
Para hacernos una idea de la diversidad de usos  el común y el bíblico -, basta decir que el acto que normalmente es considerado como el más «carnal» de todos, puede ser, en la visión bíblica, un acto psíquicamente espiritual, un gesto según el Espíritu, si se realiza en el seno del matrimonio, con amor y en el respeto a la voluntad del Creador. Por el contrario, el acto que se considera como el más espiritual de todos  el filosofar -, juzgado con el patrón de la Biblia, es una obra de la carne, si uno lo realiza siguiendo una lógica egoísta, para exaltarse a sí mismo o sus propias dotes, o si con él se enseña el error y la mentira. San Pablo denomina a todo esto, en efecto, «sabiduría de la carne» (Romanos 8,7). Por otra lado, sabemos que lo que se entiende normalmente con la palabra «espíritu», cuando se habla del «espíritu de los tiempos», o del «espíritu del mundo», es exactamente eso que la Biblia llamaría «carne».
En la oposición carne-Espíritu de la Biblia no está, pues, en juego tan sólo la oposición entre instintos y razón, o entre cuerpo y alma, sino también aquella otra más radical entre naturaleza y gracia, entre lo humano y lo divino, entre lo terreno y lo eterno, entre el egoísmo y el amor. Carne y Espíritu indican dos mundos y dos esferas distintas de acción. Aclarado este significado diverso de los términos, podemos ahora ilustrar la afirmación hecha más arriba de que según la Biblia existen dos modos de nacer: de la carne o del Espíritu; dos modos de vivir: según la carne o según el Espíritu; dos modos de concluir la vida: con  la muerte o con la vida eterna.

e) Dos modos de vivir en esta tierra
            El misterio de Pentecostés, pp. 90-91
Dos modos de vivir. En continuidad con estos dos tipos de nacimiento -  de la carne o del Espíritu -, la
Biblia habla también de dos formas o estilos distintos de vida, que define, respectivamente, vida según la carne y vida según el Espíritu. San Pablo nos ofrece una descripción con el estilo de las «vidas paralelas»: Los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las tendencias del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden; así, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios (Rm 8, 5-8).
Vivir según la carne.
Vivir según la carne significa vivir a un nivel natural, sin la fe. Viven según la carne aquellos que viven según la naturaleza, pero no la naturaleza originaria, creada buena y gobernada por Dios que todavía hace oir su voz, por debilitada que esté, a través de la conciencia; sino la naturaleza corrompida por el pecado, que se expresa a través de las distintas concupiscencias y, sobre todo, mediante el egoísmo. Las manifestaciones típicas de una vida planteada de este modo, son las así llamadas «obras de la carne»: «fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes» (Ga 5,19).
 Vivir según el Espíritu
Vivir según el Espíritu significa, por el contrario, pensar, querer y obrar, movidos interiormente por ese principio de vida nueva que en el bautismo es introducido en nosotros, que es el Espíritu de Jesús. Vivir según el Espíritu equivale por ello a imitar a Cristo. Las manifestaciones propias de esta vida nueva son los así llamados «frutos del Espíritu»: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Ga 5, 22).

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Vida Cristiana

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