viernes, 23 de diciembre de 2016

Reproducción asistida.



1 Reproducción asistida. Menos de la tercera parte de las mujeres que se someten a tratamientos de reproducción asistida logran tener un hijo, según los datos que recopila la European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE). Cfr. Dos de cada tres mujeres que recurren a la FIV no consiguen el hijo Aceprensa – 15 noviembre 2010 Menos de la tercera parte de las mujeres que se someten a tratamientos de reproducción asistida logran tener un hijo, según los datos que recopila la European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE). Los últimos datos publicados corresponden a 2006 y se toman de los registros nacionales, aunque no todas las clínicas informan de su actividad. En ese año se registraron en Europa 458.759 ciclos de técnicas de reproducción asistida (TRA), siendo España el tercer país en número de intentos (casi 50.000), por detrás de Francia y Alemania. En 2006, había en España 182 centros que proporcionaban estas técnicas, de los que 107 comunicaron datos de su actividad. El tipo de tratamientos utilizados en estas clínicas europeas fueron: Técnica % de ciclos ICSI (inyección intracitoplasmática de semen) 50,7 FIV (fecundación in vitro) 25,5 Transferencia de embriones congelados 18,7 Donación de óvulos 2,7 Diagnóstico genético preimpantacional 1,4 Maduración in vitro 0,05 Asimismo, en 22 países europeos que facilitaron datos se realizaron 158.600 ciclos de inseminación artificial, en un 85,6% con semen de la pareja y en un 15,4% con semen de banco. En el caso de España, llama la atención que sea el país europeo que más utiliza el diagnóstico genético preimplantacional (2.478 casos, que suponen el 37% del total europeo). Dado que este recurso se dirige a hacer una selección de embriones antes de implantarlos, es el más proclive a la criba eugenésica. También es España el país europeo que más utiliza la donación de óvulos (6.547 casos, más del 50% del total europeo). Aquí se nota que la donación de óvulos en España se recompensa con unos 900 euros, cosa que está prohibida en otros países. El porcentaje de niños nacidos por técnicas de fecundación artificial respecto al total de nacimientos fue del 3% en la mayor parte de los países nórdicos, mientras que en los países europeos más poblados (Alemania, Francia y Reino Unido) el porcentaje varió entre el 1% y el 1,7%. En España en 2006 nacieron 11.302 niños concebidos mediante estas técnicas. o Tasas de éxito ¿Hasta qué punto puede decirse que la fertilización in vitro ha logrado vencer la infertilidad? Según los datos de la ESHRE, la tasa media de embarazos por transferencia de embriones fue: FIV 32,4 % ICSI 33 % Con embriones congelados 21,6% Con óvulos de donante 43,5% El porcentaje de éxito es mucho menor en el caso de mujeres sometidas a inseminación artificial. En las menores de 40 años, la tasa de partos fue del 9,2% con esperma de la pareja y del 13,3% con la de donante. Por encima de los 40 años, las tasas fueron del 4,4% y del 4,1% respectivamente. Las tasas de éxito se reducen sensiblemente con la mayor edad de la mujer. Para las menores de 34 años, la tasa de partos alcanza el 26,6%; entre 35-39 años es del 20,5%; y para las mayores de 40, se 2 reduce al 8,6%. Según los datos de la ESHRE, la mayor parte de los tratamientos de TRA se aplican a mujeres de 30 a 39 años. Las clínicas suelen medir la tasa de éxito por los embarazos conseguidos. Pero, lógicamente, a los clientes lo que les interesa es salir de la clínica con un bebé en brazos. Y con este criterio el éxito es menor. Por ejemplo, en España, los 25.975 embriones implantados tras IVF y ICSI dieron lugar a 5.637 partos, es decir, una tasa de éxito del 21,7%. En un comunicado de prensa en el que la ESHRE se felicitaba por el Premio Nobel otorgado a Robert Edwards, decía que la tasa de éxito medida por partos obtenidos era de 22,1% en 2006. La tasa global de partos múltiples por transferencia de embriones ha disminuido regularmente desde 2000, y se ha situado en el 20,8% en 2006 (cerca de un 20% fueron mellizos y el 0,9 trillizos). En España la ley permite transferir hasta tres embriones. Según los datos publicados de algunas clínicas, en la mayoría de los casos se transfieren dos. Aunque esto se hace con la idea de aumentar las posibilidades de éxito, tiene el inconveniente de los embarazos múltiples, de mayor riesgo para la madre y los niños. Por esta política de las clínicas, la tasa de embarazos múltiples ronda el 24%, por encima de la media europea. La proporción de partos triples en Europa habría sido mayor de no ser por los 466 casos de “reducción fetal” (destrucción de alguno de los embriones ya implantados), de los cuales 95 casos se registran en España. Varios países no declaran estos casos, por lo que es de suponer que cifra es mayor. Un análisis más detallado de los datos puede encontrarse en el artículo “Assisted reproductive technology in Europe, 2006”, en Human Reproduction, vol. 00, nº 0, pp. 1-12, 2010. Es el 10º informe anual de la ESHRE. Artículos relacionados ■La reproducción asistida, más frustración que alegrías Álvaro Lucas (16 Noviembre 10) ■Dinamarca: la fecundación artificial ya no será gratuita Aceprensa (16 Noviembre 10) ■El Premio Nobel de Medicina y un invento mal concebido (11 Octubre 10) www.parroquiasantamonica.com

En respuesta a “interpretaciones incorrectas” de las palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo en el libro Luz del mundo,



1 En respuesta a “interpretaciones incorrectas” de las palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo en el libro Luz del mundo, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota en la que aclara que lo que dice el papa no significa ningún cambio en la doctrina de la Iglesia sobre la contracepción y que el preservativo no puede ser considerado un “mal menor” moralmente justificado. Este es el texto de la nota, en la versión española distribuida por la Congregación. Cfr. El Vaticano confirma que el preservativo no es un “mal menor” justificado Aceprensa, 23 Diciembre 2010 Con ocasión de la publicación del libro-entrevista de Benedicto XVI, Luz del mundo, se han difundido diversas interpretaciones incorrectas, que han creado confusión sobre la postura de la Iglesia Católica acerca de algunas cuestiones de moral sexual. El pensamiento del Papa se ha instrumentalizado frecuentemente con fines e intereses ajenos al sentido de sus palabras, que resulta evidente si se leen por entero los capítulos en donde se trata de la sexualidad humana. El interés del Santo Padre es claro: reencontrar la grandeza del plan de Dios sobre la sexualidad, evitando su banalización, hoy tan extendida. Algunas interpretaciones han presentado las palabras del Papa como afirmaciones contrarias a la tradición moral de la Iglesia, hipótesis que algunos han acogido como un cambio positivo y otros han recibido con preocupación, como si se tratara de una ruptura con la doctrina sobre la anticoncepción y la actitud de la Iglesia en la lucha contra el sida. En realidad, las palabras del Papa, que se refieren de modo particular a un comportamiento gravemente desordenado como el de la prostitución (cfr. Luz del mundo, pp. 131-132), no modifican ni la doctrina moral ni la praxis pastoral de la Iglesia. o No habla de la moral conyugal Como se desprende de la lectura del texto en cuestión, el Santo Padre no habla de la moral conyugal, ni tampoco de la norma moral sobre la anticoncepción. Dicha norma, tradicional en la Iglesia, fue reafirmada con términos muy precisos por Pablo VI en el n. 14 de la encíclica Humanae vitae, cuando escribió que «queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación». Pensar que de las palabras de Benedicto XVI se pueda deducir que en algunos casos es legítimo recurrir al uso del preservativo para evitar embarazos no deseados es totalmente arbitrario y no responde ni a sus palabras ni a su pensamiento. En este sentido, el Papa propone en cambio caminos que sean humana y éticamente viables, que los pastores han de potenciar «más y mejor» (cf. Luz del mundo, p. 156), es decir, caminos que respeten plenamente el nexo inseparable del significado unitivo y procreador de cada acto conyugal, mediante el eventual recurso a métodos de regulación natural de la fertilidad con vistas a la procreación responsable. o En el caso de la prostitución En cuanto al texto en cuestión, el Santo Padre se refería al caso completamente diferente de la prostitución, comportamiento que la doctrina cristiana ha considerado siempre gravemente inmoral (cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 27; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2355). Con relación a la prostitución, la recomendación de toda la tradición cristiana –y no sólo de ella– se puede resumir en las palabras de san Pablo: «Huid de la fornicación» (1 Co 6, 18). Por tanto, hay que luchar contra la prostitución; y las organizaciones asistenciales de la Iglesia, de la sociedad civil y del Estado han de trabajar para librar a las personas que están involucradas en ella. 2 En este sentido, es necesario poner de relieve que la situación que en muchas áreas del mundo se ha creado por la actual difusión del sida, ha hecho que el problema de la prostitución sea aún más dramático. Quien es consciente de estar infectado con el VIH y que por tanto puede contagiar a otros, además del pecado grave contra el sexto mandamiento comete uno contra el quinto, porque conscientemente pone en serio peligro la vida de otra persona, con repercusiones también para la salud pública. A este respecto, el Santo Padre afirma claramente que los profilácticos no son «una solución real y moral» del problema del sida, y también que la «mera fijación en el preservativo significa una banalización de la sexualidad», porque no se quiere afrontar el extravío humano que está en el origen de la transmisión de la pandemia. Por otra parte, es innegable que quien recurre al profiláctico para disminuir el peligro para la vida de otra persona, intenta reducir el mal vinculado a su conducta errónea. En este sentido, el Santo Padre pone de relieve que recurrir al profiláctico con «la intención de reducir el peligro de contagio, es un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida en forma diferente, hacia una sexualidad más humana». Se trata de una observación completamente compatible con la otra afirmación del Santo Padre: «Ésta no es la auténtica modalidad para abordar el mal de la infección con el VIH». o La forma de luchar contra el sida Algunos han interpretado las palabras de Benedicto XVI valiéndose de la teoría del llamado “mal menor”. Esta teoría, sin embargo, es susceptible de interpretaciones desviadas de tipo proporcionalista (cf. Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor, nn. 75-77). No es lícito querer una acción que es mala por su objeto, aunque se trate de un mal menor. El Santo Padre no ha dicho, como alguno ha sostenido, que la prostitución con el recurso al profiláctico pueda ser una opción lícita en cuanto mal menor. La Iglesia enseña que la prostitución es inmoral y hay que luchar contra ella. Sin embargo, si alguien, practicando la prostitución y estando además infectado por el VIH, se esfuerza por disminuir el peligro de contagio, a través incluso del uso del profiláctico, esto puede constituir un primer paso en el respeto de la vida de los demás, si bien el mal de la prostitución siga conservando toda su gravedad. Dichas apreciaciones concuerdan con lo que la tradición teológico moral ha sostenido también en el pasado. En conclusión, los miembros y las instituciones de la Iglesia Católica deben saber que en la lucha contra el sida hay que estar cerca de las personas, curando a los enfermos y formando a todos para que puedan vivir la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad dentro del pacto conyugal. En este sentido, hay que denunciar también aquellos comportamientos que banalizan la sexualidad, porque, como dice el Papa, representan precisamente la peligrosa razón por la que muchos ya no ven en la sexualidad una expresión de su amor. «Por eso la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana» (Luz del mundo, p. 131). www.parroquiasantamonica.com

El síndrome de Down.



El síndrome de Down. La cultura cristiana constituye hoy un seguro de vida para los bebés con síndrome de Down frente al paganismo libertario. “Los críticos del cristianismo aseguran que desean promover la tolerancia, la acogida a los demás y una sociedad inclusiva. Pero a lo que realmente aspiran es a favorecer una sociedad que dé rienda suelta a todos los vicios y a algunas crueldades”. La verdadera seguridad social, nace del respeto por la vida. La acogida y compasión hacia los más vulnerables. Cfr. La cultura cristiana, un seguro de vida para los más vulnerables. Aceprensa, 31 Enero 2011 Mike Aquilina es vicepresidente del St. Paul Center for Biblical Theology y tertuliano habitual junto con el teólogo Scott Hann en la cadena de televisión EWTN. En una entrada publicada en su blog Fathers of the Church (24-01- 2011), explica por qué la cultura cristiana constituye hoy un seguro de vida para los bebés con síndrome de Down frente al paganismo libertario. La columnista del Washington Post Patricia E. Bauer tiene una hija –Margaret– con síndrome de Down. En una ocasión, Bauer tuvo que aguantar la bronca de un moralista de una universidad de la Ivy League, quien aseguraba que las madres a las que les comunican que van a tener un hijo con síndrome de Down tienen la “obligación moral” de poner fin a su embarazo. Aquilina lo compara con las prácticas aceptadas en el ambiente pagano en que nació el cristianismo. Los descubrimientos arqueológicos han revelado la carta de un comerciante que escribía a su mujer: “Si das a luz a un niño, consérvalo; si es una niña, elimínala”. Su tesis es que el libertarismo que impregna la cultura dominante actual no difiere demasiado de los tiempos primitivos del paganismo, cuando el aborto y el infanticidio iban de la mano. “Después de todo, hemos llegado al punto exacto dónde nos encontrábamos antes de la expansión del cristianismo”. Fueron precisamente ese tipo de prácticas inhumanas lo que, a juicio de Aquilina, pusieron en un aprieto al paganismo. “El aborto y el infanticidio condujeron a bajas tasas de fecundidad, a una elevada tasa de mortalidad materna, a un menor número de candidatas al matrimonio y a la ausencia de una red de apoyo familiar a los mayores”. A la vista de este panorama, algunos emperadores romanos dictaron leyes para intentar incrementar la fecundidad. Pero las leyes sirvieron de poco. “Además de matar a los bebés, al aborto fue minando poco a poco el amor de las parejas. A eso hay que añadir la querencia de la sociedad pagana por un estilo de vida inmoral y comodón que les llevaba a saltar de placer en placer, sin el estorbo de los niños”. Aquilina cree que hoy asistimos a una crisis semejante. “Los críticos del cristianismo aseguran que desean promover la tolerancia, la acogida a los demás y una sociedad inclusiva. Pero a lo que realmente aspiran es a favorecer una sociedad que dé rienda suelta a todos los vicios y a algunas crueldades”. En estas circunstancias, ¿qué puede ofrecer la cultura cristiana a esa mayoría de la población que no se identifica con el paganismo libertario? Lo mismo que aportaron los primeros cristianos a la sociedad de su tiempo: acogida y compasión hacia los más vulnerables. “Fueron los cristianos quienes crearon la primera sociedad tolerante, abierta e inclusiva, así como un notable sistema de bienestar. Y no lo hicieron sólo porque, a diferencia de sus gobernantes, tolerasen al pobre y al débil, ni porque les amaran con un amor basado solamente en afectos humanos. Sino porque veían al último miembro de la familia humana como imagen de Dios; como Cristo que debe ser acogido; como ángeles que requieren hospitalidad”. Aquilina concluye su artículo citando una frase de la Didascalia: “Las viudas y los huérfanos han de ser venerados como el altar”. Y añade: “De ese respeto por la vida surgió la verdadera seguridad social, la auténtica estabilidad y la prosperidad. De esa veneración nacieron muchos hijos queridos y encantadores como Margaret”. Artículos relacionados • Médicos franceses contra la deriva eugenésica del diagnóstico prenatal Aceprensa (10 Diciembre 10) • Síndrome de Down: lo que dicen los médicos condiciona la acogida Juan Meseguer (13 Septiembre 10) www.parroquiasantamonica.com

Bioética. El cerebro y el yo, la conciencia (2).



1 Bioética. El cerebro y el yo, la conciencia (2). Hay funciones son irreductibles a la materia aunque, en el caso del hombre, sean inseparables de ella. El pensamiento es inmaterial, meta-neuronal. Las neuronas no piensan, piensa la persona. Las neuronas no quieren, quiere la persona. Las neuronas no sienten, siente la persona. Las neuronas no están conscientes, está consciente la persona. Cfr. El cerebro y su yo (y II) ¿Por qué un ser consciente de sí mismo? María Gudín, Aceprensa, 23 Febrero 2011 Uno de los problemas más llamativos que plantea la vida es el funcionamiento aunado de los distintos componentes del ser vivo: lo que podríamos llamar principio de unificación. Los clásicos han afirmado que en todos los seres vivos existe un principio de unificación que denominaron ánima: los seres vivos son seres animados porque poseen ese principio de unificación, el alma. Damasio repite en varias ocasiones que en el ser consciente no se precisa ningún mecanismo de unificación extramaterial. La coordinación entre los diversos sistemas, según Damasio, no la genera un misterioso agente externo sino más bien una serie de factores naturales como el orden de introducción en la mente y el valor acordado de esos contenidos. ¿Pero qué es lo que da el valor a los contenidos de conciencia? Para Damasio, el valor de un contenido de conciencia se produce automáticamente a través de marcadores biológicos que proporciona el cerebro al introducir el dato. Esos marcadores biológicos se producen también a través de sistemas de valores que se han conseguido con el aprendizaje. Según el orden en el que hemos insertado en el cerebro un determinado dato y según el valor que le hayamos dado al introducirlo, así se organiza el pensamiento. Esta postura es un tanto pobre y mecanicista. Para Damasio, los coordinadores del sistema de consciencia parecen radicar en ciertas áreas del cerebro, fundamentalmente el tálamo y la corteza postero-medial. o Las neuronas no piensan Damasio expone un sistema de coordinación, que es físico y constituye una parte más del cerebro. Niega así la existencia de un principio de coordinación de tipo extramaterial; por lo tanto, de sus afirmaciones parece deducirse una oposición clara a la existencia de una realidad transcendente en el ser humano. Damasio, explícitamente, rechaza el dualismo mente-cerebro, e implícitamente, la existencia de una dualidad alma y cuerpo. Sin embargo, frente a la postura de Damasio y otros neurólogos biologicistas, para una recta interpretación de lo que es el hombre, es fundamental sostener que el alma no es un elemento inmaterial que haya de unirse a un cuerpo sino que el cuerpo sin el alma no es tal cuerpo, porque no llega a constituirse y estar organizado como tal. Como el alma humana es espiritual, puede realizar funciones y actividades completamente ajenas a la materia, tales como superar el tiempo, sentir, querer, amar, realizar creaciones artísticas. Todas estas funciones son irreductibles a la materia aunque, en el caso del hombre, sean inseparables de ella. El pensamiento es inmaterial, meta-neuronal. Las neuronas no piensan, piensa la persona. Las neuronas no quieren, quiere la persona. Las neuronas no sienten, siente la persona. Las neuronas no están conscientes, está consciente la persona. Damasio quiere explicar cómo el cerebro construye una mente y cómo hace que esa mente sea consciente 2 o Los mecanismos inconscientes Por otro lado, y de modo muy interesante, Damasio no niega la voluntad. Ni niega tampoco la responsabilidad personal. En Y el cerebro creó al hombre se delimita muy bien el papel del inconsciente en la conducta humana. “Si en la manera en la que llevamos a cabo nuestros actos influyen factores inconscientes, que nuestro razonamiento consciente desconoce, entonces cabe poner en tela de juicio que seamos realmente responsables de nuestros actos”. Sin embargo, afirma: “La situación es menos problemática de lo que podría parecer a tenor de reacciones superficiales”. Según Damasio, sí existe el control voluntario de las acciones humanas. Ese control es en parte consciente y en parte inconsciente, uno afecta al otro. El control inconsciente puede ser modificado por el consciente, sobre todo a través de la educación y el aprendizaje. En la infancia y la adolescencia se crea gran parte del control sobre el inconsciente. Con una clara lucidez, Damasio afirma que la consciencia no se deprecia porque existan procesos inconscientes, sino que amplía su campo de acción. Es el caso de los atletas y músicos, que gracias a la elaboración de patrones de conducta inconscientes consiguen metas más altas de superación. Si un músico tuviera que realizar conscientemente todas las acciones para tocar un violín, no lo tocaría bien, no podría centrarse en la melodía o en la armonía. Igualmente ocurre en otros muchos aspectos de la vida humana. En este mismo sentido, Damasio explica la moralidad como habilidades adquiridas: “Los comportamientos morales son un conjunto de habilidades adquiridas a lo largo de infinitas sesiones prácticas en un extenso período de tiempo que se rigen por razones y principios articulados conscientemente, aunque, cuando no es así su naturaleza se halla insertada muy profundamente en el inconsciente cognitivo”. Para Damasio, la deliberación consciente es un rasgo capital en el ser humano. No podríamos llevar la vida que llevamos sin una deliberación consciente. Damasio define acertadamente: “La deliberación consciente bajo la dirección de un poderoso sí mismo, construido sobre una autobiografía organizada y una identidad definida es una consecuencia fundamental de la conciencia”. Lo que podría interpretarse como que la inteligencia humana, bajo la dirección de la voluntad libre, constituye al ser humano como un proyecto de vida organizado que se demuestra en un ser coherente y de identidad definida. Visto así, el ser humano, el hecho que Damasio y otros investigadores lo reduzcan a conexiones neuronales, entra más dentro del campo de las propias creencias personales y de un prejuicio materialista, que de un pensamiento racional e inteligente. o Más allá de lo físico Excluyendo algunas expresiones de tipo reduccionista, el libro del profesor Damasio muestra con claridad los grandes hallazgos que se han producido en las últimas décadas sobre la comprensión de los mecanismos biológicos de la conciencia humana. Sin embargo, en algunas afirmaciones el libro parte de presupuestos materialistas, reduccionistas y evolucionistas a ultranza. Para Damasio, la espiritualidad no existe, no es más que una expresión de mecanismos neuronales. El fenómeno religioso y moral no es más que un método consolador que el ser humano ha desarrollado para poder explicar lo que no podía ser entendido en otras épocas. El evolucionismo que postula es demasiado rígido. Por ejemplo, Damasio habla de una evolución del lenguaje animal al humano. Actualmente, se sabe que no hay una evolución en el lenguaje humano. Se podría pensar que si el hombre es fruto únicamente de la evolución, el lenguaje humano podría tener algún precursor en el lenguaje de los animales. Sin embargo, los sistemas de comunicación del lenguaje Para Damasio, la espiritualidad no existe, no es más que una expresión de mecanismos neuronales 3 no humano son sorprendentemente diferentes del lenguaje humano. No hay ni una insinuación del sistema de combinaciones infinitas y diferenciadas del lenguaje humano (1). Damasio define bien cómo se producen los procesos mentales, pero unas veces yerra al explicar el porqué, y otras evita definirse con claridad, Además, dada la gran complejidad de mecanismos neuronales y estructuras cerebrales, el libro puede resultar difícil para el profano, que puede quedar deslumbrado ante tanto dato científico, sin darse quizá cuenta el error de fondo que plantea el libro. Frente a todos estos fallos, la visión dinámica y realista del cerebro humano, su fuerte conexión con el cuerpo y la realidad externa, es algo que nos permite entender al hombre como un ser altamente cualificado, capaz de modificarse a sí mismo y a su entorno. La única explicación plausible de lo que propone Damasio, del porqué del ser humano, está más allá de lo físico. Hace pocos años, el premio Nobel Sydney Brenner, en una conferencia en la Fundación Juan March exponía: “Creo que las ciencias biológicas han entrado en una nueva fase en su desarrollo. Sabemos que tenemos un inmenso poder que nos permite hacer descripciones completas acerca de cualquier cosa del mundo de los seres vivos, podemos obtener la secuencia de los genes de cualquier ser que ande, vuele o nade pero, por supuesto, no entendemos nada (…) De manera que, a mi entender, el gran problema al que se enfrenta la Biología del siglo XXI es, de hecho, cómo convertir la información en conocimiento; porque conocimiento y comprensión no son la misma cosa” (2). El libro de Danasio aporta mucha información, alguna de ella sesgada, otra incompleta, o llena de prejuicios. De la información al conocimiento, como afirma Brenner, hay un paso cualitativo que Damasio no ha dado, o no se ha atrevido a dar. María Gudín es neurólogo. __________________________ Notas (1) Eric Kandel. Principles of Neural Science. Ed. Mc Graw Hill, 2000. (2) Boletín de la Fundación Juan March (mayo 2003), p. 36. Artículos relacionados • El cerebro y su yo (I) María Gudín (23 Febrero 11) www.parroquiasantamonica.com

La Neurociencia y la conducta moral.



1 La Neurociencia y la conducta moral. Las condiciones neurobiológicas de la afectividad y las decisiones de la virtud. La biología no condiciona a la persona. Lamentablemente, muchas veces cuando se habla de los llamados genes que regulan nuestra conducta como, por ejemplo, el 'gen de la conducta sexual', se pretende dar a entender que todo en el hombre está determinado por el genoma. Y en este caso es importante señalar, por tanto, que desde el punto de vista científico esa tesis no se puede sostener. Cfr. “La biología no condiciona a la persona”, afirman dos expertos. Celebrado en Roma un congreso sobre neurociencia y acción moral Zenit.org 4 de marzo de 2011 ROMA, viernes 4 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- “La biología tiene un papel importante en el comportamiento humano –lo que se ha denominado clásicamente como 'carga biológica'–, pero ese aspecto del hombre no es, en sí mismo o de forma única, lo que proporciona unidad o dinamismo vital a toda la persona”. Lo explicó a ZENIT el catedrático de Anatomía y Embriología, José Manuel Giménez Amaya, profesor durante muchos años en la Universidad Autónoma de Madrid, y ahora director del grupo de investigación Ciencia, Razón y Fe de la Universidad de Navarra. “Hay condicionamientos genéticos del hombre que tienen una relación con su conducta, pero no se puede decir que sean absolutamente determinantes. Lamentablemente, muchas veces cuando se habla de los llamados genes que regulan nuestra conducta como, por ejemplo, el 'gen de la conducta sexual' se pretende dar a entender que todo en el hombre está determinado por el genoma. Y en este caso es importante señalar, por tanto, que desde el punto de vista científico esa tesis no se puede sostener”. Lo afirmó en el marco del simposio “Neurociencia y acción moral, las condiciones neurobiológicas de la afectividad y de las decisiones de la virtud” que se ha desarrollado los días 28 de febrero y 1 de marzo en Roma, en la Universidad de la Santa Cruz y que ha reunido a importantes expertos del tema. El profesor Giménez Amaya recordó que es cierto que en “la neurociencia actual existen corrientes que, en efecto, hablan de que el cerebro es lo único que regula toda la actividad del hombre”. Por ello “en nuestro libro ‘De la Neurociencia a la Neuroética: narrativa científica y reflexión filosófica’ (EUNSA, Pamplona 2010) hemos indicado que dichas corrientes proponen una visión reduccionista del hombre. Nuestra tesis ahí es que una visión tal de la neurobiología es errónea incluso desde la perspectiva de la propia neurociencia y que es, en definitiva, muy lesiva para la misma”. En este sentido, prosiguió, “abogamos por una visión interdisciplinar, muy connatural también con el nacimiento de esta disciplina biológica, que abarque todos los problemas que supone el funcionamiento, el comportamiento y la vida del hombre desde las diferentes perspectivas de las distintas ciencias”. “Una visión unitaria exige no ceñirse de manera exclusiva a los datos que nos brinda solamente una disciplina, como en este caso la neurociencia, porque entonces pasan a ser datos muy parciales, fragmentarios, muchas veces carentes de la unidad necesaria para llegar a conclusiones certeras y profundas”. “Indicaba antes que es lesivo para la propia neurociencia –prosiguió el catedrático– porque la ciencia busca la verdad y hay un campo de la verdad que se autoexcluye de la propia disciplina si hace de sus hallazgos particulares la única y exclusiva dimensión de la persona humana”. Para el profesor de la Universidad de Navarra “tampoco parece adecuado intentar abordar el estudio del hombre en compartimentos estancos que proporcionan una visión parcial y, desgraciadamente, a veces también, muy 2 distorsionada. De ahí la importancia crucial de la interdisciplinaridad, que permite completar, unificar, dar sentido y plantear estudios mucho más completos y penetrantes” Sobre el determinismo de los actos del hombre que nacería de una situación biológica cerrada y unidireccional, como se afirma en algunas corrientes de pensamiento científico actual, el profesor español precisó que “en primer lugar no está plenamente demostrado desde el punto de vista científico –como hemos podido ver durante el presente simposio– que exista un determinismo completamente validado de la acción neurobiológica. Desde el punto de vista de la neurociencia, que es mi campo de estudio –señaló–, para muchos neurocientíficos existe una clara indeterminación en algo tan esencial para nuestro funcionamiento cerebral como la transmisión sináptica o las configuraciones de las redes neuronales corticales y subcorticales, aspectos estos que son esenciales en el funcionamiento biológico del cerebro. El determinismo biológico cerrado como se presenta muchas veces, queda así puesto claramente en suspenso”. Por lo que se refiere a la conducta moral y al factor biológico y genético, el profesor Sergio Sánchez-Migallón, conferencista del simposio y coautor del libro arriba indicado y director del Instituto de Antropología y Ética de la Universidad de Navarra, indicó que “la conducta moral se basa en la experiencia moral y tanto la filosofía clásica como la fenomenología ven que la experiencia moral es muy rica y que tiene aspectos que la ciencia experimental no llega a captar”. El profesor Sánchez-Migallón que cursó sus estudios de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y se doctoró en esta disciplina en la Universidad de Navarra, precisó que “la experiencia moral filosófica está descubriendo muchos otros campos muy coherentes con la ciencia. Por lo tanto no se trata de una oposición sino de una colaboración entre los dos, aspectos que faltan y aspectos que iluminan la propia ciencia”. Y concluyó: “Sobre el comportamiento moral hay algunos datos irreductibles a la ciencia experimental, como la conciencia del deber moral, la conciencia de la responsabilidad, la propia decisión libre por más condicionada que sea por muchos factores: al final uno tiene la última palabra de decir sí o no sobreponiéndose a dichos factores biológicos, porque al final no son el factor determinante".

Las páginas amarillas de una revista científica.



1 Las páginas amarillas de una revista científica. La revista británica Nature publica un reportaje en el que caricaturiza a Theresa Deisher, una fisióloga molecular que trata de impedir ante los tribunales que se financie con dinero público la investigación con células madre embrionarias. Sorprende que una revista científica del prestigio de Nature haya optado por el ataque ad hominem. Cfr. Juan Meseguer, Aceprensa, 25 Febrero 2011. En uno de sus últimos números, la revista británica Nature publica un reportaje en el que caricaturiza a Theresa Deisher, una fisióloga molecular que trata de impedir ante los tribunales que se financie con dinero público la investigación con células madre embrionarias. Sorprende que una revista científica del prestigio de Nature haya optado por el ataque ad hominem. Acostumbrada desde joven a ver al feto como “un amasijo de células”, Theresa Deisher ha ido cambiando sus posturas poco a poco. En esa transformación han influido sus años de experiencia en los laboratorios, así como su regreso –“tras un proceso largo y lento”– a la práctica religiosa. Doctora por la Universidad de Stanford y experta en medicina regenerativa, Deisher saltó a la opinión pública norteamericana en agosto de 2009 cuando decidió recurrir la decisión de la Admistración Obama de autorizar la financiación pública –prohibida durante el mandato de George W. Bush– de aquellos proyectos de investigación que utilicen células madre embrionarias. El recurso, interpuesto junto con otro científico, logró que un juez federal del Distrito de Columbia ordenara en agosto de 2010 la paralización cautelar del plan. Pero la Administración Obama recurrió la sentencia y, en septiembre, un tribunal de apelación de Washington levantó la suspensión. El caso podría llegar al Tribunal Supremo de Estados Unidos; si éste dictara una sentencia a favor de Deisher, pondría punto final en ese país a la financiación federal de tales investigaciones. Se comprende la trascendencia del pleito y su repercusión mediática. Cóctel informativo Bajo el título “La cruzada”, el reportaje de Nature (10-02-2011) ofrece un retrato sesgado de Deisher. La entradilla sitúa bien por dónde van los tiros: “Hubo un tiempo en que Theresa Deisher abandonó la religión por la ciencia. Ahora, tras recuperar la fe, combate ante los tribunales la investigación con células madre [embrionarias]”. Meredith Wadman, corresponsal de Nature en Washington y autora del reportaje, mezcla muy distintos ingredientes en su cóctel informativo: la ciencia con la religión, la religión con la política, la política con la ciencia... Wadman no entra a debatir los argumentos de Deisher. Prefiere centrarse en su persona para extraer anécdotas de lo más variopintas: que si el primer feto que vio le pareció un alienígena; que si reza el rosario en bicicleta; que si se encuentra sola en algunos debates... En la versión de Wadman, Deisher sería una cruzada medieval que se lanza a combatir la investigación con células madre embrionarias sólo porque su fe se lo exige. Es cierto que algunas de sus declaraciones o episodios de su vida –al menos los seleccionados para el reportaje– dan pie a pensar esto. Pero, a juzgar por su carrera profesional, no parece que Deisher sea una “iluminada” enemiga del progreso. Tras doctorarse en fisiología molecular y celular por la Universidad de Santford, ha trabajado En vez de discutir sus razones con criterios científicos, la revista se dedica a hacer descalificaciones personales 2 durante 17 años en empresas de biotecnología. En ellas ha realizado importantes investigaciones con células madre. ¿Estrictamente científico? Uno de los momentos estelares del reportaje de Nature es cuando entra en escena Chuck Murry, codirector del Instituto de Células Madre y Medica Regenerativa de la Universidad de Washington y compañero de estudios postdoctorales de Deisher. La define como “una especie de Sarah Palin de las células madre”. En cambio, él se presenta como un investigador puro y duro; sus experimentos con células embrionarias los realiza siempre “con una perspectiva estrictamente científica y al margen de posturas morales polarizadas”. El discurso de Murry es enardecedor. Pero quedaría más completo si se añadiera lo que dicen sus colegas del Instituto de Medicina Regenerativa de California. Considerado durante años como el ariete de la investigación con células embrionarias, este Instituto decidió pasarse el año pasado a investigar con células madre adultas cuando sus inversores les dijeron que querían más resultados y menos promesas (cfr. Aceprensa, 4-02-2010). La decisión de los directivos del Instituto de California no tiene nada que ver con la moral ni con la religión. Si por ellos fuera, seguirían investigando con células embrionarias. Pero, cuando inversión obliga, optaron por ir a lo seguro: las células madre adultas. El pragmatismo de los investigadores del Instituto de California es patente. A Deisher, este planteamiento le parece insuficiente: antes que los resultados, deberíamos preguntarnos por las objeciones morales que plantea la experimentación con embriones humanos. Al final, uno se pregunta si la cruzada más belicosa es la de Deisher contra el uso de células embrionarias o la de Nature contra Deisher. Con su empeño por combatir a quien considera una enemiga de la ciencia, Nature parece no advertir que los ataques personales dan a sus páginas tintes de prensa amarilla. Artículos relacionados • California cambia de rumbo: ahora investigará con células madre adultas Juan Meseguer (4 Febrero 10) • Bush y Obama ante las células embrionarias Rafael Serrano (11 Marzo 09) www.parroquiasantamonica.com

La dictadura de la píldora del día después.


1 La dictadura de la píldora del día después. Se impone a pesar de sus efectos colaterales. Suele presentarse como un modo de reducir embarazos “no deseados” y los elevados porcentajes de nacimientos de madres adolescentes. o Se impone a pesar de sus efectos colaterales ROMA, domingo, 13 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- En los últimos años un país tras otro han ido permitiendo la venta de la así llamada píldora del día después. Suele presentarse como un modo de reducir los embarazos "no deseados" y los elevados porcentajes de nacimientos de madres adolescentes. Japón ha sido uno de los últimos países en permitir algo que algunos llaman anticonceptivo de emergencia. El ministro de sanidad dio el visto bueno para la venta de NorLevo desde mayo, informaba el Japan Times el 24 de febrero. El artículo decía que se esperaba que esta medida ayudara a reducir el número de abortos. Según el artículo, el índice de abortos en Japón en el 2008 fue del 8,8, ligeramente por encima de la mitad del de Estados Unidos. Una de las principales cuestiones relacionadas con la venta de la píldora del día después es su disponibilidad sin receta médica. En Irlanda, la cadena de farmacias Boots propuso su venta sin receta, esperando utilizar una argucia legal. En una sorprendente reacción, el Organismo Directivo de Medicamentos Irlandés anunció repentinamente que permitiría la venta de NorLevo sin receta médica, informaba el 22 de febrero el Irish Times. No sólo se venderá sin necesidad de receta sino que tampoco habrá limitaciones de edad para los compradores. La ausencia de límite de edad ha tomado por sorpresa a la Sociedad Farmacéutica de Irlanda, por lo que publicó una nota diciendo que los farmacéuticos considerarían si deberían enviar a las chicas de 16 años o menos a que pidieran la píldora a un médico o a una institución, al estar por debajo de la edad de consentimiento. Entretanto, en Estados Unidos, se está presionando para que se elimine el límite de dad en la venta de Plan B, una píldora del día después. Los fabricantes de la píldora, Teva Pharmaceutical Industries, han solicitado a la Administración para los Alimentos y los Medicamentos que permita a los menores de 17 años que la compren, informaba ABC News el 25 de febrero. Actualmente Plan B está disponible sin receta para los mayores de 17 años. o Irresponsable Wendy Wright, presidenta de Concerned Women for America, decía que sería irresponsable poner a disposición de jóvenes la píldora y advertía que podría cortar la comunicación entre las jóvenes y sus padres y médicos. También señalaba que Plan B necesita supervisión médica, dado que el mismo acto, que las llevó a temer que se hubieran quedado embarazadas, podría haberles hecho contraer una enfermedad de transmisión sexual. En Inglaterra, al contrario, la edad no es barrara para conseguir anticonceptivos. El Sunday Times informaba el 1 de agosto que médicos de familia habían prescrito la píldora anticonceptiva a más de 1.000 niñas de entre 11 y 12 años. Además, otras 200 chicas, de entre 11 y 13 años, tenían implantados dispositivos anticonceptivos o inyectables permanentes. 2 Según el artículo, la mayoría de estas prescripciones se dieron a las niñas sin el conocimiento o el consentimiento de sus padres, dado que los doctores están sometidos a la confidencialidad respecto a las niñas, a no ser que sospechen que están sometidas a abusos o son obligadas a tener sexo. En relación al tema de la edad, la información publicada hace poco por el Departamento de Sanidad Británico confirma los miedos de Wendy Wright. La distribución de la píldora del día después a menores de 16 años les anima a correr más riesgos en sus vidas sexuales, informaba el 30 de enero el Sunday Times. La información venía de un estudio de dos profesores de la Universidad de Nottingham, Sourafel Girma y David Paton. En los últimos años el gobierno ha distribuido gratis en algunas zonas la píldora del día después, esperando que redujera los embarazos adolescentes. El estudio comparaba zonas en las que se había distribuido a menores la píldora del día después con aquellas en las que no, y controlaba además el nivel de enfermedades de transmisión sexual. Los profesores descubrieron que la distribución de las píldoras no redujo la tasa de embarazos, pero lo que sí hizo fue aumentar el nivel de enfermedades, en cerca de un 12% donde estaba disponible gratis en las farmacias. "La investigación internacional no ha logrado encontrar nunca evidencia alguna de que los protocolos de emergencia de control de la natalidad logren reducción alguna en el índice de concepciones y embarazos entre adolescentes", comentaba Norman Wells, director del Familiy Education Trust. Cheryl Wetzstein planteaba la misma cuestión en un artículo publicado el 25 de marzo del año pasado en el Washington Times. Citaba un artículo del 2007 del Journal of the American Academy of Physician Assistants en el que se afirmaba que los anticonceptivos de emergencia podrían evitar el 75- 85% de los embarazos no deseados. Las investigaciones, sin embargo, han demostrado que estas píldoras no han hecho nada por reducir los niveles de embarazos y abortos, apuntaba. Wetzstein citaba el número de marzo de Perspectives on Sexual and Reproductive Health, publicada por el proabortista Guttmacher Institute, que admitía que era necesario desarrollar nuevas estrategias para reducir el índice de abortos, dado que las píldoras del día después no habían logrado nada. o Conciencia El creciente uso de las píldoras del día después ha suscitado la preocupación sobre el grave peligro de las enfermedades de transmisión sexual, además de la salud, si las mujeres usan de modo regular píldoras de dosis alta. Otra inquietud es la cuestión de la conciencia. El periódico de Irish Catholic de Irlanda deploraba el hecho de que, tras la decisión de permitir las ventas sin receta de la píldora del día después, se obligara a los farmacéuticos a venderla. El reportaje del 24 de febrero señalaba que los anticonceptivos de emergencia pueden tener también un efecto abortivo y, por esta razón, algunos farmacéuticos no quieren venderlos. El Código de Conducta de los farmacéuticos no prevé objeción de conciencia para los católicos, o para cualquiera que puede tener objeciones éticas a la venta de determinados medicamentos. En respuesta a una pregunta del Irish Catholic, la Sociedad Farmacéutica de Irlanda confirmó que, según el actual Código de Conducta, los farmacéuticos deben tener existencias de la píldora del día después o "tomar las medidas que aseguren que estas medicinas o servicios se proporcionan". 3 Los derechos de conciencia son también tema de debate en Estados Unidos, debido a la reciente decisión de la administración Obama de eliminar la regulación de la anterior presidencia Bush. En una nota de prensa del 18 de febrero, la medida fue considerada como "decepcionante" por Deirdre McQuade del Secretariado Pro-Vida de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. En un artículo del 23 de febrero en el National Catholic Register, explicaba que las normas de diciembre de 2008 habían robustecido el derecho de los profesionales sanitarios a no participar en ciertos procedimientos médicos que violaban sus principios religiosos o morales. Esto incluye no sólo el aborto y las esterilizaciones, sino también los anticonceptivos. "Cada vez más, los profesionales de la salud se ven coaccionados a violar su conciencia de miles de formas, como al dispensar o administrar la así llamada píldora del día después", explicaba al Register Marie Hilliard, directora de bioética y política pública del National Catholic Bioethics Center. o Testimonio La necesidad de defender los derechos de libertad de conciencia fue el tema de la homilía de monseñor J. Michael Miller, arzobispo de Vancouver, en una misa en enero para trabajadores sanitarios. Según los extractos de la misma publicados por el periódico diocesano B. C. Catholic el 4 de febrero, el monseñor Miller insistía en que los católicos que trabajan en el mundo de la salud deben tener la libertad de vivir el mensaje de Cristo en sus vidas profesionales. Lamentaba el laicismo cada vez más agresivo que procura que la religión no tenga influencia alguna en las instituciones públicas. "Obligar a los creyentes a guardarse sus opiniones para sí mismos, si lo piensan, es en sí mismo una forma no democrática de comprar armonía entre los ciudadanos de una sociedad libre", afirmaba. "Es una manera velada de recortar la libertad de expresión de los creyentes", añadía. Rechazando lo que denominaba "una conspiración de silencio y complicidad", monseñor Miller animaba a los católicos a asumir su responsabilidad de dar testimonio de Cristo incluso si esto significa la persecución. Una persecución que, según parece, se impone por ley. Por el padre John Flynn, L. C. www.parroquiasantamonica.com

Bioética. Sobre la vida. Mil y una razones para la vida.


1 Bioética. Sobre la vida. Mil y una razones para la vida. En la nueva web creada por la Conferencia Episcopal, con motivo de la Jornada de la Vida, todas las personas que lo deseen, desde todos los rincones del planeta, podrán aportar la suya, por insignificante que parezca. En la web, también se puede ver un vídeo que, a través de cuatro historias, demuestra que la enfermedad puede ir de la mano de la ilusión y de la alegría. Cfr. Un vídeo y una web invitan a compartir cómo Siempre hay una razón para vivir ¿Cuál es tu razón para vivir? Alfa y Omega n. 729, 17 de marzo de 2011 Mil y una razones para la vida. En la nueva web creada por la Conferencia Episcopal, con motivo de la Jornada de la Vida, todas las personas que lo deseen, desde todos los rincones del planeta, podrán aportar la suya, por insignificante que parezca. En la web, también se puede ver un vídeo que, a través de cuatro historias, demuestra que la enfermedad puede ir de la mano de la ilusión y de la alegría Fotograma del vídeo utilizado en la campaña de la Conferencia Episcopal El año pasado, sorprendieron con Es un tú en ti, la modalidad juvenil de la Campaña por la Vida con la que la Conferencia Episcopal Española invitaba a los usuarios de las redes sociales a poner un emoticono provida en el perfil de Facebook. Este año, además de los materiales tradicionales, la Subcomisión de Familia y Vida ha presentado un video que se difundirá en Youtube. También se podrá ver en una página web, en la que se ofrecerán mil y una razones para la vida; tantas como personas a las que haya gustado el video y que deseen enriquecer esta iniciativa con su aportación. Don Isidro Catela, Director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española, señala que «es un vídeo alegre, positivo, lleno de esperanza, que busca interpelar a todos, emocionar e invitar a dar razones para vivir. Para nosotros, los católicos, la razón principal para vivir es Cristo y, desde ahí, sin esconder esta verdad, en esta ocasión hemos querido decirles a todos cuantos quieran escuchar que siempre hay una razón para vivir». El spot ha sido realizado por la productora Doscincuentaynueve. Su director, don Santiago Requejo, es un joven apasionado del mundo audiovisual, que en los últimos años ha salido del anonimato a golpe de click, con vídeos distribuidos en campañas de comunicación viral, en los que tan pronto invita a rezar el rosario como pone de relieve la labor de los curas, coincidiendo con el Año Sacerdotal. «El video -dice el señor Requejo- busca un compromiso. La mejor defensa de la vida, bajo nuestro punto de vista, es la certeza de infinidad de razones que hacen de la vida algo maravilloso. El objetivo es que pueda tener la fuerza para movilizar a la gente». Nacido de una historia real 2 Fotograma del vídeo utilizado en la campaña de la Conferencia Episcopal Con un lenguaje positivo y moderno, en poco más de dos minutos, en el video transcurren cuatro historias paralelas: dos personas discapacitadas con una relación cargada de esperanza; padre e hijo disfrutando de la victoria de la Selección Española de Fútbol; un grupo de adolescentes que visita a un compañero enfermo y, por último, tres niños que escuchan a su abuela mientras ésta les lee un cuento. El montaje busca razones en una narración muy emotiva, que se desarrolla dentro de contextos marcados por la enfermedad, en los que, en esta ocasión, se ha querido poner el acento, de manera particular. «La idea del video -explica el director- nace de una historia real. Hace poco, murió un anciano que padecía una enfermedad terminal. Su vida tenía fecha de caducidad, pero tenía razones por las que cada segundo merecía la pena. Tenía una ilusión que podía más que su debilidad: tener fuerzas para ver los partidos de fútbol de su equipo con su hijo». Este ejemplo real fue la inspiración sobre la que los creativos comenzaron a trabajar. En el spot, una de las constantes en las cuatro historias que se cuentan, es la enfermedad y, junto a ella, la ilusión y la alegría. Y... como la vida puede ser una fiesta, si se sabe vivir, no falta el confeti en las imágenes. Probablemente, todavía queden papelitos de colores en la casa en la que se rodaron algunas de las escenas. Una familia numerosa que, desinteresadamente, cedió su hogar, y su imagen, porque la causa lo merece. Igual que la abuela cuentista, los adolescentes y la mayoría de los actores. Gratis et amore, todos arrimaron el hombro para transmitir lo que da sentido a su existencia. Y quizá este matiz hace todavía más especial el spot. Don Santiago Requejo explica que rodar con personas ajenas al mundo de la interpretación, en un principio dificulta el proceso: «En este caso, ha sido todo lo contrario. Las personas que aparecen en el vídeo no son actores; de hecho, algunos no habían estado antes delante de una cámara, y, sin embargo, han hecho a la perfección lo que tenían que hacer. La interpretación hace creíble el mensaje, y ha superado con creces mis expectativas. Me gustaría agradecer de corazón el trabajo de todas las personas que se han dejado el alma en este proyecto, de una manera totalmente desinteresada, para que salga adelante». Esta semana, la Conferencia Episcopal ha presentado, junto a los materiales tradicionales, por segundo año consecutivo, una iniciativa dirigida a Internet y redes sociales. El año pasado la experiencia tuvo muy buena acogida. La apuesta de este año, que se traducirá a otros idiomas, es de momento un interrogante, en el sentido positivo del término. Tiene la emoción de las historias con un final abierto. En este caso, tiene el encanto añadido de poder recoger la opinión de miles de personas. Siempre hay una razón para vivir.... ¿cuál es la tuya?: www.siemprehayunarazonparavivir.com Amparo Latre www.parroquiasantamonica.com

El consumo de marihuana y enfermedades psicóticas.



El consumo de marihuana y enfermedades psicóticas. A partir de los estudios empíricos, se puede afirmar que hay “evidencias suficientes” para relacionar el consumo de marihuana y la aparición temprana de enfermedades psicóticas. Cfr. Aceprensa Fecha: 11 Marzo 2011 Desde hace tiempo, estudios y expertos han señalado la correlación existente entre el consumo de cannabis y la aparición temprana de trastornos psíquicos, como la esquizofrenia. Sin embargo, las conclusiones de estos estudios eran polémicas porque no tenían en cuenta otros factores importantes. Así, por ejemplo, no permitían distinguir la incidencia del cannabis de la del tabaco, ya que es frecuente fumar la marihuana mezclada. Tampoco se examinaba la importancia de la condición sexual o las diferencias de edad y, por ello, había sido criticado su valor empírico. En un artículo publicado en la revista especializada Archives of General Psychiatry (9-03-2011) con el título de Cannabis use and earlier onset of psicosis, un grupo de investigación, coordinado por personal de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) ha realizado la labor de analizar y sintetizar en conjunto los resultados de 83 investigaciones diferentes sobre el tema, involucrando a 22.000 participantes. En este meta-análisis, tal y como se denomina en la práctica científica, los expertos concluyen: “el uso de cannabis desempeña un papel causal en el desarrollo temprano de la psicosis en algunos pacientes”. En concreto, el estudio sostiene que el consumo de la marihuana adelanta la aparición de desequilibrios mentales en 2,7 años frente a personas no consumidoras. A diferencia de otras investigaciones, en esta se tiene en cuenta el peso de otras sustancias, pero es más bajo que el del cannabis. Entre otras cosas, se descarta que el consumo del alcohol tenga los mismos efectos y tampoco el de tabaco que, según los investigadores, no provoca agravación de la psicosis. A partir de los estudios empíricos, se puede afirmar que hay “evidencias suficientes” para relacionar el consumo de marihuana y la aparición temprana de enfermedades psicóticas. No se señala, sin embargo, que el hábito de tomar cannabis provoque esquizofrenia, pero alerta de los riesgos que podría tener su consumo en personas con cierta disposición a la enfermedad o lo que denominan “sensibilidad”, aludiendo a la posible existencia de un gen determinado, lo que explicaría por qué la tasas de esquizofrenia se mantienen estables mientras aumenta el consumo de marihuana. Por otro lado, Time (7 de febrero de 2011) se hace eco de otra investigación en la que se analizaban 190 casos de esquizofrenia, subrayando que de ellos 120 habían consumido marihuana. Un subgrupo de 44 pacientes, además, o había desarrollado los primeros síntomas psicóticos dentro del primer mes de consumo o éste había causado una significativa agravación de la sintomatología. Según Archives of General Psychiatry, los resultados que se presentan exigen replantear ciertas políticas sanitarias, teniendo en cuenta que según la encuesta nacional sobre el consumo de drogas de 2009, en EEUU más de 16 millones de personas consumen regularmente cannabis y que la mayoría de ellas comienzan a hacerlo en el periodo de la adolescencia.

El mapa del genoma humano, diez años después.



1 El mapa del genoma humano, diez años después. Una avalancha de información, sin influencia aún en las terapias. “Aquellos que esperaban de la noche a la mañana resultados espectaculares podrían estar defraudados, pero deberían ser conscientes de que la investigación genética sigue la regla máxima de todas las nuevas tecnologías: sobrevaloramos su influencia a corto plazo y subestimamos sus efectos a largo plazo”. Cfr. El mapa del genoma humano, diez años después Fernando Rodríguez-Borlado, Aceprensa, 16 de mayo de 2011 Secuenciar un genoma humano entero continúa siendo demasiado caro para la mayoría de los estudios sobre las enfermedades Todos los expertos en genética coinciden en afirmar que la secuenciación del genoma humano ha abierto una nueva etapa en la medicina. Sin embargo, no ha satisfecho aún las expectativas, quizás demasiado audaces, que hace diez años despertó el anuncio del desciframiento del mapa genético del hombre. Francis Collins dirigía en 2001 el HGP (siglas inglesas del Proyecto Genoma Humano), una iniciativa impulsada por el gobierno de los Estados Unidos. Después de una frenética carrera con el laboratorio privado Celera Genomics, que llevaba a cabo su propio Proyecto de Genoma Humano, Collins pudo por fin anunciar a la Casa Blanca –prácticamente al mismo tiempo que sus rivales– la consecución de un primer borrador de mapa genético, que completaría en 2004. Se ha podido simplificar la vasta heterogeneidad de las formas de cáncer, y separarlas en grupos más homogéneos Diez años después de aquel anuncio reconoce que “es adecuado decir que el HGP no ha tenido una influencia directa sobre la asistencia médica de la mayoría de las personas”. Cosa que, de todos modos, no entraba en sus predicciones: “Aquellos que esperaban de la noche a la mañana resultados espectaculares podrían estar defraudados, pero deberían ser conscientes de que la investigación genética sigue la regla máxima de todas las nuevas tecnologías: sobrevaloramos su influencia a corto plazo y subestimamos sus efectos a largo plazo”. Otros prestigiosos científicos, entre ellos su entonces rival Craig Venter, hacen igualmente un llamamiento a la paciencia, y prometen resultados más visibles –más directamente relacionados con la medicina– para dentro de diez años. Resultados poco visibles Coincidiendo con la efeméride de los diez años de la secuenciación del genoma, la revista Nature (vol. 470, 10-02-2011) dedica a este tema un número especial. En uno de sus artículos, el científico Eric S. Lander, evalúa el impacto de la secuenciación del genoma humano en la ciencia. En primer lugar, Lander advierte que, desde el anuncio hecho en 2001, todo lo relacionado con el genoma ha generado demasiadas pasiones y en ocasiones informaciones inexactas por parte de los medios. No obstante, piensa Lander, la investigación no ha dejado de arrojar resultados interesantes, aunque quizás no fácilmente comprensibles por el gran público: “la secuenciación ha hecho posible a los científicos reunir un conjunto de información fragmentaria para formar una 2 visión de conjunto de la estructura biológica del hombre”. Más que como un catálogo de información, el genoma supone un “andamio global” con el que trabajar, que incluye información, entre otras cosas, sobre transcripción genética, enfermedades hereditarias o la evolución del género humano. Con todo, Lander cree que también se ha avanzado en aspectos más concretos y con consecuencias directamente terapéuticas: se han identificado unos 2.850 genes relacionados con enfermedades raras y unas 150 mutaciones somáticas en distintos tipos de cáncer. En total, se han relacionado alteraciones genéticas con más de 165 enfermedades, y en algunos casos ya se han producido medicamentos específicos gracias al análisis genético. El reto del cáncer Una de las grandes esperanzas de la revolución genética consiste en que sea capaz de aportar más conocimiento sobre los distintos tipos de cáncer, y en última instancia vencerlos o al menos minar su extraordinaria resistencia. Para Lander, en este campo ya se han realizado importantes conquistas. En primer lugar, se ha podido “simplificar la vasta heterogeneidad de las formas de cáncer, y separarlas en grupos más homogéneos según su mecanismo de actuación”. Además, se ha identificado un tipo específico de mutación genética en más del 50% de los casos de melanoma estudiados, y otro tipo de mutación en el 25% de los casos de cáncer de colon. En ambos casos, ya se está trabajando para crear medicamentos apropiados. No obstante, Lander reconoce que para combatir el cáncer de manera efectiva “debemos desarrollar en la próxima década un catálogo global con todos los genes afectados en todos los tipos de cáncer”, una empresa titánica que ya están acometiendo proyectos como The Cancer Genome Atlas and the internacional Cancer Genome Consortium, que se ha propuesto analizar 500 tumores de cada tipo. Lander opina que aún hace falta más, y sugiere crear un mecanismo “por el que todos los enfermos de cáncer puedan contribuir con sus datos genéticos y clínicos a un proyecto abierto y colaborativo”, algo así como una gigantesca base de datos. El problema de interpretar la información Quizás el exceso de entusiasmo ha provocado que algunos científicos se hayan manifestado escépticos respecto de los logros de las investigaciones genéticas. Robert Marion, del centro médico Montefiori de Nueva York, resta importancia a los avances conseguidos hasta ahora: “No podemos predecir quiénes están en riesgo de padecer las enfermedades más comunes: enfermedad arterial coronaria, hipertensión, accidente cardiovascular o asma”. Para el doctor James P. Evans, redactor jefe de la revista especializada Genetics in Medicine, el problema está en que con la tecnología actual es muy difícil interpretar la ingente cantidad de información que arroja el mapa genético de una persona: “Interpretar la información será una tarea monumental, que hace que el HGP parezca algo insignificante”. El espectacular desarrollo tecnológico ha provocado un desequilibrio entre la información disponible y los conocimientos necesarios para interpretarla. La generación actual de máquinas decodificadoras es capaz de leer 250.000 millones de pares de bases a la semana, cuando en 2000 solo eran capaces de procesar 5 millones. Las barreras actuales de la genética Algunos de los principales obstáculos en la carrera por conseguir que la genética se aplique a fines terapéuticos tienen que ver con problemas no estrictamente científicos. 3 Uno de ellos es el precio de cada secuenciación: hasta que no se desarrolle una tecnología capaz de simplificar el proceso, el estudio de la genética de las enfermedades sigue siendo poco eficaz. Así lo piensan Eric D. Green y Mark S. Guyer, que en un artículo publicado en Nature afirman: “secuenciar un genoma humano entero continúa siendo demasiado caro para la mayoría de los estudios sobre las enfermedades humanas, puesto que cada estudio puede implicar el análisis de miles o decenas de miles de individuos”. Algunos expertos señalan que para dentro de diez años el precio de la prueba bajará de los 1.000 dólares. Lander opina que para explotar toda la capacidad de la actual tecnología, el coste debería ser de “unos pocos cientos de dólares”, y que esto será una realidad durante la próxima década. Otra de las barreras para la investigación genética es, según Lander, es el acceso a los datos por parte de los investigadores. Por eso, reclama proyectos a gran escala que pongan a disposición de los científicos mucho más material para su estudio. Según Lander, la genética está a un paso de completar su propia “tabla periódica de elementos”, e iniciativas como The 1.000 Genomes Project (Proyecto 1.000 Genomas) ayudan a conseguirlo, pero para conectar la investigación genética con las enfermedades se necesitará “algo así como un 1.000.000 Genomes Project internacional”. Optimismo de fondo A pesar de estos inconvenientes, tanto Lander como Green-Guyer se muestran optimistas respecto a las futuras conquistas en el campo de la genética. Además, coinciden en señalar un mismo plazo: una década. En ese tiempo, piensan los investigadores, podremos ver los beneficiosos efectos de la investigación genética en la práctica terapéutica. “Lo mejor está por llegar”, este era el título del editorial con el que Nature abría su número del 10 de febrero de 2011. Esta parece ser la consigna entre la mayor parte de los investigadores. Green y Guyer se atreven incluso a elaborar un cuadro con las fechas en las que la genética ofrecerá resultados en los distintos campos: en estos próximos años se perfeccionarán los conocimientos sobre la biología de las enfermedades; para el 2020 la genética ya estará haciendo avanzar la ciencia de la medicina; habrá que esperar un poco más –no dicen cuanto– para que las investigaciones genéticas supongan una mejora efectiva en el tratamiento de las enfermedades más comunes. www.parroquiasantamonica.com

Los derechos del paciente terminal.



1 Los derechos del paciente terminal. Reacciones al anteproyecto de ley sobre los derechos del paciente terminal , aprobado por el Consejo de Ministros de España (mayo 2011). Cfr. Aceprensa, 20 Mayo 2011 No se establecen límites al uso de la sedación, considerada un derecho del enfermo Aunque el texto aún no se ha hecho público, ya se conocen las líneas maestras del anteproyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros sobre los derechos del paciente terminal, según la nota de prensa publicada por el Ministerio de Sanidad. La Ministra de Sanidad, Leire Pajín, ha aclarado que la ley “no despenaliza la eutanasia ni el suicidio asistido”, prácticas que seguirán siendo delito, y que “solo evitará el sufrimiento innecesario y el ensañamiento terapéutico para los pacientes en fase terminal”. También se omite cualquier referencia a “muerte digna”, término que ha sido eliminado a petición de organizaciones como la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. o El paciente siempre tiene razón Los dos apartados más extensos de la nota de prensa publicada por el Ministerio son los que se refieren, en primer lugar, a los derechos de los pacientes y, en segundo, a las obligaciones y restricciones de los médicos. Respecto de lo primero, parece que la nueva ley seguirá la senda de las normas autonómicas aprobadas recientemente en Andalucía y Aragón: la voluntad del paciente será durante todo el transcurso de la enfermedad la autoridad máxima, y el enfermo podrá revocarla hasta el último momento, mientras sea considerado “capaz”. No hay ninguna mención a la obligatoriedad del mantenimiento de la alimentación e hidratación del paciente terminal La nota del Ministerio no aclara la posición de los médicos. Por un lado, consagra el derecho de los pacientes a rechazar “las intervenciones y tratamientos propuestos por los profesionales sanitarios” y a recibir la sedación, sin que se señalen límites en ninguno de los dos casos; además, establece que mientras el enfermo conserve su capacidad, “la voluntad manifestada durante este proceso prevalecerá sobre cualquier otra previa”. Pero por otro lado, la misma nota del Ministerio obliga a los profesionales médicos a asegurarse de que cada una de sus intervenciones “responde a la lex artis (buena práctica) y que está clínicamente indicada”, algo que parece contradecir la prevalencia absoluta de la voluntad del paciente. o Ampliar los cuidados paliativos La principal crítica que se ha hecho al anteproyecto es que, al situar la voluntad del paciente por encima de cualquier otra instancia, pone a los médicos entre la espada y la pared. Por eso, desde el Foro de la Familia se ha recibido con cautela: “Una Ley que apueste por mejorar la atención a los enfermos terminales y por ampliar la oferta de cuidados paliativos será una Ley bienvenida. Una ley que disminuya el compromiso con el derecho a la vida de los moribundos o que autorice prácticas deontológicamente no aceptables para acortar la vida, merece todo el rechazo”. Los profesionales de los cuidados paliativos han repetido insistentemente que no solo hay que preocuparse de los sufrimientos físicos: lo que denominan “dolor existencial” suele provocar un sufrimiento igual o más profundo en el paciente. Con todo, tampoco aceptan que, desde instancias poco cualificadas, se siga repitiendo la cantinela del “insoportable dolor físico” de los pacientes en estado terminal, como si fuera un hecho generalizado, contra el que el avance de la medicina paliativa no ha podido aún hacer nada. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), que reúne a más de 1.800 profesionales, ha hecho una primera valoración del anteproyecto de ley. En el primer punto del documento quiere transmitir a los pacientes con enfermedades avanzadas y a sus familias “un mensaje de confianza, y la garantía de que en manos de profesionales con formación adecuada, 2 puede garantizarse una buena calidad de vida y ausencia de sufrimiento intenso, incluso cuando la muerte está muy cercana”. Además, no se habla de un prometedor futuro, sino del presente: “La medicina paliativa dispone hoy en día de los medios adecuados para tratar el dolor y otros síntomas relacionados con las enfermedades en fase avanzada”. o La sedación como un derecho Un ejemplo concreto de la ambigüedad del anteproyecto es el caso de la sedación. La nota del Ministerio, lo único oficial hasta el momento, elude establecer límites a esta práctica, considerada como un derecho del paciente, al mismo nivel que cualquier otro tratamiento analgésico. La SECPAL y la Organización Médica Colegial (OMC) han querido señalar claramente los requisitos para estas intervenciones en un comunicado: “Es preciso aclarar que cualquier intervención sanitaria que se convierta en un derecho para el paciente (por ejemplo la analgesia, la oxigenoterapia, la sedación, el control de los síntomas o la intervención psicosocial) deben ser inexcusablemente efectuadas dentro de la Lex Artis, es decir, sujetas a unas indicaciones, procedimientos y criterios éticos perfectamente definidos”. Por su parte, Profesionales por la Ética (cfr. zenit.org) recuerda que “exigirla [la sedación paliativa] como derecho y obligar al médico a prescribirla puede poner en peligro la vida del paciente (ya que hay casos en que la sedación está contraindicada), y en todo caso, obliga al profesional a obedecer criterios ajenos a la ética profesional”. A su vez, el Foro de la Familia hace notar: “Ni el médico puede imponer al paciente contra su voluntad tratamientos que este rechace, ni el paciente puede imponer al médico, contra su deontología o juicio profesional, tratamientos que este considere no adecuados o contrarios a la ética profesional. La Ley debe en todo caso establecer expresamente el respeto del derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario”. Las precauciones de estas asociaciones están motivadas por el riesgo de un uso eutanásico de la sedación paliativa o Soportes vitales Otra pregunta que el texto del Ministerio no aclara es la de qué tipo de intervenciones tiene derecho a rechazar el paciente o, en su nombre, sus representantes. La nota de prensa no explicita, por ejemplo, si el paciente podría disponer que, llegada la situación terminal, se le suspendiera la alimentación y la hidratación. Algunos interpretan esta omisión según el principio de que “quien calla, otorga”, y creen ver la recomendación de retirar tales soportes vitales –una práctica siempre considerada eutanásica– en la parte de la nota ministerial que afirma que el personal sanitario “evitará la adopción o el mantenimiento de intervenciones de soporte vital carentes de utilidad clínica”. De nuevo, el texto se mueve ambiguamente en la frontera entre la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico, prácticas ambas rechazables desde el punto de vista ético. “En todo caso –continúa la nota–, la adecuación del esfuerzo terapéutico requerirá del juicio coincidente de, al menos, otro médico que participe en la atención sanitaria”, aunque se adoptará “teniendo en cuenta” la voluntad del paciente. Una vez más, no queda claro el peso de la deontología profesional respecto del juicio del enfermo. Además, ¿y si el juicio del otro médico consultado resulta no coincidente?: ¿Se dejará en suspenso la decisión sobre el esfuerzo terapéutico?, ¿Se buscará a otros médicos hasta que la opinión sea coincidente? o La objeción de conciencia Según las declaraciones de la propia ministra de Sanidad, uno de los objetivos que persigue el anteproyecto de ley es ofrecer seguridad jurídica a los profesionales de la salud. En este sentido, la nota de prensa señala que “el cumplimiento de la voluntad del paciente excluirá cualquier exigencia de responsabilidad por las correspondientes actuaciones de los profesionales sanitarios”. 3 De manera implícita esto supone la negación del principio constitucional de la objeción de conciencia. Este derecho no aparece mencionado en todo el texto, al contrario que los de los pacientes. o Formación de profesionales La mejora de la atención al enfermo terminal depende en buena parte de la formación de profesionales competentes. Por eso la nota de la SECPAL y de la OMC dice al respecto: “Las medidas más necesarias son la programación de asignaturas obligatorias en el pregrado de médicos, enfermeras, trabajadores sociales y psicólogos, y la puesta en marcha de un Área de Capacitación Específica”.

Bioética. La fecundación in vitro. Las madres de alquiler.



1 Bioética. La fecundación in vitro. Las madres de alquiler. Observadores no católicos denuncian un nuevo mercado con violaciones éticas. Las madres de alquiler. Es necesario resistir a la tentación de tener hijos producidos o hechos, como productos de la tecnología. "Los niños mismos pueden llegar a verse entonces como productos de nuestra tecnología, incluso como bienes de consumo por los que los padres han pagado y que tienen ‘derecho' a esperar, y no como personas allegadas, iguales en dignidad a sus padres y destinadas a la felicidad eterna con Dios" cfr. El lado oscuro de la fecundación in vitro - Zenit.org, 23 de mayo de 2010 ROMA, domingo 23 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Es bien conocida la oposición de la Iglesia católica a la fecundación in vitro (IVF), pero, hace poco, algunas de estas prácticas están siendo cuestionadas incluso por observadores que no se reconocen en la enseñanza católica. Un artículo publicado el 10 de mayo en el New York Times consideraba el tema de pagar a mujeres para producir óvulos para otras parejas. Citaba una publicación reciente de una revista de bioética, The Hastings Center Report, que descubrió que el pago a mujeres jóvenes suele hacerse según criterios industriales. El estudio, de Aaron Levine, profesor adjunto de política pública en el Georgia Institute of Technology, descubrió que un cuarto de los 100 anuncios de óvulos publicados en periódicos ofrecían más de 10.000 dólares, límite establecido como cantidad máxima por la American Society for Reproductive Medicine. Se ofrece más dinero a las mujeres de universidades prestigiosas y a las que estén por encima de la media en sus resultados académicos. Según el New York Times, casi 10.000 niños nacieron en 2006 gracias a la donación de óvulos, cerca del doble que en 2000. El artículo también hacía referencia a la preocupación por los riesgos para la salud de las donantes, sobre todo porque las mujeres jóvenes puede que no sean conscientes de la seriedad de algunos de estos efectos secundarios. Los riesgos sanitarios se explicaban en un artículo publicado el 3 de marzo en LifeNews.com. En el mismo, Jennifer Lahl, presidenta del Center for Bioethics and Culture Network, animaba a las mujeres a que volvieran a pensarse cualquier plan que tuvieran de donar sus óvulos. o Riesgos Los posibles riesgos incluyen infarto, infecciones, cáncer, y pérdida de la futura fertilidad, advertía Lahl. También sostenía que la donación de un óvulo no es igual a la donación de un órgano. En este segundo caso el donante asume riesgos para salvar a un enfermo o a un moribundo. En contraste, la receptora de un óvulo no está enferma, sino que está comprando un producto. 2 "La sociedad condena legítimamente la venta o pago por órganos para prevenir abusos y salvar vidas, mientras tanto grandes sumas de compensaciones económicas para mujeres donantes de óvulos dan como resultado que se las explote por su necesidad de dinero", afirmaba Lahl. No sólo se anima a las mujeres universitarias a vender sus óvulos. El año pasado, en una conferencia sobre fertilidad, la profesora Naomi Pfeffer advertía que las mujeres de países pobres están siendo explotadas en una especie de prostitución por los occidentales que están desesperados por tener hijos, informaba el periódico Times el 19 de septiembre. "La relación de intercambio es análoga a la de un cliente y una prostituta", afirmaba. "Es una situación única porque es el único ejemplo en el que una mujer explota el cuerpo de otra mujer", comentaba Pfeffer. o Madres de alquiler Otra práctica que está siendo criticada es la de las madres de alquiler. La India es un destino popular para las parejas que buscan mujeres que lleven a sus hijos. Una razón que favorece esto es la falta de leyes que regulen el procedimiento, algo subrayado en un artículo publicado en el periódico Times of India el 11 de mayo. El artículo contaba cómo, por tercera vez en el último año y medio, niños nacidos de madres de alquiler indias sufrieron obstáculos a la hora de ser reconocidos legalmente en los países de sus padres genéticos. Los anteriores fueron los del bebé de una pareja japonesa, que tardó seis meses en resolverse, y, luego, el de una pareja alemana que tuvo que esperar meses la ciudadanía de su bebé nacido de una mujer india. El último caso era el de una pareja homosexual israelí que solicitaba la ciudadanía para su hijo de dos meses. El artículo citaba a expertos que afirmaba que tales problemas no ocurrirían si el proyecto de ley que se ha debatido durante los últimos cinco años se hubiera aprobado. Un artículo publicado el 9 de mayo en el Sunday Times analizaba la situación de las madres de alquiler en la India. Hablaba de la Akanksha Infertility Clinic en la ciudad de Anand, dirigida por el doctor Navana Patel y su esposa, Hitesh. Desde 2003, 167 mujeres han dado a luz 216 bebés en esta clínica, con otras 50 madres de alquiler actualmente embarazadas. Las parejas pagan más de 14.000 libras (20.682 dólares), de las que un tercio va a la madre de alquiler. Las mujeres normalmente pertenecen a la casta inferior y vienen de aldeas pobres. Según el Sunday Times, la suma que reciben equivale a cerca de 10 años de salario. El artículo también explicaba que en la clínica de Anand, una vez que las madres de alquiler están embarazadas, deben vivir en "hogares de confinamiento" y sólo pueden salir para los controles médicos. A sus maridos e hijos se les permite visitarlas los domingos. El Sunday Times relataba la angustia que sienten las mujeres al ser separadas de sus propios hijos y el impacto emocional a que se enfrentan cuando tienen que entregar a su hijo así gestado. 3 Un artículo el 26 de abril publicado por el periódico Toronto Star planteaba algunas preguntas sobre la situación de la India. En un caso, una pareja canadiense pagó a una mujer de la India como madre de alquiler, pero cuando los funcionarios canadienses ordenaron practicar pruebas de ADN sobre los gemelos nacidos resultó que, en lugar de los óvulos fertilizados por la pareja, los niños habían nacido de otra pareja desconocida. Es probable que ahora los gemelos sean enviados a un orfanato. o Problemas legales A parte de la preocupación por la explotación de las mujeres, el fenómeno de las madres de alquiler está causando complicados problemas legales. El Wall Street Journal consideraba algunos de los extremos implicados en un reportaje el 15 de enero. En América ocho estados han aprobado leyes que prohíben en parte o totalmente los contratos de madres de alquiler. Los tribunales de algunos estados han rechazado dar validez a estos contratos, mientras que diez estados han aprobado leyes que autorizan la maternidad de alquiler. Algunos de los conflictos tienen que ver con desacuerdos sobre los derechos de la madre de alquiler, explicaba el Wall Street Journal. En diciembre, el juez del estado de Nueva Jersey, Francis Schulz, dictaminaba en una sentencia que, a pesar de haber firmado un acuerdo transfiriendo sus derechos maternales, Angelica Robinson tenía tales derechos respecto al bebé que llevaba para una pareja homosexual, Donald Robinson-Hollingsworth y Sean Hollingsworth. Robinson es hermana de Donald Hollingsworth. Poco después vino otra vuelta de tuerca para complicar el asunto, en un artículo el 26 de enero en el New York Times que planteaba la cuestión de sí un bebé puede tener tres progenitores biológicos. Experimentos recientes de científicos han producido crías de monos con un padre y dos madres, pues se ha combinado material genético de óvulos de las dos hembras. Si esto se hiciera con humanos llevaría a complicar aún más las disputas por la maternidad de alquiler, afirmaba el artículo. o Vida y amor El uso de madres de alquiler y de terceras partes en la fecundación in vitro ha sido uno de los temas tratados en un documento publicado el pasado noviembre por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. En "Amor que da Vida en una Edad de Tecnología", los obispos mostraban su cercanía a las parejas que sufrían debido a problemas de fertilidad, pero indicaban que no todas las soluciones respetan la dignidad de la relación marital de la pareja. El fin no justifica los medios, y algunas tecnologías reproductivas no son legítimas moralmente, afirmaban. El documento animaba a resistir la tentación de tener hijos producidos o hechos, como productos de la tecnología. "Los niños mismos pueden llegar a verse entonces como productos de nuestra tecnología, incluso como bienes de consumo por los que los padres han pagado y que tienen 4 ‘derecho' a esperar - y no como personas allegadas, iguales en dignidad a sus padres y destinadas a la felicidad eterna con Dios", apuntaba. Además, introducir a terceros, utilizando óvulos o esperma de donantes, o a través de la maternidad de alquiler, viola la integridad de la relación matrimonial, de la misma forma que se violaría con las relaciones sexuales con una persona fuera del matrimonio. "Las clínicas de fertilidad demuestran falta de respeto a los hombres y mujeres jóvenes cuando los tratan como mercancías, al ofrecerles grandes sumas de dinero por ser donantes de esperma u óvulos con trazos intelectuales, físicos o personales específicos", añadía el documento. Los obispos también observaban que estos incentivos monetarios pueden llegar a las mujeres a poner en peligro su salud durante el proceso de la extracción de óvulos. Hay, de hecho, muchas razones buenas para plantear serias objeciones a la fecundación in vitro. Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado www.parroquiasantamonica.com

La dignidad de la vida y de la muerte.


1 La dignidad de la vida y de la muerte. El concepto de persona es central en cualquier tema de Bioética pues es la base en la que ha de sedimentarse la consideración de su dignidad y la protección del sujeto a quien se aplique. a) Humanidad, persona y dignidad; b) Eutanasia activa, eutanasia pasiva, suicidio asistido ¿cuál es la diferencia?; c) ¿Quién puede decidir sobre el valor de la vida humana? d) Un caso muy especial. El aborto eutanásico o eugenésico; e) Los cuidados paliativos frente al encarnizamiento terapéutico; f) Las leyes de la eutanasia; g) La bioética personalista y el «testamento vital». Cfr. Dignidad de la vida y de la muerte. Nicolás Jouve de la Barreda (06 de abril de 2011) Bioética en la red, Boletín de abril de 2011 El ser humano es un ser personal, autoconsciente y ético. El concepto de persona es central en cualquier tema de Bioética pues es la base en la que ha de sedimentarse la consideración de su dignidad y la protección del sujeto a quien se aplique. Hoy la ciencia, a través de la Genética, la Biología Celular o la Embriología, nos da una información muy valiosa sobre los datos de naturaleza biológica de un individuo de nuestra especie. o Humanidad, persona y dignidad Empezaremos por señalar que el hombre, como ente biológico, está sometido a las mismas leyes fisicoquímicas y biológicas de la naturaleza que rigen para el resto de las criaturas vivientes. Pero siendo esto obvio, inmediatamente hay que reconocer que la especie humana posee unas características muy especiales que la diferencian de todos los demás seres vivos. A diferencia de todos ellos el ser humano se caracteriza por ser una «realidad indisoluble de cuerpo y alma». El hombre, debido a su singularidad corpóreo-espiritual es superior al resto de los seres de la naturaleza por su espiritualidad. El ser humano es el único que vive su vida conscientemente, es el único que vive y se pregunta sobre su vida y la propia existencia del mundo que le rodea y es el único que se hace una serie de preguntas profundamente arraigadas en relación con su propia existencia. Preguntas como las que se hacía el filósofo y matemático alemán del siglo XVII Gottfried Leibniz (1646-1716), «¿por qué hay algo en lugar de no haber nada?», o más recientemente Albert Einstein (1879-1955) «¿cuál es el sentido de nuestra vida, cuál es, sobre todo, el sentido de la vida de todos los vivientes?»[1], o el también físico Victor Weisskopf (1908-2002) ¿«en qué sentido tiene sentido el universo»?[2] El italiano Carlo Rubbia, Premio Nobel de Física de 1984, señalaba que «la forma más grande de libertad es la de poder preguntarse de dónde venimos y a dónde vamos… No existe forma de vida humana que no se haya planteado esta pregunta. Y no hay sociedad humana que no haya intentado de alguna manera darle respuesta. Fallar este compromiso es una pérdida, una deshumanización, un mecanismo interno de autocastigo»[3]. La búsqueda de respuestas a estas preguntas básicas es un imperativo de la propia naturaleza humana que trata de resolverlas con la razón, que nos brinda múltiples enfoques y una larga experiencia adquirida a lo largo de nuestra trayectoria como especie inteligente para abordarlas. Es además una obligación inherente a nuestra naturaleza humana creada a imagen y semejanza de Dios, que nos ha hecho dueños de la naturaleza, con la misión de «dominar los peces del mar, las aves del cielo y todo animal que serpentea sobre la Tierra», según reza en el Capítulo 1 del relato bíblico del Génesis[4]. El ser humano es un ser personal, autoconsciente y ético. El concepto de persona es central en cualquier tema de Bioética pues es la base en la que ha de sedimentarse la consideración de su dignidad y la protección del sujeto a quien se aplique. Hoy la ciencia, a través de la Genética, la Biología 2 Celular o la Embriología, nos da una información muy valiosa sobre los datos de naturaleza biológica de un individuo de nuestra especie. Cada persona es singular en su información genética individual, constituida en el momento de la concepción -en el cigoto- y mantenida sin variación a lo largo de la vida. La identidad genética singular materializada en la información combinada de 25.000 genes maternos y paternos es el sello biológico y diferencial de cada individuo humano. En su realidad biológica, cada persona es el resultado del desarrollo físico determinado en su constitución genética, presente ya desde la concepción, y por tanto mucho antes de que se desarrollen los tejidos, órganos y sistemas, entre ellos el nervioso, y también antes de que los factores ambientales y educativos vayan a despertar la razón y modelar la personalidad, como consecuencia de la información procedente de su entorno, de modo que poco a poco las acciones razonadas, libremente adoptadas, se van sobreponiendo a las instintivas y reflejas. Pero el término persona reclama otros enfoques de carácter filosófico y moral, e incluso teológico, sin los cuales no adquiriría su auténtica dimensión. En filosofía hablar de persona significa destacar el carácter único e irrepetible propio de cada ser humano, lo cual dicho sea de paso coincide plenamente con los datos de la ciencia, que nos habla de la identidad genética individual. Lo que todo esto significa es que la vida humana, en coincidencia con la perspectiva biológica se eleva a una dimensión muy especial que conecta con la certeza de que cada vida tiene una dignidad especial y un valor específico superior, entendiendo por «dignidad» un concepto que realza el valor especial de un ente. Mientras un individuo de cualquier especie animal deambula por el mundo de forma inconsciente y constreñida al marco de los instintos, el hombre reflexiona sobre su realidad en el mundo y puede decidir libremente sus acciones. De este modo, cada individuo de la especie humana añade al dato biológico de la pertenencia a una especie el de la posesión de un espíritu inmaterial que nos capacita para hacer frente a nuestra vida de forma personal. Pero inmediatamente hay que señalar que cuerpo y espíritu están indisolublemente unidos. Monseñor Juan Antonio Martínez Camino[5], profesor de Teología moral de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid, señala que: «la persona no es fundamentalmente un yo pensante (res cogitans) con un cierto tipo de relación accidental y de dominio sobre la materia (res extensa),... la persona es cuerpo y espíritu indisociablemente unidos»[6]. Ramón Lucas, abunda en esta misma idea en su obra «La Bioética para todos» cuando señala que: «La persona siempre es la unidad sustancial, compuesta por el organismo material y el alma espiritual»[7]. Destacar la espiritualidad es equivalente a decir que la persona es un ser racional y la racionalidad es la diferencia específica que en mayor grado distingue a los hombres de los demás individuos sustanciales. Pero no es necesario que la racionalidad esté presente en acto, es suficiente con que esté presente en potencia. Todos los seres humanos, en cualquier etapa de su desarrollo que, no lo olvidemos, transcurre en continuidad desde la concepción hasta la muerte, y con independencia de sus circunstancias físicas, son seres racionales por su propia naturaleza biológica propiamente humana. Por ello, podemos afirmar que son personas un embrión, un feto, un discapacitado mental, quien duerme o está temporalmente inconsciente o en estado de coma como consecuencia de un accidente. Sin embargo, algunos juristas o ideólogos, opinan que para ser persona han de darse una serie de facultades o capacidades, siendo la que más señala la de la conciencia de uno mismo. De este modo, Peter Singer, un Profesor de Bioética de la Universidad de Princeton en New Yersey, sostiene que «no todos los seres humanos son personas» y que «sólo hay derechos para los seres autoconscientes». Singer rebaja la dignidad de la vida humana al situar al hombre como un ser más 3 de la naturaleza, que no se debe diferenciar de otros animales en sus derechos individuales. Este es el fundamento del propio Singer y otros filósofos que han promovido el «Proyecto Gran Simio», una especie de llamada a la consideración por igual del hombre y los animales biológicamente más próximos (orangután, gorila, chimpancé y bonobo), llegando incluso a formular derechos equivalentes bajo el eslogan «la igualdad más allá de la humanidad». Singer expresa que ser persona significa poseer autoconciencia, razón, autonomía y capacidad de sentir placer y dolor, cuyas propiedades no podrían ser atribuidas a seres humanos disminuidos psíquicos, en estado de coma, o que estuvieran temporalmente inconscientes tras un accidente o simplemente dormidos. Es evidente que estas ideas no se sostienen por su propia inconsistencia, pero quienes las avivan niegan la «dignidad» especial del hombre frente a las demás especies vivientes y lejos de defender el respeto a la vida humana, con sus argumentos respaldan una cultura utilitarista, en la que cabría con la misma impunidad la destrucción de los embriones, el aborto y la eutanasia. Para quienes sostienen esta corriente, solo es merecedor del atributo de persona el ser humano que posea ciertos «indicadores de humanidad», algo así como un conjunto de características funcionales que permitan llevar a cabo una serie de actos que merecen el calificativo de humanos. De acuerdo con esta postura se considera que, para merecer la condición de persona, el ser humano ha de mostrar comportamientos que se consideran propios de una persona. Las preguntas que inmediatamente reclaman una contestación es ¿cuáles son los citados comportamientos? y ¿cuáles los indicadores de humanidad? Un filósofo norteamericano contemporáneo que apoya esta corriente, Tristram Engelhardt, miembro del Hastings Center, una organización de bioética de corte utilitarista, trata de dar contestación a estas cuestiones cuando jerarquiza a los seres humanos en razón de la posesión o no de autoconciencia y libertad. Según Engelhart, «los seres humanos adultos competentes- no los mentalmente retrasados-, tienen una categoría moral intrínseca más elevada que los fetos o los niños pequeños», y añade, «existe una distancia entre lo que somos como personas y lo que somos como seres humanos y es el abismo que se abre entre un ser reflexivo y manipulador y el objeto de sus reflexiones y manipulaciones»[8]. Esta forma de pensar es la que ha inspirado una corriente de pensamiento posesivo y de derecho de la madre embarazada sobre el feto, o de los padres sobre los embriones producidos con sus gametos en una clínica de fecundación in vitro, o de terceras personas sobre la vida de un enfermo terminal. Desprovisto el hombre de su especial dignidad como plantean los utilitaristas que piensan como Singer y Engelhardt se da paso a la ley del más fuerte y se antepone un derecho egoísta al bienestar propio sobre la vida de otras personas. Esto supone que ante una situación no deseada, se relativice cualquier acción por dañina que sea para otras personas. De este modo, se justifica la utilización de la vida humana embrionaria con fines de investigación, el aborto de los no nacidos portadores de malformaciones o deficiencias congénitas y la eliminación eutanásica de los seres humanos con graves enfermedades, en estado vegetativo o en fase terminal de una enfermedad incurable. El gran problema de esta corriente eminentemente dualista, es la separación de cuerpo y alma, imponiéndose en la mentalidad de quienes la propugnan y la tratan de infiltrar en la sociedad, una sobrevaloración de la sustancia material sobre la espiritual. De acuerdo con este utilitarismo exacerbado, solo deberían ser titulares de derechos humanos quienes tuviesen capacidad sensorial y especialmente sensibilidad para el dolor, lo que convierte en lícita la experimentación con embriones humanos, simplemente porque no sufren, o incluso con fetos hasta que no se haya producido un desarrollo suficiente de la corteza cerebral, lo que acontece entre la quinta y la octava semana del desarrollo fetal. Del mismo se reduce el valor de la vida humana a lo meramente físico y se clasifica a 4 los individuos humanos de acuerdo con unos estándares de «calidad de vida» que sirven para decidir quién es más o menos «digno de vivir». Todo lo contrario es lo que opinaba acertadamente María Dolores Vila-Coro, inteligente jurista, académica de la Real Academia de Jurisprudencia, licenciada en Filosofía, Doctora en Derecho y miembro de la Pontificia Academia por la Vida, fallecida el año pasado, que señalaba lo siguiente en el prólogo que tuvo a bien dedicarme de mi libro «Explorando los genes. Del big-bang a la nueva biología»: «se ha dicho que el procedimiento de usar el método empírico para definir a la «persona» y como tal a quien puede ser o no sujeto de derecho, es una manipulación, un medio para desposeer a quienes presentan carencias que no permiten su desarrollo cognitivo, moral o emocional; a los enfermos mentales y físicos, a todo tipo de deficientes, y para justificar ciertos delitos como el aborto y la eutanasia: en una palabra a quien convenga en cada caso, según los intereses sociopolíticos en juego. Este fenómeno no es nuevo pues el término persona ya se ha utilizado para excluir de la protección del Derecho a seres humanos a los que se ha negado tal condición… Ha servido también para poner de manifiesto que a ciertos grupos humanos se les ha tratado como individuos pero no como a seres con dignidad: no se ha reconocido que el valor de todo ser humano trasciende el orden puramente biológico»[9]. La exclusión de grupos de individuos humanos como personas por razones de sus facultades físicas o mentales, es un grave error, no solo de carácter ideológico, sino también de carácter biológico. Cualquier individuo humano en existencia, desde la concepción, hasta la muerte es un miembro de la especie humana y por tanto es una persona. Esto es algo en lo que ha insistido el Magisterio de la Iglesia a través de las instrucciones Donum Vitae, publicada en Febrero de 1987, y Dignitas Personae, que se publicó en Diciembre de 2008, ambas sobre cuestiones fundamentales de Bioética. En ambas se afirma: «Ciertamente ningún dato experimental es por sí suficiente para reconocer un alma espiritual; sin embargo, los conocimientos científicos sobre el embrión humano ofrecen una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser persona humana?». Del mismo modo, el papa Benedicto XVI el 27 de noviembre pasado, en la homilía sobre la vida humana naciente, nos recordaba con el antiguo autor cristiano Tertuliano que: «Es ya un hombre aquel que lo será (Apologético, IX, 8); no hay ninguna razón para no considerarlo persona desde la concepción». En resumen de todo lo dicho hasta aquí, la teología en coincidencia con los datos de la ciencia significa la dignidad como algo atribuible a los seres humanos, como seres personales creados a imagen y semejanza de Dios. Del mismo modo, la filosofía destaca el hecho de que cada persona es un ser dotado de «dignidad» ya que es sujeto de su propio existir y obrar y no un miembro más de una especie biológica. La humanidad misma, decía Kant, es digna porque el hombre no puede ser tratado por ningún hombre –ni siquiera por sí mismo- como un medio, sino siempre como un fin, y en ello precisamente estriba su dignidad. Los seres racionales son personas en tanto que constituyen un fin en sí mismos, son algo que no se debe emplear como un mero medio porque poseen libertad y son distintos de las demás criaturas naturales por su rango y dignidad[10]. De acuerdo con Kant, la persona no tiene precio (no es un objeto, una cosa) sino que tiene valor en sí misma (dignidad). La condición de persona es ya inherente a toda la vida de cada individuo y todos los seres humanos, con independencia de su estado de salud física o mental. Cualquier ser humano merece ser tratado con el mismo respeto y dignidad que cualquier miembro de su especie desde la concepción hasta la muerte y por tanto, todos los seres humanos deben ser considerados personas en el mismo grado. Como muy bien señala la Dra. Vila-Coro: «un individuo no es persona porque se manifiesten sus capacidades, 5 sino al contrario, éstas se manifiestan porque es persona: el obrar sigue al ser; todos los seres actúan según su naturaleza»[11]. Pero al mismo tiempo hay que señalar que el concepto de persona solo le corresponde, entre las criaturas vivientes, a los seres humanos, a todos los seres humanos y exclusivamente a ellos. La unidad de la especie exige la misma consideración, respeto y atribución de la misma dignidad para todos sus miembros, pero solo para sus miembros. No tiene sentido otorgar humanización a seres pertenecientes a otras especies con las que existen barreras insalvables de intercambio biológico y cultural. Por otro lado, ningún ser humano debe ser excluido de la calificación de persona, así como ningún ser perteneciente a otra especie debe ser traído al ámbito de nuestra especie. Es importante reconocer que cada ser humano no es únicamente un miembro más de una especie biológica, sometido a un ciclo vital inevitable, sino un ser que vive con plenitud de conciencia su existencia y es artífice de su propia biografía. El hombre es alguien que decide y construye su yo y no solo algo que existe. Además, para percibir la verdad sobre la dignidad de la vida humana, hace falta una antropología adecuada, que conceda el valor que le corresponde a cada persona humana en su unidad corpóreoespiritual. La concepción cristiana del hombre responde a esta necesidad. Afirma que la vida es un don de Dios y defiende el derecho a la vida como el más importante de todos los derechos del hombre. Es en esta línea en la que Juan Pablo II el 25 de Marzo de 1995 publicó la encíclica Evangelium Vitae, calificada por él mismo como una «meditación sobre la vida», en la que trataba en profundidad la gravedad de la instrumentalización de la vida, con cuestiones como la procreación artificial, el aborto, el respeto a los embriones humanos, la experimentación sobre fetos humanos y el ensañamiento terapéutico. Una situación que le hacía exclamar al Papa: «estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida», que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales. creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida». A lo que añadía: «el derecho del hombre a la vida –desde el momento de la concepción hasta su muerte-, es el derecho fundamental, raíz y fuente de todos los demás derechos» Como un elemento más ha de tenerse en cuenta que la dignidad de la vida humana tiene una vocación trascendente, vivimos en el tiempo hacia una dimensión absoluta. Además de la vida temporal, física y biológica que nos revela la extraordinaria superioridad del hombre sobre todas las demás criaturas, hay una dimensión trascendente innata en el hombre, que eleva su dignidad. Señala José Luis del Barco, Profesor titular de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Málaga que «la dignidad es la huella de la mano del Creador en el hombre»[12], y Roberto Andorno[13], bioético de origen argentino y Profesor de Ética Biomédica en la Universidad de Zurich, advierte que contra el asesinato solo existe un argumento definitivo: el religioso. o Eutanasia activa, eutanasia pasiva, suicidio asistido ¿cuál es la diferencia? Atendiendo a su sentido etimológico, eutanasia quiere decir «buena muerte», del griego eu (bueno) y thánatos (muerto) y se refiere a la muerte de una persona causada por otra, en principio un profesional de la medicina, a veces sin que medie una petición libre y expresa de quien va a morir. La Asociación Médica Mundial definió la Eutanasia en 1987 como: «el acto deliberado de dar fin a la 6 vida de un paciente», y en enero de 2002, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) señaló que la eutanasia es una «conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones compasivas y en un contexto médico». Básicamente, mediante la eutanasia, una persona pone fin deliberadamente a la vida de otra, considerando que eso le es un bien. Sin embargo, la muerte no puede ser nunca digna si es provocada pues implica el cese de la vida de otra persona y por ello atenta a la principal característica de la vida humana que es su propia dignidad. En la práctica, la eutanasia, más que por una solución piadosa ante el dolor de un paciente, se justifica las más de las veces por razones utilitarias, para evitar gastos innecesarios y costosos para la sociedad. Se propone así la eliminación de los embriones portadores de genes indeseados, los no nacidos portadores de enfermedades -aunque no las hayan manifestado todavía o se desconozca su gravedad-, los recién nacidos con malformaciones, los discapacitados o minusválidos graves, los impedidos, los ancianos, sobre todo si no son autosuficientes, y los enfermos terminales. La calificación moral que merecen todas estas actuaciones es en cualquier caso negativa. La eliminación sin más de un paciente que no lo ha solicitado por si mismo, nos situaría ante un «homicidio». Si lo realiza el propio paciente por sí solo se trataría de un «suicidio» y cuando es la persona la que se quita la vida con la ayuda de otra persona, se calificaría de «suicidio asistido». En todos los casos hay un atentado contra la vida difícilmente compatible con una muerte digna. Yendo un poco más lejos, se distingue entre eutanasia «activa y pasiva» como equivalentes a la diferencia entre «matar y dejar morir», es decir, entre iniciar unas acciones que condujeran a la muerte de un paciente o permitir su muerte por la privación de los cuidados necesarios. Un ejemplo de eutanasia activa lo es el llamado «aborto eugenésico», que se practica para eliminar la vida de un feto al que se le han detectado anomalías cromosómicas o genéticas. Lo es también la administración de una inyección letal para acabar con la vida de un enfermo. Un ejemplo de eutanasia pasiva sería el hecho de retirar los cuidados para mantener la vida del paciente, como la no hidratación o la retirada de una máquina de respiración, no alimentar o negar una operación de apendicitis a un niño con síndrome de Down, etc. La distinción entre eutanasia activa y pasiva ha supuesto una preocupación mantenida por las Asociaciones de Médicos de distintas partes del mundo. Ante esta situación, la SECPAL hizo una Declaración sobre la eutanasia, en enero de 2002, en la que podía leerse: «La eutanasia, entendida como conducta intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona enferma, por un motivo compasivo, puede producirse tanto mediante una acción como por una omisión. La distinción activa/pasiva, en sentido estricto, no tiene relevancia desde el análisis ético, siempre que se mantenga constante la intención y el resultado. Tan eutanasia es inyectar un fármaco letal como omitir una medida terapéutica que estuviera correctamente indicada, cuando la intención y el resultado es terminar con la vida del enfermo… Ante un paciente en situación terminal lo que se hace o se deja de hacer con la intención de prestarle el mejor cuidado, permitiendo la llegada de la muerte, no sólo es moralmente aceptable sino que muchas veces llega a ser obligatorio desde la ética de las profesiones sanitarias… Por el contrario, cuando algo se hace o se deja de hacer con la intención directa de producir o acelerar la muerte del paciente, entonces corresponde aplicar el calificativo de eutanasia» o ¿Quién puede decidir sobre el valor de la vida humana? 7 Resulta cuando menos ingenuo que a los sustantivos vida o muerte, se les trate de añadir el calificativo de digna, o que se hable de «calidad de vida». La dignidad es inherente al ser humano no algo que se otorga o se niega. La vida humana es digna siempre y es vida personal siempre, aunque en las sociedades postmodernas actuales se trate de anteponer criterios «técnicos», «utilitaristas» o hasta «económicos» sobre los «éticos» para referirse a la vida humana. Se llega a promover la aplicación de fórmulas matemáticas para justificar la calificación de vidas sin valor, que ya no merecen ser mantenidas y que permitan justificar la omisión de ayuda terapéutica o incluso la provocación directa y activa de la muerte. La realidad es que actualmente, no existe ningún método infalible que permita predecir que paciente en estado vegetativo o incluso en un proceso de enfermedad grave se recuperará y cuál no podrá lograrlo. La muerte digna no es ni eliminar el dolor ni prolongar desesperadamente el estado morboso. La dignidad de la muerte es inherente a la persona, al propio moribundo que posee dignidad siempre.Cuando se sostiene el derecho a una muerte digna, la reflexión que debemos hacer es sí se puede calificar de digna una muerte provocada, o en la se deja al enfermo la decisión de acabar con su vida. Desde una posición individualista, liberal radical, quizá sí, pero desde una concepción antropológica mínimamente interdependiente, en ningún modo. La vida personal es algo subjetivo y desde el punto de vista de una bioética personalista es siempre digna de ser vivida por sí misma y merecedora de respeto, con independencia de la calidad técnica que presente en cada momento. Pero además, las acciones sobre una vida importan a la sociedad en su conjunto, pues cada persona podrá verse sometida a situaciones como las que se adopten en un momento dado. En este sentido hay que apostar por una biomedicina que busque la calidad de la vida pero sometiendo siempre la calidad a la vida y no la vida a la calidad. La vida humana no tiene valor porque tiene calidad sino que tiene calidad porque es vida humana. Tenemos que recordar que el Art. 27 del Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial Española de 1999, señala que «El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Y cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aún cuando de ello pudiera derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida. El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste». En este contexto, solicitar a un médico que provoque la muerte de un paciente, por muy humanitaria que se pretenda, no solo es un absurdo sino lo diametralmente opuesto a su misión profesional. Es pedirle un imposible. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona, pero si hubiese que decidir sobre este hecho, los últimos en practicarlo serían los médicos y por extensión el resto de los asistentes sanitarios. El Prof. Ignacio Sánchez-Cámara, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de la Coruña señala que «cuando se piensa que hay derecho a todo y se eclipsan los deberes… no es extraño que se defienda un extravagante derecho a morir. Con independencia de la debida distinción entre la moral y el derecho, existen fuertes razones para oponerse a la legalización de la eutanasia. La principal es la obligación de la sociedad de respetar y defender, en todos los casos, la vida humana»[14]. o Un caso muy especial. El aborto eutanásico o eugenésico Dentro del sórdido mundo de la cultura de la muerte hay un apartado especialmente triste, que es el de la invitación al aborto cuando se detectan posibles patologías en el feto. La adquisición de toda la información de los genes humanos, por medio del Proyecto Genoma Humano, ha puesto en las manos de los médicos y biólogos la capacidad de detectar en muestras celulares del feto, alteraciones génicas 8 o cromosómicas. Dado que la dotación cromosómica y la información del ADN del genoma individual se constituye en el momento de la concepción y se mantiene en todas las células del individuo a lo largo de la vida, el diagnóstico cromosómico o molecular se puede hacer en cualquier momento, incluso desde mucho antes de que se manifieste el carácter o la patología en cuestión. Es decir, es posible un diagnóstico genético en embriones (preimplantatorio), en el feto (prenatal) o tras el nacimiento (postnatal). El «diagnostico prenatal», se practica por métodos «no invasores», mediante el análisis de marcadores bioquímicos y moleculares de procedencia fetal en el plasma sanguíneo de la madre; o «invasores», que recurren a una amniocentesis, una intervención para la extracción de células en el líquido amniótico o en las vellosidades coriónicas, de procedencia fetal. El aspecto más negativo de esta tecnología es que tras la detección de un gen determinante de una patología, una enfermedad o una malformación, surge la invitación al aborto. ¿Para qué se desea conocer el sexo, la dotación cromosómica o hacer un diagnóstico de la presencia de ciertos genes? En el lado positivo, estaría la aplicación de terapias incluso in útero o los tratamientos farmacológicos correctores de una patología, cuando ello fuese posible. La razón habitual es totalmente distinta. De acuerdo con José María Pardo Sáenz, sacerdote, médico y doctor en teología, un diagnóstico genético temprano, durante la gestación, ante la presencia de anomalías múltiples y una presumible prognosis letal, suponen una invitación al aborto como «tratamiento de elección» para la discapacidad fetal. En lugar de diagnóstico prenatal debería llamarse «diagnóstico premortal», «violencia prenatal» u «operación de búsqueda y eliminación de los discapacitados»[15]. Quienes defienden esta práctica eugenésica se justifican de diferente manera: · El diagnóstico como avance de la ciencia y de la técnica · Motivos económicos, para evitar costosos tratamientos a la familia · Para evitar roturas familiares · Compasión del niño, al considerar que una discapacidad mermará su «calidad de vida» · El niño como producto y no como un fin en si mismo · La búsqueda hedonista de la perfección · Las dificultades o problemas sociales derivadas de un hijo discapacitado, para él y la familia En España desde la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo (Ley 12/2010), está autorizada la eutanasia fetal sin límite temporal durante el embarazo, en las circunstancias de detección de una malformación o enfermedad grave en el feto, La Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) hizo una Declaración relativa a esta autorización atribuyendo a un Comité Clínico el papel de certificar que el feto padece una enfermedad tan extremadamente grave e incurable que se justifique el aborto después de la semana 14 de gestación. La Asociación de Bioética de España (AEBI) critica esta declaración de la SEGO al aducir que «puede convertirse en una cooperación necesaria desde la Ginecología y Obstetricia al proyecto 9 eugenésico programado desde la ley». En este sentido, el informe de la AEBI señala que «no corresponde a la Medicina, menos aún a un Comité Clínico, decidir qué es la vida humana ni el nivel de calidad de vida que es necesario alcanzar para poder conservarla» y recuerda el mandato del Código de Ética y Deontología Médica en vigor, según el cual «al ser humano embrio-fetal enfermo se le debe tratar de acuerdo con las mismas directrices éticas» que a los demás pacientes. ¿Cómo calificar a una sociedad que consiente todo esto y prefiere el aborto y hacer desaparecer una vida no nacida defectuosa?, ¿no estaríamos ante un caso de «homofobia»? En un estudio realizado en el año 2000 en Gran Bretaña se comprobó que tras el uso masivo del diagnóstico prenatal se habían producido una serie de abortos por defectos físicos que alcanzaba a un 43% de los bebés con fisura palatina (paladar hendido) y al 64% de bebés con pie zambo, a pesar de que su pronóstico es excelente mediante cirugía y tratamiento posterior al nacimiento. En un artículo publicado a finales de 2009 en la revista British Medical Journal titulado «Con los nuevos tests prenatales ¿desaparecerán los niños Down?» se concluía que el diagnóstico prenatal no cura nada, y que el «aborto eugenésico» no previene ni cura absolutamente nada, sino que hace desparecer a un niño presente, aunque no nacido, con el agravante de tratarse de un bebé indefenso y afectado por una discapacidad, malformación o enfermedad, en ocasiones con buen pronóstico. Sirva para terminar este triste apartado dedicado a la eutanasia prenatal el convencimiento de que las técnicas del diagnóstico prenatal no son infalibles y por lo tanto no estamos en condiciones de predecir con total exactitud cómo afectará una patología a un bebé no nacido en el futuro. Muchas veces la decisión por parte de los progenitores de dejar nacer o proceder al aborto se toma sin saber con certeza cómo afectará la pretendida patología al niño tras el nacimiento. o Los cuidados paliativos frente al encarnizamiento terapéutico Con referencia a la eutanasia en enfermos adultos, en sentido contrario a la eutanasia se encuentra el llamado «encarnizamiento terapéutico» u «obstinación médica», que la SECPAL define como«aquellas prácticas médicas con pretensiones diagnósticas o terapéuticas que no benefician realmente al enfermo y le provocan un sufrimiento innecesario, generalmente en ausencia de una adecuada información». Se suele traducir en la administración de un tratamiento desproporcionado al suministrar al enfermo cuidados inútiles o ineficaces para la curación, aumentando las penalidades del curso de la enfermedad e ignorando el equilibrio entre el riesgo y el beneficio de los tratamientos administrados. Si bien es cierto que la finalidad de la terapia médica es la cura o la mejora, mediante la administración de la medicación necesaria, existen momentos en que es aceptable su suspensión o incluso no iniciarla, cuando es previsible que sea inútil y además cause excesivas molestias a un paciente. Pero esto no ha de incluir la alimentación e hidratación, o la respiración asistida, que constituyen cuidados básicos para todo enfermo y que, aun en el caso de precisar medios artificiales para ser suministrados no suponen sufrimiento para el enfermo. Aquí podríamos recordar el caso de Eluana Englaro la joven italiana que pasó 17 años en estado vegetativo, a la que se le aplicaba una sonda que le llegaba al estómago. En su caso no estaba justificada la suspensión de la alimentación, pues continuar los cuidados mínimos no constituía encarnizamiento terapéutico ni se trataba de una enferma terminal[16]. Lo que aconteció en la clínica de Udine, en que pasó sus últimos días Eluana, fue un acto de eutanasia en tanto en cuanto se suspendió un cuidado con la finalidad de provocar la 10 muerte. Eluana no falleció por su estado sino por la negativa a suministrarle agua y alimentos. De acuerdo con el imperativo deontológico hay que «intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible», existe la obligación de valorar los medios terapéuticos, de modo que estos deben corresponderse de forma proporcionada a las expectativas de mejoría. Pueden darse casos concretos de personas conscientes de su situación, en las que es difícil para el médico impedir el dolor y para los familiares aliviarlo. Estas son situaciones difíciles de abordar desde un punto de vista ético. Ante este escenario, cuando el paciente y el médico reconocen que la enfermedad ya es incurable y aceptan su curso natural, la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir las curas normales debidas al enfermo en casos similares. No ha de haber un empeño en alargar la vida a toda costa si para ello se han de aplicar medios desproporcionados. Esta es una actuación perfectamente ética y profesional, y la asunción de lo inevitable, sin recurrir a tratamientos inútiles no puede considerarse como eutanasia. Es lo que hoy se califica como «limitación del esfuerzo terapéutico». Desde luego, siempre será importante examinar con sinceridad nuestra intención: preguntarnos si lo que buscamos es «permitir morir» y asumir el curso natural de la enfermedad. Tras este reconocimiento la opción a seguir debe ser la del apoyo al paciente mediante los llamados «cuidados paliativos». En la actualidad en los centros sanitarios de cierta entidad existen unidades especiales de «cuidados paliativos», en los que participan profesionales de diversas especialidades que constituyen un equipo para hacer un seguimiento integral del paciente, mediante el suministro de los cuidados médicos, psicológicos y espirituales, y bajo la óptica de que la muerte es un proceso natural y el fin irremediable de la vida humana. Se trata de ofrecer un soporte médico justo al enfermo y a su entorno familiar, eludiendo la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico y proporcionándoles todo lo que sea humanamente posible en las dimensiones física, psíquica y espiritual. Entre los cuidados médicos se atenderá especialmente la alimentación, la hidratación, la respiración, la higiene y el suministro de medicamentos que alivien el dolor, sin pérdida de conciencia o abreviación de la vida. En el aspecto psicológico es fundamental la comunicación del médico sobre el proceso de la enfermedad y en su caso el apoyo de un especialista. Finalmente en el aspecto espiritual ha de atenderse la voluntad del enfermo proporcionándole la presencia de quien el desee le conforte en el tránsito hacia una muerte inevitable de forma natural y en paz consigo mismo, de acuerdo con sus creencias religiosas. Los cuidados paliativos tienen por misión aplicar las curas y tratamientos adecuados para aliviar los síntomas que provocan sufrimiento y deterioran la calidad de vida del enfermo en situación terminal. Con este fin se pueden emplear sedantes o analgésicos en la dosis adecuada, aunque por ello se pudiera ocasionar indirectamente un adelanto del fallecimiento. El manejo de tratamientos paliativos que puedan acortar la vida está considerado en la praxis médica moralmente aceptable, siempre que medie un consentimiento explícito, implícito o delegado. Es una actuación perfectamente ética y profesional, y distinta de la eutanasia, si se utilizan las dosis adecuadas y la intención no es provocar la muerte. La Organización Médica Colegial aprobó en febrero de 2009 una Declaración sobre «Ética de la sedación en la agonía», que entre otros puntos señala que «la frontera entre lo que es una sedación en la agonía y la eutanasia activa se encuentra en los fines primarios de una y otra. En la sedación se busca conseguir, con la dosis mínima necesaria de fármacos, un nivel de conciencia en el que el paciente no sufra, ni física, ni emocionalmente, aunque de forma indirecta pudiera acortar la vida. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte inmediata. La diferencia es clara si se observa desde la Ética y la Deontología Médica». Los servicios de cuidados paliativos implican una atención especial al entorno familiar del enfermo, 11 hasta el punto que se considera al enfermo y su familia conjuntamente, como la unidad a tratar. De algún modo la experiencia indica que la tranquilidad de la familia repercute directamente sobre el bienestar del enfermo. Es particularmente significativo sobre la importancia de los cuidados médicos, psicológicos y espirituales, lo que señala la Guía de la SECPAL acerca de los últimos días de un enfermo terminal: «No debemos olvidar que el enfermo, aunque obnubilado, somnoliento o desorientado también tiene percepciones, por lo que hemos de hablar con él y preguntarle sobre su confort o problemas (¿descansa bien?, ¿tiene alguna duda?, ¿qué cosas le preocupan?) y cuidar mucho la comunicación no verbal (tacto) dando instrucciones a la familia en este sentido. Se debe instruir a la familia para que eviten comentarios inapropiados en presencia del paciente. Hay que interesarse por las necesidades espirituales del enfermo y su familia por si podemos facilitarlas (contactar con el sacerdote, etc.)». o Las leyes de la eutanasia En las sociedades de los países más desarrollados parece debilitarse el sentido de la especial dignidad de la vida humana, habiendo surgido iniciativas legislativas a favor de la eutanasia, muchas veces disimuladas bajo el eufemismo de «muerte digna». En EE.UU, matar a un paciente se considera un crimen en los 50 estados, con la única excepción del estado de Oregón, que en 1994 aprobó una ley de «suicidio asistido». Los primeros países que despenalizaron la práctica de la eutanasia fueron Australia (1996), Colombia (1997), China (1998), Holanda (2001), Bélgica (2002) y Suiza (2005). La eutanasia es un delito en Gran Bretaña aunque la Corte Suprema decidió a finales de 2008 que los responsables sanitarios deben tener en cuenta el deseo «explicito» de un paciente de no prolongar su vida si está gravemente enfermo. También el Colegio Médico británico estableció normas más abiertas y hay un creciente movimiento en favor de la «muerte dulce». En Suiza está permitido por ley el suicidio asistido, sólo en casos de personas conscientes y con una enfermedad incurable o mortal a corto plazo. Esto se traduce en ofrecer la ayuda exterior necesaria para facilitar la muerte de quien claramente quiere acabar con su vida pero no tiene medios para hacerlo. En Alemania, el parlamento sigue siendo mayoritariamente contrario a la legalización de la eutanasia por los recuerdos que despierta la era del nazismo. Una asociación fundada en Zúrich en 1998, bajo el amparo de la Ley Suiza, con el sarcástico nombre de «Dignitas», tiene por divisa «Vivir dignamente, morir dignamente». A este lugar acuden los alemanes que desean poner fin a sus días con la administración de pentobarbital sódico, un barbitúrico fuerte que permite al paciente dormir profundamente y morir sin sentir dolor. Los principales pacientes que acuden a la clínica Dignitas de Zurich son enfermos de cáncer, casos terminales de Parkinson y esclerosis múltiple. El Gobierno suizo está estudiando un plan de acción contra este «turismo de la muerte», señalando que podría cerrar la clínica de la asociación Dignitas ante la excesiva demanda de estos servicios. Finalmente Italia se mantiene legislativamente contraria a la práctica de la eutanasia. Recordemos de nuevo el caso de Eluana Englaro. Tan sólo un día después de la muerte de esta joven el Senado italiano aprobó, con 164 votos a favor, 100 en contra y una abstención, una moción que obligaba a alimentar e hidratar a las personas que no puedan hacerlo por sí mismas. En España, La «Asociación Derecho a Morir Dignamente», legalizada desde 1984, ha promovido desde su creación el discutible derecho de «toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla, y (a) defender el derecho de los enfermos terminales e irreversibles a, llegado el momento, morir pacíficamente y sin sufrimientos, si éste es su deseo expreso». En su opinión, el derecho 12 a la vida lleva aparejado el deber de respetar la vida ajena, pero no el deber de vivir contra la propia voluntad en condiciones penosas, llegando a afirmar que el Estado debe proteger la vida, pero no imponer el deber de vivir en todas las circunstancias. En España, tras el antecedente de la legislación del aborto en 2010, que nos trajo una de las leyes más permisivas del mundo, existe una preocupación por parte de amplios sectores de la sociedad de la promoción de una «Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna», cuya elaboración fue anunciada a principios de diciembre de 2010. Aun desconociendo los contenidos de la Ley en ciernes, parece obvio que se trata de regular sobre algo innecesario, dada la existencia de las unidades de cuidados paliativos rigurosamente acordes en su actuación con el Código de Ética médica. Las primeras manifestaciones del Ministerio de Sanidad señalan que la futura ley aprovechará la experiencia de la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud (SNS), y promoverá que cada individuo puede decidir libremente sobre su vida, independientemente de las circunstancias de la enfermedad que la ponga en riesgo. Al mismo tiempo se extiende el temor de que una Ley como la anunciada se derive hacia situaciones semejantes a las que se están viviendo en los países bajos y en Suiza. Probablemente, estamos de nuevo ante una Ley radicalmente individualista y alejada del valor real de la vida humana en sí misma. Reconocer un derecho a acabar con la propia vida, aun en las circunstancias de una enfermedad incurable, supone un atentado no solo contra la vida propia, sino contra la vida humana en general. Es algo que afectaría a toda la sociedad. Tal vez el ejemplo más evidente es el de la legalización de la eutanasia en Holanda, país pionero en el establecimiento de una Ley de eutanasia, cuya reforma legislativa se propuso inicialmente con la finalidad de despenalizar 28 casos de presuntos delitos de eutanasia y terminó convirtiéndose en una ley que legalizaba el suicidio asistido y la propia eutanasia. La ley holandesa hoy, comprende en su aplicación no solo a los enfermos en estado terminal, sino a las personas con enfermedades psíquicas, a las que se encuentran en estado de coma y a los recién nacidos con malformaciones o enfermedades graves. Una evolución similar se ha seguido en Bélgica y Suiza. Se ha pasado del pretendido derecho a disponer de la propia vida a un derecho de la sociedad a disponer de la vida de las demás personas. Una evolución parecida, por cierto, a la seguida con el aborto en España, que también pasaría de su despenalización en determinados supuestos de la Ley de 1985, a convertir el aborto en un derecho en la reforma de 2010. o La bioética personalista y el «testamento vital» La bioética personalista basa sus propuestas en una buena práctica médica que se fundamenta en la dignidad del ser humano desde la perspectiva de su consideración de persona y se rige por los criterios del Juramento Hipocrático, la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial y la deontología médica, concretada en España en el Código de Ética de la Organización Médica Colegial. El profesor Ignacio Sánchez Cámara, señalaba acertadamente que: «La vida humana siempre es digna, incluida, por supuesto, la de los enfermos incurables o terminales. Incluso en cierto sentido es aún más merecedora de apoyo y defensa, pues es más débil. (…) Lo que hay que hacer es abandonar lo que bien podría calificarse como una «cultura de la muerte», y valerse del talento humano para combatir las enfermedades y paliar sus efectos. En este sentido mucho es lo que cabe esperar de la ciencia, y, más aún de la generosidad y solidaridad humanas»[17] Incluso en la España actual ya se ha legislado sobre la forma de dejar constancia de las últimas voluntades. El «testamento vital», documento de instrucciones previas o de voluntades anticipadas, fue regulado por Ley en España en 2002 (Ley 41/2002). Sin duda es deseable un documento de estas 13 características, que respete la autonomía moral del paciente y que atienda su deseo de ser tratado de acuerdo con la dignidad que toda persona se merece. Sin embargo, en tal documento deben incluirse sus últimas voluntades en todas las vertientes, sin olvidar la espiritual, cosa que habitualmente no sucede en algunos de los textos propuestos por las asociaciones que defienden el suicidio asistido y la eutanasia y que contradicen las recomendaciones de la Guía de Cuidados Paliativos de la SECPAL. Ha de tenerse especial cuidado en respetar la voluntad del paciente, no solo en lo que a los tratamientos médicos se refiere, sino en lo que demande en relación con su vida espiritual y sus creencias religiosas. La voluntad de un paciente no puede significar en ningún caso una acción que adelante o retrase la muerte de forma artificial, o que fuerce a un médico a obrar en contra de su deontología. Tras contemplar distintos modelos de «testamento vital», creemos que el más respetuoso con la dignidad de la vida humana es el que propuso la Conferencia Episcopal Española en noviembre 2010. Tiene en cuenta todos los aspectos que deben ser contemplados desde la perspectiva de la bioética personalista. Se trata de un documento que dadas las circunstancias de las tendencias legislativas en España, además de ser respetuoso con las creencias espirituales, tiene un carácter preventivo para quien lo firma, en evitación de que alguien decida por uno mismo o se le induzca a firmar un documento alternativo en el que se ignoren todos los aspectos que deben ser contemplados. Por ello, quienes profesen la fe cristiana, en la vertiente social deberían unir sus fuerzas para evitar la implantación de una Ley como la anunciada y en la personal sería recomendable hiciesen suyo el Testamento Vital propuesto por la CEE. Para terminar me gustaría decir que la eutanasia no es un mal sólo por los abusos a que puede dar lugar. La eutanasia, entendida como el acto deliberado de acabar con la vida de otra persona, sea a petición propia o por decisión de un tercero, y el suicidio asistido son ética y moralmente inaceptables. Es por sí misma un abuso que daña moralmente la dignidad de la vida. La dignidad es inherente a toda vida humana, conlleva el derecho irrenunciable de todos a la vida, siendo deber inexcusable del Estado el protegerla y cuidarla, incluso cuando la persona, su titular, parezca no darle valor. No es correcto decir que es ético promover la «buena muerte», o la «muerte digna». Lo ético es defender la vida. Una buena muerte no es sino aquella que pone fin a una vida buena, pero sin olvidar que toda vida, sin restricción alguna, por ser vida personal, es digna. La vida humana no tiene valor porque tiene calidad sino que tiene calidad porque es vida humana. Cfr. XXV Xornadas Abertas de Teoloxía Obispado de la Diócesis de Lugo Lugo - Círculo de las Artes, 17 de febrero de 2010 (20:00 horas) [1]A. Einstein, Mi visión del mundo. Tusquets, Barcelona, 1981, pág. 13. Citado por H. Küng, Opus cit., pág. 854. [2]V. Weisskopf, (1989). The Privilege of Being a Physicist. Essays. W. H. Freeman, New York, [3]C. Rubbia. En Edgarda Ferri, La tentazione di credere. Inchiesta sulla fede. Rizzoli, Milán 1987. [4] Gn 1,28. [5] J.A. Martinez Camino. Biotecnolología y antropología teológica. En Jouve, N, Gerez, G., Y Saz, J. M. (coord.) Genoma Humano y Clonación: perspectivas e interrogantes sobre el hombre. Alcalá de 14 Henares, Aula Abierta, 21, Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares 2003. [6] Boecio. De persona Christi et duabus naturis. C.3. PL64, 1343 [7] R. Lucas, R. Bioética para todos. Trillas, México DF, 2003 [8] T. Engelhart. Los fundamentos de la Bioética. Paidós. Barcelona 1995. [9] M.D. Vila-Coro. En el Prólogo de Jouve, N. Explorando los Genes. Desde el big-bang a la Nueva Biología. Ediciones Encuentro, Madrid 2008 [10] I. Kant, Antropología en sentido pragmático. Alianza. Madrid. 1991. [11]M.D. Vila-Coro. La vida humana en la encrucijada. Pensar la Bioética Ediciones Encuentro, Madrid. 312 págs. (2010) [12] J.L. del Barco. Dignidad Humana, en Diccionario de Bioética (coord.. Carlos Simón Vázquez) Ed. Monte Carmelo, Burgos 2007. [13] R. Andorno. Una aproximación a la Bioética. Responsabilidad profesional de los médicos. Ética, bioética y jurídica. Civil y penal, Oscar Garay (dir.), Editorial La Ley, Buenos Aires, 2002, p. 413- 438. [14] I. Sánchez Cámara. El objetivo de la moral no consiste en promover la «buena muerte», sino en proponer la vida buena. La Gaceta de los Negocios, 18.3.2007. [15] J. M. Pardo Sáenz. El no nacido como paciente. EUNSA, Pamplona, 2011 [16] Esto es un punto esencial del Documento de la Academia Pontificia de la Vida y la Federación Mundial de Asociaciones de Médicos Católicos, que señala: 4) Al paciente en estado vegetativo de ningún modo se le puede considerar un enfermo terminal, dado que su condición puede prolongarse de forma estable incluso durante períodos de tiempo muy largos. [17] I. Sánchez Cámara. El objetivo de la moral no consiste en promover la «buena muerte», sino en proponer la vida buena. La Gaceta de los Negocios, 18.3.2007.

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