domingo, 25 de junio de 2017

En el Año de la Fe. La identidad de Jesucristo: es el siervo que da su vida como rescate por muchos. Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. Su sufrimiento tenía un sentido: no fue un sufrimiento brutal sin saber el por qué y para quién, sino un sufrir fecundo que se transformó en luz, liberación, rescate y salvación. Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina.






1 En el Año de la Fe. La identidad de Jesucristo: es el siervo que da su vida como rescate por muchos. Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. Su sufrimiento tenía un sentido: no fue un sufrimiento brutal sin saber el por qué y para quién, sino un sufrir fecundo que se transformó en luz, liberación, rescate y salvación. Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina. Cfr. Domingo 29 del tiempo ordinario, Año B, 21 de octubre de 2012 Isaías 53, 2.3.10-11; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme 4 edizione settembre 1996, XIX domenica tempo ordinario; Raniero Cantalamessa, La Parola e la Vita anno B, Città Nuova IX edizione giugno 2001 XIX domenica tempo ordinario; San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 7. Isaías 53: 2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada, ni belleza que nos agrade en él. 3 Despreciado y rechazado de los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. 10 Mas dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias. Puesto que dio su vida en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y, por su mano, el designio del Señor prosperará. 11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará de su conocimiento. El justo, mi siervo, justificará a muchos y cargará con sus culpas. Hebreos 4: 14 Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. 15 Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. 16 Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna. Marcos 10: 35 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: « Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos ». 36 El les dijo: « ¿Qué queréis que os conceda? » 37 Ellos le respondieron: « Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. » 38 Jesús les dijo: « No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? » 39 Ellos le dijeron: « Sí, podemos. » Jesús les dijo: « La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado. » 41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. 42 Jesús, llamándoles, les dice: « Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos. 1. La identidad de Jesucristo. o Cristo, probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado, se compadece de nuestras flaquezas y por ello nos acercamos a Él para alcanzar misericordia (2ª Lectura), justificará a muchos y cargará con sus culpas (1ª Lectura). Ha venido para servir y dar su vida como rescate por muchos (Evangelio). La primera Lectura Los cuatro Cantos del Siervo. Son un lugar muy adecuado para conocer los rasgos del Señor. • La liturgia de la Palabra de este domingo nos propone en la primera Lectura algunos versos del 4º Canto del Siervo doliente. Los otros tres Cantos que, como el cuarto, los encontramos en el libro de Isaías, son: Isaias 42, 1-4 (primer Canto); Isaias 49, 1-6 (segundo Canto); Isaia 50, 4-9 (tercer Canto). “Los Evangelios y los hechos de los Apóstoles, sin entrar en la cuestión sobre la personalidad originaria del siervo, ven en cada uno de los cuatro cantos una profecía que anuncia al Mesías y que se cumple en Jesucristo” (Libros proféticos, Eunsa 2002, Isaías 42, 1-9). Algunas notas sobre la vida del Siervo según los versículos que aparecen en el Canto 4º este domingo. • La vida del Siervo es descrita como una existencia privada de importancia, como la de un brote que 2 crece en un terreno árido, y “no hay hermosura que atraiga nuestra mirada” (53,2). A la consideración de su vida como sin relieve se añade el sufrimiento que es consecuencia del desprecio que se le tiene (53,3), porque se le considera culpable y por esto como alguien que ha atraído la maldición de Dios sobre sí. La voz del profeta comenta la experiencia del Siervo y la interpreta como algo que forma parte del designio misterioso de Dios (53, 10: “dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias”). Su muerte como expiación tiene como consecuencia el hecho de que “verá descendencia y alargará sus días” (53, 10). • Acerca del v. 3 (es “varón de dolores y experimentado en el sufrimiento”), alguna traducción dice que es “sabedor de dolores”, lo cual indica que el conocimiento que tenía no era simplemente intelectual sino que coincidía “con la experiencia personal de una realidad propia de la vida humana”, en este caso con el dolor1 . o La segunda Lectura Una síntesis sobre el sacerdocio de Cristo Cristo en su misericordia se compadece de nuestras debilidades. • Si es verdad que Cristo es el grande Sumo Sacerdote que ha penetrado en los cielos, también ha sido “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado”, y, por tanto, debemos acercarnos a Él confiadamente, “a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna”. • Nuevo Testamento, Eunsa 2004, nota a Hebreos 4, 14-16: “El cristiano debe poner su confianza en el nuevo Sumo Sacerdote, Cristo, que penetró en los cielos, y en su misericordia, porque se compadece de nuestras debilidades: «Los que habían creído sufrían por aquel entonces una gran tempestad de tentaciones; por eso el Apóstol los consuela, enseñando que nuestro Sumo Pontífice no sólo conoce en cuanto Dios la debilidad de nuestra naturaleza, sino que también en cuanto hombre experimentó nuestros sufrimientos, aunque estaba exento de pecado. Por conocer bien nuestra debilidad, puede concedernos la ayuda que necesitamos, y al juzgarnos dictará su sentencia teniendo en cuenta esa debilidad» (Teodoreto de Ciro, Interpretatio ad Hebraeos, ad loc). (…). 2. En el Año de la Fe o Benedicto XVI, Carta Apostólica «Porta Fidei», con la que se convoca el Año de la Fe. • a) «Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hebreos 12,2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano». (n. 13). • b) «El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural». (n. 12) o Catecismo de la Iglesia Católica Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los cuatro Cantos del Siervo que encontramos en el libro de Isaías. n. 713 Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo (cf. Isaías 42, 1 - 9; cf. Mateo 12, 18 - 21; Juan 1, 32 - 34; después Isaías 49, 1 - 6; cf. Mateo 3, 17; Lucas 2, 32, y en fin Isaías 50, 4 - 10 y Is 52, 13 – Isaías 53, 12). Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra "condición de esclavos" (Filipenses 2, 7). Tomando sobre sí nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Espíritu de vida. Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (Primera Lectura) n. 601: «Muerto por nuestros pecados según las Escrituras» - Este designio divino de salvación a través de la muerte del «Siervo, el Justo» (Isaías 53, 11) (Cf Hechos 3, 14) había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (Cf Isaías 53, 11-12; Juan 8, 34-36). S. Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber «recibido» (1 Corintios 15, 3) que «Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras» (ibid.) (Cf también Hechos 3, 18; 7, 52; 13, 29; 26, 22-23). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la 1 A. Sacchi, Enseñanza, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ed. Paulinas 1990. Otras traducciones dicen: “sabedor de dolores”. 3 profecía del Siervo doliente (Cf Isaías 53, 7-8 y Hechos 8, 32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (Cf Mateo 20, 28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (Cf Lucas 24, 25-27), luego a los propios apóstoles (Cf Lucas 24, 44-45). Juan Bautista señala a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» n. 608: «El cordero que quita el pecado del mundo» - Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores (Cf Lucas 3, 21; Mt 3, 14-15), vio y señaló a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» (Juan 1, 29) (Cf Juan 1, 36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Isaías 53, 7) (Cf Jeremías 11, 19) y carga con el pecado de las multitudes (Cf Isaías 53, 12), y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Exodo 12, 3-14) (Cf Juan 19, 36; 1 Co 5, 7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: «Servir y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10, 45). Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que «se dio a sí mismo en expiación», «cuando llevó el pecado de muchos» a quienes «justificará y cuyas culpas soportará» (Cf Isaías 53, 10-12, primeraLectura)). n. 615: Jesús reemplaza nuestra desobediencia por su obediencia - «Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos» (Romanos 5, 19). ö Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que «se dio a sí mismo en expiación», «cuando llevó el pecado de muchos», a quienes «justificará y cuyas culpas soportará» (Cf Isaías 53, 10-12). ö Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados (Cf Cc. de Trento: DS 1529). n. 623: Por su obediencia amorosa a su Padre, «hasta la muerte de cruz» (Filipenses 2, 8), Jesús cumplió la misión expiatoria (Cf Isaías 53, 10) del Siervo doliente que «justifica a muchos cargando con las culpas de ellos» (Isaías 53, 11). (Cf Romanos 5, 19) Jesús reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en su misión redentora como Siervo sufriente: "el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28; cf. Is 53, 10-12). n. 440 Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre (cf. Mateo 16, 23). Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad transcendente del Hijo del Hombre "que ha bajado del cielo" (Juan 3, 13; cf. Juan 6, 62; Daniel 7, 13) a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: "el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28; cf. Isaías 53, 10 - 12). Por esta razón el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz (cf. Juan 19, 19 - 22; Lucas 23, 39 - 43). Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hechos 2, 36) 3. Algunos comentarios. o Este domingo la palabra de Dios está orientada exclusivamente a hacernos crecer en la fe y en el conocimiento de Cristo. Raniero Cantalamessa, o.c. pp. 323-324 • A veces buscamos en la palabra de Dios la verdad sobre el hombre, es decir, qué nos dice sobre nuestra vida cotidiana y sus problemas, o como comportarnos en esta u otra circunstancia de nuestra vida. • Otras veces buscamos en la palabra de Dios algo que es más importante: la verdad sobre Dios y sobre Jesucristo que nos quiere transmitir. Esto sucede particularmente en los domingos en los que toda la palabra de Dios se orienta a este fin que, - como dice san Pablo – es el de crecer en el conocimiento de Cristo 2 , lo cual era la grande pasión del Apóstol. El resto, saber lo que hay que hacer en concreto, vendría después espontáneamente porque para quien conoce a Cristo es fácil «tener los mismos sentimientos que Cristo» (Fil 2 Fil 2, 8 ss: Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo... 4 2,5) La fuerza del cristianismo está precisamente en esto: «no es un una doctrina moral o una ideología, que se limita a decir lo que debo hacer o pensar, dejándolo solo con las propias fuerzas e impotente para realizarlo; es una persona - Jesucristo – que actúa para nosotros y con nosotros». • Este domingo es uno de éstos en los que la palabra de Dios está orientada exclusivamente a hacernos crecer en la fe y en conocimiento de Cristo. o El mismo Jesús presenta el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. R. Cantalamessa o.c. p. 324 • En el Evangelio el mismo Jesús nos dice de sí mismo: «el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos» (v. 45). “Es una de las frases más importantes del Evangelio; la que mejor revela lo que pensaba Jesús de sí mismo o, como se dice hoy, la autoconciencia de Cristo. Para entenderlo debemos partir del pasaje de los llamados Cantos del Siervo del Señor, en los que emerge “el perfil misterioso de un hombre - siervo – que ha acogido una llamada particular de Dios y se ha dedicado alma y cuerpo a su servicio como testigo de la verdad divina, soportando muchos sufrimientos y sacrificando su vida por los demás”. El Catecismo recoge la enseñanza de que fue el mismo Jesús quien presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. Raniero Cantalamessa o.c. pp. 324-325 • En el libro de Isaías “había quedado al mismo tiempo como un misterio y una promesa quién era ese siervo. Pero dos cosas eran claras: en primer lugar que ese hombre habría saboreado hasta el fondo el sufrimiento (varón de dolores y experimentado en el sufrimiento, 53,3); en segundo lugar, el sufrimiento tenía un sentido. No habría sido un sufrimiento brutal sin saber el por qué y para quién, como en el caso de Job que le había llevado al borde de la desesperación, sino un sufrir fecundo que se habría transformado en luz, liberación, rescate y salvación “para muchos”. • “Se entendía que bajo aquellas palabras había una promesa: Israel - ¡es más, la humanidad entera! – sufre y es como aplastado, pero llegará un día en el que sucederá algo (¡y vendrá alguno!) que dará un significado a ese sufrimiento. Sin embargo, los israelitas nunca habían pensado que ese “alguno” fuese precisamente el Mesías; el Mesías debía ser “bello” no “privado de belleza”; glorioso, no “despreciado”; victorioso no un vencido; debería ser el famoso “Hijo del hombre” que presenta para recibir el Reino (cf. Dan. 7,13)”. • Así pensaban los que estaban cerca de Jesús; así pensaba también Pedro: «De ningún modo te ocurrirá eso (el sufrir) » (Mt 16,22). Este fue el motivo por el que Jesús, durante su vida, debió evitar el llamarse y presentarse como Cristo, es decir, como Mesías; enseguida habrían exigido de Él la contraseña del otro mesías que él no quería ser: ¡si eres el Cristo, di esto; si eres el Cristo haz esto o lo otro! o La fuerza y sabiduría de Dios, escándalo para los judíos Raniero Cantalamessa o.c. pp. 326-327 “El creyente sabe - no sólo porque lo dice san Pablo, sino por experiencia – que lo que fue escándalo para los judíos y que ha impulsado a algunos contemporáneos nuestros a la rebelión - el Cristo sufriente – es en realidad fuerza y sabiduría de Dios (1 Co 1, 23 ss). Un día, cuando llegará el fin, entenderemos que no había medio más potente y más sabio que éste para vencer el mal del mundo: es decir, que Dios lo tomase sobre sí. Mientras tanto hay una garantía: ¡aquel siervo de Dios doliente ha resucitado! Por esto la liturgia nos ha exhortado con estas palabras: Hermanos, tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. Él sabe compadecerse de nuestras flaquezas, porque ha sido probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado (2ª Lectura). o La paradoja de la cruz Beato Juan Pablo II Aparece en contraste con las expectativas de un mesianismo triunfalista, así como con las pretensiones de una inteligencia ávida de demostraciones racionales. San Pablo define esta paradoja como "escándalo para los judíos, necedad para los paganos". • Catequesis 21-3-1990. “De todo el cuarto canto vemos emerger la figura de un Siervo que es "varón de dolores" (Is 53,3), inmerso en un mar de sufrimiento físico y moral, por causa de un misterioso plan de Dios, que tiende a la glorificación del mismo Siervo (52, 13). El Siervo del Señor "ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos 5 sido curados" (53, 5). Este es el camino que había sido llamado a recorrer el elegido, sobre el que se había posado el Espíritu del Señor (42, 1). Estamos en la paradoja de la cruz, que aparece así en contraste con las expectativas de un mesianismo triunfalista, así como con las pretensiones de una inteligencia ávida de demostraciones racionales. San Pablo no duda en definirla: "escándalo para los judíos, necedad para los paganos". Pero, por ser obra de Dios, es necesario el Espíritu de Dios para captar su valor. Por eso el Apóstol proclama: "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado" (1Co 2,11-12). o El siervo en la Carta a los Hebreos y en el Evangelio Gianfranco Ravasi o.c. p. 308 Jesucristo es presentado como «un sumo sacerdote perfecto» que lleva los estigmas de la cruz y del sufrimiento, que redime con su misma sangre. • En la segunda Lectura de la Carta a los Hebreos, “Jesucristo es presentado solemnemente como «sumo sacerdote perfecto». Y, sin embargo, bajo el manto de oro de su gloria pascual, él lleva los estigmas de la cruz y del sufrimiento. Es hermano de la humanidad enferma y dolorosa porque «él mismo ha sido probado en todo». No es un sacerdote rey, impasible, con la aureola de su alejamiento sagrado: en efecto, redime con su misma sangre, acercándose al hombre, es más, entrando en el desierto del mal y del dolor que es la historia humana. Precisamente conocemos de sus labios esa elección. El pasaje de Marcos que hoy leemos contiene, en efecto, el tercero y último de los anuncios de su pasión y muerte que han acompañado el viaje de Jesús hacia la ciudad de su martirio. Seguir a Jesús es realizar un viaje hasta la donación total, es el «via crucis» en el sentido pleno de la expresión. Ante este mesianismo de donación y no de poder, ante este camino del «servir» y no del «ser servido», surge la reacción de Santiago y de Juan, discípulos que están todavía envueltos por el humo de las ilusiones políticas y de la religiosidad triunfalista. A su concepción basada en un mesianismo del poder, Jesús opone su mesianismo de la inmolación y de la donación” . o Un diálogo entre el Apóstol Felipe y un ministro de la reina Candace de Etiopía. La Iglesia, después de la Pascua, no tiene dudas sobre todo esto. A la pregunta del ministro de la reina Candace de Etiopía: ¿de quién dice esto el profeta? (Hechos 8, 34), el Apóstol Felipe responde: ¡De Jesús! Y partiendo de aquel pasaje de la Escritura le anunció el Evangelio de Jesús (Hechos 8, 35) 3 . La historia de la misericordia divina se resume y se compendia en Jesucristo o El autor de la Carta a los Hebreos nos dice que debemos acercarnos a Cristo para que alcancemos misericordia. La misericordia es el atributo de Dios por el que el hombre se encuentra con el Dios vivo. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia. • Es oportuno que, dentro del perfil de Jesucristo que hace la liturgia de este domingo, sean resaltadas también dos afirmaciones del texto de la Carta a los Hebreos: la primera es que Cristo se compadece de nuestras flaquezas, y la segunda que debemos acercarnos a Él para alcanzar misericordia. Sobre la misericordia nos habla - abundantemente - también el salmo 33/32, que hoy es el salmo responsorial: “La tierra está llena de su misericordia” (v. 5); “Los ojos del Señor velan por los que esperan en su misericordia” (v. 18); “Que tu misericordia, Señor, esté sobre nosotros, que hemos puesto en Ti nuestra esperanza” (v. 22). • La misericordia de Dios - afirma Juan Pablo II – es la perfección y el atributo de Dios “por el que el hombre, en la verdad íntima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo”4 . Y también afirmará, en el mismo documento (n.13), que “la conversión a Dios consiste siempre en 3 Hechos 8, 32-33: “El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: « Fue llevado como una oveja al matadero; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila, así él no abre la boca. En su humillación le fue negada la justicia; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.»” 4 Enc. Dives in misericordia, n. 13. 6 descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno 5 a medida del Creador y Padre: el amor, al que «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» 6 es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del reencuentro de este Padre, rico en misericordia”. • CCE n. 1846: “El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (Cf Lc 15)”. o En los salmos y en muchas escenas del Evangelio se puede descubrir constantemente la misericordia de Dios. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Homilía «La vocación cristiana», n. 7. Como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el juez misericordioso no niega la esperanza del perdón. (…) Ahora, que se acerca el tiempo de la salvación, consuela escuchar de los labios de San Pablo que después que Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres, nos ha liberado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia (Tito 3,5). Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la presencia de la misericordia de Dios: llena la tierra (Salmo 32, 5), se extiende a todos sus hijos, super omnem carnem (Ecclesiástico 18,12); nos rodea (Salmo 21, 10), nos antecede (Salmo 58,11), se multiplica para ayudarnos (Salmo 33,8), y continuamente ha sido confirmada (Salmo 116, 2). Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera en su misericordia (Salmo 24, 7): una misericordia suave (Salmo 108, 21), hermosa como nube de lluvia (Ecclo XXV, 26). Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mateo V,7). Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso (Lucas 6, 36). Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím (Lucas 7, 1-17). ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano. ¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso (Éxodo 32, 27). Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno (Hebreos 4, 16). Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si —por nuestra culpa y nuestra debilidad— caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 7). o El descubrimiento de la misericordia de Dios es la diferencia entre el arrepentimiento de Pedro y el de Judas • Benedicto XVI, Audiencia del miércoles 18 de octubre de 2006: “Tras su caída, Pedro se arrepintió y encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y de este modo se convirtió en autodestrucción. Es para nosotros una invitación a recordar siempre lo que dice san Benito al final del capítulo V, fundamental, de su «Regla»: «no desesperar nunca de la misericordia de Dios». En realidad, «Dios es mayor que nuestra conciencia», como dice san Juan (1 Juan 3, 20)”. www.parroquiasantamonioca.com Vida Cristiana 5 Cf. 1 Co 13,4 6 2 Co 1,3 

Domingo 33 del tiempo ordinario, ciclo B. (2012). Las imágenes simbólicas sobre el ingreso de Dios como juez en la historia. El fiel cristiano debe vigilar y trabajar en la espera de la venida del Señor, santificando el tiempo presente. Con los ojos abiertos, como el centinela que escruta los signos del acercarse de Dios. Como la fecha de la llegada y la plenitud del Reino está escrita sólo en la mente de Dios y en su proyecto de salvación, es inútil proponer los horóscopos o hipótesis de ciencia ficción o de teología ficción.






1 Domingo 33 del tiempo ordinario, ciclo B. (2012). Las imágenes simbólicas sobre el ingreso de Dios como juez en la historia. El fiel cristiano debe vigilar y trabajar en la espera de la venida del Señor, santificando el tiempo presente. Con los ojos abiertos, como el centinela que escruta los signos del acercarse de Dios. Como la fecha de la llegada y la plenitud del Reino está escrita sólo en la mente de Dios y en su proyecto de salvación, es inútil proponer los horóscopos o hipótesis de ciencia ficción o de teología ficción. Cfr. 33 semana del tiempo ordinario Año B 18 noviembre 2012 Daniel 12, 1-3; Hebreos 10,11-14.18; Marcos 13, 24-32 cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno B Piemme 1996, pp. 330-335; Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Marcos 13, 24-27; 28-37. Daniel 12, 1-3: 1 "En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro. 2 Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno. 3 Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. Marcos 13, 24-32: 24 « Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 « De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 . Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. [Versículos que siguen al texto de Marcos leído hoy, vv. 33-37: 33 « Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. 34 Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; 35 velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»] 1. Evangelio: las imágenes simbólicas sobre el ingreso de Dios como juez en la historia. • vv. 24-25: «24 el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas» ....... • Son imágenes que se han de interpretar no literalmente, sino simbólicamente. • Ya en el Antiguo Testamento el ingreso de Dios como juez de la historia y del mundo era descrito de ese modo, por ejemplo: Isaías 13, 9-11: «9 He aquí que el Día de Yahveh viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores. 10 Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna, 11 pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré»; Isaías 34,4: «se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera». o Juan Pablo II, Homilía, 19 de noviembre del 2000 El simbolismo de los fenómenos cósmicos "Entonces verán al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad" (Mc 13,26). En este penúltimo domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos habla de la segunda venida de Cristo. El Señor vendrá sobre las nubes revestido de majestad y poder. Es el mismo Hijo del hombre, misericordioso y compasivo, que los discípulos conocieron durante su itinerario terreno. Cuando llegue el momento de su manifestación gloriosa, vendrá a consumar definitivamente la historia humana. A través del simbolismo de fenómenos cósmicos, el evangelista san Marcos recuerda que Dios pronunciará, en el Hijo, su juicio sobre la historia de los hombres, poniendo fin a un universo corrompido por la mentira y desgarrado por la violencia y la injusticia. 2 o Juan Pablo II, Catequesis, 22 de abril de 1998. El simbolismo de las nubes Cristo, en sus palabras, pone claramente de manifiesto esta doble dimensión, presente y a la vez futura, de su venida. En el discurso escatológico, que pronuncia poco antes del drama pascual, Jesús predice: «Verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo» (Mc 13,26-27). En el lenguaje apocalíptico, las nubes son un signo teofánico: indican que la segunda venida del Hijo del hombre no se llevará a cabo en la debilidad de la carne, sino en el poder divino. Estas palabras del discurso hacen pensar en el futuro último, que concluirá la historia. Con todo, Jesús, en la respuesta que da al sumo sacerdote durante el proceso, repite la profecía escatológica, enunciándola con palabras que aluden a un acontecimiento inminente: «Yo os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de Dios y venir sobre las nubes del cielo» (Mt 26,64). o Catecismo de la Iglesia Católica v. 32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. • n. 474 Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar (cf. Mc 8,31 Mc 9,31 Mc 10,33-34 Mc 14,18-20 Mc 14,26-30). Lo que reconoce ignorar en este campo (cf. Mc 13,32), declara en otro lugar no tener misión de revelarlo (cf. Ac 1,7). • n. 673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf Ap 22,20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Ac 1,7 cf. Mc Mc 13,32). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt Mt 24,44 Ts 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2Th 2,3-12). 2. El centro de la descripción de Jesús no está en una catástrofe cósmica, no está en el fin del mundo, sino más bien en la «venida del Hijo del hombre» que es la finalidad del mundo es decir, la meta hacia la cual se dirige la historia para llegar a su plenitud El fin (destrucción, desaparición del mundo), y la finalidad del mundo en cuanto meta hacia la que se dirige: Cristo y su ingreso en la historia • Gianfranco Ravasi o.c. , p. 333: “Sin embargo, el centro de la descripción de Jesús no está en una catástrofe cósmica, no está en el fin [ la desaparición] del mundo, sino más bien en la «venida del Hijo del hombre» que es la finalidad del mundo, es decir, la meta hacia la cual se dirige la historia para llegar a su plenitud” (Ravasi o.c. p. 330). • G. Ravasi o.c., p. 333 “Hay un doble modo de considerar el adjetivo «último»: se puede entender como la meta de un itinerario o de una espera, o bien el fin de una cosa, es decir, el último instante de vida. Se trata de la diferencia que hay en italiano entre el fin di una realidad [su finalidad] y su su fin [su desaparición]. El énfasis de de las palabras de Jesús recae sobre el fin [finalidad] de la historia, aunque en el lenguaje usado tal vez parece orientarse sobre el fin [desaparición]del mundo” (). • Gianfranco Ravasi p. 330-331: “Jesús remite a un famoso libro apocalíptico del Antiguo Testamento, el libro de Daniel (7, 13-14), en el que se introducía la aparición gloriosa del «Hijo del hombre que venía en las nubes del cielo para recibir el poder, honor y reino, y para ser servido por todos los pueblos, naciones y lenguas». Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás. La tradición judía y cristiana ha visto en esta página el ingreso del Mesías en la historia. Y es bajo esta luz que ahora debemos leer el anuncio de Jesús. Cristo ha venido ya al mundo para imprimir un cambio radical en la historia humana. Ya se ha dado la inauguración del Reino de Dios, cuya realización es, sin embargo, lenta, aunque hay un crecimiento progresivo. Cuando se llegará a la plenitud, entonces Cristo «entregará a Dios Padre el Reino para que Dios sea todo en todos» (1 Corintios 15, 24.28)”. • Nuevo Testamento, Eunsa, Marcos 13, 24-27: “Tras el tiempo de la Iglesia militante, viene el tiempo del Hijo del Hombre triunfante. El destino del mundo se resume en el momento glorioso en el que Jesús viene a juzgar al mundo y salvar a sus elegidos (vv. 26-27). Los sufrimientos de los cristianos son el camino que conduce a la venida gloriosa del Hijo del Hombre. 3 3. En la espera, el cristiano debe vigilar y trabajar o Vigilancia • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2612: En Jesús "el Reino de Dios está próximo", llama a la conversión y a la fe pero también a la vigilancia. En la oración, el discípulo espera atento a aquél que "es y que viene", en el recuerdo de su primera venida en la humildad de la carne, y en la esperanza de su segundo advenimiento en la gloria (cf Marcos 13, Lucas 21,34-36). (…) La imagen de la higuera: el cristiano debe vivir con los ojos abiertos, como el centinela que escruta los signos del acercarse de Dios. • Gianfranco Ravasi p. 331: “Esta actitud está descrita por Jesús por medio de la parábola de la higuera, una imagen popular para indicar los cambios de las estaciones: al contrario de la casi totalidad de las otra plantas de Palestina, la higuera pierde las hojas en invierno, en primavera produce los brotes que, al crecer, nos señalan la inminencia del verano y de los frutos. El cristiano debe vivir con los ojos abiertos, no siendo de carácter blando por las distracciones o por el goce ciego, no sentado en los márgenes del río de la vida sino como el centinela que escruta los signos del acercarse de Dios, de su venida hasta «las puertas» de nuestras ciudades y de nuestras casas. Esta irrupción está siempre «cercana» a cada generación, ya sea a la contemporánea de Jesús que a la del lector de todos los tiempos, porque cada uno tiene a disposición solamente este espacio limitado de tiempo para esperar su venida. Para entender con finura la imagen de la higuera, es necesario conocer el sistema climático de Palestina • Gianfranco Ravasi p. 334: “Para entender con finura la imagen de la higuera, es necesario conocer el sistema climático de Palestina: la vegetación es siempre verde, con la excepción de la higuera que pierde las hojas en invierno. Prácticamente existen sólo dos estaciones, y la primavera es un período muy breve entre el invierno y el verano. Por tanto, la higuera es el único árbol que señala de modo visual el verano con el brote de sus yemas y, enseguida, el calor hace que explote el follaje y estamos en pleno verano. Hay, por tanto, un breve arco de tiempo para observar la primavera y los signos son mínimos, ligados a los tiernos brotes. Dios se presenta así, como una aparición veloz y secreta; hay que tener ojos vigilantes, mente aguda y corazón preparado para acogerlo”. Como la fecha de la llegada y la plenitud del Reino está escrita sólo en la mente de Dios y en su proyecto de salvación, es inútil proponer los horóscopos o hipótesis de ciencia ficción o de teología ficción. • Gianfranco Ravasi o.c., p. 331: Pero la fecha de la llegada y la plenitud del Reino está escrita sólo en la mente de Dios y en su proyecto de salvación. Es inútil proponer los horóscopos y agitarse frenéticamente con hipótesis de ciencia ficción o de ficción teológica, como suelen hacer también hoy día ciertas sectas apocalípticas. El creyente, que vive atento a los signos de los tiempos, vive con intensidad y serenidad su presente, «su generación», guiado por la Palabra de Cristo que no pasa, en espera de aquella palabra decisiva y definitiva que será pronunciada por Dios en el momento oportuno y solamente conocido por El”. . La imagen de “estar en la puerta” • Gianfranco Ravasi o.c., p. 334: “Es sugestiva la expresión usada por Jesús: Dios está siempre «cerca, está en la puerta». Se trata de una imagen que volverá a ser presentada en el Nuevo Testamento para exhortar a la acogida del Señor que pasa. «mirad que el Juez está ya a las puertas» (Santiago 5,9). Y así la estupenda mini-parábola del Apocalipsis (3,20): «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo». La lección de Jesús es doble: la atención al presente y la mirada fija en la meta futura, en la plena y perfecta redención que es el fin y la finalidad del tiempo. • Gianfranco Ravasi o.c. pp. 334-335: “La lección fundamental que debemos recoger de este texto que lleva del fin [como final de la vida] a la finalidad, es doble. En primer lugar es necesario estar atentos, no distraerse en las cosas, inmersos en la banalidad. Las señales que Dios disemina en la historia son minúsculas pero incisivas. (...) La lección se alarga hacia un horizonte todavía más lejano. El cristiano debe, ciertamente, estar siempre atento al presente, al silencioso paso de Dios por nuestros caminos, pero debe tener también la mirada fija en la meta futura, en la plena y perfecta redención que es el fin y la finalidad del tiempo. (...) No es fácil estar en esta cima. Muchos son tentados de cerrarse en el presente, convencidos de que es imposible ir más allá, ascender, perforar la capa opaca de nuestros días frecuentemente absurdos. Otros, por otra parte, se lanzan sólo hacia el futuro, soñando, ignorando los compromisos cotidianos, tendiendo más allá de la cima hasta caer en el engaño, en la fantasía y en la alienación fanática. El verdadero cristiano obra ahora y aquí, en la espera de que su vida florecerá en el después y en el más allá.” 4 o La vigilancia que pide el Señor es fuente de la verdadera vida interior. Es la prueba de la madurez de la conciencia. Es la manifestación de la responsabilidad para consigo y para con los otros. A través de este modo de pensar y de actuar, cada uno de nosotros participa en la misión de la Iglesia como cristiano.. Cfr. Juan Pablo II, Homilía en la Parroquia de San Juan Evangelista, Spinaceto, Roma, (18- XI-1979) – Domingo 33 del tiempo ordinario Ciclo B Ese “velad” de Cristo, que resuena en la liturgia de hoy en este denso contenido, se dirige a cada uno de nosotros, a cada hombre. Cada uno de nosotros tiene su propia parte en la historia del mundo y en la historia de la salvación, mediante la participación en la vida de la propia sociedad, de la nación, del ambiente de la familia. Piense cada uno de nosotros en su vida personal. Piense en su vida conyugal y familiar. El marido piense en su comportamiento con la mujer; la mujer en su comportamiento con el marido; los padres para con los hijos, y los hijos para con los padres. Los jóvenes piensen en sus relaciones con los adultos y con toda la sociedad, que tiene derecho de ver en ellos su propio futuro mejor. Los sanos piensen en los enfermos y en los que sufren; los ricos en los necesitados. Los Pastores de almas en estos hermanos y hermanas, que constituyen el “redil del Buen Pastor”, etc. Este modo de pensar, que nace del contenido profundo y universal del “velad” de Cristo, es fuente de la verdadera vida interior. Es la prueba de la madurez de la conciencia. Es la manifestación de la responsabilidad para consigo y para con los otros. A través de este modo de pensar y de actuar, cada uno de nosotros como cristiano participa en la misión de la Iglesia. 4. El fiel no espera el fin del mundo, sino la venida del Señor. Sabe que no termina en el abismo de la nada, sino que florecerá en la plenitud. En este domingo nos interrogamos sobre algunas cuestiones fundamentales. • Gianfranco Ravasi o.c. p. 332: “El fiel, por tanto, no espera el fin del mundo sino la venida del Señor. No espera una catástrofe cósmica sino una recreación de todo el ser en una armonía suprema, no teme el abismo de la nada sino el florecer de la plenitud y de lo eterno. En efecto, hoy en la primera Lectura, del libro de Daniel, hay un horizonte de luz que espera a los justos: «brillarán como el fulgor del firmamento, como las estrellas, por toda la eternidad» (12, 3). (...) Hoy somos invitados a interrogarnos sobre algunas cuestiones fundamentales: ¿quién somos, de donde venimos y hacia donde vamos, qué sentido tiene la vida y la muerte? Y somos empujados a encontrar respuestas no en los magos ni en los «astrólogos», o en los fanáticos religiosos, sino en el Evangelio, que nos presenta una meta con luz, conquistada, sin embargo, a través de la paciencia cotidiana, a través de la esperanza, de estar atentos, a través del amor. En aquel día, Dios «hará nuevas todas las cosas y al que tenga sed le dará gratis del manantial del agua de la vida» (Apocalipsis 21, 5-6)”. 5. Sobre la eternidad. • San Josemaría, Hoja Informativa n. 1, Madrid, Mayo 1976: “Este mundo, mis hijos, se nos va de las manos. No podemos perder el tiempo, que es corto: es preciso que nos empeñemos de veras en esa tarea de nuestra santificación personal y de nuestro trabajo apostólico, que nos ha encomendado el Señor: hay que gastarlo fielmente, lealmente, administrar bien – con sentido de responsabilidad – los talentos que hemos recibido”. “Entiendo muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a los de Corinto: tempus breve est!, ¡qué breve es la duración de nuestro paso por la tierra! Estas palabras, para un cristiano coherente, suenan en lo más íntimo de su corazón como un reproche ante la falta de generosidad, y como una invitación constante para ser leal. Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar.” 6. Catecismo de la Iglesia Católica: sobre los horóscopos, etc. • n. 2116: Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone «desvelan» el porvenir (Cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a «mediums» encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios. • n. 2138: La superstición es una desviación del culto que debemos al verdadero Dios, la cual conduce a la idolatría y a 5 distintas formas de adivinación y de magia. 7. Juan Pablo II: la importancia del tiempo en la vida cristiana, el deber de santificarlo. Tertio millenio adveniente, n. 10. 10. En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvación, que tiene su culmen en la « plenitud de los tiempos » de la Encarnación y su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos. En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno. Con la venida de Cristo se inician los « últimos tiempos » (cf. Hb 1, 2), la « última hora » (cf. 1 Jn 2, 18), se inicia el tiempo de la Iglesia que durará hasta la Parusía. De esta relación de Dios con el tiempo nace el deber de santificarlo. (...) En la liturgia de la Vigilia pascual el celebrante, mientras bendice el cirio que simboliza a Cristo resucitado, proclama: « Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A El la gloria y el poder por los siglos de los siglos ». Pronuncia estas palabras grabando sobre el cirio la cifra del año en que se celebra la Pascua. El significado del rito es claro: evidencia que Cristo es el Señor del tiempo, su principio y su cumplimiento; cada año, cada día y cada momento son abarcados por su Encarnación y Resurrección, para de este modo encontrarse de nuevo en la « plenitud de los tiempos ». o Mensaje de Juan Pablo II al XCIV Congreso de los Católicos Alemanes. 23 de mayo de 2000 El mensaje del reloj de arena: el paso de la arena se puede asemejar al paso del tiempo. Pasa, tiene fin. Transcurre y termina. Es una cantidad limitada de años que se nos concede. 2. «Suyo es el tiempo». Me alegra que queráis tener como marco el lema que he indicado para el Año jubilar: «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). También el logotipo elegido es muy adecuado: habéis escogido el símbolo del reloj de arena para dar al tema del Katholikentag un significado muy preciso. Nuestros antepasados medían el tiempo con el reloj de arena. Hoy se usan relojes digitales y de cuarzo. Vuestra ventaja consiste en que podéis medir el tiempo con extrema precisión. Sin embargo, los relojes modernos no logran transmitir un mensaje que el reloj de arena, en cambio, lograba comunicar de una manera muy acertada: la arena pasa de la ampolla superior a la inferior. El paso de la arena se puede asemejar al destino del tiempo. El tiempo pasa, tiene fin. Transcurre y termina. Es una cantidad limitada de años que se nos concede. El tiempo de que disponemos es un don que Dios nos ofrece para utilizarlo, para darlo a los demás, que es dar la vida. 3. Hace algunas semanas celebré mi 80° cumpleaños. Deseo aprovechar esta ocasión para agradecer las palabras de felicitación, los gestos de aliento y las muestras de estima que los católicos, los cristianos y los hombres de buena voluntad me han enviado desde Alemania. Los días de fiesta que organizaron en mi honor fueron, sobre todo, una ocasión para dar gracias a Dios, el Creador, porque me dio la vida. A la vez, habéis fortalecido mi convicción de que Dios da con generosidad: al dar la vida, da también el tiempo. El tiempo de que disponemos es un don que Dios nos ofrece. De nosotros depende qué hacemos con este don. El hombre puede desperdiciar o perder el tiempo; puede malgastar o matar el tiempo. Sin embargo, también existen otras posibilidades. El tiempo se nos da para utilizarlo y colmarlo. El tiempo bien empleado es tan valioso que nosotros, a nuestra vez, podemos darlo, haciendo un gran regalo. Al dicho que reza: «El tiempo es oro», Cristo replica: «El tiempo no se puede comprar con dinero. El tiempo vale más que el oro». Queridas hermanas y queridos hermanos, os exhorto a dar con acierto vuestro tiempo. Daos recíprocamente el tiempo: los pastores a sus parroquias y las parroquias a sus pastores, los esposos a sus esposas y viceversa, los hijos a sus padres, los jóvenes a los ancianos, los sanos a los enfermos, los unos a los otros. Quien da al otro el propio tiempo, le da la vida. Tiempo y fe: Dios se ha reservado tiempo para nosotros: han entrado en nuestro tiempo mediante la encarnación de su Hijo 4. El devenir del tiempo está muy relacionado con la fe. Dios tiene tiempo. Se ha reservado tiempo para nosotros, los hombres. Al entrar en el tiempo mediante la encarnación de su Hijo, ha llegado a ser un contemporáneo nuestro. En Jesucristo el tiempo se ha cumplido, ha encontrado su centro. En el curso del «kronos» llega la hora del gran «kairós»: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 4-5). Dos mil años después de ese acontecimiento, tenemos motivo para regocijarnos. En este Año santo se impone la convicción de 6 que «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). «En efecto, la Iglesia respeta las medidas del tiempo: horas, días, años, siglos, (...) haciendo que todos comprendan cómo cada una de estas medidas está impregnada de la presencia de Dios y de su acción salvífica» (Tertio millennio adveniente, 16). Suyo es también el tiempo que le permitimos colmar. (...) En el reloj de arena ésta no cae en el vacío sino en la parte inferior de la ampolla. Esta parte inferior nos recuerda las manos de Dios: recogen nuestro tiempo, el tiempo está en las manos de Dios. 6. Queridas hermanas y queridos hermanos, de buen grado quiero volver a referirme al reloj de arena, que encierra otro valioso mensaje. La arena, que pasa de la ampolla superior a la inferior, no sólo indica el paso del tiempo; es también mensajera de la esperanza cristiana. En efecto, no cae en el vacío, sino que se acumula en la ampolla inferior. Las ampollas del reloj de arena me recuerdan las manos que Dios nos tiende. Podemos abandonarnos en ellas; recogen nuestro tiempo. El tiempo está en las manos de Dios. Todas las noches decimos en las Completas: «A tus manos Señor, encomiendo mi espíritu». Esta oración no se refiere sólo a algunas personas. Es una oración de la noche que puede reunir a todos los que, al final de la jornada, encomiendan los frutos de su actividad y de sus esfuerzos diarios a Dios, el Señor del tiempo. «A tus manos Señor, encomiendo mi espíritu». Dios bendice el tiempo de quien ora de este modo. (...) www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana  

Solemnidad de Cristo Rey (2012). El Reino de Cristo. No es un proyecto político tutelado por el aparato militar; es un reino de amor y de paz. Eternidad y trascendencia del reino. Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo nos domine el pecado. El reinado de Cristo sobre el mundo interior del hombre. Los cristianos vencemos el reino del pecado con una vida santa. Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo nos domine el pecado. El reinado sobre los propios afectos, sentimientos y tendencias: ser dueños de la actividad del pensamiento, de la fantasía y del instinto. Con el pecado el hombre pierde el dominio interior; con la Redención recupera la imagen perdida. Realeza y espíritu de servicio. La dignidad de la realeza se expresa en la disponibilidad para servir; a la vez el «servir» exige tal madurez espiritual que es necesario definirlo como el «reinar». Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, también los cristianos seremos servidores de todos los hombres. El reinado de Cristo en «Jesús de Nazaret I».






1 Solemnidad de Cristo Rey (2012). El Reino de Cristo. No es un proyecto político tutelado por el aparato militar; es un reino de amor y de paz. Eternidad y trascendencia del reino. Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo nos domine el pecado. El reinado de Cristo sobre el mundo interior del hombre. Los cristianos vencemos el reino del pecado con una vida santa. Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo nos domine el pecado. El reinado sobre los propios afectos, sentimientos y tendencias: ser dueños de la actividad del pensamiento, de la fantasía y del instinto. Con el pecado el hombre pierde el dominio interior; con la Redención recupera la imagen perdida. Realeza y espíritu de servicio. La dignidad de la realeza se expresa en la disponibilidad para servir; a la vez el «servir» exige tal madurez espiritual que es necesario definirlo como el «reinar». Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, también los cristianos seremos servidores de todos los hombres. El reinado de Cristo en «Jesús de Nazaret I». Cfr. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo – ciclo B - 25 noviembre 2012 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno B, Piemme 1996 //Vincenzo Raffa, Liturgia Festiva, Tipografía Poliglota Vaticana , 1983 //Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, Facultad de Teología, Universidad de Navarra, 1999// Es Cristo que pasa, Homilía «Cristo Rey»// Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, 2007. Juan 18, 33-37: 33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» 34 Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?» 35 Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» 36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.» 37 Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» Daniel 7, 13-14: 13 Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. 14 A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás. Apocalipsis 1: 5 y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados 6 . y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 7 . Mirad, viene acompañado de nubes: todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén. 8 . Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, « Aquel que es, que era y que va a venir », el Todopoderoso. CRISTO REINA = JESÚS ES EL SEÑOR = EL SEÑORÍO DE CRISTO EN NUESTRAS VIDAS La institución de la solemnidad de Cristo Rey es bastante reciente. Fue establecida por el Papa Pío XI en 1925 para hacer frente al ateísmo y totalitarismos que se estaban extendiendo en la época. Pero aunque la institución de la fiesta sea reciente, no lo es su contenido ni su idea central, que es antiquísima y nace, se puede decir, con el cristianismo. La frase: «Cristo reina» tiene su equivalente en la profesión de fe: «Jesús es el Señor», que ocupa un lugar central en la predicación de los apóstoles. Además, el reinado de Cristo no se entiende en sentido político, sino que se trata del señorío del Señor en nuestras en nuestras vidas. Así en la oración colecta del ciclo A, se pide que “toda criatura, liberada de la esclavitud del pecado, le sirva y alabe sin fin”. 1. El entendimiento de la verdadera naturaleza del Reino de Cristo. A) Una acusación a Jesús de carácter político (Evangelio de hoy). • Nuevo Testamento, Eunsa Juan 18,28-40: “Ante el sumo pontífice la acusación era religiosa (ser Hijo de Dios, cfr. Mt 26,57-68). Ahora ante Pilato es de carácter político. Con ella quieren comprometer la autoridad del Imperio romano: Jesús, al declararse Mesías y Rey de los judíos, aparecía un revolucionario que conspiraba contra el César. A Pilato no le incumbe intervenir en cuestiones religiosas, pero, como la 2 acusación que le presentan contra Jesús afecta al orden público y político, su interrogatorio comienza obviamente con la averiguación de la denuncia fundamental: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» (v. 33). Jesús, al contestar con una nueva pregunta, no rehúye la respuesta, sino que quiere, como siempre, dejar en claro el carácter espiritual de su misión. Realmente la respuesta no era fácil. Desde la perspectiva de un gentil, un rey de los judíos era sencillamente un conspirador contra el Imperio; y, desde la perspectiva de los judíos nacionalistas, el Rey Mesías era el libertador políticoreligioso que les conseguiría la independencia. La verdad del mesianismo de Cristo transciende por completo ambas concepciones, y es lo que Jesús explica al procurador (v. 36), aun sabiendo la enorme dificultad que entraña entender la verdadera naturaleza del Reino de Cristo. Este es el sentido profundo de su realeza: su reino es «el reino de la Verdad y la Vida, el reino de la Santidad y la Gracia, el reino de la Justicia, el Amor y la Paz» (Misal Romano, Prefacio de la Misa de Cristo Rey). Cristo reina sobre aquellos que aceptan y viven la Verdad por El revelada: el amor del Padre (3,16; 1 Jn 4,9). B) Mi reino no es de este mundo (Evangelio de hoy, Juan 18, 36) o No es un proyecto político tutelado por el aparato militar; es un reino de amor y de paz. • El Señor recalca que su reino no es de este mundo: “Mi reino no es de este mundo ... si mi reino fuese de este mundo ... mi reino no es de aquí”. (v. 36). • Ravasi o.c. p. 336: “No se trata, por tanto, de un proyecto político ni de una estrategia socio-económica o militar. Jesús, al recordar que todo poder se funda sobre el aparato militar, contrapone su solitaria debilidad, no tutelada por guardias del cuerpo o de legiones terrenas, como prueba de la diversidad radical positiva de la realeza de Cristo”. • Cristo afirma que no se funda sobre servidores que están obligados a combatir para defenderlo (Juan 18, 36); de esto se habla claramente en el ya citado Prefacio de la Misa: «un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz». Jesús no es rey en sentido político, como Pilato podía entenderlo. o Eternidad y trascendencia del reino • Ravasi p. 337: “Todas las lecturas de la solemnidad subrayan la eternidad, la trascendencia – y, por tanto, la indestructibilidad – de este pequeño reino, de este semen escondido en la tierra de la historia. En la celebre visión mesiánica de Daniel (primera lectura) el Hijo del hombre está revestido por Dios «de un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás». El Salmo 92 (93) exalta el trono divino que «para siempre está firme». Y el Cristo del Apocalipsis (segunda lectura) es el Alfa y Omega de la historia, es decir, la primera y la última palabra de nuestra vida humana, es «el que es, el que era y el que ha de venir», abraza en sí las tres dimensiones del tiempo, el pasado, el presente y el futuro”. C) El reinado de Cristo sobre el mundo interior del hombre o Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo nos domine el pecado. • Orígenes, Sobre la oración, cap. 25: “Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no tiene que ver la luz con las tinieblas, ni la justicia con la maldad, ni pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo (Cf. 2 Cor 6, 14-15), así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado. Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo el pecado siga dominando nuestro cuerpo mortal (Romanos 6,12), antes bien, mortifiquemos todo lo terreno que hay en nosotros (Cf. Colosenses 3,5) y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo, Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas”. 3 Los cristianos vencemos el reino del pecado con una vida santa. • Catecismo de la Iglesia Católica n. 908: Por su obediencia hasta la muerte (Cf Filipenses 2, 8- 9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, «para que vencieran en sí mismos, con la propia renuncia y una vida santa, al reino del pecado» (Lumen gentium 36). El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable (S. Ambrosio, Psal. 118, 14, 30: PL 15, 1403A.). o El reinado sobre los propios afectos, sentimientos y tendencias: ser dueños de la actividad del pensamiento, de la fantasía y del instinto • Vincenzo Raffa o.c. n. 871: “Una manera de ejercitar la realeza, por parte nuestra, con Cristo, como prenda de la vida eterna, es el dominio de sí, no por cálculo humano sino por solidaridad con Cristo. Y esto es un don del Espíritu Santo (Galatas 5, 22-23: 22 «En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, 23 mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley»). Es realeza divina reinar sobre el mundo interior de los propios afectos, sentimientos y tendencias; ser dueños de la actividad del pensamiento, de la fantasía, del ámbito instintivo; coordinar la propia existencia y orientarla conscientemente y firmemente hacia un fin; resistir a los estímulos contrarios del mundo exterior. (...) No como simple fruto de especiales técnicas psicofísicas, que refuerzan el yo y su concentración. No por estos o semejantes motivos, sino principalmente para una perfecta liberación espiritual como imitación de la realeza victoriosa de Cristo”. A este tipo de realeza se refieren diversas exhortaciones de San Pablo en sus Cartas. * Colosenses 3, 5-15: 5 Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría, 6 todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes, 7 y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas. 8 Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. 9 No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras, 10 y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento pefecto, según la imagen de su Creador, 11 donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos. 12 Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, 13 soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. 14 Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. 15 Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. * Romanos 6, 12-23: 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. 13 Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios. 14 Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia. * 1 Corintios 6, 19-20: 19 ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? 20 Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo. * Cfr. también Gálatas 5, 1-26 Con el pecado el hombre pierde el dominio interior; con la Redención recupera la imagen perdida. • Vincenzo Raffa o.c.: n. 871 “Con el pecado el hombre perdió el dominio interior, llegando a ser esclavo de la concupiscencia (Rom 6, 12-23). Se convirtió en un rey sin corona. La redención le da la posibilidad de volver a tener el poder perdido y re-adquirir la imagen del Soberano (Col 3, 18). Puede 4 volver a adquirir aquella imagen que estuvo siempre presente en Cristo, en grado perfectísimo. (Rom. 8,29). La imagen de la supremacía divina es una gloria que se proyecta de Cristo sobre el rostro de todo bautizado, hasta transfigurarlo: «Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (1 Cor 3,18)”. 3. La realeza y el espíritu servicio: el reinado de Cristo no tiene como ley el dominio sobre los demás. • No tiene como ley el dominio, sino el servicio (cfr. Marcos 10, 41-45). No se construye sobre la prevaricación sino sobre la justicia. o Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20, 28). • Catecismo de la Iglesia Católica n. 786: (...) Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20, 28). Para el cristiano, «servir es reinar» (Lumen gentium, 36) particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (Lumen gentium, 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo. La dignidad de la realeza se expresa en la disponibilidad para servir, dominándose a uno mismo. o A la vez el «servir» exige tal madurez espiritual que es necesario definirlo como el «reinar». • Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, n. 89: “En medio de tanta riqueza, parece que emerge un elemento: la participación en la misión real de Cristo, o sea, el hecho de re-descubrir en sí y en los demás la particular dignidad de nuestra vocación, que puede definirse como «realeza». Esta dignidad se expresa en la disponibilidad a servir, según el ejemplo de Cristo, que «no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mt 20, 28). Si, por consiguiente, a la luz de esta actitud de Cristo se puede verdaderamente «reinar» sólo «sirviendo», a la vez el «servir» exige tal madurez espiritual que es necesario definirlo como el «reinar». Para poder servir digna y eficazmente a los otros, hay que saber dominarse, es necesario poseer las virtudes que hacen posible el dominio. Nuestra participación en la misión real de Cristo – concretamente en su «función real» (munus) - está íntimamente unida a todo el campo de la moral cristiana y a la vez humana”. o Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, también los cristianos seremos servidores de todos los hombres. • San Josemaría, Es Cristo que pasa, 182: “Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres. Servicio. ¡Cómo me gusta esta palabra! Servir a mi Rey y, por El, a todos los que han sido redimidos con su sangre. ¡Si los cristianos supiésemos servir! Vamos a confiar al Señor nuestra decisión de aprender a realizar esta tarea de servicio, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y darlo a conocer y lograr que otros más lo amen”. 4. El reinado de Cristo en «Jesús de Nazaret I» Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, La Esfera de los Libros, 2007 Tres dimensiones del reino de Dios pp. 76-77 o Dimensión cristológica: Jesús mismo es el «reino» • Jesús mismo es el «reino»; el reino no es una cosa, no es un espacio de dominio como los reinos 5 terrenales. Es persona, es El. La expresión «Reino de Dios», pues, sería en sí misma una cristología encubierta. Con el modo en que habla del «Reino de Dios», El conduce a los hombres al hecho grandioso de que, en El, Dios mismo está presente en medio de los hombres, que El es la presencia de Dios. o El Reino de Dios se encuentra esencialmente en el interior del hombre. Si queremos que Dios reine en nosotros [que su reino esté en nosotros], en modo alguno debe reinar el pecado en nuestro cuerpo mortal [Romanos 6, 12] El «Reino de Dios» no se encuentra en ningún mapa. No es un reino como los de este mundo; su lugar está en el interior del hombre. Allí crece, y desde allí actúa. • Una segunda línea interpretativa del significado del «Reino de Dios», que podríamos definir como «idealista» o también mística, considera que el Reino de Dios se encuentra esencialmente en el interior del hombre. Esta corriente fue iniciada también por Orígenes, que en su tratado Sobre la oración dice: «Quien pide en la oración la llegada del Reino de Dios, ora sin duda por el Reino de Dios que lleva en sí mismo, y ora para que ese reino dé fruto y llegue a su plenitud... Puesto que en las personas santas reina Dios [es decir, está el reinado, el Reino de Dios]. . . Así, si queremos que Dios reine en nosotros [que su reino esté en nosotros], en modo alguno debe reinar el pecado en nuestro cuerpo mortal [Rm 6, 12]... Entonces Dios se paseará en nosotros como en un paraíso espiritual [Gn 3, 8] y, junto con su Cristo, será el único que reinará en nosotros...» (n. 25: PG 11, 495s). La idea de fondo es clara: el «Reino de Dios» no se encuentra en ningún mapa. No es un reino como los de este mundo; su lugar está en el interior del hombre. Allí crece, y desde allí actúa. o Relación entre el Reino de Dios y la Iglesia • La tercera dimensión en la interpretación del Reino de Dios podríamos denominarla eclesiástica: en ella el Reino de Dios y la Iglesia se relacionan entre sí de diversas maneras y estableciendo entre ellos una mayor o menor identificación. El Padre nuestro. Venga a nosotros tu reino pp. 180-182 o El reconocimiento de la primacía de Dios • Al reflexionar sobre esta petición acerca del Reino de Dios, recordaremos lo que hemos considerado antes acerca de la expresión «Reino de Dios». Con esta petición reconocemos en primer lugar la primacía de Dios: donde El no está, nada puede ser bueno. Donde no se ve a Dios, el hombre decae y decae también el mundo. En este sentido, el Señor nos dice: «Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura» (Mateo 6, 33). Con estas palabras se establece un orden de prioridades para el obrar humano, para nuestra actitud en la vida diaria. o Jesús no nos da recetas, pero establece una prioridad determinante para todo: «Reino de Dios» quiere decir «soberanía de Dios», y eso significa asumir su voluntad como criterio. • En modo alguno se nos promete un mundo utópico en el caso de que seamos devotos y de algún modo deseosos del Reino de Dios. No se nos presenta automáticamente un mundo que funciona como lo propuso la utopía de la sociedad sin clases, en la que todo debía salir bien sólo porque no existía la propiedad privada. Jesús no nos da recetas tan simples, pero establece —como se ha dicho— una prioridad determinante para todo: «Reino de Dios» quiere decir «soberanía de Dios», y eso significa asumir su voluntad como criterio. Esa voluntad crea justicia, lo que implica que reconocemos a Dios su derecho y en él encontramos el criterio para medir el derecho entre los hombres. La oración de Salomón al ser entronizado • El orden de prioridades que Jesús nos indica aquí nos recuerda el relato veterotestamentario de la primera oración de Salomón tras ser entronizado. En él se narra que el Señor se apareció al joven rey en sueños, asegurándole que le concedería lo que le pidiera. ¡Un tema clásico en los sueños de la humanidad! ¿Qué pidió Salomón? «Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el bien y el mal» (1 R 3, 9). Dios lo alaba porque no ha pedido —como hubiera sido más natural— riqueza, bienes, honores o la muerte de sus enemigos, ni siquiera una vida más larga (cf. 2 Cr 1, 11), sino algo verdaderamente esencial: un corazón dócil, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Y por eso Salomón recibió también todo lo demás como añadidura. Con la petición «venga tu reino» (¡no el nuestro!), el Señor nos quiere llevar precisamente a este modo de orar y de establecer las prioridades de nuestro obrar. Lo primero y esencial es un 6 corazón dócil, para que sea Dios quien reine y no nosotros. El Reino de Dios llega a través del corazón que escucha. Ese es su camino. Y por eso nosotros hemos de rezar siempre. o Donde Cristo está, está el «Reino de Dios». Así, la petición de un corazón dócil se ha convertido en petición de la comunión con Jesucristo, la petición de que cada vez seamos más «uno» con El. Es la petición del seguimiento verdadero, que se convierte en comunión y nos hace un solo cuerpo con El. A partir del encuentro con Cristo esta petición asume un valor aún más profundo, se hace aún más concreta. Hemos visto que Jesús es el Reino de Dios en persona; donde El está, está el «Reino de Dios». Así, la petición de un corazón dócil se ha convertido en petición de la comunión con Jesucristo, la petición de que cada vez seamos más «uno» con El (cf. Ga 3, 28). Es la petición del seguimiento verdadero, que se convierte en comunión y nos hace un solo cuerpo con El. Reinhold Schneider lo ha expresado de modo penetrante: «La vida en este reino es la continuación de la vida de Cristo en los suyos; en el corazón que ya no es alimentado por la fuerza vital de Cristo se acaba el reino; en el corazón tocado y transformado por esa fuerza, comienza... Las raíces del árbol que no se puede arrancar buscan penetrar en cada corazón. El reino es uno; subsiste sólo por el Señor, que es su vida, su fuerza, su centro...» (pp. 31s). Rezar por el Reino de Dios significa decir a Jesús: ¡Déjanos ser tuyos, Señor! Empápanos, vive en nosotros; reúne en tu cuerpo a la humanidad dispersa para que en ti todo quede sometido a Dios y Tú puedas entregar el universo al Padre, para que «Dios sea todo para todos» (1 Co 15, 28). www.parroquiasantamónica.com Vida Cristiana 

Domingo 3º del Tiempo Ordinario, Año C. (2013). “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”: todas las promesas hechas por el Señor a través del profeta Isaías, la unción para evangelizar a los pobres, el anuncio de la salvación a los cautivos, la devolución de la vista a los ciegos, la puesta en libertad de los oprimidos, la promulgación del año de gracia del Señor, ha sido realizado en Jesucristo. Jesús mismo se presenta como cumplimiento de todas las promesas hechas por Dios en el Antiguo Testamento. Asegura que toda la esperanza anunciada por Isaías se hace realidad «hoy», en él, en Jesús de Nazaret.






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Domingo 3º del Tiempo Ordinario, Año C. (2013). “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de
oír”: todas las promesas hechas por el Señor a través del profeta Isaías, la unción para evangelizar a los
pobres, el anuncio de la salvación a los cautivos, la devolución de la vista a los ciegos, la puesta en libertad
de los oprimidos, la promulgación del año de gracia del Señor, ha sido realizado en Jesucristo. Jesús mismo
se presenta como cumplimiento de todas las promesas hechas por Dios en el Antiguo Testamento. Asegura
que toda la esperanza anunciada por Isaías se hace realidad «hoy», en él, en Jesús de Nazaret.
 Cfr. 3ª domingo tiempo ordinario Ciclo C, 27 enero 2013
 Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10; 1 Corintios 12,12-30; Lucas 1,1-4; 4,14-21
Lucas, 1, 1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, 2 tal como
nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, 3 he decidido yo también,
después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, 4 para que
conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. 14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se
extendió por toda la región. 15 El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 16 Vino a Nazaret, donde se había criado
y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. 17 Le entregaron el volumen del
profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para
 anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos 19 y para
 promulgar el año de gracia del Señor.
1
20 Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. 21 Comenzó,
pues, a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir.»
Nehemías 8, 2-4.5-6. 8-10: 2 Trajo el sacerdote Esdras la Ley ante la asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que
tenían uso de razón. Era el día uno del mes séptimo. 3 Leyó una parte en la plaza que está delante de la puerta del Agua, desde
el alba hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón; y los oídos del pueblo
estaban atentos al libro de la Ley. 4 El escriba Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión. 5
Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo - pues estaba más alto que todo el pueblo - y al abrirlo, el pueblo entero se
puso en pie. 6 Esdras bendijo a Yahveh, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!»; e
inclinándose se postraron ante Yahveh, rostro en tierra. 8 Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando
el sentido, para que comprendieran la lectura. 9 Entonces Nehemías - el gobernador - y Esdras, el sacerdote escriba (y los
levitas que explicaban al pueblo) dijeron a todo el pueblo: «Este día está consagrado a Yahveh vuestro Dios; no estéis tristes ni
lloréis»; pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. 10 Díjoles también: «Id y comed manjares grasos, bebed
bebidas dulces y mandad su ración a quien no tiene nada preparado. Porque este día está consagrado a nuestro Señor. No estéis
tristes: la alegría de Yahveh es vuestra fortaleza.»
En el Año de la Fe
“Creer en Jesucristo es el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.”
(Benedicto XVI, Porta fidei, 3)
“El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor,
único Salvador del mundo.”
(Benedicto XVI, Porta fidei, 6).
“La vida cristiana se caracteriza esencialmente por el encuentro con Jesucristo
que nos llama a seguirlo”.
(Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», 30 septiembre 2010, n. 72)
“Jesús puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios,

1 El pasaje leído por el Señor es Isaías 61, 1-2: 1 El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto
que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones
rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; 2 a pregonar año de gracia de
Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran.
2
porque vive siempre para interceder a su favor”.
(Hebreos 7, 25)
“Toda la Escritura (la Ley, los Profetas, y los Salmos) se cumplen en Cristo (cf Lucas 24, 44)”
(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2763)
1. Primera lectura: Esdras lee la Escritura y la comenta.
 Quien era Esdras
• Daniel Rops, El pueblo de la Biblia, Ed. Palabra, 1989, pp. 328-329. Esdras: era un sacerdote y escriba,
experto en la ley de Moisés; de él se dice en el libro de Esdras (7,10): « Esdras había aplicado su corazón a escrutar
la Ley de Yahveh, a ponerla en práctica y a enseñar en Israel los preceptos y las normas». En esencia, en la
sociedad judía, los sacerdotes eran los hombres del culto; y los escribas los representantes de la Ley. Estos últimos
son los Doctores de la Ley, los que la conocen a fondo, enseñan el texto, lo comentan y amplían las aplicaciones.
“Con la enseñanza que dan – y todos tienen alguna escuela, adonde acuden los fieles -, hacen de la Ley, de su
lectura y de su meditación, la base de la vida religiosa, es decir, que su influencia tiene un sentido muy diferente a
la de los sacerdotes. Su verdadero lugar de acción es la sinagoga, ese centro de reunión que aparece muy
modestamente en la cautividad y que luego toma una gran importancia, tanto en Judea como en la diáspora. En
principio esta institución no se opone a la del Templo. En la sinagoga no hay culto; en ella sólo se lee la Ley y a
los Profetas. Si la tribu sacerdotal se apega a los ritos, los escribas tienen, ciertamente, el sentido de una religión
intelectual y espiritual más elevada. Esas dos tendencias tenían el mismo defecto: ambas se sometían demasiado a
la letra; fuese por afianzar la exactitud de una ceremonia, o la de un comentario de la Torah, en las dos tribus eran
muy minuciosos; y el peligro consistía, como veremos, en que el espíritu de la religión fuese ignorado. Ambas
tendencias, cuando nación Jesús, estaban extrañamente unidas en el consejo supremo de la comunidad: el
Sanedrín.” .
 El hecho que relata esta Primera Lectura sucedió hacia el año 444 antes de Cristo.
 Después del exilio, es decir, tras el regreso de Babilonia, Esdras, guía espiritual de la nación, abre
el libro de la Ley y proclama lo que está escrito y lo comenta a la muchedumbre que se encuentra en la
Puerta de las Aguas, en el área del Templo que ha sido reedificado. Es un día de fiesta.
o Observemos cómo se desarrolla lo que ahora se llamaría una «celebración de
la Palabra»:
• después de la apertura del libro los presentes se ponen en pié, como señal de respeto;
• el lector bendice al Señor y los participantes responde Amén, Amén.
• Para expresar su convicción de que se iba a escuchar la Palabra de Dios, los participantes se
postran en adoración, con el rostro en tierra;
• Se proclama la Palabra de Dios, explicando también su sentido, y el pueblo muestra con el llanto
su profunda conversión, y la voluntad de encaminarse por el por el sendero indicado por la Ley;
• Esdras y Nehemías exhortan para que no se aflijan, sino que se abandonen en el Señor, y celebren
una fiesta por haber «comprendido las palabras que les habían enseñado».
o Encontramos en esta celebración de la Palabra tres palabras que nos indican
el desenvolvimiento de la misma en tres momentos
 (cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, pp. 158-159) :
• se lee la Biblia. Con una programación, con una didáctica, con una selección de textos;
• se explica el sentido. Se tiene en cuenta el aforismo rabínico de que «toda palabra de la Biblia
tiene setenta rostros». «El maestro debe desvelar esos rostros, debe inspeccionar el texto en todos
sus matices: la palabra técnica para indicar el estudio de la Biblia es “exégesis”, que en griego
significa “sacar” todos los tesoros, toda la fuerza, toda la espiritualidad de la página bíblica” .
3
(Ravasi o.c. p. 158).
 La comprensión de la Palabra de Dios: es una realidad viva que debe impregnar
la existencia árida, como la lluvia fecunda también el desierto.
Esta palabra de Dios personificada (cfr. Sabiduría 8,4; 9, 9-10;
18, 14-15) es figura de la Encarnación de Jesucristo, palabra
eterna del Padre, que desciende a la tierra para salvar a los
hombres.”
2
• comprender. En el original hebreo del texto: usa “una palabra sapiencial que indica una
comprensión sabrosa, intensa, alimentada por la inteligencia y el corazón. La Palabra de Dios, en efecto,
no es un fría piedra preciosa sigilada en un cofre, sino una realidad viva que debe impregnar la existencia
árida como la lluvia fecunda también el desierto (Isaías 55, 10-11 3
). (Ravasi o.c. pp. 158-159).
• Antiguo Testamento, Libros proféticos, Nota Isaías 55, 10-11, Eunsa 2002: “Con comparaciones
muy expresivas,especialmente para los países áridos del Oriente, se describe la eficacia poderosa y
fecunda de la palabra de Dios. Ella realiza la salvación que anuncia. Esta palabra de Dios personificada
(cfr. Sabiduría 8,4; 9, 9-10; 18, 14-15) es figura de la Encarnación de Jesucristo, palabra eterna del Padre,
que desciende a la tierra para salvar a los hombres.”
o “De ese triple desenvolvimiento que compromete el oído y el corazón brotan
dos actitudes aparentemente antitéticas pero, en realidad, complementarias: la
conversión y la fiesta.
• Por una parte afloran en los ojos las lágrimas de la conversión: « todo el pueblo lloraba al oír las
palabras de la Ley». Es la señal viva del arrepentimiento, el corazón es invadido por el remordimiento,
el pasado – con su carga de pecados – se hace vivo en la conciencia con todo su peso.
• Pero, como sugiere el otro guía de la nueva comunidad del post-exilio, el gobernador Neemías, la
última palabra de Dios no es jamás la del juicio sino la promesa de perdón. Por ello, nuestros labios
deben sonreir, las casas se deben llenar de cantos y de banquetes alegres. Del duelo a la fiesta, del
ayuno al almuerzo solemne con «manjares grasos y bebidas dulces», símbolo del banquete mesiánico
que en Sion marcará el final de todo llanto y de la misma muerte, como había profetizado Isaías (25, 6-
9 4
)” (Ravasi o.c. p. 159).

2
 Sabiduría 18, 14-15: “14 Cuando un sereno silencio lo envolvía todo y la noche estaba en la mitad de su curso, 15 tu
omnipotente Palabra desde el Cielo, desde los tronos reales, como guerrero implacable, se lanzó sobre aquella tierra desolada,
llevando la espada afilada de tu orden terminante”. “La tradición de la Iglesia aplicó los vv.14-15 a la Encarnación d nuestro
Señor Jesucristo y la liturgia los toma como antífona de entrada de la misa del día <vi de la octava de Navidad” (Antiguo
testamento, Libros poéticos y sapienciales, Nota Sabiduría 18, 14-15, Eunsa 2001).
3
Isaías 55, 10-11: 10 Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la
tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer,
11 así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me
plugo y haya cumplido aquello a que la envié.
4
Isaías 25, 6-9: 6 Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite
de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados; 7 consumirá en este monte el velo que cubre a todos los
pueblos y la cobertura que cubre a todos los gentes; 8 consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor
Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh
ha hablado.
9 Se dirá aquel día: "Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahveh en quien esperábamos;
nos regocijamos y nos alegramos por su salvación."
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o Conclusión: ya en el Antiguo Testamento el pueblo elegido se reunía para
escuchar la Escritura, Palabra de Dios. La eficacia de la palabra de Dios
Sin duda tenían clara conciencia de que Dios se hace presente: es Dios quien habla, quien les
instruye; a veces condenaba sus malas acciones, otras veces consolaba a su pueblo, o le purificaba. En
cualquier caso, para entender la eficacia de la Palabra de Dios, es necesario recordar unas palabras del
profeta Isaías del capítulo 55, 10-11 que se han citado antes, en la página anterior.
 * cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 81: «La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en
cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo».
 * Cfr. n. 123: Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios. La
Iglesia ha rechazado siempre vigorosamente la idea de prescindir del Antiguo Testamento so pretexto de
que el Nuevo lo habría hecho caduco (marcionismo).
2. Evangelio: el Señor lee y comenta, en la sinagoga de Nazaret, unas palabras del
profeta Isaías. Y afirma que «hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir».
a) «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir»:
• El Señor mismo se presenta como cumplimiento de todas las promesas hechas por Dios en el
Antiguo Testamento. Pronuncia una frase en la que asegura que toda la esperanza anunciada por Isaías se
hace realidad «hoy», en él, en Jesús de Nazaret.
 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 3:
• Ante sus conciudadanos en Nazaret, Cristo hace alusión a las palabras del profeta Isaías: « El
Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los
cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para
anunciar un año de gracia del Señor ».(Lucas 4, 18 s) ) Estas frases, según san Lucas, son su primera
declaración mesiánica, a la que siguen los hechos y palabras conocidos a través del Evangelio. Mediante
tales hechos y palabras, Cristo hace presente al Padre entre los hombres.
b) El Catecismo Iglesia Católica lo explica con diversas afirmaciones :
 n. 2763: Toda la Escritura (la Ley, los Profetas, y los Salmos) se cumplen en Cristo (cf Lucas 24,
44)
 El Hijo de Dios hecho hombre es la Palabra única, perfecta e insuperable del
Padre
 n. 65: Cristo Jesús, «Mediador y Plenitud de toda la revelación» (DV 2) - Dios ha dicho todo en su
Verbo
 «De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de
los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo» (Hb 1, 1-2). ö Cristo, el Hijo de Dios hecho
hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más que
ésta. S. Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1, 1-2:
Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo
habló junto y de una vez en esta sola Palabra...; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo
ha hablado todo en El, dándonos al Todo, que es su Hijo. ö Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a
Dios, o querer alguna visión o revelación, ö no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no
poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (Carm. 2, 22).
 Toda la vida (Palabras, obras, silencios, su manera de ser, etc.) de Cristo es
Revelación del Padre
n. 516: Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus
sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús puede decir: «Quien me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14, 9), y el
Padre: «Este es mi Hijo amado; escuchadle» (Lc 9, 35). ö Nuestro Señor, al haberse hecho para cumplir la voluntad
del Padre (Cf Hb 10, 5-7), nos «manifestó el amor que nos tiene» (1 Jn 4, 9) incluso con los rasgos más sencillos de
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sus misterios.
 La Iglesia venera las Escrituras como venera el Cuerpo del Señor
n. 103: ... la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor.
ö No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de
Cristo (Cf DV 21).
 La Palabra de Dios se encuentra y despliega toda su fuerza de modo
privilegiado en el Nuevo Testamento.
n. 124: «La Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega
su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento» (DV 17). Estos escritos nos ofrecen la verdad definitiva
de la Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su
pasión y su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo (Cf DV 20).
 La Escritura en nuestra vida: fuente de vida espiritual; fácil acceso; lectura
frecuente
 n. 131: La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. - «Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra
de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente
límpida y perenne de vida espiritual» (DV 21). «Los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura» (DV
22).
3. La vida cristiana y el encuentro con Jesucristo que nos llama a seguirlo.
 La vida cristiana es esencialmente el encuentro con Jesucristo
o Mediante la lectura orante y fiel de la Sagrada Escritura se profundiza la
relación con la persona misma de Jesús.
Cfr. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», 30 septiembre 2010
n. 72. (…) La vida cristiana se caracteriza esencialmente por el encuentro con Jesucristo que nos llama a seguirlo. (…) expreso
el vivo deseo de que florezca «una nueva etapa de mayor amor a la Sagrada Escritura por parte de todos los miembros del
Pueblo de Dios, de manera que, mediante su lectura orante y fiel a lo largo del tiempo, se profundice la relación con la persona
misma de Jesús».[248]
No faltan en la historia de la Iglesia recomendaciones por parte de los santos sobre la necesidad de conocer la Escritura
para crecer en el amor de Cristo. Este es un dato particularmente claro en los Padres de la Iglesia. San Jerónimo, gran
enamorado de la Palabra de Dios, se preguntaba: «¿Cómo se podría vivir sin la ciencia de las Escrituras, mediante las cuales se
aprende a conocer a Cristo mismo, que es la vida de los creyentes?».[249] Era muy consciente de que la Biblia es el instrumento
«con el que Dios habla cada día a los creyentes».[250] Así, san Jerónimo da este consejo a la matrona romana Leta para la
educación de su hija: «Asegúrate de que estudie cada día algún paso de la Escritura... Que la oración siga a la lectura, y la
lectura a la oración... Que, en lugar de las joyas y los vestidos de seda, ame los Libros divinos».[251] Vale también para
nosotros lo que san Jerónimo escribió al sacerdote Nepoziano: «Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; más aún, que
nunca dejes de tener el Libro santo en tus manos. Aprende aquí lo que tú tienes que enseñar».[252] A ejemplo del gran santo,
que dedicó su vida al estudio de la Biblia y que dejó a la Iglesia su traducción latina, llamada Vulgata, y de todos los santos, que
han puesto en el centro de su vida espiritual el encuentro con Cristo, renovemos nuestro compromiso de profundizar en la
palabra que Dios ha dado a la Iglesia: podremos aspirar así a ese «alto grado de la vida cristiana ordinaria»,[253] que el Papa
Juan Pablo II deseaba al principio del tercer milenio cristiano, y que se alimenta constantemente de la escucha de la Palabra de
Dios.
[248] Propositio 9.
[249] Epistula 30, 7: CSEL 54, 246.
[250] Id., Epistula 133, 13: CSEL 56, 260.
[251] Id., Epistula 107, 9.12: CSEL 55, 300.302.
[252] Id., Epistula 52, 7: CSEL 54, 426.
[253] Juan Pablo II, Carta Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 31: AAS 83 (2001), 287-288.
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o La meditación sobre la historia de Cristo para participar en la divina amistad.
 Meditar la historia de Cristo
• Es Cristo que pasa, 107: «Cuando se ama una persona se desean saber hasta los más mínimos
detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la
historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y resurrección».
 Una ambición para participar en la divina amistad
• Amigos de Dios, 300 : «Ruego al señor que nos decidamos a alimentar en nuestras almas la única
ambición noble, la única que merece la pena: ir junto a Jesucristo, como fueron su Madre Bendita y el
Santo Patriarca, con ansia, con abnegación, sin descuidar nada. Participaremos en la dicha de la divina
amistad - en un recogimiento interior, compatible con nuestros deberes profesionales y con los de
ciudadano -, y le agradeceremos la delicadeza y la claridad con que El nos enseña a cumplir la Voluntad
del Padre Nuestro que habita en los cielos».
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Vida Cristiana 

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