lunes, 29 de mayo de 2017

Familia. Papa Francisco, Catequesis sobre la familia (11), 25 de marzo de 2015. Oración por el próximo Sínodo de los Obispos sobre la Familia. Hoy, Solemnidad de la Anunciación, en muchos Países se celebra la Jornada por la Vida. Hace veinte años, san Juan Pablo II en esta fecha firmó la Encíclica «Evangelium vitae». En este documento la familia ocupa un puesto central, como seno de la vida humana. Las palabras de mi venerado Predecesor nos recuerdan que la pareja humana fue bendecida por Dios, desde el principio, para formar una comunidad de amor y de vida, a la que se le confía la misión de la procreación.



1 [Chiesa/Testi/Famiglia/CatequesisFranciscoFamilia(11)OraciónSínodoFamiliaEvang eliumVitae] Familia. Papa Francisco, Catequesis sobre la familia (11), 25 de marzo de 2015. Oración por el próximo Sínodo de los Obispos sobre la Familia. Hoy, Solemnidad de la Anunciación, en muchos Países se celebra la Jornada por la Vida. Hace veinte años, san Juan Pablo II en esta fecha firmó la Encíclica «Evangelium vitae». En este documento la familia ocupa un puesto central, como seno de la vida humana. Las palabras de mi venerado Predecesor nos recuerdan que la pareja humana fue bendecida por Dios, desde el principio, para formar una comunidad de amor y de vida, a la que se le confía la misión de la procreación. Cfr. Papa Francisco, Catequesis sobre la familia (11), 25 de marzo de 2015 Oración por el próximo Sínodo de los Obispos sobre la Familia. 20º Aniversario de la Encíclica de san Juan Pablo II «Evangelium vitae». Queridos hermanos y hermanas, en nuestro camino de catequesis sobre la familia, hoy es una etapa un poco especial: será una parada de oración. El 25 de marzo en la Iglesia celebramos solemnemente la Anunciación, comienzo del misterio de la Encarnación. El Arcángel Gabriel visita a la humilde doncella de Nazaret y le anuncia que concebirá y dará a luz al Hijo de Dios. Con este anuncio el Señor ilumina y refuerza la fe de María —como luego hará también con su esposo José— para que Jesús pueda nacer en una familia humana. Esto es muy bonito: nos muestra profundamente que el misterio de la Encarnación —como Dios lo quiso— comprende no solo la concepción en el seno de la madre, sino también la acogida en una verdadera familia. Hoy quisiera contemplar con vosotros la belleza de este vínculo, la belleza de la condescendencia de Dios; y podemos hacerlo rezando juntos el Avemaría que —en la primera parte— repite precisamente las palabras que el Ángel dirigió a la Virgen. Os invito a rezar juntos: Dios te salve María llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén Y ahora un segundo aspecto: el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación, en muchos Países se celebra la Jornada por la Vida. Por eso, hace veinte años, san Juan Pablo II en esta fecha firmó la Encíclica Evangelium vitae. Para recordar ese aniversario, hoy están presentes en la Plaza muchos seguidores del Movimiento por la Vida. En la Evangelium vitae la familia ocupa un puesto central, como seno de la vida humana. Las palabras de mi venerado Predecesor nos recuerdan que la pareja humana fue bendecida por Dios, desde el principio, para formar una comunidad de amor y de vida, a la que se le confía la misión de la procreación. Los esposos cristianos, celebrando el sacramento del Matrimonio, se hacen disponibles para honrar esa bendición —con la gracia de Cristo— en nombre de toda la vida. La Iglesia, por su parte, se compromete solemnemente a cuidar de la familia que nace —como don de Dios— para su misma vida, en las buenas y en las malas: el vínculo entre Iglesia y familia es sagrado e inviolable. La Iglesia, como madre, nunca abandona a la familia, incluso aunque sea denigrada, herida y de tantos modos mortificada. Ni siquiera cuando cae en el pecado, o se aleja de la Iglesia; siempre hará lo que sea para intentar cuidarla y sanarla, invitarla a la conversión y reconciliarla con el Señor. Pues bien, si esa es la tarea, parece claro que la Iglesia necesita mucha oración para estar en condiciones, en todo tiempo, de cumplir esa misión. Una oración llena de amor por la familia y por la vida. Una oración que sabe gozar con quien goza y sufrir con quien sufre. He aquí, pues, lo que —junto a mis colaboradores— hemos pensado proponeros hoy: renovar la oración por el Sínodo de los Obispos sobre la familia. Relancemos este compromiso hasta el próximo octubre, cuando tendrá lugar la Asamblea sinodal ordinaria dedicada a la familia. Quisiera que esta oración, 2 como todo el camino sinodal, esté animada por la compasión del Buen Pastor por su grey, especialmente por las personas y las familias que, por diversos motivos, están maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor (Mt 9,36). Así, sostenida y animada por la gracia de Dios, la Iglesia podrá estar aún más comprometida, y aún más unida, en el testimonio de la verdad del amor de Dios y de su misericordia por las familias del mundo, sin excluir ninguna, tanto dentro como fuera del redil. Os pido, por favor, que no falte vuestra oración. Todos —el Papa, los Cardenales, los Obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los fieles laicos— estamos llamados a rezar por el Sínodo. ¡Eso es lo que necesitamos, y no murmuraciones! Invito a rezar también a cuantos se sientan lejanos, o aún no tengan la costumbre de hacerlo. La oración por el Sínodo de la familia es para el bien de todos. Sé que esta mañana se os ha entregado una estampa, y que la tenéis en la mano. Os invito a guardarla y llevarla con vosotros, de modo que, en los próximos meses, podáis rezarla frecuentemente, con santa insistencia, come nos pidió Jesús. Ahora la rezamos juntos: Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos. Sagrada Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas. Sagrada Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado. Sagrada Familia de Nazaret, que el próximo Sínodo de Obispos haga tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el plan de Dios. Jesús, María y José escuchad, acoged nuestra súplica. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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