martes, 13 de junio de 2017

La conversión de San Pablo. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón, la experiencia de ser amado por Jesucristo de un modo totalmente personal, y así esta misma fe es amor por Jesucristo. Nosotros somos cristianos sólo si nos encontramos con Cristo.



1 La conversión de San Pablo. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón, la experiencia de ser amado por Jesucristo de un modo totalmente personal, y así esta misma fe es amor por Jesucristo. Nosotros somos cristianos sólo si nos encontramos con Cristo. Fiesta. 25 de enero de 2009. Primera Lectura: Hechos 9, 1-22 o bien, alternativamente, Hechos 22, 3-16. Cfr. Temi di Predicazione - Omelie, Editrice Domenicana Italiana, Napoli n. 7/2008, Ciclo B, 18 gennaio – 22 febbraio 2009, Conversione di San Paolo, pagine 23-37. 1. Hay tres textos en los Hechos de los Apóstoles sobre la conversión de San Pablo: 9, 1- 22; 22, 3-16 y 26, 12-28. Esencialmente el primero es una narración de la conversión; los otros dos se refieren fundamentalmente a la vocación: a la misión recibida, etc. Aquí se comentan los dos primeros que se proponen en la liturgia de la fiesta como alternativos para la primera Lectura. A) La conversión. El encuentro con Cristo y, después, con Ananías. Hechos 9, 1-22 Es uno de los dos posibles textos para la primera Lectura. Hechos 9: 1 Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén. 3 Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, 4 cayó en tierra y oyó una voz que le decía: « Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? » 5 El respondió: « ¿Quién eres, Señor? » Y él: « Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer. » 7 Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. 9 Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber. 10. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: « Ananías. » El respondió: « Aquí estoy, Señor. » 11 Y el Señor: « Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo; mira, está en oración 12 y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista. » 13 Respondió Ananías: « Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén 14 y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre. » 15 El Señor le contestó: « Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. 16 Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre. » 17 Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: « Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo. » 18 Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado. 19 Tomó alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, 20 y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios. 21 Todos los que le oían quedaban atónitos y decían: « ¿No es éste el que en Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha venido aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes? » 22 Pero Saulo se crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrándoles que aquél era el Cristo. • en la primera parte (vv. 1-9), san Lucas, autor de los Hechos, describe el encuentro de Pablo con Cristo cuando se dirigía a Damasco. Saulo se vuelve ciego y es conducido a Damasco. • en la segunda parte (vv. 10-22), describe el encuentro con Ananías quien le impone las manos para curar la ceguera y llenarle del Espíritu Santo, y le bautiza. Enseguida Pablo se puso a predicar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios, el Cristo. B) La vocación recibida. La experiencia de Damasco. La luz recibida que le ciega y la experiencia de ese encuentro con Cristo de la que deberá ser testigo. Hechos 22, 3-16. Es uno de los dos posibles textos para la primera Lectura. Forma parte de un discurso del mismo Pablo en el que se defiende de la acusación de haber profanado el templo de Jerusalén. Tiene cuatro partes: a) Pablo se presenta como judío celoso; b) la aparición de Jesús cerca de Damasco; c) el encuentro con Ananías y su bautismo; d) Pablo es enviado a los gentiles. Hechos 22: 3 . « Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. 4 . Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, 5 . como puede atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. 6 « Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo; 7 caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?" 8 . Yo respondí: "¿Quién eres, Señor?" Y él a mí: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues." 9 . Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. 10 . Yo dije: "¿Qué he de hacer, Señor?" Y el 2 Señor me respondió: "Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas." 11 Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, conducido de la mano por mis compañeros llegué a Damasco. 12 « Un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí, 13 vino a verme, y presentándose ante mí me dijo: "Saúl, hermano, recobra la vista." Y en aquel momento le pude ver. 14 El me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, 15 pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. 16 Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre." • “Caí al suelo”: los comentaristas dicen que aquí esa caída significa el derrocamiento de los designios humanos por parte de la iniciativa divina. • "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues". Esas palabras del Señor indican la identificación entre el Señor resucitado y los creyentes en Él. Las reflexiones que Pablo hará después sobre la estrecha unión entre Cristo y sus discípulos, tienen su origen en esa voz divina. Sin duda Pablo tuvo la experiencia única y gratuita de sentirse llamado por el Señor y ser objeto de benevolencia. De aquí nació una misión determinada y específica: anunciar a Cristo a los paganos. La vocación no es fruto de un pensamiento u obra humanos, sino un don, como explicará con palabras que impresionan en su carta a los Gálatas (1, 11-17): «Porque os hago saber, hermanos, que el evangelio que yo os he anunciado nos es algo humano; pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Porque habéis oído de mi condición anterior en el judaísmo, cómo perseguía con saña a la Iglesia de Dios y la combatía, y aventajaba en el judaísmo a muchos con temporáneos de miraza, por ser extremadamente celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando dios, que me eligió desde el vientre de mi madre y me llenó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciara entre los gentiles, enseguida, sin pedir consejo a la carne ni a la sangre, y sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles, mi predecesores, me retiré a Arabia y de nuevo volví a Damasco». 2. Algunos textos de Benedicto XVI de su catequesis sobre san Pablo, que nos ayudarán a entender la figura de san Pablo. San Pablo nos ofrece un ejemplo del compromiso de unión con Cristo en la existencia cotidiana más concreta (7 enero de 2009): Carta de San Pablo a los Romanos 12,1: "Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual". • «La exhortación a "ofrecer los cuerpos" se refiere a la persona entera; de hecho, en Romanos 6, 13, invita a "presentaros a vosotros mismos". Por lo demás, la referencia explícita a la dimensión física del cristiano coincide con la invitación a "glorificar a Dios con vuestro cuerpo" (1 Corintios 6, 20): se trata de honrar a Dios en la existencia cotidiana más concreta, hecha de visibilidad relacional y perceptible. Un comportamiento de este tipo es calificado por Pablo como "sacrificio vivo, santo, agradable a Dios". Es aquí donde encontramos precisamente el vocablo "sacrificio". En el uso corriente este término forma parte de un contexto sacro y sirve para designar el degollamiento de un animal, del que una parte puede ser quemada en honor de los dioses y la otra consumida por los oferentes en un banquete. Pablo lo aplicaba en cambio a la vida del cristiano. De hecho califica un sacrificio así sirviéndose de tres adjetivos. El primero --"vivo"-- expresa una vitalidad. El segundo --"santo"-- recuerda la idea paulina de una santidad que no está ligada a lugares u objetos, sino a la persona misma del cristiano. El tercero --"agradable a Dios"-- recuerda quizás la frecuente expresión bíblica del sacrificio "de suave olor" (Cf. Levítico 1,13.17; 23,18; 26,31; etc.).» San Pablo se definió a sí mismo «apóstol por vocación» (25 octubre 2006): Su conversión no era el resultado de bonitos pensamientos, de reflexiones, sino el fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible. • “Precisamente, en el camino hacia Damasco, a inicios de los años treinta, Saulo, según sus palabras, fue « alcanzado por Cristo Jesús» (Filipenses 3, 12). Mientras Lucas cuenta el hecho con abundancia de detalles --la manera en que la luz del Resucitado le alcanzó, cambiando fundamentalmente toda su vida-- en sus cartas él va directamente a lo esencial y habla no sólo de una visión (Cf. 1 Corintios 9,1), sino de una iluminación (Cf. 2 Corintios 4, 6) y sobre todo de una revelación y una vocación en el encuentro con el Resucitado (Cf. Gálatas 1, 15-16). De hecho, se definirá explícitamente «apóstol por vocación» (Cf. Romanos 1, 1; 1 Corintios 1, 1) o «apóstol por voluntad de Dios» (2 Corintios 1, 1; Efesios 1,1; Colosenses 3 1, 1), como queriendo subrayar que su conversión no era el resultado de bonitos pensamientos, de reflexiones, sino el fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible. A partir de entonces, todo lo que antes constituía para él un valor se convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura (Cf. Filipenses 3, 7-10). Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Su existencia se convertirá en la de un apóstol que quiere «hacerse todo a todos» (1 Corintios 9,22) sin reservas”. La identidad del cristiano se caracteriza esencialmente por el encuentro, por la comunión con Cristo y su Palabra. El horizonte espiritual de su apostolado. • De aquí se deriva una lección muy importante para nosotros: lo que cuenta es poner en el centro de la propia vida a Jesucristo, de manera que nuestra identidad se caracterice esencialmente por el encuentro, la comunión con Cristo y su Palabra. Bajo su luz, cualquier otro valor debe ser recuperado y purificado de posibles escorias. Otra lección fundamental dejada por Pablo es el horizonte espiritual que caracteriza a su apostolado. Sintiendo agudamente el problema de la posibilidad para los gentiles, es decir, los paganos, de alcanzar a Dios, que en Jesucristo crucificado y resucitado ofrece la salvación a todos los hombres sin excepción, se dedicó a dar a conocer este Evangelio, literalmente «buena noticia», es decir, el anuncio de gracia destinado a reconciliar al hombre con Dios, consigo mismo y con los demás. Desde el primer momento había comprendido que ésta es una realidad que no afectaba sólo a los judíos, a un cierto grupo de hombres, sino que tenía un valor universal y afectaba a todos. La fisonomía interior de San Pablo: su fe (28 junio 2008). o Su fe no es una teoría, es el impacto del amor de Dios sobre su corazón y así esta misma fe es amor por Jesucristo. Su fe es la experiencia del ser amado por Jesucristo de manera totalmente personal; es la conciencia del hecho que Cristo ha enfrentado la muerte no por algo anónimo, sino por amor a él. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón. Y así, esta misma fe es amor por Jesucristo. En la carta a los Gálatas nos dio una profesión de fe muy personal, en la que abre su corazón ante los lectores de todos los tiempos y revela cuál es la motivación más íntima de su vida. "Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Todo lo que hace san Pablo parte de este centro. Su fe es la experiencia de ser amado por Jesucristo de un modo totalmente personal; es la conciencia de que Cristo no afrontó la muerte por algo anónimo, sino por amor a él -a san Pablo-, y que, como Resucitado, lo sigue amando, es decir, que Cristo se entregó por él. Su fe consiste en ser conquistado por el amor de Jesucristo, un amor que lo conmueve en lo más íntimo y lo transforma. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios y sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios en su corazón. Y así esta misma fe es amor a Jesucristo. Amor y verdad. Lo que más le motivaba era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los demás este amor. Pablo era un hombre tocado por un gran amor, y todo su obrar y sufrir se explica a partir de este centro. Los conceptos que son fundamento de su anuncio se comprenden únicamente en base a esto. Muchos presentan a san Pablo como un hombre combativo que sabe usar la espada de la palabra. De hecho, en su camino de apóstol no faltaron las disputas. No buscó una armonía superficial. En la primera de su Cartas, la que dirigió a los Tesalonicenses, él mismo dice: "Tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas... Como sabéis, nunca nos presentamos con palabras aduladoras" (1 Ts 2, 2. 5). Para él la verdad era demasiado grande como para estar dispuesto a sacrificarla en aras de un éxito externo. Para él, la verdad que había experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merecía la lucha, la persecución y el sufrimiento. Pero lo que le motivaba en lo más profundo era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los demás este amor. San Pablo era un hombre tocado por un gran amor, y todo su obrar y sufrir sólo se explican a partir de este centro. Los conceptos fundamentales de su anuncio únicamente se comprenden sobre esta base. Amor y libertad. Dado que es uno que ama, el vive totalmente en la responsabilidad de este amor y no toma la libertad como pretexto para el arbitrio y el egoísmo 4 Tomemos solamente una de sus palabras-clave: la libertad. La experiencia de ser amado hasta el fondo por Cristo le había abierto los ojos sobre la verdad y sobre el camino de la existencia humana; esa experiencia lo abarcaba todo. San Pablo era libre como hombre amado por Dios que, en virtud de Dios, era capaz de amar juntamente con él. Este amor es ahora la "ley" de su vida, y precisamente así es la libertad de su vida. Habla y actúa movido por la responsabilidad del amor. Libertad y responsabilidad están aquí inseparablemente unidas. Por estar en la responsabilidad del amor, es libre; por ser alguien que ama, vive totalmente en la responsabilidad de este amor y no considera la libertad como un pretexto para el arbitrio y el egoísmo. Con ese mismo espíritu san Agustín formuló la frase que luego se hizo famosa: "Dilige et quod vis fac" (Tract. In 1 Jo 7, 7-8), "Ama y haz lo que quieras". Quien ama a Cristo como lo amaba san Pablo, verdaderamente puede hacer lo que quiera, porque su amor está unido a la voluntad de Cristo y, de este modo, a la voluntad de Dios; porque su voluntad está anclada en la verdad y porque su voluntad ya no es simplemente su voluntad, arbitrio del yo autónomo, sino que está integrada en la libertad de Dios y de ella recibe el camino por recorrer. La experiencia que tuvo san Pablo en el camino de Damasco. Fue transformado por un acontecimiento: la presencia irresistible de Cristo. El cristianismo no es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si nos encontramos con Cristo. (3 septiembre 2008) A partir del encuentro con Cristo en el camino de Damasco, empezó a considerar "pérdida" y "basura" todo aquello que antes constituía para él el máximo ideal, casi la razón de ser de su existencia La catequesis de hoy estará dedicada a la experiencia que san Pablo tuvo en el camino de Damasco y, por tanto, a lo que se suele llamar su conversión. Precisamente en el camino de Damasco, en los inicios de la década del año 30 del siglo I, después de un período en el que había perseguido a la Iglesia, se verificó el momento decisivo de la vida de san Pablo. Sobre él se ha escrito mucho y naturalmente desde diversos puntos de vista. Lo cierto es que allí tuvo lugar un viraje, más aún, un cambio total de perspectiva. A partir de entonces, inesperadamente, comenzó a considerar "pérdida" y "basura" todo aquello que antes constituía para él el máximo ideal, casi la razón de ser de su existencia (cf. Flp 3, 7-8) ¿Qué es lo que sucedió? El centro del acontecimiento: Cristo resucitado se presenta como una luz espléndida y se dirige a Saulo, este encuentro transforma su pensamiento y su misma vida. Las fuentes: los tres textos en los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de san Pablo. Al respecto tenemos dos tipos de fuentes. El primer tipo, el más conocido, son los relatos escritos por san Lucas, que en tres ocasiones narra ese acontecimiento en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 9, 1-19; 22, 3-21; 26, 4-23). Tal vez el lector medio puede sentir la tentación de detenerse demasiado en algunos detalles, como la luz del cielo, la caída a tierra, la voz que llama, la nueva condición de ceguera, la curación por la caída de una especie de escamas de los ojos y el ayuno. Pero todos estos detalles hacen referencia al centro del acontecimiento: Cristo resucitado se presenta como una luz espléndida y se dirige a Saulo, transforma su pensamiento y su vida misma. El esplendor del Resucitado lo deja ciego; así, se presenta también exteriormente lo que era su realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo. Y después su "sí" definitivo a Cristo en el bautismo abre de nuevo sus ojos, lo hace ver realmente. En la Iglesia antigua el bautismo era llamado también "iluminación", porque este sacramento da la luz, hace ver realmente. Fue transformado por la presencia irresistible de Cristo: fue su conversión. En la Iglesia antigua el bautismo se llamaba también "iluminación", porque este sacramento da la luz, hace ver realmente. En Pablo se realizó también físicamente todo lo que se indica teológicamente: una vez curado de su ceguera interior, ve bien. San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo. En este sentido se puede y se debe hablar de una conversión. Ese encuentro es el centro del relato de san Lucas, que tal vez utilizó un relato nacido probablemente en la comunidad de Damasco. Lo da a entender el colorido local dado por la presencia de Ananías y por los nombres tanto de la calle como del propietario de la casa en la que Pablo se alojó (cf. Hch 9, 11). La conversión no fue consecuencia de una reflexión propia, sino del encuentro con Cristo resucitado que es el fundamento de su apostolado y de su nueva vida. 5 El segundo tipo de fuentes sobre la conversión está constituido por las mismas Cartas de san Pablo. Él mismo nunca habló detalladamente de este acontecimiento, tal vez porque podía suponer que todos conocían lo esencial de su historia, todos sabían que de perseguidor había sido transformado en apóstol ferviente de Cristo. Eso no había sucedido como fruto de su propia reflexión, sino de un acontecimiento fuerte, de un encuentro con el Resucitado. Sin dar detalles, en muchas ocasiones alude a este hecho importantísimo, es decir, al hecho de que también él es testigo de la resurrección de Jesús, cuya revelación recibió directamente del mismo Jesús, junto con la misión de apóstol. El texto más claro sobre este punto se encuentra en su relato sobre lo que constituye el centro de la historia de la salvación: la muerte y la resurrección de Jesús y las apariciones a los testigos (cf. 1 Co 15). Con palabras de una tradición muy antigua, que también él recibió de la Iglesia de Jerusalén, dice que Jesús murió crucificado, fue sepultado y, tras su resurrección, se apareció primero a Cefas, es decir a Pedro, luego a los Doce, después a quinientos hermanos que en gran parte entonces vivían aún, luego a Santiago y a todos los Apóstoles. Al final de este relato recibido de la tradición añade: "Y por último se me apareció también a mí" (1 Co 15, 8). Así da a entender que este es el fundamento de su apostolado y de su nueva vida. Hay también otros textos en los que expresa lo mismo: "Por medio de Jesucristo hemos recibido la gracia del apostolado" (Rm 1, 5); y también: "¿Acaso no he visto a Jesús, Señor nuestro?" (1 Co 9, 1), palabras con las que alude a algo que todos saben. Y, por último, el texto más amplio es el de la carta a los Gálatas: "Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los Apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco" (Ga 1, 15-17). En esta "auto-apología" subraya decididamente que también él es verdadero testigo del Resucitado, que tiene una misión recibida directamente del Resucitado. A pesar de la inmediatez de su relación con el Resucitado, él debe entrar en la comunión de la Iglesia, debe hacerse bautizar, debe vivir en sintonía con los demás apóstoles. Así podemos ver que las dos fuentes, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de san Pablo, convergen en un punto fundamental: el Resucitado habló a san Pablo, lo llamó al apostolado, hizo de él un verdadero apóstol, testigo de la Resurrección, con el encargo específico de anunciar el Evangelio a los paganos, al mundo grecorromano. Al mismo tiempo, san Pablo aprendió que, a pesar de su relación inmediata con el Resucitado, debía entrar en la comunión de la Iglesia, debía hacerse bautizar, debía vivir en sintonía con los demás Apóstoles. Sólo en esta comunión con todos podía ser un verdadero apóstol, como escribe explícitamente en la primera carta a los Corintios: "Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído" (1 Co 15, 11). Sólo existe un anuncio del Resucitado, porque Cristo es uno solo. El encuentro con Cristo es la única explicación de lo que sucedió: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo Resucitado. Como se ve, en todos estos pasajes san Pablo no interpreta nunca este momento como un hecho de conversión. ¿Por qué? Hay muchas hipótesis, pero en mi opinión el motivo es muy evidente. Este viraje de su vida, esta transformación de todo su ser no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o evolución intelectual y moral, sino que llegó desde fuera: no fue fruto de su pensamiento, sino del encuentro con Jesucristo. En este sentido no fue sólo una conversión, una maduración de su "yo"; fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de san Pablo. Los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Sólo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender lo que sucedió: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él. En este sentido más profundo podemos y debemos hablar de conversión. Este encuentro es una renovación real que cambió todos sus parámetros. Ahora puede decir que lo que para él antes era esencial y fundamental, ahora se ha convertido en "basura"; ya no es "ganancia" sino pérdida, porque ahora cuenta sólo la vida en Cristo. Sin embargo, en este momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su heredad, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo. Sin embargo no debemos pensar que san Pablo se cerró en un acontecimiento ciego. En realidad sucedió lo contrario, porque Cristo resucitado es la luz de la verdad, la luz de Dios mismo. Ese acontecimiento ensanchó su corazón, lo abrió a todos. En ese momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su herencia, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo. Al mismo tiempo, su razón se abrió a la sabiduría de los paganos. Al abrirse a Cristo con todo su corazón, se hizo capaz de entablar un 6 diálogo amplio con todos, se hizo capaz de hacerse todo a todos. Así realmente podía ser el Apóstol de los gentiles. o Nosotros somos cristianos si encontramos a Cristo. Podemos encontrar a Cristo en la lectura de la Escritura, en la oración, en la vida litúrgica (sacramentos), etc.. En relación con nuestra vida, podemos preguntarnos: ¿Qué quiere decir esto para nosotros? Quiere decir que tampoco para nosotros el cristianismo es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si nos encontramos con Cristo. Ciertamente no se nos muestra de esa forma irresistible, luminosa, como hizo con san Pablo para convertirlo en Apóstol de todas las gentes. Pero también nosotros podemos encontrarnos con Cristo en la lectura de la sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia. Podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos. Así se abre nuestra razón, se abre toda la sabiduría de Cristo y toda la riqueza de la verdad. Por tanto oremos al Señor para que nos ilumine, para que nos conceda en nuestro mundo el encuentro con su presencia y para que así nos dé una fe viva, un corazón abierto, una gran caridad con todos, capaz de renovar el mundo. www.parroquiasantamonica.com

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