martes, 13 de junio de 2017

Libertad y fe. « ¿También vosotros queréis marcharos?». La pregunta que el Señor hace (en el evangelio de hoy) es una invitación a descubrir que sólo El tiene “palabras de vida eterna”. Nuestra libre disponibilidad para dejarnos interrogar por el Señor. La fe es un acto auténticamente humano que no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre.



1 [Chiesa/Omelie1/Libertà/21B09LibertadFeActoHumanoAdhesiónServicioReinar] Libertad y fe. « ¿También vosotros queréis marcharos?». La pregunta que el Señor hace (en el evangelio de hoy) es una invitación a descubrir que sólo El tiene “palabras de vida eterna”. Nuestra libre disponibilidad para dejarnos interrogar por el Señor. La fe es un acto auténticamente humano que no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre. Cfr. Domingo 21 tiempo ordinario Año B, 23 agosto 2009 - Josué 24, 1-2.15-7.18; Juan 6, 60-69 Josué 24, 1 Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y escribas que se situaron en presencia de Dios.2 Josué dijo a todo el pueblo: «Esto dice Yahveh el Dios de Israel: Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, Téraj, padre de Abraham y de Najor, y servían a otros dioses.15 Pero, si no os parece bien servir a Yahveh, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi familia serviremos a Yahveh.» 16 El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar a Yahveh para servir a otros dioses.17 Porque Yahveh nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos.18 Además Yahveh expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos a Yahveh, porque él es nuestro Dios.» Juan 6 60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: « Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? » 61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: « ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? 63 « El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.64 « Pero hay entre vosotros algunos que no creen. » Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. 65 Y decía: « Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre. » 66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.67 Jesús dijo entonces a los Doce: « ¿También vosotros queréis marcharos? » 68 Le respondió Simón Pedro: « Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, 69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» 1. Israel elige a Dios y abandona a los demás dioses (primera Lectura). 1ª Lectura. Israel es el pueblo de la alianza que, en Siquem, eligió a Dios y abandonó a todos los demás dioses. • Juan Pablo II, 21-4-1999: En la sagrada Escritura el tema del único Dios, frente a la universalidad de los pueblos que buscan la salvación, se va desarrollando progresivamente hasta alcanzar su culmen de la plena revelación en Cristo. El Dios de Israel, expresado con el tetragrama sagrado, es el Dios de los patriarcas, el Dios que se apareció a Moisés en la zarza ardiente (Exodo 3) para liberar a Israel y convertirlo en el pueblo de la alianza. En el libro de Josué se relata la opción por el Señor que se realizó en Siquem, donde la gran asamblea del pueblo eligió a Dios, que se había mostrado benévolo y próvido con él, y abandonó a todos los demás dioses (Josué 24). La elección de Dios lleva consigo servir al Señor. Pero el servicio en el lenguaje bíblico no tiene una acepción “servil”, como en algunos idiomas modernos, sino que indica la gozosa adhesión al proyecto divino. • Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scrittura, Anno B, Piemme 1996 pp. 261-262: Nótese que esa elección lleva consigo, según la expresión del libro de Josué que se ha leído, «servir» al Señor. Pero en el 2 lenguaje bíblico no tiene una acepción “servil” (como en algunos idiomas modernos), sino que indica la libre y gozosa adhesión al proyecto divino; de hecho “siervo” es el título de los máximos personajes bíblicos, de Abraham a Moisés, de Josué a David, de los profetas a la figura mesiánica del “Siervo del Señor” cantado por Isaías (capítulos 42; 49; 50; 53). Y en el Nuevo Testamento María se declara «sierva del Señor» (Lucas 1,38), y «siervo» es llamado incluso el Señor (Hechos 3,13; 4,27). Servir al Señor significa seguir su camino, aceptando su propuesta de vida, significa reconocer su grandeza y su gloria, significa amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Deuteronomio 6,5), significa creer en él. El Catecismo de la Iglesia Católica explica que los discípulos de Cristo realizamos nuestra «dignidad regia» viviendo conforme a la vocación de servir con Cristo. Para el cristiano «servir es reinar» y de este modo participamos en la función regia de Cristo. • CEC n. 786: El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (Cf Juan 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Para el cristiano, «servir es reinar» (Lumen gentium, 36.) particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (Lumen gentium, 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo. La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón (S. León Magno, serm. 4, 1)? 2. La pregunta que el Señor hace (en el evangelio de hoy) es una invitación a descubrir que sólo El tiene “palabras de vida eterna”. Nuestra disponibilidad para dejarnos interrogar por el Señor. La fe es un acto auténticamente humano que no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre. o Una decisión dramática que se plantea en la historia de todo hombre. • La afirmación del Señor en la sinagoga de Cafarnaún (“El que come carne y bebe mi sangre tiene vida eterna (…) Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”, Juan 6, 54-55), provoca la afirmación de muchos oyentes: “Es dura esta enseñanza”. Lo cual quiere decir que el lenguaje del Señor es duro, intolerable: en el original griego, un lenguaje casi incomprensible, lleno de fantasía, que es incluso ofensivo para la inteligencia de los oyentes (ellos dicen: “¿Quién puede entender esa enseñanza?”). • En la historia de todo hombre se plantea esta decisión dramática: responder ante la persona de Cristo y sus palabras. o Catecismo de la Iglesia Católica: una invitación de amor a descubrir que sólo Él tiene “palabras de vida eterna”. • CEC 1336: El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?" (Juan 6,60). La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?" (Juan 6,67): esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene "palabras de vida eterna" (Juan 6,68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo. Nuestra disponibilidad para dejarnos interrogar por Jesús • Juan Pablo II, Catequesis 7/01/1987: Concluimos esta catequesis introductoria, recordando que Jesus, en un momento especialmente difícil de la vida de los primeros discípulos, es decir, cuando la cruz se perfilaba cercana y lo abandonaban, hizo a los que se habían quedado con El otra de estas preguntas tan fuertes, penetrantes e ineludibles: "¿Queréis iros vosotros también?". Fue de nuevo Pedro quien, como 3 intérprete de sus hermanos, le respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tu tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Juan 6,67-69). Que estos apuntes catequéticos puedan hacernos más disponibles para dejarnos interrogar por Jesus, capaces de dar la respuesta justa a sus preguntas, dispuestos a compartir su Vida hasta el final. o La fe es un acto auténticamente humano que no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre. • CEC 154: Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por El reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad «presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela» (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con El. Una libertad que profundiza en la verdad sobre el hombre y sobre el mundo, para liberarlo de lo que limita y disminuye esa libertad. • Redemptor hominis, 12: “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: «Conoceréis la verdad y la verdad os librará » (Juan 8, 32). Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy, después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia. ¡Qué confirmación tan estupenda de lo que han dado y no cesan de dar aquellos que, gracias a Cristo y en Cristo, han alcanzado la verdadera libertad y la han manifestado hasta en condiciones de constricción exterior!”. www.parroquiasantamonica.com

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