sábado, 14 de enero de 2017

2015/06/14 - XI Domingo del Tiempo Ordinario

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



14 de Junio del 2015







A Dios le gusta la  mostaza:

Entre los árboles del bosque, Dios escoge y planta una rama tierna. Entre las semillas, el Reino de Dios se compara con la más pequeña de ellas.

La pequeñez es el sacramento que evidencia la grandeza de Dios en la historia de la salvación, en la vida de la Iglesia, en la vida de cada  creyente.

La pequeñez sin apariencia del grano de mostaza se hará enramada tan grande que a su sombra podrán anidar los pájaros del cielo.

Ese grano de mostaza, semilla insignificante, ni “atrayente a los ojos” ni “deseable para lograr inteligencia”, se podría llamar «Belén Efratá»: “Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel”. Lo podrías llamar «cabaña de David»:  “Aquel día levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré como antaño”. Lo puedes llamar «resto de Israel»:  “Aquel día, el resto de Israel y los supervivientes de la casa de Jacob no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán con lealtad en el Señor, en el Santo de Israel”. Lo puedes llamar «renuevo» y «vástago»:  “Se desploma el Líbano con todo su esplendor; pero brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago”.

El secreto de la fecundidad asombrosa de lo pequeño es «El Señor»: su voluntad, su misericordia, su fidelidad, sus promesas.

En la pequeñez fecunda del grano de mostaza puedes ver representado el misterio de María de Nazaret, la esclava que Dios ha enaltecido.

En esa semilla, que ni semilla parece, puedes ver representado el misterio de Cristo, del Hijo que ha descendido hasta lo hondo de la condición humana y, por eso, ha recibido de Dios el nombre sobre todo nombre.

En ese grano de mostaza se puede ver representado el misterio de la comunidad eclesial, del pequeño rebaño de Cristo Jesús.

Por eso haces tuyo el himno del salmista: “Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad”.

Por eso haces tuyo el cántico de la esclava enaltecida: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava… el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

El Reino de Dios es como un grano de mostaza; es como el Cristo anonadado en la encarnación, entregado en la Eucaristía; es como tú, Iglesia que caminas con Cristo en pobreza y humildad.

A Dios se le van los ojos tras su Hijo bautizado en nuestra nada. Dios enaltece su misericordia y su fidelidad en la pequeñez de la comunidad eclesial. A Dios le gusta la mostaza. Y a los pájaros también.







2015/06/07 - Festividad del Corpus Christi

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI


7 de Junio del 2015











Un arco iris de paz entre Dios y el hombre

San Marcos lo describió así: “Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: _Tomad, esto es mi cuerpo”. Y luego añadió: “Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: _Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos”.

Te puede parecer, Iglesia santa, que las palabras del evangelista describen lo que Jesús hizo en la última cena con sus discípulos; pero en realidad te está poniendo delante de los ojos la vida entera de Jesús, todo lo que hizo antes de aquella cena, y lo que va a consumar después de ella.

Antes de aquella cena, Jesús ha partido y repartido su vida entre los hombres anunciando el Reinado de Dios, curando enfermos, liberando poseídos, perdonando pecados, haciendo el bien. Después de aquella cena, Jesús partirá y repartirá su vida entregándola por todos en los brazos abiertos de una cruz.

El pan y el vino de la última cena nos ayudan a comprender lo que fue Jesús para los pobres: un pan repartido; una copa de la que todos pudieron beber; una vida entregada por todos para que todos pudiesen vivir.

Pero también es verdad que la vida y la muerte de Jesús ayudan a comprender el significado de aquel pan entregado a los discípulos en la última cena y de aquella copa de la que todos bebieron; y también ayudan a comprender el significado del pan y del vino de nuestra Eucaristía. De su pan, de nuestro pan, se dice: “Esto es mi cuerpo”; de su copa, de nuestra copa, se dice: “ésta es mi sangre de la alianza”.

Cuando tomamos el pan y, pronunciando la bendición, lo partimos y lo comemos, la fe nos dice que Cristo nos está entregando, no nuestro pan, sino su Cuerpo Santísimo. Y cuando bebemos de la copa de la alianza, la fe nos dice que Cristo nos está entregando, no nuestro vino, sino la Sangre Santísima que él derramó por todos nosotros.

Cristo, su entrega, su sacrificio, su amor, él es la verdad de la Eucaristía, él es la señal de eterna alianza entre Dios y el hombre.




Celebrar la Eucaristía es como hacer brillar en el cielo un arco iris de paz entre Dios y los hombres. El Padre y la Iglesia miran  a Cristo, y recuerdan el amor que los ha unido en eterna alianza.

2015/05/31 - Festividad de la Santísima Trinidad

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
FESTIVIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD



31 de Mayo del 2015








Dichosa tú:

La revelación del misterio de la Santísima Trinidad nos ha permitido asomarnos a un abismo de amor compasivo: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que tenga vida eterna”.

La revelación ha llenado de luz nuestro día, y la comunidad entra en su celebración festiva con un canto de alabanza: “Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros”.

Luego confesará con el salmista: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor”.

En verdad dichosa tú, Iglesia santa, porque el Señor te amó, te creó, te entregó su palabra, su Hijo y su Espíritu.

Dichosa tú, que has visto a Dios vaciarse de sí mismo por ti, lo has visto hacerse hijo de la humanidad, para que tú fueses un pueblo de hijos de Dios.

Dichosa tú, que has visto a Dos vaciarse de su santidad y hacerse impuro con tu lepra, para que tú fueses una nación santa.

Dichosa tú, que has visto a Dios vaciarse de la vida, para que tú fueses una Iglesia de resucitados.

Dichosa tú, que has visto a Dios vaciarse de Dios para servirte, purificarte, sellar contigo una alianza nueva y eterna.

Y porque a Dios lo has visto así, en carne viva de amor, tu canto de bendición sube hoy desde la tierra hasta el cielo, pues desde el cielo ha bajado a tu tierra la misericordia que todo lo llena.

Pero en este día de fiesta no celebramos sólo la misericordia que se nos ha revelado por el don del Hijo y del Espíritu; celebramos también la obra admirable que la misericordia de Dios ha realizado en nosotros, pues hemos recibido un Espíritu de hijos adoptivos y, por ese Espíritu, a Dios le decimos con verdad: ¡Abba! ¡Padre!; por ese Espíritu somos  hijos de Dios en Cristo, y somos herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Dichosa tú, Iglesia santificada, asamblea de los que han sido bautizados en la santidad de la Trinidad para ser hijos de Dios Padre, hijos en el Hijo de Dios, hijos por el Espíritu de Dios.

Dichosa tú, pues la Trinidad Santísima es el seno del que has nacido, es el misterio en el que se te ha concedido vivir, moverte, existir, y es también la plenitud de lo que esperas ser.

Vive en la Eucaristía lo que confiesas en la fe. Por la fuerza del Espíritu de Dios y en comunión con el Hijo de Dios, haz resonar en la asamblea eucarística, en el corazón de los fieles y en todo el universo la palabra más hermosa que de Dios podemos decir: ¡Abba! ¡Padre!

Terminada la Eucaristía, te espera la misión a la que te envía tu Señor. Recuerda que Dios es el futuro del hombre, de toda la creación, y que has de hacer posible el milagro de que todos conozcan el Amor de donde vienen, el Amor en el que viven, el Amor hacia el que van. Díselo a todos; que a todos se lo diga el amor con que los amas.




Feliz día de la Santísima Trinidad.

2017/01/15 - Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



15 de Enero del 2017









De los pobres y de Dios

Él es el centro de tu eucaristía: No dejes de fijarte en Cristo Jesús.

Escucha lo que de él te dice el que lo formó siervo suyo: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso… Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Escucha el testimonio que da Juan el Bautista: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Escucha el evangelio que proclaman sus mensajeros: “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros”.

Eso es lo que celebras, por eso das gracias en medio de tus hermanos, porque te han arrebatado al pecado del mundo y, mediante la fe, has entrado en un mundo de luz, de gracia y de paz.

En realidad, escuchando y creyendo la palabra de Dios, acogiendo a Cristo Jesús en los hermanos y en su eucaristía, haces comunión con la luz que alumbra a las naciones, con la gracia que te diviniza, con la paz  que Dios ofrece a los que ama.

Acogerás el cuerpo eucarístico del Señor sólo si comulgas con su cuerpo eclesial, con su cuerpo pobre, con su cuerpo enfermo, con su cuerpo herido, con los hermanos que él mismo te ha dado.

No habrás comulgado el cuerpo eucarístico del Señor si lo crucificas en el parado, en el desahuciado, en el mendigo, en el sin techo, en el refugiado, en el emigrante…

Ahora, si has comulgado con él, escucha lo que dice ese Hijo que es tu luz, tu gracia y tu paz: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad… Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en mis entrañas”.
El Hijo lo dice porque es Hijo. Tú lo dices porque estás en comunión con el Hijo.

El Hijo lo dice porque conoce el amor del Padre. Tú lo dices porque, en comunión con el Hijo, experimentas la salvación que viene de Dios, has visto su luz, te ha embellecido su gracia, se ha quedado contigo para siempre su paz.

Por eso dices primero: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”.
Y luego, con el Hijo, añades: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad… Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en mis entrañas”.




Si comulgas, en el Hijo serás de los pobres y de Dios.

viernes, 13 de enero de 2017

2015/05/24 - Domingo de Pentecostés

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
DOMINGO DE PENTECOSTÉS



24 de Mayo del 2015





El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven!”

A todos vosotros, amados del Señor: Paz y Bien.

Llega con sus lenguas de fuego la celebración anual de Pentecostés y se cierra el tiempo de Pascua. La Iglesia, bautizada en el Espíritu, sale a los caminos del hombre para llevar a todos, con la gracia del evangelio, el don de la vida eterna.

Sopla el viento de la vida:

Aquella noche, la última de Jesús con sus discípulos, las palabras, también las de la oración, se arenaban en calas de tristeza. Pero eran palabras semilla que llevaban dentro la eternidad de la vida: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” .

Tus palabras, Jesús, se nos quedan dispersas en el alma, ecos entrañables de un diálogo celeste, palabras tuyas y del Padre, de Dios para Dios, misterios que nos sobrepasan. Pero no hablabas del Padre y de ti, sino de los tuyos, de los suyos, de tu Iglesia, de nosotros; hablabas de vida y de conocimiento, hablabas de vida eterna, vida verdadera, la sola a la que el nombre conviene en plenitud, la vida que es conocer al Padre y conocerte a Ti.

Conocer… La vida es conocer. El que a nosotros nos llamó amigos, a sí mismo se llamó vida, y de ambos nombres se entiende la razón: “a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Ese conocimiento es vida celeste, entiéndase verdadera, eterna, perfecta; por eso, para ti que crees, Jesús, el que te da el conocimiento del Padre, es la Vida.

Ese conocimiento, que es vida, sólo puede ser espiritual: echará raíces en las arenas de nuestro desierto sólo cuando el Espíritu Santo nos lo enseñe todo y nos recuerde todo lo que Jesús nos dijo.

Tú necesitas conocer para vivir, y el Espíritu de Dios es el maestro que viene a ti para enseñarte. No dejes de escuchar su voz, y no dejarás de aprender a Cristo Jesús, no dejarás de transformarte en Cristo Jesús, no dejarás que se apague en ti la llama divina de la vida eterna.

Se enciende el fuego del amor:

Si has conocido al Padre y a Jesucristo, si has conocido a Dios, no pienses que has añadido un saber a los que ya tenías, pues aquí se trata, no de saber más, sino de ser cada vez más lo que se va sabiendo.

Si aprendes a Dios, es que Dios vive en ti y tú vives en él. Si aprendes a Cristo el Señor, también tú podrás decir con el apóstol: “Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” .

Pero, ¿cómo puedes vivir en Dios y puede Cristo vivir en ti? La fe te sugiere que esa posibilidad tendrá que ver con el amor, pues “el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios… porque Dios es amor” . El que ama, ése conoce; con todo, me pregunto todavía: ¿cómo puedes amar para conocer si no conoces para amar? No puedes, ¿verdad? ¡No podemos!

Pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” . El amor es don que se te hace para que conozcas, y conociendo vivas, y de ese modo Cristo viva en ti.

Hoy es la fiesta del Espíritu que se nos ha dado para que encienda en el corazón de los fieles el fuego del amor que arde en el seno de Dios.

Dios es amor: lo es en Dios y lo es en ti.

Ahora ya puedes entonar tu salmo personal, tu cantar de los cantares, tu alabanza al que te ama: “Bendice, alma mía al Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Que le sea agradable mi poema, y yo me alegre con el Señor.”

Espíritu de comunión:

A la humanidad, agitada desde el hombre viejo por un espíritu de división, el hombre nuevo, Cristo Jesús, le ofrece un Espíritu de comunión.

Ese Espíritu no se nos ha dado para esconderlo bajo la tierra de nuestros miedos, sino que su poder se ha de manifestar en cada uno de nosotros para el bien de todos.

En ese único Espíritu hemos sido bautizados todos para formar un solo cuerpo.

Ahora, bajo la acción del Espíritu, ya puedes decir con todos: “Jesús es el Señor”, y las palabras de tu oración serán a un tiempo profesión de fe, grito de esperanza, declaración de amor.

Ahora puedes decir con todos: “¡Abba, Padre!”, y las palabras serán reconocimiento de tu condición filial, memoria de tu libertad, descanso del alma, prenda de gloria.

Ahora, con el Espíritu, preparas el pan de la Eucaristía, comes de lo que has preparado, y, para perderte en el que amas, te dispones a ser transformada en lo que has comido, en Cristo.

Ahora, Iglesia de Dios, deja que resuene en tu corazón el anhelo del mundo: “El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! Y quien lo oiga, diga: «¡Ven!» … ¡Ven, Señor Jesús!”.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo Martínez

Arzobispo de Tánger

2015/05/17 - Domingo de la Ascensión

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
DOMINGO DE LA ASCENSIÓN



17 de Mayo del 2015









Llevados al cielo

Nos disponemos a celebrar la fiesta de la Ascensión del Señor. La fe intuye que el mundo fue creado para el misterio de este día, para hacer posible este día de Jesús, este día de la humanidad, este día de Dios.

El evangelista, como quien guarda la inmensidad del océano en un hoyo de la playa, encerró en la humildad de unas pocas palabras la gloria de la Ascensión del Señor: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”.

La memoria de este misterio de gracia y de gloria te da palabras de eucaristía: “En verdad, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, Padre santo, porque Jesús ha ascendido hoy a lo más alto del cielo… allí ha querido precedernos… para que vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino”.

Considera, Iglesia de Cristo, cuál es tu destino, pues hoy se te concede contemplar abiertas para quien es nuestra cabeza, para quienes somos su cuerpo y para la creación entera las puertas del cielo.

Dios te ama hasta dar la vida para elevarte con él, por elevarte hasta él.

De ese amor que te diviniza es sacramento el Cuerpo de Cristo que recibes en comunión. Si comulgas, crees que viene a ti tu Señor, y confiesas también que entras con tu Señor en el cielo, pues no se queda él en ti sin que tú te quedes en él.

Feliz comunión, feliz ascensión con Cristo Jesús.

jueves, 12 de enero de 2017

2015/05/10 - VI Domingo de Pascua

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
VI DOMINGO DE PASCUA



10 de Mayo del 2015









La noche es clara como el día

Tal vez por el sufrimiento multiplicado de los pobres, tal vez por la indiferencia arrogante de la injusticia, tal vez porque la oscuridad del no saber se cierne sobre las certezas de la fe, tal vez porque Dios es Dios y el corazón sólo alcanza a conocer el vértigo de desearlo, tal vez sólo porque yo soy polvo y la finitud, la muerte, como una sombra, se mueve inseparable de mis pasos, tal vez por todo ello, las palabras de la revelación atraviesan como espada de fuego el corazón de esa noche: “Dios es amor”.

Si amas y te preguntan de dónde vienes, tú les podrás decir: vengo del amor; si te preguntan a dónde vas, tú les dirás que vas al amor; y si te preguntan dónde vives, tú les dirás: vivo en el amor.

Si amas, inseparable de tus pasos, y no porque sea tu sombra, sino porque será todo tu ser, irá el amor que es Dios.

Si amas, el amor irá diciendo que has nacido de Dios, que lo conoces, que él te habita, y que tú permaneces en él.

En el corazón de tu noche se encienden hoy las palabras del evangelio. Te lo dice el testigo del amor más grande, el que se ha encarnado para servirte, el que se ha arrodillado a tus pies para lavarlos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor”. Te lo dice el que ha entrado en la oscuridad gloriosa de su hora: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Te lo dice el que conoce más de cerca el vértigo del sufrimiento, de la indiferencia, de la injusticia, del abandono: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”.


Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo; feliz comunión con tu Señor, con el que te ama como él es amado por el Padre, con el que viene a ti para que tú vivas en su alegría, con el que irrumpe en tu noche para ser tu día, para ser tu gloria, para ser tu cielo.

2015/05/03 - V Domingo de Pascua

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
V DOMINGO DE PASCUA



3 de Mayo del 2015










Soñé que me quedaba en ti

Soñé que me quedaba en ti, mi Señor resucitado, como el sarmiento en la vid, como el amado en quien lo ama. Soñé que moraba en ti, que era bautizado en tu muerte, que me ungía tu Espíritu, y que contigo entraba resucitado en la vida de Dios. Soñé que en ti me perdía, hijo en el Hijo, y que allí me alcanzaba y me poseía el amor con que tú eres amado. Soñé que para mí no quería otro sueño, otra dicha, otra recompensa, otro cielo que no fueses tú.

Y tú, viniendo a mí, has hecho realidad lo que habías hecho deseo dentro de mí, pues yo permanezco en ti cuando guardo en mí tu palabra, cuando recibo el admirable sacramento de tu cuerpo y de tu sangre, cuando me visitas en los pobres que tu misericordia me ha permitido asistir.

Abre tus ojos, Iglesia de Cristo, y reconoce en medio de ti la presencia de tu Señor. El lector la recordará proclamando: ¡Palabra de Dios! El que preside la evocará mientras te dice: ¡Cuerpo de Cristo! Y el Espíritu de Jesús te alertará cuando se cruce contigo tu hermano necesitado.

No te sorprendas si a tu Señor lo encuentras pobre, magullado y roto, abandonado en el camino, echado al borde de una esperanza; no te sorprendas si lo ves emigrante, en las cunetas de la vida, que mendiga unas migajas de justicia y de pan, un puñado de arroz y de futuro; no te sorprendas si lo ves niño dormido en tus brazos: tú serás para él un lugar de ternura compasiva, y él será para ti el lugar de la salvación.




Tu palabra, Señor, y tu cuerpo, la eucaristía y los pobres, hacen realidad en tu Iglesia el cielo que le has concedido soñar.

miércoles, 11 de enero de 2017

2015/04/012 - II Domingo de Pascua

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
II DOMINGO DE PASCUA



12 de Abril del 2015







¡Señor mío y Dios mío!:

La noche de Pascua trajo el evangelio más sorprendente: “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Antes de que el incienso subiese a lo alto de nuestras iglesias, la oración de la fe subía agradecida a lo alto del cielo, a lo más íntimo de nosotros mismos, a la morada santa del Dios de nuestra salvación. Antes de que la luz inundase de claridad nuestra asamblea, el alma se iluminó de esperanza, de alegría y de paz. Antes de que el Resucitado nos recibiera en comunión sacramental, nuestra fe lo había recibido en comunión espiritual, y sabíamos que, por la fe, era nuestro lo que admirábamos en él, pues nuestra era la humanidad en él resucitada, nuestra su gloria, nuestra su vida.

Ahora aprendemos a discernir su presencia en medio de nosotros. Otro le dará voz, pero hoy será él quien te hable, será él quien te abrace con su paz, será él quien te regale con su Espíritu, será él quien pronuncie contigo tu acción de gracias, será él quien resucitado se te entregue en el pan de la bendición, será él el corazón de la palabra que proclames, será él la verdad de los ritos que celebres, será él el corazón y la verdad de tu confesión: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Cristo ha resucitado, y hoy nos encontramos con él en nuestra Eucaristía.




Feliz domingo. Feliz Pascua de resurrección.

2015/04/26 - IV Domingo de Pascua

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
II DOMINGO DE PASCUA



26 de Abril del 2015









La voz de una madre

Lo has oído en el evangelio: “Yo soy el buen pastor, que da su vida por sus ovejas”. Oyéndolo, has entendido que Jesús de Nazaret te ha puesto en el centro de su vida; has entendido que el Hijo de Dios, porque te amaba, se ha hecho vulnerable hasta dar la vida por ti; has entendido que Dios, compadecido de ti, ha abierto de par en par las fronteras de su Reino para que entres, para que seas libre, para que vivas.

Lo has oído en el evangelio, lo has celebrado, lo has revivido, lo has experimentado en la Eucaristía: “Yo soy el buen pastor, que da su vida por sus ovejas”. Y sabes, Iglesia cuerpo de Cristo, que ésa es tu vocación, que estás llamada a poner a los pobres en el centro de tu vida, a dar la vida por ellos, a mantenerte siempre abierta para ellos porque eres su casa. Tu vocación es conocerlos: conocer su voz, su necesidad, sus anhelos, sus miedos, sus alegrías. Tu vocación es hacerte para ellos deseable como un pan, vulnerable como un amante, acogedora como una madre; hacerte toda para ellos como Jesús se hizo todo para ti.

Que los empobrecidos sepan todos que pueden contar contigo: Todos, en todo tiempo, en todo lugar. Que los pobres sepan que, allí donde te encuentren, encontrarán madre, encontrarán ternura, y si lo hay, encontrarán pan.




Que los empobrecidos conozcan tu voz, como reconoce un niño la voz de su madre.

martes, 10 de enero de 2017

2015/03/29 - Domingo de Ramos

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)


DOMINGO DE RAMOS



29 de Marzo del 2015






Para qué

Qué puedo deciros en este Domingo de Ramos.

Se me ha explicado de muchas maneras qué es lo que en este día recordamos, pero continúo preguntándome para qué lo recordamos.

Para qué, si los pobres continuarán rebelándose contra Dios en las fronteras.

Para qué, si los opresores continuarán presumiendo de la aprobación de Dios en ritos de engañosa religiosidad.

Para qué, si el bienestar de unos pocos se logrará siempre a costa del sufrimiento de muchos.

Para qué, si una depresión puede ausentar a un hombre de su humanidad y transformarlo en un asesino.

Para qué...

Hoy caminaré detrás de Jesús el Nazareno, para que no me pueda la desesperanza, para ver a dónde lleva su camino de pobre, su personal viacrucis, su libertad de hijo. Hoy caminaré con Jesús porque necesito ver, porque necesito resucitar, porque necesito saber que el futuro es de las víctimas y del amor, porque necesito confirmar que el futuro es de Dios y de los pobres. Hoy caminaré con Jesús, porque Jesús es todo lo que puedo soñar.




Feliz domingo. Feliz camino con Jesús hacia la Pascua.

2015/03/22 - V Domingo de Cuaresma

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)


V DOMINGO DE CUARESMA



22 de Marzo del 2015






Quisiéramos ver a Jesús:

Los griegos de los que habla el evangelio dijeron al apóstol Felipe: “Quisiéramos ver a Jesús”. Y nosotros podemos entender que deseaban encontrarse con Jesús, hablar con él, tal vez creer en él, servirle, seguirle. Que sería algo así como desear ver lo que no está a la vista, lo que pertenece al misterio.

Por eso, el evangelista, en vez de informar sobre un eventual encuentro de Jesús con aquellos griegos, pone delante de ellos y de nosotros el misterio que andan buscando: lo que de Jesús todavía no se puede ver.

Para que alguien pueda ver a Jesús, será necesario que el Hijo del hombre haya vivido entera la hora de su glorificación: caer en tierra, morir, dar fruto…

Entonces, sólo entonces, se hará posible verle: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto”. Aquí se habla de morir y fructificar, morir uno y nacer muchos, y ya nos damos cuenta de que se puede ver a Jesús sin nacer de Jesús, se puede ver a Jesús sin encontrarse con Jesús, se puede ver a Jesús sin creer en Jesús; nuestra petición hoy, como la de aquellos griegos ayer, aunque sólo diga “quisiéramos ver a Jesús”, dice que queremos creer en él, encontrarle a él, ¡nacer de él!

¡No basta con ver para ver! A Jesús lo vieron escribas y fariseos, y lo persiguieron; lo vio el sanedrín, y lo declaró reo de muerte; lo vio Herodes, y se burló de él; lo vio Pilato, y lo condenó.

¡Hace falta nacer! Trigo que nace de trigo; cristos que nacen de Cristo. ¡Sólo si naces, has visto! Esto es lo que pertenece al misterio.

Ahora considera lo que vives en el sacramento de la Eucaristía. En él haces memoria de la entrega de Cristo: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. En él haces memoria del sacrificio de Cristo, del grano de trigo que, caído en tierra, muere y da fruto. Tú, asamblea santa, eres el fruto de Cristo, tú has salido de Cristo, tú eres atraída por Cristo, tú vuelves a Cristo: muchos son los que han nacido de uno, y todos volvemos, por la comunión, a ser uno en aquel de quien hemos nacido.

Un sueño: Un solo rebaño y un solo pastor, los que ya creen y los que todavía no han visto al Señor, los que han oído su nombre y los que lo aman sin conocerlo. Que todos, Señor, volvamos a sentirnos carne de tu carne, ¡todos!

Una sorpresa: La de saber que eras tú quien llamaba a mi puerta necesitado. Entonces descubrí otro modo de verte, de encontrarte, de comulgar contigo: Ver a los pobres, encontrarlos, comulgar con ellos, hacerme uno con ellos.

Un secreto: Para ver a Jesús, basta el amor.




Feliz domingo.

2015/03/15 - IV Domingo de Cuaresma


Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)

IV DOMINGO DE CUARESMA



15 de Marzo del 2015





Mira, cree, vive:

Oído el evangelio de este domingo, en el alma y en los ojos se nos queda la imagen de Cristo crucificado: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él, tenga vida eterna”.

Considera lo que has oído y entra en el misterio que se te revela.

Hoy contemplas a Cristo levantado en la cruz, y reconoces en él el árbol de la vida, fuente de la salvación, revelación de las profundidades del amor con que Dios ama.

Ya hablaba de Dios y de la vida la serpiente levantada en el desierto, memoria de la Ley divina que salva, señal de salvación para quienes la miraban y creían, es decir, para quienes escuchaban y obedecían.

Ahora el evangelio nos indica la realidad que la figura anunciaba, la Palabra encarnada que la Ley significaba, el Hijo enaltecido que la serpiente de bronce representaba.

Ahora miras, crees, y vives. Ahora, Iglesia del desierto, miras, crees, y eres curada de la mordedura de la antigua serpiente. Ahora miras, crees, y recibes vida eterna.

Lo que ahora contemplas es el misterio de Cristo crucificado y glorificado, levantado en el desierto donde los hombres peregrinan, levantado para que el mundo vea, crea y se salve.

Asómate al misterio y goza con la salvación: Dios, tu Dios, te ha dado a su Hijo, y este Hijo, levantado ante los ojos de la humanidad herida, es para ella señal de salvación, memoria del amor de Dios, sacramento de la vida que Dios da. Esa señal, esa memoria, ese sacramento es Jesús de Nazaret. ¡Asómate y goza!

No me digas lo que la información o tu propia experiencia te permiten saber acerca de Jesús de Nazaret. Todos, como el fariseo Nicodemo, podemos presumir saberes sobre Jesús, incluso podemos llegar a decir que “sabemos que viene de Dios como maestro”. Pero estos son saberes nuestros, que vienen de nosotros mismos, que pueden hacer de nosotros alumnos de un maestro o seguidores de un gurú, pero nunca podrán hacer de nadie un creyente. Los creyentes nacen  de Dios, con ojos que sólo Dios puede dar, y luz que sólo Dios puede encender. Y porque nacen “de lo alto”, la fe les permite mirar a Cristo crucificado y ver la salvación que viene de Dios; ellos miran a Cristo entregado, y admiran el amor que Dios les tiene; ellos miran al Hijo del hombre, que ha sido elevado en medio del campamento, y encuentran en él la vida que sólo Dios puede dar. ¡Asómate al misterio y goza de él! ¡Mira, contempla y ama!

Hemos hablado de la serpiente de bronce, levantada en el desierto. Hemos hablado del Hijo del hombre, “elevado para que todo el que cree en él, tenga vida eterna”. Hemos recordado misterios de la fe. Pero todavía se nos llama a un nuevo conocimiento. También éste viene “de lo alto”: hoy, en medio de nuestra asamblea, la fe contemplará elevado al Hijo del hombre, como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, Pan de vida para los que peregrinan en el desierto, sacramento admirable de Cristo resucitado. Mira, contempla y, “de lo alto”, sabrás que Dios te ha hecho vivir con Cristo, que Dios te ha resucitado con Cristo, que están con Cristo en el cielo a la diestra de Dios.

¡Asómate al misterio y goza de él! ¡Mira, contempla y ama!

Y aún has de contemplarle elevado en los pobres: Sólo con la luz “de lo alto” lo reconocerás: el necesitado al que tú acudes para que viva, se te manifestará como tu vida.

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti…si no pongo a mi Señor en la cumbre de mis alegrías”.


Feliz domingo.

lunes, 9 de enero de 2017

2015/03/08 - III Domingo de Cuaresma

Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)



III DOMINGO DE CUARESMA




8 de Marzo del 2015







¿Buscas a Dios? Búscalo en sus pobres

Los responsables del templo piden a Jesús credenciales de la autoridad con que ha expulsado del recinto sagrado a los vendedores:

¿Qué signos nos muestras para obrar así?”

Piden una prueba de credibilidad, y Jesús se la da:

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.

¿Quién entiende a Jesús? Si habla de nacer de nuevo, imaginamos imposibles retornos al vientre materno; si nos ofrece su agua, entendemos que ya no habrá que volver con el cántaro a la fuente; si multiplica su pan, soñamos que se ha eliminado el gasto en la panadería; y si habla de “destruir y levantar” templos, pensamos como obreros de la construcción, y le replicamos que él no puede entregar en el plazo señalado la obra que se ha comprometido a hacer.

Destruid este templo”, dice Jesús.

No se trata de un farol, de un juego, de una apuesta, de una bravata, o de una salida ingeniosa para una situación difícil. Son palabras que describen algo que a la vista de todos se estaba haciendo: “destruir el templo”; y declaran lo que Jesús hará, si aquel proceso de destrucción no se detiene: “levantarlo”.

El templo, que Jesús llama “la casa de mi Padre”, se destruye cuando alguien lo convierte en “casa de emporio”, cuando se cambia Padre por mercado.

Pero las palabras de Jesús sobre la destrucción remiten sobre todo al templo que es “su cuerpo”, al sacramento de la presencia real de Dios que es Jesús mismo, al proceso de destrucción que desembocará en su cruz y en su muerte. Jesús dice a quienes lo interrogan y le piden signos: «Continuad vuestra obra de demolición, y cuando la hayáis consumado, yo levantaré lo demolido».

A quienes no tenemos la pretensión de pedir signos, la fe nos abre el camino para entender los signos que la gracia de Dios nos regala, también éste del templo destruido y levantado, es decir, de Cristo crucificado y resucitado.

Los creyentes no vamos buscando milagros para creer, sino crucificados a quienes amar, pobres a quienes levantar. Por eso conocemos de cerca la verdad de la destrucción y de la resurrección, de la pasión y de la Pascua.

Iglesia de fe humilde y confiada, si alguien te pide signos, invítalo a acercarse a los pobres del mundo, a los explotados, a los esclavos, a los desechados por los que saben y pueden; muéstrale a tu Cristo destruido y amado… y levantado. Y no te canses de amar lo que encuentras destruido, y de levantar lo que amas.

Tú, experta de cuaresmas innumerables, pones esperanza de Pascua en el camino de los derrotados.


Printfriendly