sábado, 18 de febrero de 2017

El SIDA y los científicos: los pirómanos y la cultura.



El SIDA y los científicos: los pirómanos y la cultura Cfr. Bioeticablog, 27 marzo 2009 En un país oriental ocurrió que se desató una epidemia de pirómanos. Los incendios surgían por todas partes, y amenazaban las vidas humanas y la economía de ese país. Reunidas las autoridades para estudiar cómo atajar esa epidemia se formaron dos grupos: el que recomendaba dar un extintor a cada pirómano, y el que recomendaba tratar de que hubiese menos pirómanos. Los del primer grupo defendían la postura de que cada uno tiene derecho a decidir su comportamiento y que lo único que importa es que deje de producir daño a su entorno, por eso juzgaban que respetar la libertad se conseguía yendo a las consecuencias y no al hecho en sí. El otro grupo argumentaba que está bien dar a los pirómanos un extintor porque al menos evitan las consecuencias de sus acciones. Pero que hay que tener en cuenta que a veces los pirómanos no se controlan y pasan de llevar el extintor. Además en algunas ocasiones el extintor falla y no apaga el fuego. Por eso proponía que se crease una cultura en la que producir incendios no se considerase un juego divertido sino que se tuviese en cuenta las consecuencias de usar la libertad de esta forma. A estas alturas, ya nadie duda de que la epidemia del sida se extiende debido a la promiscuidad: ya sea entre homosexuales, o entre personas de distinto sexo. La infección por accidente es posible, pero son muy pocos casos los que ocurren. Posiblemente algún día se encontrará una vacuna que evite la enfermedad, pero llevamos muchos años a la espera de esta solución y no llegan noticias de que esté muy próxima. Si que se ha mejorado mucho en el tratamiento que evita que las personas estén condenadas a morir en fecha temprana. En esta situación, pueden fomentarse dos tipos de medidas. El primero es difundir una cultura que fomente la disminución de la promiscuidad. Lo que ocurre es que nuestra sociedad ha hecho, desde el punto de vista social, la opción de considerar como buena e incluso deseable la promiscuidad. Así dicho puede parecer fuerte, pero la realidad es que vivimos en una cultura cada vez más erotizada, que educa a la juventud en la consideración de que el sexo es meramente un mecanismo para gozar y hacer nuevas experiencias, y que ve como normal cambiar de pareja cuando no se está a gusto, o cuando cualquier emoción se cruza por el camino. Es poco frecuente ver campañas contra el sida que contemplen la actividad sexual dentro del marco del amor humano, y por tanto dentro de la responsabilidad y la fidelidad al amado. No queriendo actuar sobre la causa, es lógico que se intente minimizar los efectos negativos de esa promiscuidad: difusión de enfermedades de transmisión sexual (ETS), y del sida. Es lo que se ha dado denominar “sexo seguro”. Expresión que no da ninguna seguridad respecto a los daños emocionales y psicológicos que producimos los seres humanos con el uso banal del sexo. Tan sólo se refiere a la seguridad en la evitación de la trasmisión de enfermedades. Como “salvavidas-extintor” se ofrece el uso de preservativos en la actividad sexual. Es más, se plantea como una actividad de solidaridad con los pueblos del tercer mundo enviarles preservativos. El pasado 21 de marzo, el Dr. Green declaraba que los preservativos no solo no funcionan correctamente sino que podrían estar “exacerbando el problema” en África. Edward Green es Senior Harvard Research Scientist for AIDS Prevention, y lleva muchos años investigando en esta universidad sobre la prevención del sida. En uno de sus libros -Rethinking AIDS Prevention: Learning from Successes in Developing Countries-, plantea la cuestión de la eficacia de este tipo de medidas. Con ello se hace voz de un número creciente de investigadores que han descubierto que no está demostrado que el fomento del preservativo disminuya la epidemia del Sida. Más bien parece que la aumenta. Esto se produce por dos motivos: porque el preservativo falla en el 5% de los casos, y por un fenómeno llamado compensación de riesgo o desinhibición conductual. La compensación de riesgo “es la idea de que si alguien usa cierta tecnología para reducir el riesgo, ocurre un fenómeno que lleva a la persona a asumir un riesgo mayor”. Por ello en África cada vez más se está optando por fomentar la fidelidad y la sexualidad responsable como camino más real para controlar la epidemia del Sida. www.parroquiasantamonica.com

El SIDA. Acerca de las declaraciones de Benedicto XVI, en su reciente viaje a África, sobre el modo de frenar la epidemia del SIDA, proponemos: A) un entrevista con Edward Green, uno de los expertos más conocidos en el mundo, director del Departamento de Estudios de Población y Desasarrollo de la Universidad de Harvard, que se declara agnóstico; B) recensión de un artículo de Edward Green en el Washington Post: «El Papa puede tener razón»; C) un artículo de Marta Martínez sobre los datos que hay que tener en cuenta para luchar contra esa epidema, más allá de los tópicos y de las ideologías; D) lo que dijo el Papa en el encuentro con periodistas durante el viaje de Roma a Camerún; E) comunicado de la Santa Sede (19 de abril de 2009) sobre la censura del parlamento belga al Papa.



1 El SIDA. Acerca de las declaraciones de Benedicto XVI, en su reciente viaje a África, sobre el modo de frenar la epidemia del SIDA, proponemos: A) un entrevista con Edward Green, uno de los expertos más conocidos en el mundo, director del Departamento de Estudios de Población y Desasarrollo de la Universidad de Harvard, que se declara agnóstico; B) recensión de un artículo de Edward Green en el Washington Post: «El Papa puede tener razón»; C) un artículo de Marta Martínez sobre los datos que hay que tener en cuenta para luchar contra esa epidema, más allá de los tópicos y de las ideologías; D) lo que dijo el Papa en el encuentro con periodistas durante el viaje de Roma a Camerún; E) comunicado de la Santa Sede (19 de abril de 2009) sobre la censura del parlamento belga al Papa. Fuentes: Alfa y Omega n. 638, 23-IV-2009, Vatican.va y Zenit.org A) Entrevista a Edward Green, profesor en Harvard y experto en SIDA Fuente: Alfa y Omega o Únicas evidencias científicas: fidelidad y abstinencia Cuando el Papa Benedicto XVI, en su reciente viaje a África, afirmó que la distribución de preservativos como modo de frenar el avance de la epidemia del sida, no sólo no ayudaría a este propósito, sino que, además, sería contraproducente, levantó una polvareda de críticas en todo el mundo, incluso por parte de muchos católicos, que aún hoy se hace sentir. Sin embargo, algunos expertos levantaron la voz para hacer ver que el Papa «podría tener razón» Éstas fueron las palabras, por ejemplo, de uno de los expertos sobre sida más conocidos en el mundo, Edward Green, director del Departamento de Estudios de Población y Desarrollo de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Edward Green se declara agnóstico, pero afirma, después de 35 años de estudios, que las únicas evidencias científicamente demostradas en la prevención del sida son la abstinencia y la fidelidad. Así lo explica en esta esclarecedora entrevista, en exclusiva para «Alfa y Omega» ¿Cree que existen muchos mitos en Occidente acerca del sida en África? Sí, y trataré sobre ello en mi nuevo libro: Sida e ideología. Estos mitos podrían resumirse en: «El sida todavía sigue extendiéndose, o al menos incrementándose, en África;/ No puede haber una prevención efectiva del Sida sin disponibilidad de tratamientos antirretrovirales;/ No puede haber una prevención efectiva del sida a menos que la gente se haga la prueba y sepa si es portador del virus;/ Los preservativos previenen el sida;/ El sida se propaga por tener relaciones sexuales sin protección;/ Al menos utilizar condones es mejor que no utilizarlos. Promocionar y publicitar los preservativos no puede hacer daño;/ La mayor parte de los adolescentes africanos ya mantienen relaciones sexuales;/ La mayor parte de los africanos tienen múltiples parejas sexuales, muchas más 2 que los occidentales;/ Promover la abstinencia no es realista, porque los hombres africanos no pueden ser fieles;/ Los africanos son las personas más promiscuas del mundo;/ El matrimonio es peligroso porque los maridos infectan a las esposas con el virus del sida;/ La pobreza es el cauce por el que se expande la epidemia del sida;/ El desequilibrio sexual conduce a la epidemia del sida;/ La falta de educación conduce a la epidemia del sida;/ La guerra civil y, en general, todas las luchas civiles, favorecen la epidemia del sida;/ Las mujeres africanas no pueden hacer nada;/ Utilizar el miedo en los mensajes para motivar el cambio de conducta es contraproducente;/ La ayuda de los programas de intercambios de jeringuillas ayudan a disminuir las tasas de infección...» Y así seguiría sin cesar. Usted ha hablado sobre evidencia en los resultados de la lucha contra el sida: la fidelidad y la abstinencia sexual antes del matrimonio. El caso de Uganda es un ejemplo de ello. ¿Por qué esta evidencia es aparentemente silenciada? Porque el sida es una industria multibillonaria. Es muy duro cambiar la dirección de las cosas cuando ha habido una inversión masiva en reducción de riesgos (preservativos, medicamentos, pruebas, intercambio de jeringuillas) en forma de billones de dólares, donde se juntan, además, el desarrollo de programas y de burocracias relacionados con organizaciones de planificación familiar (yo estoy a favor de la planificación familiar, pero reconozco que el sida y la planificación familiar son cosas distintas), reputaciones, egos y carreras profesionales, y una fortísima ideología de la liberación sexual. Yo comparto esta ideología, como americano que ha crecido en los años 60, pero éste no es el sistema que conduce a la prevención del sida en África, donde alrededor del 20% de la población está infectada por el virus VIH. ¿Qué tipo de intereses económicos hay detrás de la campaña de preservativos como único modo de prevenir el sida en África? Precisamente el interés personal de aquella gente que se beneficia de la industria del sida que mueve billones de dólares al año. Ellos prefieren no apoyar las intervenciones que cambiarían la conducta de la gente, donde no tomarían parte los productos o servicios que ellos promueven. De esta manera, continuamos haciendo las mismas cosas, esperando resultados distintos. Y todo esto se complica por el hecho de que algunas intervenciones para la reducción del riesgo de contagio, como la promoción de preservativos, han funcionado en países como Tailandia o Camboya. No es tanto el hecho de que las compañías farmacéuticas sean el problema, al menos en lo que a los preservativos se refiere. Los condones no dan tanto dinero. Sin embargo, las compañías farmacéuticas son el soporte para hacer billones de dólares en medicamentos para tratamientos. La última idea para la prevención en América, que ha aparecido la semana pasada en el Washington Post, es procurar dosis diarias de antirretrovirales a gente que simplemente está en riesgo de llegar a ser infectados por el VIH. 3 ¿Cree que es posible cambiar la conducta sexual en la sociedad? Sé que es posible. El Gobierno ugandés invirtió 23 céntimos de dólar por persona y por año al final de los años 80. En dos años, aproximadamente, se percibió un cambio de conducta masivo, y el sida se redujo en 2/3 aproximadamente. El mensaje principal era ser fiel a la pareja. Muchas organizaciones católicas y no católicas hacen grandes esfuerzos para atender a pacientes enfermos de sida por todo el mundo. Pero usted añade que estos esfuerzos se hacen también en el ámbito de la prevención. ¿De qué tipo de prevención habla? Este tipo de organizaciones llevan a cabo campañas de promoción de la fidelidad y la abstinencia. Lo cierto es que científicamente se ha comprobado que estas intervenciones son las que mejor funcionan en la lucha contra el sida en África. A. Llamas Palacios B) El Papa puede tener razón Fuente: Alfa y Omega o El Papa puede tener razón Edward Green es agnóstico, y sus afirmaciones en algunos campos así lo dejan ver. Sin embargo, el pasado 29 de marzo, en el Washington Post, se podía leer un artículo suyo titulado El Papa puede tener razón, que dio la vuelta al mundo, aunque sólo en aquella parte del mundo dispuesta a escuchar algo políticamente incorrecto. Según el profesor de Harvard, han sido muy numerosos los estudios que han confirmado ya que los preservativos no funcionaban en la prevención del sida en África, aunque sí lo hayan hecho en otros países como Camboya o Tailandia (ya que la transmisión en estos casos tenía que ver con la prostitución). «En teoría -dice el profesor- , los condones deberían funcionar siempre. O al menos debería ser mejor usarlos que no usarlos, pero esto, en África, no es así. Una razón -afirma- es la de la compensación del riesgo, es decir, la gente se siente segura usando condones y adopta conductas más arriesgadas sexualmente. Otro factor es que las personas raras veces utilizan preservativos con sus parejas estables, porque eso podría significar falta de confianza». El autor habla de lo habitual que es encontrar en África a personas que tienen varias relaciones al mismo tiempo, y finalmente afirma que lo único que hasta ahora ha funcionado en África son las estrategias que rompen esa costumbre de simultanear relaciones sexuales con varias parejas, es decir, apoyar la fidelidad y la monogamia. C) Datos contra tópicos Fuente María Martínez, Alfa y Omega «Todavía somos jóvenes, por eso decimos: 4 El sexo para más tarde» (Cartel de Mozambique) La oposición de la Iglesia a los preservativos favorece la expansión del sida. Es ilógico pensar que personas que no siguen las enseñanzas de la Iglesia y tienen relaciones sexuales antes o fuera del matrimonio, vayan a decidir no usar preservativo sólo porque lo diga la Iglesia. De ser cierta esta acusación, las tasas de sida serían más altas en los países con más católicos, y no es así. En Botswana, hay entre un 4% y un 5% de católicos, y un 23,9% de la población adulta es seropositiva; en Sudáfrica -6% de católicos-, un 18,1% de población adulta está infectada. En cambio, en Uganda, donde hay más de un 40% de católicos, la prevalencia del VIH es del 5,4%. En Angola, con un 55% de católicos, la tasa de infección es del 2,1%. Esto no implica que el catolicismo sea la panacea, pero tampoco es el problema. Más bien es el camino de la solución. No se pueden cambiar los hábitos sexuales. Van a tener relaciones sexuales de todas formas, que al menos lo hagan protegidos. En Uganda, entre 1989 y 1995, los jóvenes que practicaban la abstinencia pasaron del 31% al 56% en los chicos, y del 26% al 46% en las chicas. Los hombres que tenían relaciones con tres o más mujeres pasaron del 15% al 3%. La tasa de VIH pasó del 21% en 1991 al 6,4% en 2005, con un gasto de 0,23 dólares por persona. El doctor Filippo Ciantia, un médico ugandés que fue testigo del comienzo de la epidemia en su país y de la lucha contra ella, ha afirmado que, «en cada país africano donde ha descendido la tasa de seropositivos, ésta ha estado precedida por un descenso del sexo casual y de las múltiples parejas». En un documento que firma con otros siete médicos ugandeses, cita los casos de Kenia, Zimbabwe, Zambia, Etiopía o Malawi. Con tan poca fe sobre la posibilidad de cambiar los hábitos, ¿para qué se invierte en campañas sobre el tabaco o el alcohol? El éxito de Uganda no lo es de la Iglesia, porque usan la estrategia ABC de la ONU, que incluye el preservativo. No es lo mismo tolerar el preservativo como último recurso para grupos reducidos donde no se logra cambiar la conducta -estrategia ABC-, que hacerlo de forma generalizada. La ONU parece haber tomado este camino, repartiéndolos por miles de millones. El informe de ONUSIDA de 2008 menciona 149 veces los preservativos; la abstinencia, sólo seis y de forma negativa, igual que la fidelidad -una vez-. En cualquier caso, las estrategias exitosas en la lucha contra el sida están más cerca de la actuación de la Iglesia que de la de la ONU. Vale, el preservativo no es la única solución. Pero que el Papa diga que agrava el problema... Es difícil probar con cifras el fenómeno, muy estudiado por los epidemiólogos, de la compensación de riesgo, según el cual un aumento en la sensación de seguridad aumenta también las conductas arriesgadas. Sobre el papel, esto no tendría por qué ser así, pero lo es. La semana pasada, Alfa y Omega citaba el caso de Camerún, donde, entre 1992 y 2001, las ventas de preservativos aumentaron de 6 a 15 millones, pero la tasa de sida se triplicó. Otro ejemplo de Uganda: según un informe gubernamental, la tasa de VIH entre las personas que habían usado preservativo alguna vez era, en 2005, más alta que entre los que no lo habían usado. Incluso en Uganda, en los últimos años ha habido un repunte en los casos de sida. Efectivamente, y se ha utilizado para alegar que los cambios de comportamiento no permanecen a largo plazo. Sin embargo, como ya informó Alfa y Omega, el coPresidente de su Comité Nacional de Prevención del Sida, Sam Ruteiraka, denunció, en junio del año pasado, en el Washingon Post, que asesores extranjeros habían eliminado repetidamente de los documentos del 5 Plan Estratégico Nacional las referencias a la abstinencia y la fidelidad. Fue entonces cuando la tasa de VIH repuntó. María Martínez López D) Entrevista concedida por Benedicto XVI a los periodistas durante el vuelo hacia África. Martes 17 de marzo de 2009 - Viaje de Benedicto XVI a Camerún y Angola, del 17 al 23 de marzo de 2009 Fuente: vatican.va Pregunta. Santidad, entre los muchos males que afligen a África, destaca el de la difusión del sida. La postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra él a menudo no se considera realista ni eficaz. ¿Afrontará este tema durante el viaje? (Periodista: Philippe Visseyrias de France 2). Respuesta. Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la Comunidad de San Egidio que hace mucho, visible e invisiblemente, en la lucha contra el sida, en los Camilos, en tantas otras cosas, en todas las religiosas que están al servicio de los enfermos... Diría que no se puede superar este problema del sida sólo con dinero, aunque éste sea necesario; pero si no hay alma, si los africanos no ayudan (comprometiendo la responsabilidad personal), no se puede solucionar este flagelo distribuyendo preservativos; al contrario, aumentan el problema. La solución sólo puede ser doble: la primera, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humana que conlleve una nueva forma de comportarse el uno con el otro; y la segunda, una verdadera amistad también y sobre todo con las personas que sufren; una disponibilidad, aun a costa de sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Éstos son los factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, yo diría que nuestras dos fuerzas son éstas: renovar al hombre interiormente, darle fuerza espiritual y humana para un comportamiento correcto con respecto a su propio cuerpo y al de los demás, y esa capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer presente en las situaciones de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y la Iglesia hace esto; así da una contribución muy grande e importante. Damos las gracias a todos los que lo hacen. E) Texto completo del comunicado hecho público el pasado viernes 17 de abril por la Santa Sede, en relación con la protesta oficial elevada por el Parlamento belga en relación con las declaraciones del Papa a los periodistas que le acompañaron durante el vuelo a Camerún y Angola, el pasado mes de marzo. Fuente: Zenit.org, 19 de abril de 2009 El Embajador del Reino de Bélgica, con instrucciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, ha informado al Excmo. monseñor Secretario para las Relaciones con los Estados de la Resolución con la que la Cámara de los Representantes de su propio país ha pedido al gobierno belga que “condene las declaraciones inaceptables del Papa con ocasión de su viaje a África y que proteste oficialmente ante la Santa Sede”. El encuentro tuvo lugar el 15 de abril c.m. La Secretaría de Estado toma acto con pesar de este paso, inusual en las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el reino de Bélgica. Deplora que una Asamblea Parlamentaria haya creído oportuno criticar al Santo Padre, sobre la base de un extracto de entrevista truncado y aislado de su contexto, que ha sido utilizado por algunos grupos con un claro intento intimidatorio, 6 casi para disuadir al Papa de expresarse sobre algunos temas, cuya relevancia moral es obvia, y de enseñar la doctrina de la Iglesia. Como se sabe, el Santo Padre, respondiendo a una pregunta sobre la eficacia y el carácter realista de las posturas de la Iglesia en la lucha contra el Sida, declaró que la solución es la de investigar en dos direcciones: por una parte en la humanización de la sexualidad, y por otra, en una auténtica amistad y disponibilidad hacia las personas que sufren, subrayando también el empeño de la Iglesia en ambos ámbitos. Sin esta dimensión moral y educativa la batalla contra el Sida no será vencida. Mientras, en algunos países de Europa, se desencadenaba una campaña mediática sin precedentes sobre el valor preponderante, por no decir exclusivo, del profiláctico en la lucha contra el Sida, es confortante constatar que las consideraciones de orden moral desarrolladas por el Santo Padre han sido entendidas y apreciadas, en particular por los africanos y por los verdaderos amigos de África, así como algunos miembros de la comunidad científica. Como puede leerse en una reciente declaración de la Conferencia Episcopal Regional del África del Oeste (CERAO): “Estamos agradecidos por el mensaje de esperanza que [el Santo Padre] ha venido a entregarnos en Camerún y Angola. Ha venido para animarnos a vivir unidos, reconciliados en la justicia y la paz, para que la Iglesia en África sea ella misma una llama ardiente de esperanza para la vida de todo el continente. Y le agradecemos por haber vuelto a proponer a todos, con matices, claridad y perspicacia, la enseñanza común de la Iglesia en materia de pastoral con los enfermos de Sida”. [Traducción del italiano por Inma Álvarez] www.parroquiasantamonica.com

SIDA. La importancia del cambio de conducta sexual. La humanización de la sexualidad.



SIDA. La importancia del cambio de conducta sexual. La humanización de la sexualidad. cfr. Epidemia de sida, en África como en Washington Fuente: Aceprensa 20 Marzo 2009 - Escrito por Ignacio Aréchaga o Los datos son más importantes que los slóganes Hay un tipo de periodista occidental que cuando va en el avión del Papa en dirección a África ya tiene una pregunta preparada, que a su juicio resume todo el viaje: ¿por qué la Iglesia no bendice el preservativo para luchar contra el sida que causa tantas muertes en África? Si el Papa da una respuesta con matices, en la que hace ver que la prevención del sida exige cambios de conducta más profundos sin los cuales el mero uso del preservativo no mejorará la situación, este periodista solo retendrá una idea: la Iglesia rechaza el preservativo para combatir el sida, y a partir de ahí ejercerá su derecho a escandalizarse en titulares. La escena ha vuelto a repetirse en el viaje de Benedicto XVI a Camerún y Angola. Lo que el Papa dijo es que “no se puede resolver este flagelo simplemente con la distribución de preservativos; al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución solo se logrará actuando en dos frentes. El primero es una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humana que lleve consigo un nuevo modo de comportarse una persona con otra. En segundo lugar, una verdadera amistad, sobre todo con las personas enfermas: la disponibilidad, incluso con sacrificios y con renuncias personales, a estar con los enfermos. Estos son los factores que ayudan a progresos visibles”. Y señaló cómo la Iglesia católica está absolutamente presente en esta lucha contra el sida, con su servicio a los enfermos. Para los críticos de esta postura, todo lo que no sea distribuir condones es “irrealista y poco eficaz”. Pero no da la impresión de que sean condones lo que más escasee en África. Uno de los enviados al viaje reconocía que en Yaoundé era más fácil comprar preservativos muy baratos que disponer de agua, pues el agua había estado cortada durante varias horas. Y otros observadores señalan que en los dispensarios médicos de bastantes zonas sobran preservativos, y en cambio no disponen de antibióticos ni de aspirinas. Otra cosa es la calidad de esos preservativos, que no es precisamente la misma en Washington que en una aldea africana del interior. o Tasa superior a la de África Occidental Pero tampoco en Washington los preservativos han sido la panacea para la prevención del sida. Según un informe hecho público en estos días por las autoridades sanitarias del distrito de Washington, un 3% de los habitantes está infectado por el VIH, lo que supone haber sobrepasado el umbral del 1% que define una “generalizada y severa” epidemia. “Nuestra tasa es superior a la de África Occidental”, ha dicho Shannon L. Hader, directora del programa sobre el sida en el distrito. “Está a la par de las de Uganda y de algunas partes de Kenia”. Washington D.C. tiene la tasa más alta de infección de EE.UU. Además, las autoridades reconocen que probablemente sea mayor, ya que las estadísticas solo han tenido en cuenta a la gente que se ha hecho la prueba para la detección del VIH. Tampoco en Washington el problema parece ser el acceso a los preservativos. De hecho, hay un programa de distribución gratis de condones, que el año pasado proporcionó 1,5 millones de unidades. A pesar de todo, se registra un aumento del 22% de infectados desde 2006, en todos los modos de transmisión. Según el informe, el sexo entre homosexuales sigue siendo la principal fuente de contagio. Con la sensación de que el sida ya no es una enfermedad mortal, están tomando menos precauciones. Le sigue de cerca el contagio por relaciones heterosexuales, aunque sería más exacto añadir promiscuas. Pues, según otro estudio sobre las relaciones heterosexuales en el distrito hecho por la Escuela de Medicina de la George Washington University entre 750 participantes, casi la mitad de los encuestados reconocen haber tenido varias parejas sexuales simultáneas en los últimos doce meses. Tampoco queda lejos el contagio por drogas intravenosas, aunque el dinero del contribuyente se emplea desde 2007 para la distribución de jeringuillas, con la idea de la “reducción de daños”. A partir de estos datos, cabe pensar que sería muy sano en Washington lograr esa “humanización de la sexualidad”, que propugna Benedicto XVI. La situación de Washington, como la del África Occidental, indica también que la lucha contra el sida va muy unida a la lucha contra la pobreza. Entre los encuestados en el estudio de la George Washington University, el 60% dice ganar menos de 10.000 dólares anuales, un porcentaje similar no ha estado nunca casado y un 43% están desempleados. Son situaciones que, como en África, no se arreglan con preservativos. Cuando el único cambio que se propugna es el uso de preservativos, puede ser la excusa para soslayar los cambios de conducta que exige una vida sana. En unas declaraciones recogidas en este viaje por John Allen para el National Catholic Register, la doctora Vanessa Balla, de Yaoundé, explica su experiencia: “Con condones, la gente piensa que puede hacer lo que quiera. Les anima a tener conductas sexuales de riesgo”. Balla insiste en que la solución a la crisis “no son los condones, sino el cambio de conducta”. Es un criterio que sirve tanto para África como para Washington. Lo que no se entiende es por qué le preguntan al Papa por el sida cuando viaja a África y no cuando va a EE.UU. www.parroquiasantamonica.com

Origen e historia del SIDA



Origen e historia del SIDA Fuente: Aciprensa.com - Todo sobre el SIDA El síndrome de inmunodeficiencia adquirida ( SIDA en castellano y AIDS en inglés) es una enfermedad de transmisión mayormente sexual que se debe a una mutación o cambio en un virus propio de una especie de mono africano, que pasó a la sangre humana y allí se ha adaptado y reproducido. Se conocen casos, estudiados posteriormente, de personas africanas que se infectaron hace 40 o 50 años, cuando ni la enfermedad ni el virus estaban descritos con perfección. La corta historia de la enfermedad está salpicada por varios acontecimientos importantes. Después de descritos los primeros casos en 1981 entre los homosexuales, en 1983 Luc Montagnier descubre el agente causante: el VIH (virus de inmunodeficiencia humana). En 1985 ya estuvieron disponibles las pruebas para analizar qué sangre contenía o no el VIH. En 1983, se manifestó la epidemia del SIDA también en personas heterosexuales, y en 1985 se habían contabilizado casos en todos los continentes. Seis años después de su detección, en 1987, se crearon diversos organismos para tratar de contener la rápida propagación. También en esta fecha, la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense, la FDA, autorizó el primer fármaco para tratar el SIDA. La terapia triple antirretroviral no estuvo disponible hasta 1996. En la actualidad, se investiga en la obtención de una vacuna que frene al virus. www.parroquiasantamonica.com

SIDA. Prevención y educación sin prejuicios. ¿Abstención?. No nos fijemos en el sentido peyorativo que se le da a este término desde el punto de vista político: queda mal abstenerse de votar. Tampoco vamos a reducir la palabra al sentido que se le da con respecto a la bebida: abstemio es no probar el alcohol. Abstención puede significar muchas cosas más : abstenerse de agredir a alguien, de robar, de discriminar, o abstenerse de la droga.



SIDA. Prevención y educación sin prejuicios. ¿Abstención?. No nos fijemos en el sentido peyorativo que se le da a este término desde el punto de vista político: queda mal abstenerse de votar. Tampoco vamos a reducir la palabra al sentido que se le da con respecto a la bebida: abstemio es no probar el alcohol. Abstención puede significar muchas cosas más : abstenerse de agredir a alguien, de robar, de discriminar, o abstenerse de la droga. Fuente: Aciprensa.com - Todo sobre el SIDA Comité Independiente Antisida. Fuente: http://www.arbil.org/ Un falso prejuicio en la lucha contra el SIDA es que todos estos valores que se tratan de retomar para luchar contra el SIDA, no deben ser asumidos por el Estado; en todo caso -se piensa- que sea cosa de particulares, de Fundaciones, de ONGs, de la Iglesia. Y es un falso prejuicio, al que conduce , entre otras razones, la idea de la aconfesionalidad del Estado, ya que el Estado debe velar por la salud pública. ¿Es un tabú la moral?. No pueden hablar de moral las personas que trabajan para el Estado? Todos hemos oído aquello de que prevenir es mejor que curar, pues en el caso del SIDA, prevenir no es simplemente mejor que curar: es la única cura. Para el caso de una enfermedad mortal y no curable, es necesario prevenir con total seguridad, ya que no vale una prevención parcial para esta enfermedad mortal y no curable. Desde el punto de vista epidemiológico, la prevención más eficaz es cuando se aborda en los primeros estadios, más que en los últimos a través de condones y jeringuillas estériles. Por lo tanto conviene actuar en "el proceso de producción de la enfermedad", luchando para que no crezcan las prácticas de riesgo, y los grupos de riesgo. Si los grupos de alto riesgo no disminuyen y no varían su conducta, nadie puede asegurar que la enfermedad será erradicada y que la difusión del SIDA disminuya, ya que mientras persistan los comportamientos que favorecen la transmisión, habrá un aumento de los infectados y un crecimiento de la enfermedad. En las líneas anteriores se deja expuesto un concepto claro: la prevención primaria. Esa es la prevención realmente eficaz. Cualquier médico, tratándose de otras enfermedades, aconseja a sus pacientes realizar una prevención primaria. Si alguien tiene una úlcera de estómago, le dirá que no tome comidas fuertes, para que no sea necesario después aplicar medicinas para que el estómago soporte aquella comida. Si alguien es proclive a coger faringitis, el médico le dirá que no debe fumar o exponerse a respirar aire frío, o ¿acaso hay sprays protectores de la farimge, para que así el paciente pueda realizar cualquier imprudencia con menos riesgo?. Si a un paciente le afecta mucho el tabaco para sus bronquios, el médico le aconsejará que deje de fumar o al menos reduzca mucho el número de cigarrillos. Todos estos consejos forman parte, o son consecuencia, de la aplicación de la prevención primaria, es decir, se actúa en el primer proceso de riesgo de contraer la enfermedad. Esta es pues la auténtica prevención, las prevenciones posteriores ya hemos visto todos los defectos que poseen. Se hace necesario un gran esfuerzo de reflexión a nivel internacional que revalúe las causas profundas de esta patología social que es la drogadicción, así como redefinir el papel que la sexualidad ocupa en la realización del ser humano. Una sexualidad indiscriminada, a cualquier precio, sin puntos de referencia, desajustada de otras facetas básicas de la persona, convierte al hombre en animal inferior con una existencia patológica. Con el SIDA no nos encontramos sólo un problema estrictamente sanitario, como querrían algunos, también es un problema ético. En este caso, es "La consecuencia de un abuso práctico de la sexualidad en modalidades incorrectas de frecuencia y lugar, y en sus combinaciones con circunstancias de drogadicción o promiscuidad". Pero el capítulo de la prevención no es sencillo, pues se trata de una enfermedad del comportamiento. Además de la investigación, las otras soluciones al SIDA deben ya venir de mano de la educación sanitaria, de la educación sexual, y de la transmisión de una serie de valores humanos como la responsabilidad personal que motive a las personas al rechazo de drogas y de otras conductas de riesgo. Y la mejor forma de prevenir, de educar comportamientos, es comenzar por llamar a las cosas por su nombre, por decir las cosas claras, sin dobles interpretaciones, aunque nos ganemos los abucheos de muchos que no quieren oírlo. De George Orwell es la frase de : "Hemos caído tan bajo, que atreverse a proclamar lo obvio se ha convertido en el deber primordial de todo hombre inteligente". Imaginamos la sociedad dentro de 50 años como lo que es ahora respecto a otras epidemias que como el cólera, tifus, etc. diezmaba las poblaciones, y fueron vencidas. Esas epidemias fueron vencidas gracias a la investigación pero sobre todo gracias a la limpieza. Cuando rectifiquemos un tanto los actuales hábitos peligrosos respecto al SIDA, y la investigación avance, habremos ganado al SIDA. Pero si no lo hacemos y el virus VIH se revela como infalible ante cualquier persecución, pues gracias a su mutabilidad supera todas las barreras, entonces estamos perdidos. La revolución sexual ocurrida en las últimas décadas ha llevado a un cambio de planteamientos y perspectivas de muchos expertos, sobre todo, si estos no tienen hijos. Conductas que han llegado a ser aceptadas por algunos adultos en privado, son propugnadas ahora para los niños. Quienes actúan de esta manera deberían darse al menos cuenta que lleva tiempo hacer de un niño un adulto; y que los hábitos que no tienen obvias consecuencias trágicas para los adultos, suelen ser malentendidas y llevadas a la práctica más irresponsablemente aún por jóvenes inmaduros. ¿Abstención?. No nos fijemos en el sentido peyorativo que se le da a este término desde el punto de vista político: queda mal abstenerse de votar. Tampoco vamos a reducir la palabra al sentido que se le da con respecto a la bebida: abstemio es no probar el alcohol. Abstención puede significar muchas cosas más : abstenerse de agredir a alguien, de robar, de discriminar, o abstenerse de la droga. Para el tema de la droga como medio de transmisión del SIDA, me atrevo a decir que sí, que vale la pena ser abstemio. El sistema nervioso necesita de un equilibrio para funcionar con perfección y para desarrollar la tarea que tiene en el cuerpo humano. Estrictamente, podría decir que no, que con tal de que no fueran drogas inyectables,..., pero de las drogas blandas se pasa a las duras en un momento; y también, bajo los efectos de las drogas, se cometen muchas locuras. O sea, que sí, en materia de droga vale la pena ser totalmente abstemio. En materia sexual, para prevenir del SIDA, ¿tendríamos que imponer o aconsejar la abstención total, la castidad perfecta?, sin duda que eliminaríamos muchas posibilidades de transmisión de esa forma. Pero no, nuestros cuerpos tienen sexo, y realiza su función como otras partes del cuerpo la suya. Bastaría decir que el sexo con orden, en su momento, para su función, con amor, dentro de una unión afectiva y duradera. Si carece de caracteres anteriores se aproxima en mayor o menor medida a una violación. Basta decir lo que decían las campañas contra el SIDA de un país : " cada oveja con su pareja ". Podrían darse muchas explicaciones antropológicas para explicar cómo las personas humanas hemos ido formando las familias como base social, cómo la cultura, a medida que se ha desarrollado, nos ha conducido hacia la monogamia. Una de las explicaciones es la transmisión de las enfermedades venéreas. La familia monógama es la forma más perfecta de reducir al mínimo estas enfermedades sin que, lógicamente, se extinga la población por falta de descendencia. o Valores humanos contra el SIDA. "La estrategia fundamental de prevención a la hora de enfocar el problema del sida se apoya básicamente en un trípode de objetivos que son: disminución del riesgo de contraer infecciones por VIH en los usuarios de drogas por vía parenteral, información a la población general y educación para la salud y en valores para los jóvenes y adolescentes". Estas son frases de Don Francisco Parras, secretario del Plan Nacional contra el SIDA, y estamos de acuerdo con él en la educación en valores para los jóvenes, pero, ¿qué han hecho en esa dirección hasta ahora?. En unas sociedades heterogéneas con respecto a las costumbre, es difícil encontrar valores comunes en todas las personas, como para que el Estado eduque en ellos a todos los ciudadanos, sin demasiados problemas. Las autoridades quizá conocen cuales son los valores necesarios que se deberían inculcar a los jóvenes para una autentica prevención del SIDA, pero no los divulgan . Quizá espera que sean otros agentes sociales los que se movilicen en esta línea, para no mancharse ellos las manos en lo que podría suponer un descenso electoral. Hay que decidirse por los auténticos valores, aunque no sean compartidos por todas las personas; de hecho, si lo fueran, no sería casi necesario el difundirlos. No se debe respetar opiniones que consideren valores el "amor libre". No, eso no es valor, es un contravalor, y no se debe respetar, entre otras cosas, porque son los contravalores que nos conducen a todos al SIDA, y no sólo a ellos. El médico psiquiatra C. Gómez Lavín recuerda la necesidad de formar a los jóvenes en lo que son los auténticos valores, y en este caso del SIDA, en lo que es el verdadero amor, "en ese amor del ser humano en que se compromete a todos los planos de la personalidad, también los afectivos y espirituales. Porque sólo cuando se vive bien el matrimonio y la fidelidad, es decir, el auténtico amor, se dignifica y se libera a la persona, se la enriquece y se la hace madurar" . o Caridad, solidaridad. Una vez conocido bien el SIDA y sus formas de transmisión, los médicos, enfermeras, personal de laboratorio y auxiliares , y cualquier persona que atienda o acompañe a enfermos de SIDA, deben perder el miedo. Sigue vigente el problema de si hacer o no hospitales sólo para estos enfermos, o sea de construir SIDAtorios. En principio los centros se negaban a que se les etiquete como dedicados exclusivamente a la atención de enfermos de SIDA. Resulta monótono para el personal sanitario la asistencia a enfermos que presentan un mismo cuadro, que se repite con pequeños matices en todos los pacientes. Lo complicado de su atención y las escasas satisfacciones que una enfermedad con un pronóstico fatal conlleva son otras de las razones que alegan. Así mismo, los enfermos con otras patologías, plantean otros problemas, pues muestran su insatisfacción y rechazan ingresar en centros donde existan enfermos hospitalizados que padecen SIDA. Los propios enfermos de SIDA dicen que no quieren ser separados por tener esta enfermedad. Si nos fijamos bien , parece que cada grupo de personas está defendiendo lo suyo, sus preferencias, sin verdaderamente pensar en los otros grupos de personas. Se necesita algo más que las propias normas, algo que unos llaman solidaridad y otros caridad, para estar por encima de los propios intereses, haciendo algo más de lo justo por el otro. Parece que la solución intermedia que existe hasta el momento, es dedicar una parte de los hospitales a los enfermos de SIDA: una planta, por ejemplo. Pero, sin duda, ante nuevas medidas futuras, en relación al aumento de enfermos de SIDA que se espera, debe primar la calidad de la atención a estos enfermos, que quizá pase por instalaciones y personal dedicados exclusivamente a esta enfermedad. También es fundamental prevenir la salud del resto de la sociedad, en el caso de que la tuberculosis, que algunos enfermos de SIDA llevan asociada, alcanzara una cifras peligrosas de afectados. o Ejemplos de atención desinteresada a los enfermos los tenemos cercanos, y sin darnos cuenta. En 1986 la Madre Teresa de Calcuta abrió en una de las calles más peligrosas de Manhattan un refugio para enfermos de SIDA. Aquello fue revelador y parecía que el mundo estaba al revés: que los países pobres de Oriente venían a socorrer a Occidente. Allí se encuentra uno con hermanas vestidas de sarí blanco bordeado de azul, como las que se ven trabajando en las leproserías, orfelinatos y morideros de Calcuta. Los enfermos comenzaron siendo reclusos de Sing-Sing, toxicómanos, negros de Harlem ... Dominique Lapierre en su libro Más grandes que el amor cuenta toda la escena anterior. El título del libro se lo dio uno de los enfermos de SIDA que cuando estaba a punto de morir, mirando a los médicos y enfermeras que estaban alrededor de su cama, exclamó con su último aliento: "Muchas gracias. Son todos más grandes que el amor". El libro citado ofrece el retrato de hombres y mujeres que demuestran cada día que el espíritu humano puede ser más grande que la peor de las adverSIDAdes. Hay gentes que hacen cosas heroicas para otros, que saben compartir. Son héroes anónimos, desconocidos. En sus esfuerzos hablando con el alcalde de Nueva York para que se perdonara la condena a presos con SIDA que la madre Teresa quería alojar en su casa, se produjo la siguiente conversación: -Madre, se trata de delincuentes, incluso asesinos -objetó De Koch con firmeza-. ¡No se les puede dejar en libertad sólo porque se encuentren en mal estado de salud!. -Dios, al inflingirles el SIDA, les ha castigado más duramente que la justicia de los hombres, señor alcalde. ¿No le parece que merecen nuestra compasión?. o Responsabilidad. Entre la población de monos africanos existe un virus similar al del SIDA. Precisamente el estudio de las posibles vacunas sobre el SIDA se está experimentando con monos. Ellos adquieren el llamado VIS, Virus de Inmunodeficiencia Simia. Si tuviéramos que planear unas medidas de prevención, seguro que todos los entendidos coincidirían en ellas. Ahora bien, todo ese conjunto de medidas preventivas para los monos, no podrán ser iguales a las medidas preventivas para personas humanas. Da la impresión que algunas personas a la hora de diseñar medidas de prevención para el hombre frente al SIDA, se olvida de que somos personas, y por lo tanto susceptibles de cultivar muchos valores humanos que nos hacen totalmente diferentes a los monos. Inculcar responsabilidad es ineludible en las campañas contra el SIDA. Los adultos que se encargan de educar a los adolescentes tienen el deber de prevenirles contra una actividad sexual prematura, es decir, contra el uso de la sexualidad antes de que se tenga conciencia de la gravedad de lo que ello implica, antes de adquirir el sentido del respeto que se ha de tener hacia uno mismo y hacia los demás, antes de ser capaz de asumir responsablemente las consecuencias de las propias acciones. Hay que decirles con claridad que si tienen relaciones sexuales con alguien que esté infectado por el SIDA, corren el riesgo de contraer el virus y de morir a consecuencia de ello. Se debe hablar de los peligros de la drogadicción juvenil que ahora, además, también conlleva el peligro del SIDA. El periódico Europe Today, informaba en que el avance del SIDA en todo el mundo estaba llevando a replantear las estrategias de prevención. En Estados Unidos están surgiendo iniciativas que apoyan un cambio a un comportamiento sexual responsable. El mensaje de reservar el sexo para el matrimonio está siendo repetido a lo largo del país por asociaciones y grupos "pro-continencia". Estos grupos propagan también entre drogadictos y homosexuales el mensaje de que "pueden ser libres rompiendo con ese estilo de vida, para descubrir la paz interior y desterrar el miedo al SIDA. En California se imparten, por ejemplo, curso con el lema "Sé prudente, espera al matrimonio" (Do the right thing, wair for the ring). Otro curso titulado "Las buenas razones para esperar", recomienda a los jóvenes evitar las relaciones sexuales, las bebidas alcohólicas y las películas pornográficas. El Departamento Federal de Sanidad difunde desde 1989 un folleto titulado Muchos jóvenes están diciendo: "No", donde se afirma entre otras cosas :"Las presiones vienen de todas partes...anuncios publicitarios, amigos, películas en el cine y en la televisión, videos, espectáculos, canciones y libros (...) Pero detente y piensa un momento. Realmente, ¿serás más popular, más maduro o madura, más deseable, si tienes relaciones sexuales?. Probablemente no. De hecho, tener relaciones sexuales podría hacer que tu pareja pierda el interés por ti. Lo que si es seguro es que, al tener relaciones sexuales, te vas a encontrar con problemas que no sabrás cómo resolver". Este folleto del Departamento de Sanidad formula una serie de preguntas para ayudar a los jóvenes a decir no en este tema, con sentido de responsabilidad; advierte que decir "no", no es tan difícil ni raro, y da una serie de respuestas frente a presiones que se puedan presentar. Los riesgos para la salud que se derivan de la promiscuidad juvenil también debería ser un factor que llamará a la responsabilidad a muchas personas. Muy poco se habla de estos riesgos: cánceres cervicales, abortos, esterilidad.... Se habla muchísimo más de los riesgos para la salud que tiene el tabaco, y poquísimo de los que tiene una iniciación sexual precoz. El doctor Brudanell, médico consejero de una clínica de abortos, en un artículo de 1980 en la revista Modern Medicine, en unos años en los que la fiebre por el sexo más grados había subido, se atrevía a decir cosas como las que siguen cargadas de sentido común: "El precio que las adolescentes tienen que pagar por tener relaciones sexuales parece excesivo. Ha llegado el momento de decir muy claramente que es un error que las chicas de menos de quince años practiquen el acto sexual. Los placeres de la actividad sexual, incluidos la gestación y el dar a luz, podrán así ser disfrutados en sus años más maduros y libres de problemas ginecológicos adquiridos precozmente". Por desgracia, sólo el personal médico motivado lee esas revistas, y ningún periodista se atreve a transcribir a la prensa popular un mensaje así de directo y sencillo. Y, menos que nadie, las revistas juveniles: no van a echar ese jarro de agua fría encima de lo que es su fuente principal de ingresos: la curiosidad sexual provocada. No es un valor inasequible este de la responsabilidad. Aún entre personas con conductas peligrosas, siempre hay ratos de sensatez, y el instinto de conservación sigue estando ahí. El doctor Jorge Romero es especialista en VIH/SIDA del madrileño Centro Sanitario Sandoval, que tiene ya 50 años de existencia, y es siempre referencia obligada para las ETS en Madrid, especialmente en lo que se refiere a los grupos de mayor riesgo, y él doctor asegura que :"La infección por VIH ha propiciado un cambio radical en las conductas de riesgo. La promiscuidad sexual ha disminuido, y muchas personas han reducido el número de parejas sexuales". Hablando de las personas homosexuales también el doctor Romero asegura que: " Se ha comprobado que, si hace quince años la media de parejas distintas por año en el grupo de varones homosexuales era alrededor de 30. Ahora está alrededor de 10, y el descenso continúa.". o Fidelidad. Monogamia. Los matrimonios fieles están a salvo del SIDA, ya que no es posible contagiarse de un cónyuge no infectado. En los países occidentales el riesgo de contagio de SIDA por relación heterosexual es aún bajo. Ciertamente al crecer el número de infectados, aumenta la probabilidad general de contraer el SIDA por vía heterosexual. Pero, para incurrir en ese riesgo, hay que caer en la promiscuidad. En África, y en el Sureste Asiático, en países como Tailandia el contagio por vía heterosexual es frecuente. James York, un matemático que ha construido un modelo que simula la expansión del SIDA, ha podido detectar algunas diferencias entre la transmisión de VIH y la de otras enfermedades de transmisión sexual. Según los estudios de York, de principios de 1995, en el caso del SIDA es más peligroso mantener relaciones sexuales con diferentes parejas, de las que sólo algunas están infectadas, que hacer lo mismo pero con una sola persona también infectada. Al parecer esto es debido a que la transmisión es más fácil durante dos períodos: cuando la persona acaba de ser infectada por el virus VIH, y aproximadamente diez años después, cuando el sistema inmunológico empieza a ser afectado. De esta manera, la persona promiscua tiene una mayor probabilidad de contagiarse al tener relaciones con alguien que tenga SIDA en una de estas dos etapas, que aquella que mantiene una pareja estable aunque ésta sea portadora del virus. La fidelidad, he aquí una de las soluciones contra el SIDA. Palabra que está marginada en esta cultura nuestra. Todo lo que suponga un pequeño compromiso, nos resulta en primera instancia rechazable. Troquelados, como estamos, por los anuncios publicitarios en los que se nos aconseja de no privarnos de nada, de piensa sólo en ti, diviértete a tope, etc...esas otras cosas quedaron en desuso. El amor fiel, a lo "Love story" es presentado como una cosa de románticos, de nostálgicos, al fin y al cabo. ¿Es mucho pedir a personas casadas que no engañen a su cónyuge?. Ya se sabe que hay quien presume de tener un amante -se nos presenta esto como audaz, valiente- , de poner los cuernos al otro. Pero aunque sólo fuera desde el punto de vista sanitario, ¿no vale la pena recriminar esas conductas?. Muchas veces se ha dado, y se está dando, casos de que empieza a surgir el SIDA en un miembro de la familia, en otro, en otro..., y al final se descubre el origen. El primer contagio ocurrió hace años, cuando el padre de familia, hombre de negocios acostumbrado a viajar, pasaba alguna que otra noche en clubs de alterne. Después contagió a su mujer, y alguno de sus hijos también nació ya contagiado. ¿Qué se puede decir en estas ocasiones?, ¿que nadie tuvo la culpa?, ¿que nadie traicionó a nadie, y son cosas del destino?. ¿Es mucho pedir la fidelidad con el otro?. A pesar de todo, hay quien se sigue escandalizando cuando se dan estos consejos. Los apologistas del condón se rasgan las vestiduras cuando ven que alguien recomienda algo distinto de sus productos. Así el profesor Rafael Nájera en un Congreso Español de Sexología -mejor público imposible-, criticaba que se otras personas hablaran de castidad en vez del condón. Decía de un modo falaz que "la castidad no se lleva a cabo de una forma constante. Contra el SIDA, la castidad falla más que el preservativo". Lo realmente exacto es decir que la castidad sólo falla cuando no se vive, mientras que el preservativo puede fallar aunque se utilice. Por lo tanto, uno a dos en contra del condón. También está comprobado que, a pesar de las insistentes campañas, el condón no se utiliza de modo constante. El propio Nájera alertó sobre "el resurgir tremendo" de la enfermedad que se está produciendo en Estados Unidos a causa del descuido en el uso del condón. "Hay que ser absolutamente constantes en la práctica del sexo seguro", predicó Nájera. Nada, ni una transgresión a la regla, aunque el empleo del preservativo vaya contra la tendencia más natural. Aquí la norma es no permitirse una excepción. Lo sorprendente es que se considere imposible que un hombre sea fiel a su mujer y luego se pretenda que no traicione nunca al condón. Pero ¿no es más fácil y más atractivo ser fiel a una mujer?. El Congreso de los Estados Unidos llamó como experta a la Presidenta de la Asociación Americana de Educadores, Consejeros y Terapeutas sexuales, la Dra Theresa L. Crenshaw de San Diego, que afirmó :"Por razones de salud hay que abandonar el sexo casual y promiscuo (...)hay que insistir en la necesidad de resaltar la importancia del cambio de conducta. Es irresponsable la resignación ante la amenaza del SIDA, y limitarse blandamente a frenar un poco su expansión. Hay que decir a la gente claramente que debe evitar toda actividad sexual con cualquiera que no sea el compañero comprometido(...). La conducta sexual puede cambiar, pero no lo hará si no confiamos en ello, y no la recomendamos". El análisis epidemiológico pone de relieve el contagio cada vez más frecuente de la población joven, sobre todo de mujeres jóvenes. De modo que el índice de seropositivos en varios países es mayor entre las mujeres que entre los hombres. "Para muchas mujeres africanas, el mayor riesgo de contaminación por el virus del SIDA tiene que ver con el comportamiento sexual de su marido o de su pareja habitual", dijeron los epidemiólogos reunidos en Kampala. "Las mujeres que tienen una relación de tipo monógamo no pueden generalmente protegerse de la infección cuando su marido no tiene un comportamiento sexual similar". Combatir el SIDA en África significa, pues, cambiar la conducta sexual de muchos hombres, que con frecuencia tienen relaciones sexuales con distintas mujeres. Pero las políticas impulsadas hasta ahora de lo que se han preocupado es de distribuir anticonceptivos y de predicar el "sexo seguro". Nada de eso ha contribuido a promover entre los hombre el "sexo responsable". Y si antes eso podía ser una cuestión conveniente, con el SIDA se ha convertido en una cuestión de vida o muerte. Para que muchas africanas puedan protegerse del SIDA, es preciso reforzar su posición en la familia. En este sentido, una alternativa verdaderamente avanzada es la que promueve la Iglesia en esos países. Y no sólo porque con su doctrina y su acción defienda la igual dignidad de marido y mujer, o porque con su trabajo educativo y sanitario esté en primera línea en la capacitación femenina en el continente. También por su doctrina sobre la regulación natural de la natalidad y su llamada al autodominio sexual y a la fidelidad matrimonial. Si hay que cambiar en muchos países la tendencia a la promiscuidad, no parece que la condonmanía buen instrumento. Lo decisivo es el aprendizaje del autodominio en el ejercicio de la sexualidad. Y ahí juegan un papel importante, cuando son necesarios, los métodos naturales de regulación de la natalidad, que corresponsabilizan al varón y respetan más a la mujer. Para muchas africanas, unos métodos que son eficaces y gratuitos, sin efectos secundarios y que involucran a su marido, es lo ideal. Pero esos métodos requieren que sus maridos no sólo respeten sus cuerpos, sino que las acepten como iguales en las relaciones conyugales. El problema es que este es un cambio demasiado radical para algunos maridos. Pero sólo esta revalorización de la mujer africana puede reordenar las relaciones dentro del matrimonio. o Continencia, castidad. En muchos países de Occidente todo lo que suene a castidad está mal visto en los medios que sustentan las opiniones dominantes. Parece como si fuera un pecado el hecho incluso de nombrar la palabra castidad. Declarar públicamente que las relaciones sexuales han de reservarse para el matrimonio y que los jóvenes deben aprender el dominio de sí, más bien que las marcas de anticonceptivos, es exponerse a ser llamado retrógrado. Pero quizá las cosas están cambiando, o deben cambiar. "La verdadera prevención frente al SIDA -recuerda Sgreccia- en el comportamiento y en la vida sexual es la continencia. La revalorización de la moralidad como fuente de bien para la persona y como medio para mejorar el equilibrio sanitario será un paso para guiar el bien individual y social". Cada vez más programas de educación sexual ponen el acento en la continencia, también los impartidos por grupos no confesionales. En la primera página del New York Times, (16-I-94) estos fenómenos han merecido la crónica, y sin ningún comentario desfavorable. El propio Bill Clinton ha defendido el mensaje contra las relaciones sexuales prematuras en sus visitas a escuelas de barrios problemáticos. En Estados Unidos han surgido muchas iniciativas para enseñar a los jóvenes a decir no. En vallas publicitarias se pueden leer mensajes que revelan cuál es la verdadera prevención del SIDA: "No te dejes engañar: el único `sexo seguro` es la continencia antes del matrimonio y la fidelidad en el matrimonio". En esas campañas intervienen grupos no confesionales , o los dedicados a la planificación familiar, o organizaciones de izquierda. Actúan sin complejos, y con respaldo público. Una serie de directrices o líneas de actuación se dan en esas campañas y cursos (180.000 alumnos en California reciben los cursos), y deben ser trasladables a todos los países occidentales : - Se ayuda a los chicos a resistir la presión ambiental. - Profesores jóvenes, un poco más mayores que los alumnos, enseñan a las alumnas a cómo despachar a los donjuanes. - clases prácticas en las que se dan argumentos y lenguaje de la calle. - explicar por qué es mejor no tener experiencias prematuras que acaban siendo experiencias amargas En los programas, la enseñanza fundamental debe ser la continencia, más que la castidad, pues la finalidad expresa no es moral. La finalidad, ante todo, es detener la espiral de desintegración familiar, pobreza y fracaso escolar que la epidemia del sexo desencadena en los barrios pobres. Los cursos, los programas, deben dirigirse a la voluntad, a diferencia de los programas de sexología que suelen dirigirse a la bragueta, ni siquiera al cerebro. El responsable máximo de la sanidad pública en el Estado de Virginia, Lance Morrow, en un artículo (Time), recomienda, sin ninguna autocensura mental, la continencia para evitar muchos problemas. Dice: " ¿Cómo evitar que la juventud norteamericana caiga en la espiral descendente, que no es sólo el conocido problema de los embarazos de adolescentes, y la desintegración familiar, y el SIDA, sino también la general degradación sexual norteamericana, la charca del ´ello´? (...) Podría funcionar un ambiente general de continencia, una cultura de la continencia". Las burlas que han provocado las declaraciones, tratan de justificarse alegando que semejantes consejos no lograrían nada. Los adolescentes no se abstendrán del sexo, como no lo hacen los perros callejeros. Lo más que se puede hacer es darles condones y confiar en que los usen. Y si no ... sólo queda un último recurso acudiendo a un abortero. Esta forma de pensar, y de actuar, repartiendo condones, proclama que la sociedad espera de los jóvenes que se comporten como perros. La mentalidad de la continencia exige algo de moralidad. Hay que enseñar que cuanto más cedes a algo, especialmente lo malo -drogas, sexo irresponsable, violencia, música idiota, estupidez, conducción temeraria, malos modos, ira...-, más pierdes. Cuanto más te niegas, más ganas. Esto no es una moraleja barata, sino una valiosa verdad que en la última o en las dos últimas generaciones ha sido arrastrada por un torrente de porquería. Para un adolescente, la continencia supone seguridad y, por lo tanto, la libertad que le da el dominio de sí. La continencia es un medio para ver claro, una ventana a través de la cual es más fácil distinguir, entre otras cosas, a uno mismo y al prójimo. La castidad es defendida por confesiones religiosas, y está dejando de ser una palabra tabú. En el verano de 1994 se celebró en Washington un magno festival al que asistieron cientos de miles de jóvenes. Los lemas fueron por ejemplo: "El verdadero amor, sabe esperar", "esperar a la pareja que Dios ha previsto para ti". Los asistentes proclamaron públicamente su propósito de ser continente hasta el matrimonio. Las noticias de estos multitudinarios festivales no llegan a los telediarios de España, no interesa transmitirlas. Vallejo Nájera decía :"La educación en la castidad es sanísima y nos ayudó a superar los problemas de la edad. En cambio, la presunta libertad sexual que se predica ahora, esa sí que llena de pacientes la consulta del psiquiatra". En Italia, el Ministro de Sanidad Donat Cattin envió una carta a veinte millones de familias, junto a un folleto informativo, sobre las medidas para prevenir la enfermedad del SIDA. Según un sondeo que se hizo a continuación el 93% de las personas que la leyeron estaban de acuerdo con sus recomendaciones. En esa carta se decía por ejemplo, que :"para una persona sana, la primera regla aconsejable es atenerse a una existencia normal en las relaciones afectivas y sexuales ". También el ministro en un momento dado cita la castidad al menos por razones higiénicas : "Se puede ironizar sobre la castidad, pero está indicada por la OMS como la primera posibilidad de comportamiento de los seropositivos (...) No es posible prevenir la enfermedad y al mismo tiempo, practicar estilos de vida arriesgados. Quien afirma por ejemplo, la absoluta seguridad ofrecida por el preservativo, es desmentido por casi todos los expertos". A partir de entonces este ministro no cayo nada bien a buena parte de periódicos. Les molestaba que este ministro combatiera el tabú creado por la mentalidad hedonista que cree que la castidad es imposible o antinatural. o Educación y protección de la infancia. "El SIDA y la educación de nuestros hijos" fue un manual realizado por Willian J. Bennett, Secretario de Educación Norteamericano, dirigido a los responsables de las escuelas . En él, y con un enfoque dominado por el sentido común, se proponen cuatro principios, con sus correspondientes líneas de actuación, para guiar a padres y educadores en su tarea de ayudar a jóvenes a combatir la enfermedad del SIDA. Los recogemos a continuación estos cuatro principios. 1º Ayudar a los adolescentes a formarse criterios morales claros. Los estudios muestran que los adolescentes que mantienen unos principios firmes de conducta personal y social corren menos peligro de contraer el SIDA, pues no suelen incurrir en actividades peligrosas. Habría que enseñar a los adolescentes la importancia de la autodisciplina y la responsabilidad personal, inculcándoles el sentido de la responsabilidad por los propios actos. líneas de actuación : - Enseñar que la continencia es una virtud - Presentar la educación sexual dentro de un contexto moral. - Hablar en favor de la institución familiar. - Mostrar normas claras y específicas de conducta 2º. Dar buen ejemplo. Los padres y los profesores deben ser conscientes de que tienen una influencia real en la conducta de los jóvenes. Los adultos que intentan vivir de acuerdo con criterios morales, cuidan su salud y están comprometidos en una relación matrimonial monógama proporcionan a los jóvenes un ejemplo de cómo evitar el riesgo de contagio de SIDA. Líneas de actuación : - Enseñar los criterios morales mediante el ejemplo personal. - Llevar una conducta acorde con las normas para la conservación de la salud. - Enseñar con el propio ejemplo el sentido de la responsabilidad en las relaciones con los demás. 3º. Ayudar a los adolescentes a resistir la presión social que les induce a comprometerse en actividades peligrosas. La presión ejercida por los compañeros es una de las influencias más poderosas a la hora de empujar a los estudiantes hacia la promiscuidad sexual y el consumo de drogas. Además, los estudiantes mayores que ya están comprometidos en estas prácticas contribuyen a reforzar la idea de que la actividad sexual temprana y el consumo de drogas son lo normal. Los adultos deben contrarrestar estas influencias. Líneas de actuación : - Ayudar a los estudiantes a identificar las presiones negativas. - Estar atentos al comportamiento de los adolescentes dentro y fuera de la escuela. - Estimular a los estudiantes a dar buen ejemplo a sus compañeros. - Ser capaz de tratar con competencia el tema de las drogas delante de los jóvenes 4º. Instruir a los adolescentes acerca del SIDA. Muchos jóvenes tienen todavía una gran ignorancia acerca del SIDA. Algunos adolescentes están en continuo peligro de infección debido a que realizan actividades de alto riesgo: relación sexual y consumo de drogas. Para prevenir la difusión del SIDA, los padres, las escuelas y la sociedad deben instruir a los adolescentes acerca de los riesgos de esta enfermedad. Un doble mensaje de responsabilidad y autodominio deben ser parte integral de toda tarea educativa en este sentido. Líneas de actuación : - Proporcionar los datos referidos al SIDA - Impartir la educación sexual de manera que se recalquen las razones para la continencia, el autodominio y la responsabilidad. - Hacer que la comunidad local participe en la educación sobre el SIDA. - Enseñar los procedimientos para prevenir la drogadicción. - Saber encontrar ocasiones adecuadas para hablar del SIDA. o Fuera prejuicios.- Un falso prejuicio en la lucha contra el SIDA es que todos estos valores que se tratan de retomar para luchar contra el SIDA, no deben ser asumidos por el Estado; en todo caso -se piensa- que sea cosa de particulares, de Fundaciones, de ONGs, de la Iglesia. Y es un falso prejuicio, al que conduce , entre otras razones, la idea de la aconfesionalidad del Estado, ya que el Estado debe velar por la salud pública. ¿Es un tabú la moral?. No pueden hablar de moral las personas que trabajan para el Estado?. En Estados Unidos, hubo unas noticias de prensa en las que quedaban en evidencia las personas que para unas cosas aprueban cierta moralidad, cierta rectitud, y para otras cosas no la aprueban. El Ministerio de Sanidad norteamericano lanzó una campaña de prevención del SIDA, -como se ha explicado antes-, basada sobre todo en la educación sexual en la escuela. El plan hacía hincapié en proporcionar a los jóvenes toda la asistencia posible para evitar un comportamiento sexual que les exponga al contagio. Se trataba de inculcar unos valores que reforzaran lo que es el remedio más seguro: la abstinencia y la fidelidad conyugal. El mismo presidente entonces, R. Reagan dijo en el Colegio de Médicos de Filadelfia: "que la educación sexual no debe ser concebida como un proceso físico, mecánico, sino que debe ser impartida a los estudiantes junto con la instrucción sobre los valores morales.(..) No se trata de explicar a los jóvenes cómo hacerlo, sino de ayudarles a comprender que no deben hacerlo.(...) Después de todo, ¿acaso no es verdad que, en la prevención del SIDA, la medicina y la moral imparten la misma lección?". Inmediatamente surgieron las críticas. ¡Moralismo!, gritaron. La prevención debería tener, para los críticos, un enfoque estrictamente científico. Y claro, el enfoque científico se reduce a aumentar los beneficios en la venta de condones. Nada les irrita tanto como la idea de tener que rehabilitar la castidad al hacerse la necesidad virtud. En esas mismas semanas se había producido un escándalo a nivel de embajadas. La KGB sirviéndose de encantos femeninos había logrado penetrar y descubrir secretos de la embajada de EE.UU. en Rusia; habían "distraído" la atención de aguerridos marines norteamericanos que la custodiaban. A los marines les habían enseñado karate, y habían hecho prácticas de tiro. Pero quizá nadie les había adiestrado en técnicas de defensa personal contra ataques más insidiosos, y difíciles de resistir, pues no todas las moscovitas son gordas y antipáticas. Hasta la gente más permisiva, se rasgaron las vestiduras con el escándalo de los marines. A Moscú, decían, se manda gente avezada que no se deja encandilar, y a ser posible, con su mujer del brazo, para alejar tentaciones. Resulta curioso observar que en este caso si que reconocían que castidad rima con seguridad, y que la fidelidad conyugal corre pareja a la fidelidad patria. Y hablando de soldados, recordemos el asunto más reciente de las denuncias realizadas por UNICEF, acerca de que los soldados de la ONU han promocionado la prostitución infantil en sus misiones "humanitarias" por muchos países del mundo a los que han acudido. Se dieron casos de niñas incluidas en este comercio, inválidas por explosiones de minas. Es este otro tema parecido en el que rotundamente hay que decir que sí, que se pide de los soldados un comportamiento ético allí donde vayan. Pero estos consejos no sólo provienen de presidentes republicanos como Reagan, sino de presidentes demócratas como Bill Clinton. A pesar de su tortuoso pasado, parece que los años, las responsabilidades familiares, o políticas, imponen un poco de cordura. En Febrero de 1996 Bill Clinton se reunió en la Casa Blanca con los representantes de las cadenas de televisión norteamericanas- que vienen a ser la fuerza cultural más poderosa del mundo-, para debatir cómo lograr una programación apta para menores. En vísperas de la reunión, los medios de comunicación audiovisuales se adelantaron a los deseos del presidente aceptando una propuesta suya para introducir un chip en los aparatos de televisión que permita identificar y evitar los programas que contengan escenas de violencia o sexo. Los medios de comunicación son conscientes de que esto supondrá un trabajo titánico y complicado para las cadenas, que tendrán que establecer un sistema detallado de calificación moral de sus productos, como el que ya funciona en EE.UU. con las películas. "Les he pedido que vengan a la Casa Blanca para hablar de nuestra responsabilidad común en ayudar a los niños y a las familias", dijo Clinton al abrir la reunión en la que participaban entre otros, Robert Murdoch, Ted Turner, y los directores de las cadenas ABC, CBS, y NBC. Clinton se ha pronunciado a favor de la abstinencia sexual entre los jóvenes, y ha lanzado llamamientos a los adolescentes para que resistan la tentación de fumar y traten de presionar a los adultos para que dejen el vicio, entre otras iniciativas. Clinton condenó con indignación una campaña publicitaria del diseñador Calvin Klein, que presentaba a adolescentes en poses demasiado sugerentes. Un tribunal decretó posteriormente que la campaña era inconveniente. En el caso de la televisión, Clinton lanzó una campaña de concienciación sobre la violencia y el sexo en la televisión, del mismo modo que el republicano Robert Dole, aspirante entonces a la Casa Blanca, criticara a Hollywood y sus costumbres decadentes. Otro caso venido de Estados Unidos, y que refleja la hipocresía de las personas que rechazan argumentos morales, pero luego quieren imponer otra moral, es el de Liz Taylor, que se ha metido a moralista. Cuando recogió unos dineros en España con motivo de la concesión de un premio, se dejó caer con estas frases : " No queda tiempo para sermones moralistas. Hemos aprendido por las malas que la distribución gratuita de preservativos y jeringuillas evitan nuevos contagios". Afirmó algo que los datos desmienten, el contagio sigue creciendo, aunque este autoengaño es comprensible sabiendo de qué industria del cine procede, y de cuantos compañeros ha disfrutado. En el mismo discurso, ella lanzó su moral. Advirtió de los prejuicios que hacen discriminar a los sídicos, reclamó que se cuide a estos enfermos con solidaridad y compasión, pidió que los dirigentes políticos impulsen la lucha contra el SIDA, y a los científicos a colaborar entre sí. Es decir, un sermón moralista para que todo el mundo cambie su actitud ante la enfermedad. Bueno, todo el mundo no: no hubo ninguna llamada a que quienes corren más riesgo, por la drogadicción o la promiscuidad sexual, adopten una conducta más responsable. Ya se sabe: los sermones son "moralistas" cuando propugnan algo que no se quiere oír. No es infrecuente, que como Liz Taylor, otros artistas del espectáculo se sumen a campañas contra el SIDA de una o de otra forma. Esta muy bien, pero hay que ser crítico. Como imaginamos hasta dónde puede llegar en contrasentido de ciertas personas, somos capaces de imaginar una actuación de Ana Belén y Víctor Manuel, en beneficio de la lucha contra el SIDA, en la que cantaran una de sus últimas canciones: "¡Contamíname!". La letra dice eso de "¡Contamíname!, mézclate conmigo ...". Si nos dejáramos llevar también por esa supuesta asepsia que deben tener las campañas, se debería impedir al Estado organizar campañas contra el consumo de tabaco, porque eso mismo dice la moral en tanto que perjudica la salud. El Estado debería limitarse a aconsejar el uso de boquillas o filtros que conducen a menos riesgo. Todo esto sería absurdo. John P. Foley decía que "Aún desde el punto de vista de la salud pública, los medios de comunicación -y con más razón aún si son del Estado- deberían promover la abstinencia, la castidad, y las relaciones sexuales estables". Sin embargo, la realidad es que el Estado, al promover campañas de pro-condón organizadas bajo la bandera del "sexo seguro" y que conducen, en la gran mayoría de los casos, a un uso irresponsable de la sexualidad, se ha convertido, de hecho, en un cómplice de muchas conductas sexuales degeneradas y en un importante difusos de enfermedades como el SIDA. Las actuaciones de los estados suelen carecer de aspectos morales en su mensajes, en alas de una falsa neutralidad. Tolerando, por ejemplo, conductas y "derechos" de los homosexuales, está reconociendo, sin decirlo, que fuera esa, otra forma válida de sexualidad. G. Gottier decía que "Esta inhibición legislativa - o trato de igualdad para situaciones desiguales -, no significa ser neutral, sino cómplice del desorden moral, y por lo tanto de la difusión del SIDA." Se ha tocado en este momento un punto o una acusación muy seria: se acusa a las autoridades de ser culpables de la difusión del SIDA. Así pueden apoyar esta tesis los aspectos tratados anteriormente, pues el Estado realiza unas campañas inútiles y contrapoducentes, y por otro lado omite educar y sembrar valores sociales entre los ciudadanos. No es que hayan repartido el virus por la calle, y que agentes del Estado se encarguen de contagiarlo deliberadamente de unas personas a otras; pero, si su actuación consiste en crear el campo de cultivo donde todos estos gérmenes pueden crecer y multiplicarse, también es claramente culpable esta actuación. No solamente el Estado, sino que muchas personas o asociaciones le siguen el juego. Por otro lado, se colabora de buena fe con la atención a enfermos de SIDA. Pero, ¿que diríamos a alguien que achica el agua de una embarcación a punto de hundirse, y no trata, lo primero, de taponar las vías de entrada de agua?; o, ¿qué le diríamos si vemos que es él mismo, consus pisadas, el que está creando esas vías de acceso del agua?. Le diriamos: mejor, no se mueva usted. Contra el tabaco, contra el alcohol y poco más, hay grandes campañas, pero ya contra la droga se duda, y se piensa que cada uno es muy libre de esclavizarse. Y no digamos contra el desorden sexual, resulta mal visto criticarlo. Las únicas trabas que aún parecen mantenerse en pie es por ejemplo la violación. No violes a nadie sin su permiso. Con los niños, no está bien visto, hoy por hoy, abusar. Pero, por lo demás, haz todo lo que te salga del más puro instinto animal, incluso utiliza la técnica, sex shop, y observa cómo las vacas se ordeñan mecánicamente. Los jóvenes hemos heredado un mundo hipócrita, a tope de droga, corrupción y sexo, no lo queremos: no somos conservadores. Y es que la revalorización de la moralidad como fuente de bien para la persona y como medio para mejorar el equilibrio sanitario será un paso para guiar el bien individual y social. No hay nada que de menos gastos problemas a la Sanidad Estatal que una familia estable, con hábitos de limpieza, etc. La sociedad en la que vivimos, aunque no queramos reconocerlo, es muy individualista. Basta oír en las noticias de que por una discusión de tráfico un hombre ha asesinado a una mujer apaleándola y obligándola a tirarse a un río por el puente, ante la mirada expectante y abstencionista de 40 personas; o que una mujer mata a un hombre por robarle la cajetilla de cigarrillos, para comprenderlo todo. Se habla mucho de solidaridad, pero, o no se vive, o cada uno la vive a su modo. ¿Importa la salud y la educación de los hijos?, ¿Importa el futuro de prostitutas, drogadictos y homosexuales?. Pues si de verdad nos preocupa la salud de nuestros hijos, se debe invertir el dinero en programas que fomenten la abstinencia o la disminución sexual entre los adolescentes; si de verdad nos preocupa la suerte de las prostitutas y de los homosexuales, debemos concentrar toda nuestra energía y todo nuestro dinero en programas que les demuestren que su género de vida no es sano, y debemos apoyar además programas de rehabilitación. En esta forma opinaba también Rebecca Hegelin en un artículo en el periódico USA Today www.parroquiasantamonica.com

SIDA. La prevención del sida en el África subsahariana. Más expertos consideran decisivo reducir las múltiples parejas sexuales.



1 SIDA. La prevención del sida en el África subsahariana. Más expertos consideran decisivo reducir las múltiples parejas sexuales. SIDA – Panorama – Aceprensa – 15 abril 2009 La constatación de que las campañas para prevenir el SIDA en África subsahariana no han resultado efectivas está llevando a repensar las estrategias en busca de medidas más adaptadas a las situaciones locales. Si hasta ahora ha predominado el enfoque de la distribución de preservativos, ahora se va abriendo paso la idea de que la reducción del número de parejas sexuales es determinante para frenar la epidemia en el África subsahariana. Hay que tener en cuenta que no todas las epidemias de SIDA son iguales, por lo cual las estrategias de prevención no pueden ser las mismas. Edward Green, director del “Proyecto de Investigación sobre la Prevención del SIDA” de la Universidad de Harvard, advertía en estos días que la estrategia centrada en la difusión de los preservativos ha ayudado a reducir las tasas de contagio por VIH en grupos homogéneos de alto riesgo, como entre los homosexuales de San Francisco o las prostitutas de Bangkok. En cambio, no ha servido para frenar la epidemia que afecta a la población en general como ocurre en el África subsahariana. En esta región la prevalencia del VIH en la población de 15-49 años es del 6%, frente a un 0,9% en el mundo y un 0,5% en los países más desarrollados. Green ha colaborado con organizaciones de dedicadas al control de natalidad como Pathfinder Fund, Population Action Internacional y World Population Society, y ha trabajado en diversos países africanos en materia de lucha contra el SIDA. Fruto de su experiencia es el libro Rethinking AIDS Prevention (publi cado en 2003), donde ya advertía que la lucha contra la epidemia en el África subsahariana requería un cambio de métodos. Ahora Green ha declarado al National Catholic Register (5-11 abril) que ”los investigadores han encontrado escasas pruebas de que los condones vayan a reducir las tasas de infección por VIH y las muertes por sida en epidemias extendidas por toda la población, como es el caso del África subsahariana”. De hecho, en diversos países, como Botswana o Camerún, se ha observado que el aumento de la venta de condones ha ido de la mano de un aumento de la tasa de prevalencia del VIH en la población. Lo mismo ha ocurrido en Sudáfrica, donde los programas públicos han proporcionado centenares de millones de condones, pero la prevalencia del VIH entre la población de 15-49 años es de un 18,8%. Puede discutirse si hay un nexo de causalidad, pero lo innegable es que la epidemia no se ha frenado. o Compensación de riesgo Es posible, dice Green, que el uso de preservativos genere un comportamiento desinhibido, es decir, lo que se llama “compensación de riesgo”: “Cuando se usa algún instrumento para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un riesgo mayor que si uno no lo usura”. Por otra parte, una cosa es la disponibilidad de preservativos y otra su uso. La Organización Mundial de la Salud mantiene que “los condones son muy efectivos para prevenir la transmisión del VIH si se usan de modo correcto y sistemáticamente”, precisando que tienen una eficacia del 80-90%. Pero, según dice en el semanario norteamericano Norman Hearst, profesor de epidemiología de la Universidad de California, en África no más del 5% de una población dada usa preservativos de modo sistemático con su pareja sexual. Y en África el principal foco de contagio viene de la pareja o parejas habituales. También en el número de marzo de Studies in Family Planing, otros investigadores reconocen que las herramientas habituales para la prevención del sida (promoción de los preservativos, hacerse la prueba del VIH y tratar las enfermedades de transmisión sexual) no está dando resultados en África. Y piden un “enfoque renovado” para la prevención. En su libro Green concluye que los programas de prevención del sida no deberían centrarse solo en la difusión de los preservativos, sino que tendrían que considerar otros cambios de conducta. Por eso, “las intervenciones deberían estar mejor enfocadas en función de la edad, el género, el grupo y otros 2 importantes criterios diferenciales”, según el público al que estén dirigidas. Esto tendría también amplias consecuencias en el modo en que se gastan los millones dedicados a la prevención. o El engranaje del contagio ¿Por qué en África es distinta la tasa de infección y por qué no funcionan las mismas estrategias? Hay algo característico sobre el modo de difusión de la epidemia en el África subsahariana, explica Green. En Estados Unidos y Europa la gente rompe con su pareja anterior cuando forma una nueva. Pero en África muchos hombres y mujeres tienen relaciones de larga duración con dos o más parejas regulares. Por ejemplo, en Botswana, con una tasa de prevalencia del VIH del 24% –una de las más altas del mundo–, el 43% de los hombres y el 17% de las mujeres encuestados tienen dos o más parejas sexuales. “Estas parejas sexuales se engranan –explica Green– hasta que el resultado es una red invisible y extensa de relaciones a través de las cuales el virus del sida se difunde”. Cuando los africanos se deciden a vivir en una relación monógama y fiel se salen de esta red y las tasas de HIV bajan, informa el artículo de Sue Ellin Browder en el National Catholic Register. “Cuando Uganda adoptó su célebre campaña ABC (abstinencia, fidelidad o uso del condón) –haciendo hincapié en la B– la fidelidad a una sola pareja subió del 59% al 79% entre los hombres y del 77% al 91% entre las mujeres. A la vez, la proporción de hombres con tres o más relaciones simultáneas bajó del 15% al 3%”. “Cuando la promiscuidad sexual disminuyó, la tasa de infección por VIH, descendió desde un máximo del 15% a principios de los 90 a en torno a un 4% en 2003”. Esta misma estrategia ABC ha sido defendida como la mejor forma para prevenir el contagio sexual del sida en una declaración de consenso firmada por 140 expertos en VIH/Sida de 36 países. Estas recomendaciones se publicaron en 2004 en The Lancet (cfr. Aceprensa 1-12-2004). “En cada país del mundo donde la tasa de VIH ha bajado, ha habido también un aumento del índice de fidelidad y por lo general de abstinencia”, escribe Green. Por eso Green se ha mostrado de acuerdo con el comentario que hizo Benedicto XVI en el avión que le llevaba a Camerún y que muchos han criticado como si fuera contrario a la evidencia científica. El Papa dijo que el problema “no puede resolverse simplemente con la distribución de preservativos; al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. La solución, añadió el Papa, exige “una humanización de la sexualidad”. Y el nuevo enfoque que ya están proponiendo expertos como Green y otros hace énfasis en la importancia de reducir el número de parejas sexuales para frenar la epidemia en el África subsahariana. www.parroquiasantamonica.com

SIDA. El sida se propaga por la promiscuidad. El único medio de contenerlo es volver a la raíz del amor. El único medio de pararlo es evitar los comportamientos de riesgo.



1 SIDA. El sida se propaga por la promiscuidad. El único medio de contenerlo es volver a la raíz del amor. El único medio de pararlo es evitar los comportamientos de riesgo. Cfr. Dominique Morin, enfermo de sida: «El preservativo: un engaño» Fuente: Alfa y Omega, n. 640 – 7 mayo 2009 Enfermo de SIDA, Dominique Morin agradece al Papa haber roto el tabú en torno al mito del preservativo. En una entrevista a la revista francesa Famille chretienne, explica por qué el preservativo responde a una lógica de miedo ¿Le han parecido escandalosas las propuestas recientes de Benedicto XVI sobre el sida? Lo escandaloso son esos coros de vírgenes alarmadas. ¿Qué ha dicho Benedicto XVI? El hombre no se puede resignar a tener comportamientos sexuales con riesgo (vagabundeo sexual u homosexual), ni la sociedad fundar una prevención del sida sobre el fracaso. Él ha recordado que el hombre está dotado de razón, de libertad que le hace capaz de pensar en sus actos. La solución para el sida está en los medios de propagación. El único medio de pararlo es evitar los comportamientos de riesgo. Es simple sentido común, ¡pero no es algo que abunde hoy en día! Así que le doy las gracias al Papa por haber roto el tabú. Él no nos está hablando de una teoría que se acabe de inventar. No ha hecho más que recordar lo que pregona la Iglesia. En el Antiguo Testamento ya está escrito: «Yo te mostraré el camino de la vida y de la muerte. Elige la vida». Como Dios, la Iglesia cree en nosotros. Ella cree al hombre capaz de plantearse distintas opciones. Sus elecciones le hacen salir de una lógica fatalista que hace al hombre esclavo de sus pasiones. ¿Se hace un favor a los jóvenes recomendándoles el preservativo? Desde hace quince años doy testimonio en los colegios. Los jóvenes hoy sólo piensan en una sexualidad impulsiva, instintiva. Ése es su único horizonte. Ahora bien, detrás de la pregunta: ¿Dime cómo conseguir una chica fácil?, se esconde una aspiración profunda: el deseo de amar. Decir que un joven está obligado a tener relaciones sexuales para descubrirse y aprender a amar corresponde a la lógica freudiana, que es falsa. Existe otra vía distinta a la pornografía, a la masturbación, a las relaciones inestables... Olvidar decirles esta verdad equivale a mentirles. Los que les dicen que utilicen un preservativo se lavan las manos y tranquilizan su conciencia a bajo precio. El joven se encuentra al límite de sus medios, con relaciones sin confianza. El preservativo es un engaño y una estafa. Usted es portador del sida. ¿Cómo ha sido su historia? En los años 80, yo vivía en la delincuencia, la droga, el sexo y la violencia política. En 1986 empezó mi conversión. Yo no podía más con toda esa violencia. Con la práctica religiosa, he descubierto una felicidad que no conocía. Decidí confesarme, ¡me lancé! Y reencontré la misericordia de Dios a través de la sonrisa benevolente del sacerdote y de su absolución. Después, en 1993, descubrí que estaba infectado de sida en fase 4. Usted habla de política de prevención, como el Papa. ¿Se puede mantener ese discurso frente a un seropositivo? Por supuesto, hay excepciones, pero una moral no se determina en función de un fracaso ni de un mal. La Iglesia jamás ha dicho que vayamos a infectarnos sin preservativos. Algunos impulsos son a veces tan fuertes, particularmente entre los homosexuales, que la persona no siempre es capaz, a pesar de sus esfuerzos, de resistirse. En ese caso, por supuesto, el sacerdote invita a no propagar más la muerte. ¿Cómo ha mantenido su apuesta por la castidad? Yo no he tenido relaciones sexuales desde hace 29 años, y es para mí el único medio completamente seguro de no transmitir el virus. Yo no soy mejor que los otros enfermos. Mi conversión me ha hecho cambiar mi perspectiva sobre mí, sobre mi cuerpo y mi relación con los otros. La oración y los sacramentos me han dado las gracias necesarias para arrancar mis hábitos y combatir mi debilidad. He aprendido a dominarme. También he descubierto mis relaciones castas con las chicas. La abstinencia sexual es a veces difícil, pero el placer del que me privo no me falta realmente, si miro la vida serena que hoy tengo. ¿Se ha sentido condenado por la Iglesia? 2 Jamás me he sentido rechazado por la Iglesia; al contrario. Ella me ha abierto sus puertas, me ha acogido tal como era. Me he sentido amado. La Iglesia diferencia entre la persona y sus actos. Antes de mi conversión, yo me sentía condenado por lo que creía eran las propuestas de la Iglesia, porque yo me creía uno con mis actos. Creía que cuando la Iglesia condenaba tal acto, ella condenaba al hombre. Ahora bien, la venganza de Dios es perdonar, como dice Pagnol. Dios sólo sabe amar. Él quiere con un amor predilecto a los enfermos de sida. Muchos acusan a la Iglesia hoy... La Iglesia fue la primera en ocuparse de los enfermos de sida. En los años 80, en los Estados Unidos, el cardenal O’Connor abrió un servicio especial para acogerlos, aunque se ignoraban entonces los riesgos de contagio. La Madre Teresa creó el primer centro dedicado a los enfermos de sida: El regalo de amor, en Nueva York. Existen muchos más hoy en día por todo el mundo. La Iglesia ve la bondad del hombre. El Papa cumple con su papel de padre, de pedagogo, cuando recuerda que el hombre está destinado a amar en la verdad, y no en la mentira, en el miedo y el riesgo de morir. Nos muestra un camino exigente, sin pretender complacernos ni seducirnos. El sida se propaga por la promiscuidad. El único medio de contenerlo es volver a la raíz del amor. Todos aspiramos al amor verdadero, fundado en la confianza. El verdadero infierno está, no en ser castigado por las consecuencias de nuestro pecado, sino en tener miedo de amar. Stéphanie Combe Traducción: Rocío Allende www.parroquiasantamonica.com

SIDA: transmisión y aspectos éticos.



1 SIDA: transmisión y aspectos éticos. Dr. Justo Aznar Jefe del Departamento de Biopatología Clínica Hospital Universitario La Fe Valencia Pocas circunstancias sociales y, seguramente, ninguna médica, han tenido últimamente tanto impacto en la opinión pública, como el descubrimiento y posterior evolución del SIDA. Por sus especiales características de transmisión; por su implantación en determinados grupos de riesgo, muy sensibilizados y reivindicativos; por la gravedad de la enfermedad en sí misma; por sus repercusiones económicas y sociales, y por los numerosos debates éticos que suscita, el SIDA ha trascendido los márgenes estrictamente sanitarios, para convertirse en un amplio problema social. Al considerar algunos aspectos relacionados con el SIDA, nos referiremos a cuatro apartados fundamentales: importancia del SIDA en la sociedad actual, su transmisión, medidas generales para prevenirla y distintos aspectos éticos en relación con esta patología. A. Importancia del SIDA en la sociedad actual Una primera consideración que se puede hacer para valorar la importancia del SIDA es revisar algunos datos estadísticos que nos indiquen su extensión. Existen magníficas revisiones sobre esta materia (1,2,3) que pueden mostrar la importancia de esta pandemia, aunque, a nuestro juicio, pueden destacarse algunos aspectos concretos. Según datos de la OMS de 1995, se estima que el virus del SIDA está presente en todos los países del planeta y que el número de portadores oscila alrededor de 28 millones (4), siendo el número de pacientes con SIDA de aproximadamente de 6,5 millones y el número de fallecidos hasta ahora por esta causa, superior a los 5 millones (3). El SIDA está especialmente extendido en el continente africano, sobre todo en el Africa subsahariana y central. Así, datos de 1995 indican que un 3% de la población total, del subsanara, aproximadamente 10 millones de individuos, son portadores del virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) (5), llegando algunos países de esta zona a tener una prevalencia de esta infección de alrededor del 9% (6). En Uganda, que tiene actualmente una población de 19 millones de habitantes, existen 1,8 millones de personas infectadas (3), y en los distritos de Mosaka y Rakai de este país, la prevalencia de esta infección oscila entre el 8 y 13% respectivamente (7,8), siendo el SIDA la principal causa de muerte entre adultos. La situación es especialmente crítica en Botswana, en donde, según datos recientes de la OMS (9), el 18% de la población es seropositiva. Según MH Merson, responsable durante los últimos cinco años, de los programas de la OMS en Ginebra para la erradicación del SIDA, pocos conocen la extensión del problema en el continente africano, en donde se producen la mitad de las infecciones de SIDA que en el mundo se dan diariamente, constatando que en muchas ciudades africanas 1 de cada 3 embarazadas está infectada (10). También el sur de Asia es una región en la que el SIDA está en permanente expansión. Aunque el SIDA fue introducido en Asia más tarde que en el resto del mundo, actualmente existen en aquella región más de 4 millones de personas HIV positivas (1). En Tailandia, según datos de1996 (11), la prevalencia del SIDA entre drogadictos era del 45%, de 28% entre prostitutas y de 1,7% en mujeres embarazadas, aunque en algunas regiones concretas la prevalencia de esta infección entre varones jóvenes, en 1990 era del 10%, y en 1996, en embarazadas, oscilaba entre el 7% y el 12%, llegando a ser entre los drogadictos del 80%. 2 Pero no solamente en los países en vías de desarrollo es alarmante la prevalencia de esta infección, sino también en países occidentales de elevado nivel de vida. Según datos del Centro para la Prevención y Control de las Enfermedades Infecciosas de Atlanta (CDC), en Estados Unidos, desde 1981, año en el que se detectó el primer paciente de SIDA, hasta 1995, habían contraído esta enfermedad alrededor de 500.000 personas (3); pero lo más alarmante es que cada año se incorporan 40.000 nuevos individuos a este colectivo de pacientes (12), lo cual ha ocasionado que hasta 1994 hubieran muerto en ese país 243.423 pacientes afectos de SIDA (13), mortalidad superior a la habida en Estados Unidos por todas sus guerras, desde la Guerra Civil (14). En nuestro país, desde 1981, año del inicio oficial de la epidemia, hasta el 31 de marzo de 1997, el total de casos notificados en el Registro Nacional asciende a 45.102, de los cuales en el 54,4% se ha notificado su fallecimiento (15), siendo el número de infectados alrededor de 120.000. Los casos diagnosticados en 1996 ascienden a 5.301, el 76% con edades comprendidas entre 25 y 39 años. En este año España ya tenía una tasa de individuos HIV positivos de 16,5 casos por 100.000 habitantes, la más alta de Europa (16), siendo por otro lado el país de la Europa Occidental con mayor aumento de casos de SIDA durante 1994, con un incremento del 14,2% respecto al año anterior (17). En el hospital La Fe de Valencia iniciamos en el año 1991 un estudio para valorar la prevalencia de esta infección en recién nacidos (18). Para detectar la inmunoinfección en estos niños, se utilizaron muestras de sangre, obtenidas en papel secante, de las enviadas a nuestro Departamento de Biopatología Clínica, para el control de las metabolopatías congénitas en los recién nacidos. Tras analizar 50.979 muestras se pudo comprobar que, el porcentaje de niños HIV positivos nacidos en la Comunidad Valenciana era del 3,15‰. En ese mismo estudio se estudiaron 36.066 casos de la provincia de Sevilla, con una incidencia de 2,08‰ y 17.741 de Galicia con una incidencia de 1,44‰. En estudios similares al nuestro, la incidencia de niños infectados en Estados Unidos era del 1,7‰, en Italia del 0,9‰, en Suecia del 0,09‰ y en Noruega del 0,08‰. Cuando este estudio se realizó en ciudades en que se sospechaba una alta prevalencia de esta infección, se encontró que, en Washington la incidencia era del 12,1‰, en Roma del 4,05‰ y en Ediburgo del 0,2‰. Si se tiene en cuenta que, en esos años, el porcentaje de nacidos infectados de madres HIV positivas era de alrededor del 25% (19) (hoy, gracias a las modernas terapéuticas y a su más temprana utilización, este porcentaje ha disminuido aproximadamente al 13%), se puede calcular fácilmente la elevada prevalencia de madres infectadas en las áreas geográficas anteriormente comentadas. Para concluir esta pequeña evaluación estadística sobre la prevalencia del SIDA en nuestra sociedad, cabría destacar que, según datos de la OMS, cada día 10.000 nuevas personas se infectan por el virus del SIDA, lo que aproximadamente supone un nuevo infectado cada 8,5 segundos (1,2). Pero no solamente los datos estadísticos sobre la extensión del SIDA son de gran relevancia, sino también la especial incidencia de esta infección en determinados grupos sociales. Así, según el CDC, el SIDA en 1994 fue la primera causa de muerte entre los varones norteamericanos de 25 a 44 años, ya que de cada 100.000 jóvenes adultos de aquel país comprendidos en esa edad, 35 murieron por causa del SIDA y 32 por accidente de tráfico (21). En nuestro país las cifras son parecidas, habiéndose convertido el SIDA igualmente en la primera causa de muerte entre los varones de 25 a 40 años (17). Como más adelante se comentará, hay que considerar la importancia que puede tener la elevada incidencia de esta enfermedad en un colectivo sobre el que descansa, en gran parte, la productividad económica de una país. También en mujeres jóvenes, en edad fértil, la incidencia es muy elevada en Estados Unidos. Así, aproximadamente 100.000 de estas mujeres, son portadoras del virus HIV, naciendo 3 alrededor de 7.000 niños cada año con esta infección (19), siendo el SIDA la tercera causa de muerte entre mujeres de 25 a 44 años (21). Otra área social en el que esta enfermedad está especialmente extendida es en el de la prostitución. Así, se estima que en el Zaire un tercio de las prostitutas son HIV positivas, aunque en algunas áreas africanas, así mismo según datos del CDC, el porcentaje de prostitutas infectadas podría llegar a ser del 90% (22) . En Bombay, en donde existen alrededor de 100.000 prostitutas, también aproximadamente un tercio de ellas son HIV positivas (23,24) . Si se tiene en cuenta que cada una de estas mujeres recibe alrededor de 5 clientes por noche (23), y que la posibilidad de contagio por un solo contacto en este tipo de relación sexual oscila entre el 3 y 5%, fácilmente se puede deducir el número de posibles nuevos individuos que cada día pueden, en aquella ciudad, aumentar el número de los HIV positivos. Otro aspecto social relacionado con el SIDA de importancia es el gran número de niños que pueden quedar huérfanos al fallecer sus padres por esta infección. Así, según datos de la OMS, en el año 2.000 podrían existir entre 5 y 10 millones de niños huérfanos por esta causa (25). Pero no solamente los datos sobre el número de individuos afectados, o la consideración de su mayor incidencia en determinados colectivos sociales, generalmente de los más deprimidos, sino también las consecuencias económicas de esta enfermedad merecen ser tenidas en cuenta. Según datos del CDC, en Estados Unidos, el tratamiento y cuidado de un paciente con SIDA, puede llegar a los 120.000 $ (26). En España, el coste de la atención de uno de estos pacientes, es de alrededor de 1 millón de pesetas al año (27), lo que supone que el coste global económico para la atención de estos pacientes es de unos 80.000 millones de pesetas por año, alrededor del 2% del presupuesto sanitario nacional (27). Aunque estos datos son importantes, sin duda es incluso más estremecedor pensar que en los países africanos en los que hay una mayor prevalencia del SIDA, la renta per capita no suele ser superior a los 100$ por año, por lo que es difícil saber como van a poder asumir la responsabilidad económica de tratar a sus enfermos de SIDA, cuando un tratamiento puede ser hasta 75 veces superior al total de lo que ese ciudadano puede ganar en un año. Es este un dato económico objetivo que sin duda tiene que hacer reflexionar a la opulenta sociedad occidental. Como anteriormente comentábamos una de las regiones de mayor expansión del SIDA es el sur de Asia, por lo que volviendo sobre los datos económicos, se puede prever que el SIDA costará al presupuesto tailandés alrededor de 1,4 billones de pesetas en los próximos 5 años (26) y que para final de esta década, el SIDA podría haber costado a la economía asiática más de 52.000 millones de dólares (11). Finalmente, después de realizar una evaluación sobre la extensión del SIDA en el momento actual, puede ser igualmente de interés referir algunas de las proyecciones que sobre su futura evolución se han realizado. En relación con ello, las perspectivas no parecen más halagüeñas. Así la OMS prevé que en el año 2.000, podrán existir en el mundo entre 30 y 40 millones de personas HIV positivas (28,29). De ellas, 15 millones serán mujeres, y 3 millones niños, estando el 90% de los infectados en países del tercer mundo (25), y de ellos alrededor de la mitad, unos 20 millones, en Africa (30). B. Transmisión del SIDA Con la introducción de las terapéuticas combinadas, y muy especialmente con su aplicación en estadios iniciales de la enfermedad, se está consiguiendo prolongar la supervivencia de los pacientes con SIDA, aunque aún hoy día, para la gran mayoría de ellos, sea una enfermedad mortal. Por tanto, el remedio más eficaz tiene que ser la prevención de su transmisión, y en este sentido las campañas para la prevención del SIDA ocupan en la sociedad un destacado lugar. 4 El virus del SIDA se puede transmitir por cuatro vías: sexual, por contacto sanguíneo, por algunos líquidos orgánicos, y por la denominada transmisión vertical entre la madre y el hijo, generalmente en el momento del parto. En nuestro país, según datos de 1995 del Plan Nacional sobre el SIDA (31), las principales vías de transmisión son: las relacionadas con las drogas inyectables (65,6%), el contagio heterosexual (12,8%), las prácticas homosexuales (11,1%), la transmisión por transfusiones de sangre (1,2%) y la transmisión vertical madre-hijo (0,9%). Transmisión heterosexual. Se define como transmisión heterosexual aquella que se deriva de un contacto heterosexual con una persona HIV positiva, con independencia de si esa persona pertenece o no a un grupo de riesgo (32). Se estima que en el momento actual, de los aproximadamente 28 millones de personas HIV positivas que existen en el mundo, el 75% a 85% se han contagiado por esta vía (4) . En Europa estas cifras, en 1991, oscilaban entre 4,5% en España y 42,5% en Bélgica (33). Aunque este porcentaje global está fundamentalmente influido por los porcentajes de transmisión heterosexual que existen en los países en vías de desarrollo, que son muy elevados. Sin embargo, una constante que se da en la mayoría de los países desarrollados, es el incremento de la transmisión heterosexual del SIDA. Así, en EEUU desde 1985 a 1993 la transmisión del SIDA por vía heterosexual aumentó desde el 1,9% al 9%, habiendo disminuido, en cambio, la transmisión homosexual, en este mismo periodo, del 65% al 46,6% (34) . En España este porcentaje era del 3% en 1988, 4,5% en 1991, 12,8% en 1995 y 17,5% en 1996 (35). Al analizar estos datos hay que tener en cuenta que, la transmisión heterosexual es la más difícil de controlar, por lo que la misma tiene una importancia fundamental cuando se quieren evaluar las posibilidades de erradicación de esta enfermedad. Por ello, dada la dificultad que existe para controlar las relaciones heterosexuales, su importancia para evitar la transmisión del SIDA es capital, lo cual viene agravado porque en ocasiones los portadores infectados del virus del SIDA desconocen esta circunstancia y pueden con sus relaciones sexuales transmitir la infección aún sin saberlo, con el efecto multiplicador de contagio que ello supone, ya que la probabilidad de infección por el HIV después de una única relación sexual varía desde el 1/1.000 al 1/10 (36,37), aunque esta posibilidad de contagio por acto sexual, para los hombres expuestos a prostitutas infectadas es mayor, entre el 3 y 5%. En este sentido, es muy demostrativa la experiencia de un ingeniero belga (38), que desconociendo que era portador del virus del SIDA había mantenido relaciones sexuales con 19 mujeres distintas durante 3 años. Cuando se detectó que era HIV positivo se examinaron a aquellas 19 compañeras sexuales y se pudo comprobar que 11 de ellas habían sido contagiadas. C. Medidas generales para prevenir la transmisión del SIDA Para evitar o reducir la transmisión del SIDA, solo existen tres tipos de medidas: continencia sexual, relaciones sexuales con personas sanas, y utilización del preservativo en caso de promiscuidad sexual. Más adelante nos referiremos a las medidas de prevención recomendadas por distintas instituciones médicas, pero ahora vamos a comentar más específicamente la utilización del preservativo. La utilización del preservativo es sugerida por distintos colectivos políticos y sociales como el método ideal para evitar la transmisión del SIDA, y en este sentido se han promovido amplias campañas en las que se suele equiparar el denominado sexo seguro (sin posibilidad de contagio de SIDA) con la utilización del preservativo. A nuestro juicio, este aserto está muy lejos de la realidad científica y a ello vamos a dedicar los siguientes párrafos. Para analizar la eficacia del preservativo como medio para prevenir la transmisión del SIDA, vamos a valorar primero su eficacia en otras circunstancias en las que también es utilizado, dado 5 que si en ellas funcionara adecuadamente, se podría inferir que también pudiera funcionar con respecto a la transmisión del SIDA. El preservativo como medio contragestativo. En general, se puede decir que el preservativo tiene un elevado número de fallos en cuanto a la prevención de embarazos no deseados se refiere. En este sentido, si se define el índice de fallos del preservativo para prevenir embarazos no deseados, como el número de embarazos en parejas que utilizan este método durante un año, encontramos que el número de fallos, según distintas fuentes, es de un 3,6% (39), 3 a 28% (40), 8 al 15% (41), 14% (42), 10 al 15% (43); para menores de 25 años, el 17,9%, y para mayores de esta edad del 6,1% (45). Son por tanto, abundantes los datos que indican que el índice de fallos del preservativo, para prevenir embarazos no deseados, oscila alrededor del 10%. Es, sin duda, uno de los métodos contraceptivos menos seguros. Por ello, si falla para prevenir los embarazos no deseados, es fácilmente deducible cuanto más podrá fallar para prevenir la transmisión de una enfermedad de transmisión sexual como el SIDA. En este sentido también es ilustrativa la reducida eficacia del preservativo en relación con la prevención de embarazos no deseados de adolescentes. Si el preservativo, y otros medios anticonceptivos, fueran realmente eficaces para prevenir estos embarazos no deseados, no cabe duda que después de las intensas campañas realizadas para la utilización del preservativo con la finalidad de evitar la transmisión del SIDA, los embarazos de adolescentes, por un efecto secundario, habrían disminuido. Sin embargo, los datos existentes no parecen avalar este aserto. Así, en Inglaterra y Gales en 1978 se produjeron 85.000 embarazos de adolescentes. Tras 10 años de intensas campañas anticonceptivas, entre las que cabe destacar las que se promovieron para la utilización del preservativo a partir de 1985, en 1988 se produjeron en aquellos países 100.000 embarazos de adolescentes, es decir 15.000 más que en el inicio de dichas campañas (46). Como más adelante se comentará, con el preservativo, aunque se reducen las posibilidades de embarazo en cada contacto sexual, si los contactos sexuales se incrementan, como consecuencia de las campañas que presentan al preservativo como medio para obtener un sexo seguro, el número de contactos sexuales aumenta drásticamente por lo que el número de embarazos, no solo no disminuye, sino que cuantitativamente se incrementa. También el preservativo falla como método para evitar la transmisión de otras enfermedades sexuales distintas al SIDA. Así, un informe de la OMS (47) en relación con este tema, indica que los usuarios del preservativo tienen dos tercios de posibilidades, en relación con los que no lo utilizan, de evitar la transmisión de gonorrea, tricomoniasis, o infecciones por clamidias. Es decir, que la protección sería aproximadamente del 66%. Siendo esta protección aún menor en el caso del herpes simple (48). Aunque estos datos indirectos nos pueden acercar hacia el verdadero valor que el preservativo tiene en la prevención de la transmisión del SIDA, sin duda, lo más objetivo es referirse a aquellos estudios en los que específicamente se analiza esta cuestión. En este sentido, quiero comentar un estudio publicado en 1993, en el que se recogen datos relacionados con la eficacia del preservativo para prevenir la transmisión del SIDA por vía heterosexual (44). En él se recogen datos procedentes de todos los artículos publicados antes de julio de 1990, en revistas de garantizada calidad científica, sobre esta materia, analizándose conjuntamente en un detallado estudio multicéntrico. Como dato más significativo, de este amplio trabajo, se constata que el preservativo, reduce el riesgo de infección por el HIV aproximadamente un 69%. Es decir, ésta sería la capacidad del preservativo para prevenir el contagio del SIDA, en unas relaciones heterosexuales normales, en las que habitualmente se utilizara. También según datos de la OMS (47), el riesgo relativo de contagio para los usuarios del preservativo sería muy similar al del trabajo anterior, aproximadamente 0,4, es decir, un 40%. Pero sin duda, los estudios más directos son aquellos que se han realizado en parejas discordantes, entendiendo por tal, aquellas en las que uno de sus miembros es portador del virus 6 del SIDA y el otro no. Evidentemente estos estudios son difíciles de realizar, por su propia naturaleza, pues incluso no sería ético recomendar a algunas de estas parejas que no utilizaran el preservativo, con el único objetivo de comparar el porcentaje de contagios de los miembros sanos de ambos grupos, los que utilizaran el preservativo y los que no lo hicieran. Pero a pesar de ello existen algunos estudios en que se ha abordado este tema. En uno de ellos se constata que la seroconversión en parejas que utilizan permanentemente el preservativo es de aproximadamente 1,5% personas/año (49), aunque otros datos (44) indican que el fallo del preservativo para prevenir la transmisión del SIDA puede llegar a ser del 17%. Fischl et al (50) refieren que, en un periodo de 24 meses, entre 10 parejas discordantes que utilizaron sistemáticamente el preservativo, 1 de sus componentes se infectó (10%) . Pero sin duda, a mi juicio, el estudio más interesante es el realizado por Laurian y col (51) entre parejas discordantes, en las que el marido era hemofílico HIV positivo. En este trabajo se refiere que de 14 parejas que utilizaron sistemáticamente preservativos, no hubo seroconversión en ninguno de los miembros sanos; sin embargo, poco más tarde, este mismo grupo científico (52), utilizando técnicas más sensibles para detectar los sujetos HIV positivos, encontraron al reevaluar 11 de estas parejas, que habían utilizado el preservativo siempre correctamente, que 3 mujeres se habían postivizado. Por ello, sin exagerar, se podría afirmar, que, haciendo un cálculo medio aproximativo, el porcentaje de compañeros sanos que en un año de relaciones sexuales utilizando correctamente el preservativo se podría contagiar, puede oscilar alrededor del 5%, lo cual a su vez indica, que tras 10 años de relaciones sexuales en parejas heterosexuales que utilizaran el preservativo, aproximadamente la mitad de la personas sanas se habrían contagiado. Las causas por las que el preservativo puede fallar en la prevención del contagio del SIDA son muy variadas (48,53,54). Una posibilidad es por mala utilización del mismo, mala utilización, que muchas veces, viene derivada de las dificultades propias de usarlo adecuadamente en tales circunstancias (48). También hay que tener en cuenta que, al igual que el semen, los líquidos preseminales pueden estar contagiados por el virus, y que en este sentido es posible que el contagio pueda realizarse antes de que el preservativo pueda ser utilizado. De todas formas, aunque su utilización sea correcta existe un porcentaje de fallos atribuibles a rotura del mismo. En un estudio prospectivo se pudo detectar que el porcentaje puede oscilar alrededor del 1% al 12% en el coito vaginal, porcentaje que aumenta en las relaciones homosexuales (48). En diversos estudios retrospectivos (55,56) , también se ha especulado sobre el paso del virus a través de los poros del látex, habiéndose comprobado que utilizando partículas de poliestireno de 110 nm de tamaño, se pudo detectar espectrofluorimétricamente que en 29 de 89 preservativos utilizados (33%), existía paso de partículas a través del látex. Como resultado de sus experiencias calculan que el porcentaje medio de eyaculado que puede atravesar el látex sería de un 0,01% aproximadamente (57). Esto indica que los preservativos de látex pueden sustancialmente reducir, pero no eliminar, el riesgo de transmisión del virus del SIDA. Igualmente, y como consecuencia de la evaluación de control de calidad que habitualmente realizan diversas instituciones sanitarias de EEUU, se pudo comprobar, que, al evaluar 38.000 preservativos de 165 lotes diferentes, cuando los preservativos eran de fabricación estadounidense, el 12% tenían escapes superiores al permitido en este país. Cuando los preservativos no estaban fabricados en EEUU, este porcentaje se elevaba al 21% (58). Como hemos comentado al referirnos a las enfermedades de transmisión sexual, si el preservativo fuera realmente eficaz para evitar la transmisión del SIDA, los casos de contagio por virus HIV habrían tenido que descender en aquellos países en los que se han promovido importantes campañas para la utilización del preservativo, como medio habitual para evitar la transmisión del SIDA. Sin embargo, las cosas no parece que hayan ido por ese camino. Así en Francia, en 1985, se habían detectado 270 casos de SIDA y unos 3.000 seropositivos; en 1994 se habían registrado más de 41.000 casos de SIDA, siendo los seropositivos más de 200.000 (59). 7 Y, ¿como se puede explicar que la incidencia de SIDA sea mayor tras campañas masivas en las que se ha recomendado la utilización de un medio, el preservativo, que precisamente se quiere promover como método ideal para prevenir la expansión de esta enfermedad? A nuestro juicio, es evidente que, como consecuencia de estas campañas se esta introduciendo en la sociedad, y especialmente entre la juventud, una trivialización de las relaciones sexuales, como consecuencia inmediata del mensaje que, a la recomendación del preservativo, se añade al afirmar que utilizando el preservativo se puede tener sexo seguro. Como consecuencia de ello se ha producido un incremento drástico de los contactos sexuales, por lo que, aunque porcentualmente la posibilidad de contagio sea menor, en cifras absolutas los contagios aumentan. Es decir, si como hemos visto, la utilización del preservativo reduce el riesgo de contagio aproximadamente en un 70%, pero por estas campañas el incremento de las relaciones sexuales se incrementara, por ejemplo, en un 300%, la posibilidad de contagio global se incrementaría alrededor de un 15%. Esto explica que el SIDA siga extendiéndose en todos aquellos países del área occidental que únicamente han basado sus campañas para prevenir la expansión de esta enfermedad en la utilización del preservativo. Por ello, ¿cuales serían las medidas más recomendables actualmente para prevenir la transmisión del SIDA?. La observación de que el preservativo falla en determinado porcentaje para prevenir la transmisión de una enfermedad, que aunque disminuida en su agresividad, sigue siendo hoy por hoy mortal, ha llevado a distintos organismos internacionales y a expertos en la materia, a alertar sobre la realidad de que el preservativo de ninguna manera es un medio seguro para impedir la transmisión del SIDA y que esta seguridad solo se consigue con la abstinencia sexual o con la relación sexual fiel y monógama con una pareja sana. En este sentido, el CDC recomienda que la abstinencia y las relaciones con una pareja sana son las únicas estrategias absolutamente seguras para prevenir el SIDA. El adecuado uso del condón en cada acto sexual puede reducir, pero no eliminar el riesgo de transmisión de enfermedades sexuales. "Los individuos infectados por el HIV tienen que saber que el preservativo no elimina el riesgo de transmisión del SIDA a otros" (58). Otros autores sugieren, "el mejor consejo para evitar la transmisión del SIDA es abstenerse de las relaciones sexuales, y para aquellos con riesgo de infectarse, seguir una relación monógama con una pareja sana" (60). "El uso del condón en las relaciones sexuales reduce pero no elimina totalmente el riesgo de transmisión del SIDA" (61). "La abstinencia, o una relación sexual mutuamente fiel con un compañero no infectado, es la única manera segura de evitar la transmisión sexual del SIDA. Los condones ofrecen una buena protección, pero no perfecta" (62) . Sobre este último dato que avala, todavía más si cabe, la teoría de la no total eficacia del preservativo en la prevención del contagio por el virus HIV, conviene tener en cuenta que es recogido en un número de Populations Reports, precisamente dedicado a tratar de difundir la utilización del preservativo. En este mismo sentido, también LS Bond, Asesor Regional para el Desarrollo y Apoyo a las Intervenciones para la Prevención del VIH y ETS, de la Organización Panamericana de la Salud, con residencia en Washington, afirmaba que "enseñar a la juventud desamparada sobre los peligros del HIV y la infección por enfermedades de transmisión sexual, consiste en algo más que en la simple difusión de información o distribución aleatorio de preservativos" (42). Evidentemente, al referirse a otras estrategias, lo que se indica es la utilización de otros sistemas diferentes del preservativo. De acuerdo con todo lo anterior, el ministro italiano de sanidad Francesco Onofre, realizó en 1994 unas declaraciones en las que afirmaba que la monogamia y la fidelidad son el mejor método para prevenir la expansión del SIDA, como base de una campaña de erradicación de esta enfermedad en su país (63). No hay que decir que dichas declaraciones constituyeron una piedra de escándalo para muchas de las instituciones que promueven la utilización del preservativo como único método para prevenir la expansión del SIDA. 8 Una pregunta que de inmediato surge al valorar las campañas realizadas para la utilización del preservativo, como medio idóneo para evitar la transmisión del SIDA es ¿por qué, si los datos sobre la no total eficacia del preservativo para prevenir el SIDA son tan objetivos, existen tan pertinaces campañas en los países occidentales, recomendando su utilización, como medio idóneo para evitar la transmisión de esta enfermedad?. ¿Se podría pensar que existe una actitud equivocada de forma generalizada en los que proponen estas medidas? ¿Más aún, se podría ni siquiera sugerir, que existe una actitud no bien intencionada? Creo que esto es impensable y que los que proponen tales campañas tendrán, o creerán tener, razones que les induzcan a proponerlas como buenas, o al menos razones que les impidan proponer, con mayor coraje moral, otras que parecen más eficaces. Pero, ¿a qué se puede deber esta actitud, un tanto timorata, para no sugerir que el mejor medio para prevenir la expansión del SIDA es la continencia sexual y en su caso las relaciones sexuales con un compañero/a sano, y que el preservativo debería quedar limitado a aquellas personas que quieran vivir en promiscuidad sexual, aún sabiendo que con su uso únicamente se reducen las posibilidades de contagio, no se eliminan completamente?. Con palabras de la Comisión Episcopal Española para la Defensa de la Vida (64), se podría decir que, las medidas utilizadas para prevenir el SIDA tienen una peculiaridad que las individualiza con respecto a otro tipo de enfermedades, y es que las mismas van ligadas a comportamientos personales con una amplia carga ética, ya que van unidas fundamentalmente a la actividad sexual, por lo que su prevención se relaciona directamente con medidas que pueden afectar al área de las libertades individuales. Y aquí surge el conflicto. Se admiten otras medidas coactivas para otros problemas sociales, pero en el caso del SIDA, se opina que estas medidas pueden suponer una intromisión en la libertad personal, ya que los comportamientos sexuales se consideran hoy día como intrínsecamente unidos a la más absoluta autonomía individual. Por ello, ninguna autoridad, social, religiosa o política, estaría legitimada para inmiscuirse en las actitudes que individualmente cada uno adopte en esta materia. Cualquier actitud que se tome en este sentido, se considera como una extralimitación de la autoridad, que vulnera la estricta neutralidad que debe presidir sus acciones. Aún más, existe el convencimiento de que el hombre limita su libertad cuando ha de sujetar sus comportamientos a actitudes dependientes de las propias leyes de la naturaleza, de forma que su conducta se ajuste a los fines para los que esas leyes han sido creadas. El hombre sería solamente auténticamente libre cuando pudiera reelaborar esas leyes de acuerdo con sus propios intereses. En este sentido, si la obtención de placer se considera como fin único, o al menos principal, de la actividad sexual, cualquier actitud estaría justificada, cuando de conseguir ese placer se trata, por supuesto, la promiscuidad sexual, e incluso la homosexualidad. Por ello, la sociedad, y los poderes públicos, como expresión organizativa de la misma, se ven dificultados para proponer normas que puedan teóricamente interferir con ese sentido tan estrictamente individualista de la actividad sexual. Lo mismo se podría decir de la droga, y en general sobre cualquier conducta humana, que pudiera ser considerada como una actitud alternativa, y en consecuencia tan respetable como cualquier otra. Por ello, como las medidas preventivas para evitar la propagación del SIDA, entran directamente en colisión con la ideología de la revolución sexual a que nos estamos refiriendo, hace que las mismas se propongan con timidez, ya que, como anteriormente se ha comentado, podrían considerarse una extralimitación de la autoridad, con la negativa opinión que a la sociedad occidental merece hoy cualquier actitud que mínimamente rozara lo que pudiera ser catalogado como dictatorial. Parece evidente, por tanto, que la expansión del SIDA está muy directamente ligada a los cambios de conducta, que, en relación con la actividad sexual, se han producido en nuestra sociedad en los últimos años, gran parte de ellos debidos a la aparición de los medios contragestativos de carácter químico, especialmente la píldora. En este sentido, son especialmente significativas las declaraciones que Luc Montaigner, descubridor del virus del 9 SIDA, hizo recientemente en Barcelona, ante un auditorio de más de mil jóvenes. Decía Montaigner "Es posible que en el caso del SIDA se hayan creado condiciones para su desarrollo, la promiscuidad, el libertinaje sexual. Si se hace historia se puede decir que el SIDA es el hijo de la píldora anticonceptiva" (65). Seguramente muy pocas autoridades, ni voces destacadas, de nuestra sociedad occidental, tendrían la fortaleza moral para realizar unas declaraciones como estas, al presentar a la píldora anticonceptiva como la principal causa del SIDA. D. Valoración de las campañas promovidas para evitar la transmisión del SIDA Como ya se ha comentado, la mayoría de las campañas gubernamentales realizadas para evitar la expansión del SIDA, están basadas fundamentalmente en promover la utilización del preservativo. Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, a nuestro juicio, dichas campañas no son totalmente adecuadas, ya que se centran exclusivamente en la utilización de un método que por si mismo no garantiza la prevención de esta enfermedad. Para que una campaña para prevenir la expansión del SIDA fuera eficaz, a nuestro juicio, debería estar presidida por las siguientes directrices: a) tratar de promover soluciones, que siendo éticamente las más idóneas, fueran acordes con objetivos criterios médicos. b) dar a la población una información científica veraz, para que después pudiera actuar en consecuencia. En relación con el primer punto, parece indudable, que, debido a los fallos del preservativo para evitar la transmisión del SIDA, la única solución verdaderamente eficaz, es la abstinencia de relaciones sexuales promiscuas, o tenerlas dentro de una pareja sana, en monogamia fiel. Sin duda, para que esta medida pudiera ser efectiva, en una sociedad, en la que como ya se ha comentado, las libertades sexuales, entendidas como promiscuidad sexual, son el paradigma de las libertades individuales, dicha campaña debería ir precedida de otra, no menos importante, sobre el significado de la sexualidad humana. Sin una adecuada educación sexual es imposible plantear ninguna medida de continencia que pueda ser aceptada como un valor positivo por la sociedad, especialmente por los más jóvenes. Una sociedad en la que la actividad sexual quedara reducida a su utilización dentro de las parejas estables, cumpliendo así su finalidad procreadora y unitiva de los componentes de esa pareja, habría puesto en marcha la medida profiláctica más eficaz para la prevención de esta terrible enfermedad. Para aquellas personas que deseen tener relaciones sexuales fuera del contexto de una pareja estable, en la que ambos miembros son sanos, es decir cuando se quiere vivir en promiscuidad sexual, el único camino para reducir, pero no para prevenir con total seguridad, el contagio por el virus del SIDA, es la utilización del preservativo. Ahora bien, en este último caso, al recomendar su utilización, habría que dejar bien establecido que el mismo no significa sexo seguro, con el fin de que, como anteriormente se ha comentado, esta falsa seguridad no promueva mayor número de contactos sexuales y con ello, no sólo no sirva su utilización para reducir la expansión del SIDA, sino que produzca el efecto contrario, su mayor difusión. E. Principales aspectos éticos relacionados con el SIDA Muchos de los problemas éticos relacionados con el SIDA, se derivan del conflicto de intereses que pueden plantearse entre las personas afectadas por el virus y las personas sanas, que, o bien conviven con ellas, o bien pueden tener relaciones sociales con ellas de cualquier tipo. Es decir se derivan de establecer una oposición entre el bien personal y el bien social (66). Confidencialidad. Un primer problema que se plantea es establecer hasta que punto hay que mantener la confidencialidad sobre si un sujeto es HIV positivo, o enfermo de SIDA, en sus relaciones sociales con otras personas. En este terreno los problemas más objetivos se presentan dentro del campo sanitario, en donde se pueden contraponer los derechos de médicos y ATS para preservar su salud y los derechos de los pacientes para mantener su confidencialidad. ¿Que hacer 10 cuando un facultativo o personal sanitario de cualquier tipo debe manipular las muestras de un paciente con SIDA o atenderlo personalmente? ¿Es éticamente necesario que el paciente revele su identidad como enfermo de SIDA, o que las muestras sanguíneas de estos pacientes vayan adecuadamente etiquetadas?. Parece evidente que el derecho a la salud, como una parte del derecho a la vida, es de superior entidad al derecho que existe para mantener la confidencialidad en cualquier circunstancia personal. En este sentido, parece evidente que debe prevalecer la actitud de dar a conocer al personal sanitario que se está tratando a un paciente con SIDA, o que se está manejando muestras de sangre infectadas por este virus, para poder poner las medidas cautelares necesarias para prevenir el contagio. De todas formas, es muy infrecuente el contagio de personal sanitario por su relación con pacientes de SIDA. Ello fundamentalmente debido a que el riesgo estimado de contagiarse por el HIV después de una exposición percutánea a sangre infectada por este virus es muy bajo, aproximadamente 0,3% (67). Consecuentemente, menos de 50 contagios de personal sanitario se habían producido en Estados Unidos hasta diciembre de 1993 (68). Según datos de 1994 se han referido 67 casos de profesionales sanitarios que en su trabajo han sido infectados por el SIDA, de los cuales en España, sólo se han descrito cuatro, tres en Madrid y uno en Valencia (69). Según datos del CDC de 1996 (70), en un estudio estrictamente controlado, y en el que se define con riguroSIDAd el contagio, en USA se habían detectado 31 casos de contagio de profesionales de la salud, 5 en Francia y 3 en el Reino Unido. Dentro de este campo sanitario, otra faceta es la posibilidad de que el afectado sea el facultativo o personal sanitario y que pueda contagiar a sus pacientes. Con motivo de un caso recientemente referido, en el que un dentista de Florida contagió a cinco de sus pacientes (71,72), se ha intensificado la polémica sobre la conveniencia de que los sanitarios contagiados deban informar o no, a sus pacientes de esta circunstancia. El asunto es éticamente difícil, ya que, puestas las adecuadas medidas preventivas, la posibilidad de contagio es prácticamente nula. Así, la posibilidad de que un paciente se infecte a partir de un cirujano HIV positivo oscila entre 1/42.000 y 1/420.000 (73), es decir una posibilidad casi remota. Por ello la opinión pública va siendo cada vez más favorable a que se permita trabajar a los profesionales sanitarios infectados, refiriéndose en un reciente trabajo, que el porcentaje de los que no permitirían trabajar a un sanitario HIV positivo es del 54%, 47% y 37%, para cirujanos, dentistas o médicos generales infectados, habiéndose constatado que la incidencia de aceptación por parte de los pacientes para ser atendidos por estos profesionales afectados también se va incrementando paulatinamente. Solamente un 5% de sujetos manifiesta que los profesionales infectados deberían dejar de trabajar absolutamente (74). Dada esta remota posibilidad de contagio, cuando no medie el contacto sanguíneo, no parece necesaria la necesidad de que el paciente conozca la situación sanitaria de su médico. Otro campo en el que esta disyuntiva entre confidencialidad y derecho a la salud se puede plantear es en relación con la integración social de los niños HIV positivos, especialmente en las escuelas. La posibilidad de que un niño se contagie en la convivencia con otros niños, es prácticamente nula (75). En un reciente trabajo, y con motivo de haberse declarado HIV positivo un célebre jugador de baloncesto norteamericano, se ha realizado un estudio (76), en el que se concluye que el riesgo de transmisión del virus del SIDA para un jugador de fútbol profesional americano es menor de 1 por 85 millones de contactos habidos durante el juego. Ello confirma, que es prácticamente imposible, el contagio de niños sanos por un niño HIV positivo que conviva con ellos. Parece pues claro que, en este contexto debe de predominar el derecho de los niños enfermos a integrarse en un grupo social, como la escuela, absolutamente necesario para su desarrollo educativo y psicomotriz. De todas formas, es muy conveniente que la familia deba informar a los responsables de las escuelas sobre esta circunstancia, con el objeto de que, en lo posible, se trate de prevenir las ocasiones en las que es más fácil el contagio. 11 Un caso particular hace referencia a la convivencia familiar, cuando alguno de los miembros está afectado. Aunque es muy difícil, prácticamente imposible, el contagio en estas circunstancias (77), se han descrito dos casos de contagio dentro de la familia (78,79), aunque no totalmente documentados. Más recientemente ha sido descrito otro en el que un hermano hemofílico contagió a otro y un último caso, en el que un niño contagiado perinatalmente, posteriormente contagió a otro niño sano que vivía en la misma casa (80), siendo en este último caso perfectamente identificado el contagio. Como consecuencia de ello, parece lógico que los niños infectados se integren plenamente en la convivencia familiar, aunque parece así mismo prudente tomar las precauciones necesarias para evitar estos contagios, que aunque siendo prácticamente imposibles, han sido detectados en algunos casos. En cuanto a las normas recomendables para la expansión del SIDA dentro de los centros penitenciarios, se pueden seguir los mismos criterios que se han utilizado para la población en general. Ahora bien, con relación a la conveniencia (incluso obligatoriedad) o no, de identificar en las cárceles a los reclusos HIV positivos, para tratar de desarrollar medidas preventivas para dificultar la expansión del SIDA en los centros penitenciarios, existe un vivo debate, estableciéndose éste entre derecho a la confidencialidad del afectado y salud de los reclusos en general. La norma más generalmente aceptada es la conveniencia de realizar pruebas voluntarias para la identificación de los reclusos HIV positivos. En Estados Unidos, en un reciente trabajo sobre la predisposición de los reclusos a que se lleve a cabo esta identificación voluntaria, aproximadamente un 50% de ellos estaban de acuerdo, y los que no lo estaban, en la mayoría de los casos, no lo era por miedo a que les detectara que eran portadores del virus del SIDA (81) . Sin embargo, en 15 de las sesenta prisiones que existen en aquel país, se realizan pruebas obligatorias para detectar a los reclusos HIV positivos (82). Por tanto, parece que la corriente más generalizada es tratar de promover la identificación voluntaria, para después establecer las medidas precautorias más convenientes. F. Valoración ética de las actitudes a seguir en las relaciones sexuales de parejas heterólogas Un importante problema ético que se puede plantear en relación con el SIDA es conocer cuales pueden ser las actitudes a seguir en una pareja discordante, que quiera convivir como tal, bien fuera o dentro del matrimonio. En este sentido habrá que tener en cuenta las siguientes premisas. Como se ha comentado anteriormente el único recurso eficaz para prevenir el contagio del SIDA, es la continencia, debiendo quedar reducida la utilización del preservativo a aquellas parejas que deseen tener relaciones sexuales. En este caso, y desde un punto de vista ético, se podría decir que cuando se utiliza el preservativo en una pareja heter6loga, no se busca la anticoncepci6n sino evitar la transmisión de una enfermedad, por lo que la esterilidad del acto sexual sería un efecto indirecto no deseado. Sin embargo, la dificultad ética estriba en que la utilización del preservativo en cualquier relación sexual altera la misma, privándola de su carácter procreador, por lo que, aunque el fin sea éticamente correcto, ya que de lo que se trata es de reducir el riesgo de infección, el medio no lo es, por lo que globalmente la catalogación ética del conjunto de esa relación sexual no puede ser valorada positivamente, especialmente si además se tiene en cuenta que existe otro medio para evitar la transmisión del SIDA como es la continencia. Ahora bien, con la continencia se puede perjudicar el efecto unitivo y de comunicación personal, que en toda pareja, matrimonio o no, tiene la relación sexual. Por ello, éste también es un aspecto que debe considerarse al emitir un juicio ético sobre la utilización del preservativo en las relaciones sexuales de parejas heterólogas. Pero a la vez, una tercera circunstancia que también hay que tener en cuenta, es que, aún utilizando el preservativo se puede concebir un hijo que tendría aproximadamente un 25% de posibilidades de ser HIV positivo. Por ello, para realizar una valoración ética global de las relaciones sexuales en parejas discordantes habría que tener en 12 cuenta que, con la utilización del preservativo, se reduce la posibilidad de transmitir la enfermedad; se manipula directamente el acto sexual, al privarlo de su vertiente procreadora; se puede perjudicar la mutua unión y comunicación entre los esposos; y finalmente, en caso de embarazo, se puede concebir un hijo HIV positivo. De la equilibrada valoración de estos cuatro factores debe emerger el juicio ético final sobre la utilización del preservativo en parejas heter6logas afectadas por el SIDA, aunque sin duda, el que la utilización del preservativo prive al acto sexual de su capacidad procreadora hace que, en principio, no pueda ser valorado su uso como éticamente positivo. G. Comentarios éticos finales Finalmente querría realizar un breve comentario sobre algo que suele ser tópico en la mayoría de las reflexiones éticas que se realizan sobre diversos problemas sociales, y por supuesto, también, en el caso del SIDA. Me refiero a la limitación que en ocasiones se introduce en el debate, cuando este se quiere plantear exclusivamente desde una visión de la vida ajena completamente a la trascendencia. En este sentido, algunas gentes, especialmente algunas de las que más audiencia tienen en los medios de comunicación social, se suelen mostrar totalmente contrarias a realizar un debate ético si no es desde el punto de vista de lo que ellos llaman estrictamente laico. No veo la razón por la que al discutir estos temas éticos, de gran calado social, no se pueda introducir la trascendencia como un factor a tener en consideración para emitir un juicio ético, sobre todo si se tiene en cuenta que gran parte de la población plantea su vida desde esta perspectiva. Es tan legítimo plantear estas cuestiones introduciendo en ella la trascendencia, con el matiz ético que esto comporta, como hacerlo desde un punto de vista exclusivamente laico. No parece existir ninguna razón de peso para que los debates éticos que habitualmente se plantean sobre estas materias deban realizarse necesariamente prescindiendo de esta visión trascendente de la vida. Tan legítimo es una cosa como la otra. Y si el valor de la mayoría, circunstancia que en nuestra visión cultural de la sociedad es de capital importancia, tiene algún sentido, estoy seguro que gran parte de la población valoraría estos temas introduciendo la trascendencia como un aspecto capital del juicio ético que merecen. Si hoy día lo legal, es la base, para muchos ciudadanos, de lo ético, creo que no cabría ruborizarse por introducir la trascendencia en las discusiones éticas de muchos de los problemas que se nos plantean, y, por supuesto, también al valorar éticamente todo lo relacionado con el SIDA. Por ello, me parece de interés aportar aquí las consideraciones muy recientes, aún no publicadas, que sobre esta materia defiende la Iglesia Católica. Ante la pregunta de ¿sería legitimo usar el preservativo en caso de matrimonios discordantes, para evitar los riesgos de contagio del cónyuge sano o de engendrar un hijo enfermo?, responde (63): "el uso del preservativo, como el de cualquier otro método de anticoncepción, no es moralmente lícito en cualquier caso, por extremo que este pueda ser. No es ésta una problemática que se plantee solamente con respecto al SIDA. Existen otras enfermedades, bien infecciosas o hereditarias, que llevan a los cónyuges a tener que optar entre la abstinencia de las relaciones sexuales o la asunción del riesgo de contagiar al cónyuge sano o de engendrar hijos enfermos. En estos casos no varía el juicio moral sobre la anticoncepción, pues es ésta una moral objetiva. Un acto malo en sí mismo, no se convierte en bueno por las circunstancias, aunque éstas si puedan hacer malo lo objetivamente bueno, o modificar (para bien o para mal) la responsabilidad subjetiva del que lo realiza. Toda práctica anticonceptivo es moralmente ilícita, sean cuales fueran las circunstancias. El uso de anticonceptivos quiebra necesariamente la moral existente en el amor sexual entre los esposos, al privarlo de una de las finalidades querida por Dios, la apertura a la vida, inherente a la naturaleza de relación sexual entre hombre y mujer. Todo acto anticonceptivo, es por tanto, contrario la virtud de la castidad. Esta es doctrina segura de los Sumos Pontífices, recientemente recordada por Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium Vitae, que reafirma la doctrina de Pablo VI en la 13 Humanae Vitae, todo ello siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II y en conformidad con la doctrina tradicional y uniforme de la Iglesia. Resumiendo, la objetiva inmoralidad de todo acto anticonceptivo no se ve anulada por ninguna circunstancia, ni por la ponderación de las consecuencias que el acto sexual pudiera tener". Bibliografía Global Programme on AIDS. The current global situation of the HIV-AIDS pandemic. Geneva: World Health Organization. July 3, 1995. World Health Organization. AIDS - global data. Wkly Epidemiol Rec 70; 353-5: 1995. Quin TC. Global burden of the HIV pandemic. Lancet 348; 99-106: 1996. Joint United Nations Programme on HIV/AIDS. The HIV/AIDS situation in unid 1996: global and regional highlights. UNAID Fact Sheet. Julio 1, 1996. Merson MH. Global status of the HIV/AIDS epidemic and the response. Plenary speech, Xth International Conference on AIDS, Yokohama. Japan, 1994. Ministry of Health. Zimbabwe, cited in AIDS Analysis Africa 1994: 4 (4). Mulder DW, Nunn AJ, Kamali A, Nakiyingi J, Wagner HV, Kengeya-Kayondo JF. Two year HIV-1 associated mortality in a Uganda rural population. Lancet 343; 1021-3: 1994. Sewankambo NK, Wawer MJ, Gray RH et al. Demographic impact of HIV infections in rural Rakai district, Uganda results of a population based cohort study. AIDS 8; 1707-13: 1994. SIDA: Recuento al alza. 7 DM, no 275, 19-I-1996. Merson MH. Returning home: reflections on the USA’s response to the HIV/AIDS epidemic. Lancet 347; 1673-6: 1996. Müller 0, Ungchusak K, Leng HB, Chung A, Tadiar F. HIV and AIDS in southeast Asia. Lancet 350; 288: 1997. AIDS: An expanding tragedy. Washington DC. National Commission on AIDS. 1993. CDC. HIV/AIDS surveillance report. Atlanta: Centers for Disease Control and Prevention. June 30, 1994. Francis DP. Toward a comprehensive HIV prevention programme for the CDC and the nation. JAMA 268; 1444-7: 1992. Sida: Año cero. 7DM, 330, 23-V-1997. El Mundo 29-X-1997, pag 25. SIDA: En 1995, derechos y deberes. 7DM, 273, 8-XII-1995. Canosa CA, Grady GF, Cabello ML, Comeau AM, Schwerzler ME, Contreras MT, Fraga JM, Gómez de los Terreros I, Pefía J. Anonymous testing of newborn infants for HIV antibodies as a basis for estructing prevalence of HIV in childbearing women: 1991-1994 study in Spain. Acta Paediatr. Suppl 421; 61-71: 1997. Leads from the MMWR 43; 409, 415-6: 1994. Birth outcomes following Zidovudine therapy in pregnant women. JAMA 272; 17: 1994. Europe Today, nº 148, 7-II-1995, pag 9. CDC Update: mortality attributable to HIV infection among persons aged 25-44 years-United States, 1994. Morbid Mortal Wkly Rep 45; 121-43: 1996. US Bureau of the Census. HIV/AIDS Surveillance Data Base. Washington, DC: US Bureau of the Census; December 1993. Editorial. AIDS: an opportunity not to be lost. Lancet 340; 147-8: 1992. Ramalingaswami V. India: national plan for AIDS control. Lancet 339; 1162-3: 1992. Europe Today, nº 161, 16-V-1995. Hellinger Fi. The lifetime cost of treating a person with HIV. JAMA 270; 474-8: 1993. Boletin CESM, nº 27, pag 13, 1996. Adler MW. HIV: the other dimension. Lancet 349; 498-500: 1997. 14 Wolffers I. Culture, media, and HIV/AIDS in Asia. Lancet 349; 52-3: 1997. Europe Today, nº 160, 9-V-1995. Informe Plan Nacional del Sida. Tribuna Médica, 13-X-1995. Leads from the MMWR 43; 155-60: 1994. Heterosexually acquired AIDS - United States, 1993. JAMA 271; 975: 1994. Nájera R. Transmisión heterosexual del VIH. Pub of SeiSIDA, 3; 11-5: 1992. World Health Organization. The HIV/AIDS pandemic: 1993 overview. Geneva: WHO, 1993 publication no WHO/GPA/CNP/EVA/93.1. Informe Plan Nacional del Sida. 7DM, no 330, 23-V-97. Anderson RM, Medley GF. Epidemiology of HIV infection and AIDS: Incubation and infections periods, survival and vertical transmission. AIDS 2 (Suppl 1) 557-63, 1988. Camerson DW, Simonsen JN, D’Costa LJ et al. Female to male transmission of human immunodeficiency virus type1: Risk factors for seroconversion in men. Lancet 2; 403-4: 1989. Clumeck N, Taelman H, Hermans P et al. A cluster of HIV infection among heterosexual people without apparent risk factors. N Engl J Med 321; 1460-2: 1989. Vessey M, Lawless M, Yeates D. Efficacy of different contraceptiva methods. Lancet 1; 841- 2: 1982. Tietze C. Advances in Sex Research. Comm Mat Healt NY. 1963. Roche: Lexikon Medicine. Urgan Schwarzenbarch. Munchen, 1984. Famm Plann Perspect 18; 200-209: 1986. Pritchard JA, Mac Donald PC. Family Planning. In: M Williams. Obstetric. 16 ed. NY. Appletton - Centry Crofts, pag 1011, 1980. Weller SC. A meta - analysis of condom effectiveness in reducing sexually transmitted HIV. Soc Sci Med 36; 1635-44: 1993. Metson D. Lessons from an audit of unplanned pregnancies. Brit Med J 297; 904-6: 1988. Editorial. Adolescent pregnancy. Lancet 2; 1308: 1989. Rosenberg M, Hell HA, Friel PA. Spermicides and condoms for the prevention of HIV and other sexually transmitted diseases. Presented at strategies for viricide Research Meeting. World Health Organization, March 28, 1990, p 13. Populations Reports. Serie H, nº 8, Sept 1990. Goedert JJ. What is safe sex?. N Engl J Med 316: 1339: 1987. Fischl MA. Dickinson GM, Scott GB, Klimas N, Fletchner MA, Parks W. Evaluation of heterosexual partners, children and household contacts of adults with AIDS. JAMA 257; 640-4: 1987. Laurian Y, Peynet J, Verroust F. HIV infection in sexual partners of HIV seroposite patients with hemophilia. N Engl J Med 320; 183: 1989. Hewlett IK, Laurian Y, Eppstein, Allain IP. Assesment by PCR of transmision on HIV from infected hemophiliacs to their partners and children. V International Congress on AIDS 1989: Abstract MAO 33. Lelkens JPM. AIDS: Il preservativo non preserva. Studi Catolici. Noviembre 1994; pp 718- 723. Preservativos y Sida: Puesta al día 1994. American Life League, Inc. 1994. Ahmed G, Liner EC, Williamson NE, Schellstede WP. Characteristics of condom use and associated problems: Experience in Banladesh. Conctraception 42; 523-33: 1990. Albert AE, Hatcher RA, Graves W. Condom use and breakage among women in an municipal hospital family planning clinic. Contraception 43; 167-76: 1991. 15 Carey RF, Herman WA, Retta SM, Rinaldi JE, Herman BA, Athey TW. Efectiveness of latex condoms a barrier to human immunodeficiency virus-sized particles under conditions of simulated use. Sex Transm Dis 19; 230-4: 1992. Leads from the MMWR 1988; 37, nº 7. Condoms for prevention of sexually transmitted diseases. JAMA 259;1925-7: 1988. Sida: changer de méthode. Le Figaro 6-II-1995. Rietmeijer CAM, Krebs JW, Feorino PM, Judson FN. Condoms as phisical and chemical barriers againts human immunodeficiency virus. JAMA 259; 1851-3: 1988. Council of the Infectious Diseases Society of America. J Infec Disease 158; 273: 1988. Populations Reports 17; 16: 1989. Europe Today, nº 131, 27-IX-1994. El SIDA. 100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana y la actitud de los católicos. Comité Episcopal para la Defensa de la Vida. Madrid 1998. Montaigner L. La Vanguardia. Barcelona 3-XII-1996. L Lorenzzetti. Etica Sociale cristiana. En: GoffiPiana. Corso di morale, vol IV, pp 9-82. Tokars JI, Marcus R, Culver DH et al. Surveillance of HIV infection and zidovudine use among health care workers after occupational exposure to HIV-infected blood. Ann Intern Med 118; 913-9: 1993. Editorial. Molecular Investigation of HIV transmission. Ann Intern Med 121; 889-90: 1994. Zulaica D. III Congreso Nacional del Sida. La Coruña. España. Marzo 1995. Tribuna Medica, 27-III-1995. Leads from the MMWR 44; 929-33: 1995. Case-control study of HIV seroconversion in health-case morkers after percutaneous exposure to HIV-infected blood. France. United Kingdom and United States, January 1988- August 1994. JAMA 275; 274-5: 1996. CDC. Possible transmission of human immunodeficiency virous to a patient during an invasive dental procedure. Leads from the MMWR 39; 489-93: 1990. CDC. Update: transmission of HIV infection during an invasive dental procedure in Florida. Leads from the MMWR 40; 21-7: 1991. CDC. Estimates of the risk of endemic transmission of hepatitis B virus and human inmunodeficiency virus to patients by the percutaneous route during invasive surgical and dental procedures. CDS 1991. Gerbert B, Bleecker T, Berlin M, Coates TJ. HIVinfected health care profesionals. Public opinion about testing, disclosing and switching. Arch Intern Med 153; 313-20: 1993. Berthier A, Chamaret S, Fauchet R et al. Transmissibility of human immunodeficiency virus in haemophilic and non haemophilic children living in a private school in France. Lancet 2; 598-601: 1986. Brown LB, Drotman DP, Chu A, Brown ChL, Knowlan D. Bleeding injuries in professional football: estimating the risk for HIV transmission. Ann Intern Med 122; 271-4: 1995. Rogers MF, While CR, Sanders R et al. Lack of transmission of human immunodeficiency virus from infected children to their household contacts. Pediatrics 85; 210-4: 1990. Wahn V, Kramer HH, Voit T, Bruster HT, Scrampical B, Scheíd A. Horizontal transmission of HIV infection between two giblings. Lancet 2; 694: 1986. HIV infection in two brothers receving intravenous therapy for hemophilia. Leads from the MMWR 41; 228-31: 1992. Fitzgibbou JE, Gaur S, Frenkel LD, Laraque F, Edlin BR, Dubin DT. Transmission from one child to another of human immunodeficiency virus type 1 with a zidovodine-resistance mutation. N Engl J Med 329;1835-41: 1993. 16 Behrendt C, Kendig N, Dambita C, Horman J, Lawlor J, Vlahov D. Voluntary testing for HIV in a prision population with a high prevalence of HIV. Am i Epidemiol 139; 918-26: 1994. Diamond J. HIV testing in prision: what’s the controversy? Lancet 344; 1650-1: 1994. www.parroquiasantamonica.com

Printfriendly