sábado, 4 de marzo de 2017

Domingo 33 del tiempo ordinario, Ciclo C (2010). Acerca del día del Señor. Lo importante no es saber el cómo o cuándo vendrá. Hay que huir de las curiosidades: “oímos que hay algunos que andan ociosos entre vosotros sin hacer nada pero curioseándolo todo” (2ª Lectura).Lo importante es estar siempre preparados para el «día del Señor», vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra. El Señor pide que despertemos nuestras conciencias: “Mirad, no os dejéis engañar”. El desierto interior de la conciencia dormida.


1 Domingo 33 del tiempo ordinario, Ciclo C (2010). Acerca del día del Señor. Lo importante no es saber el cómo o cuándo vendrá. Hay que huir de las curiosidades: “oímos que hay algunos que andan ociosos entre vosotros sin hacer nada pero curioseándolo todo” (2ª Lectura).Lo importante es estar siempre preparados para el «día del Señor», vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra. El Señor pide que despertemos nuestras conciencias: “Mirad, no os dejéis engañar”. El desierto interior de la conciencia dormida. Cfr. 33 Tiempo ordinario Ciclo C 14 noviembre 2010 - Lucas 21, 5-19; 2 Tesalonicenses 3, 7-12 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme 1999 XXXIII domenica ESCATOLOGÍA: DESPERTAR LA CONCIENCIA. VIGILANCIA ANTE EL DÍA DEL SEÑOR. UN «NO» DECIDIDO A LAS CURIOSIDADES. Malaquías 3, 19-20: 19 Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. 20 . Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos, y saldréis brincando como becerros bien cebados fuera del establo. Lucas 21, 5-19: 5 Como algunos le hablaban del Templo, que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús les dijo: 6 – Vendrán días en los que de esto que veis no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. 7 Ellos le preguntaron: -Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? 8 Él les dijo: - «Mirad no os dejéis engañar; porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: "Yo soy", y “el momento está próximo”. No les sigáis. 9 Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no os aterréis, porque es necesario que sucedan primero estas cosas. Pero el fin no es inmediato. 10 Luego les dijo: - «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también cosas aterradoras y grandes signos en el cielo. 12 Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. 13 Así tendréis ocasión de dar testimonio. 14 Haced propósito de no preparar vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 16Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán por causa mía. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; 19 con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.» 2 Tesalonicenses 3, 7-12 : Hermanos: 7 Sabéis bien cómo debéis imitarnos, porque entre nosotros no estuvimos ociosos; 8 y no comimos gratis el pan de nadie, sino que trabajamos día y noche con esfuerzo y fatiga, par no ser gravosos a ninguno. 9 No porque no tuviéramos derecho, sino para mostrarnos ante vosotros como un modelo que imitar. 10 Pues también cuando estábamos con vosotros os dábamos esta norma: «Si alguno no quiere trabajar, que no coma». 11 Pues oímos que hay algunos que andan ociosos entre vosotros sin hacer nada pero curioseándolo todo. 12 A esos les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo a que coman su propio pan trabajando con serenidad. 1. La imagen del día del Señor: el momento en el que el Señor entra en escena en la historia humana. A. Ravasi o Los profetas (primera Lectura) Ravasi, o.c. pp. 332-333 Una imagen “ardiente”: la paja que se quema • Primera Lectura: “La imagen «día del Señor» fue acuñada por el profeta Amós. (...) se trata del momento de la historia en el que Dios entra en la escena de modo decisivo e inaugura su reino de justicia y de paz. En aquel «día», que no está señalado en los calendarios de los hombres ni en la previsiones meteorológicas o astrofísicas, las estructuras actuales que contemplan como vencedores a los ricos, a los que gozan, a los prepotentes y a los injustos, serán volcadas y surgirá un alba de esperanza y de liberación para los pobres, oprimidos, dolientes y perseguidos. También Malaquías , el último de los profetas menores, cuyo nombre o pseudónimo es emblemático en hebreo («mensajero del Señor») nos invita a fijar la mirada sobre aquel «día». El lo pinta con imágenes 2 «ardientes»: paja que se quema en un horno candente cuya llama carboniza también los brotes que todavía están verdes y las raíces.” o Jesucristo: Dios juzga inexorablemente al mundo y a su pueblo. Ravasi pp. 334-335 Una declaración desconcertante y escandalosa sobre el templo de Jerusalén. • “Con este telón de fondo se consigue entender el significado genuino del sobrecogedor último discurso de Jesús que, según los Sinópticos, tiene lugar en la vigilia de su muerte y del que hoy leemos el primero y solemne párrafo. La ocasión se da por una observación de sus discípulos mientras Jesús pasea por el perímetro del templo de Jerusalén. Ante el esplendor del conjunto edilicio, tan apreciado por el corazón de todo hebreo, Jesús hace una declaración desconcertante y «escandalosa», que sin embargo está en la línea de ciertas afirmaciones polémicas de la antigua profecía bíblica. (...) He aquí la frase lapidaria de Jesús: «No quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Jesús no hace previsiones sobre el futuro sino que orienta a los oyentes hacia una actitud de conversión y de elección de vida en relación con el Reino de Dios. Provoca una sacudida de las conciencias: debemos orientarnos hacia una actitud de compromiso y de esperanza. • Esta dura sentencia Jesús se refiere implícitamente al anuncio del «día del Señor» al que antes hemos aludido: Dios juzga inexorablemente la historia del mundo y de su pueblo. Ante esta dura sentencia y esta futura irrupción de Dios, la actitud de los que escuchan al Señor es infantil y motivada solamente por la curiosidad, precisamente como se verificará más adelante en otras ocasiones. Ellos están preocupados por el «cuando» y el «cómo» (de los «signos»), casi como para conseguir evadirse con una estratagema de la inteligencia y de la astucia humana al juicio divino. Pero la banalidad de esta curiosidad es liquidada enseguida por Jesús, a quien no interesa hacer previsiones sobre el futuro o a hacer juegos de astrología, sino orientar los oyentes hacia una actitud existencial de compromiso y de esperanza. Él usa la simbología popular característica de un género muy en boga en aquel tiempo, el apocalíptico. Dentro de ese género había escenarios terribles de guerras, carestías, peste, terremotos y «cosas aterradoras y grandes señales en el cielo». (...) Todo esto es asumido por Jesús no para lanzar previsiones o avisos sobre el final del mundo sino para estimular con el lenguaje del tiempo a la conversión y a la elección de vida en relación con el Reino de Dios. Por esto no se asocia a un clima genérico de terror introducido por ciertos movimientos apocalípticos de entonces y de hoy, y pone enseguida en guardia sobre el atractivo de los mesías falsos, y sobre el de los falsos profetas, pone en guardia sobre el riesgo de perder a Cristo creyendo que se le encuentra. La de hoy es una liturgia de tensión , destinada a sacudir las conciencias pero no a aterrorizarlas. (...) Por lo que se refiere a aquel día y a aquella hora «nadie los sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (Mc 13,32). (...) Pero en medio de de la oscuridad y de la tormenta resuenan las palabras de Cristo: « 18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.» (Lc 21,18)”. 1 El final de nuestra vida no será una especie de explosión catastrófica, sino un juicio y una salvación; el final no consistirá en una separación 1 [Nota de la redacción] CEC 2116: Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone «desvelan» el porvenir (Cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a «mediums» encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios. CEC 2117: Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo - aunque sea para procurar la salud -, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo. CEC 2115: Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Sin embargo, la imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad. 3 improvisa, sino que está ya presente dentro de nosotros. Ravasi pp. 336-337 • “Jesús amonesta a sus discípulos para que no se dejen seducir por sirenas tempestuosas, por seudo-profecías, por el fanatismo, aunque sea proclamado en su nombre: «no os dejéis engañar ... el final no es inmediato». (...) No se excluye que haya en nuestra vida un «después» y un «final». Ésta era también la espera de los profetas y de los justos en el Antiguo Testamento. Pero, como nos recuerda la primera Lectura del texto de Malaquías, no se tratará de una especie de holocausto nuclear, de una explosión destructora y catastrófica, sino de un juicio y una salvación. (...) Jesús viene entre nosotros para afirmar que el «final» no consistirá en una separación improvisa o un aerolito caído del cielo: el Reino de Dios comienza ya en el presente, está presente en medio de nosotros, es más, está dentro de nosotros”. B. Eunsa, Nuevo Testamento, nota a Lucas 21, 5-36 • Los tres evangelios sinópticos (cfr. Mateo 24, 1-51; Marcos 13, 1-37 y notas) conservan este discurso de Jesús frente al Templo que versa sobre la destrucción de Jerusalén y el final de la historia. • En las palabras del Señor se alternan y entremezclan tres cuestiones relacionadas entren sí: la destrucción de Jerusalén - ocurrida unos cuarenta años después -, los signos del fin del mundo y la venida de Cristo en gloria y majestad. - vv. 5-7: Jesús anuncia la destrucción del Templo. Tal destrucción va acompañada de la aparición de falsos mesías (v.8), guerras y revoluciones (v.9). - Ante estos hechos la consigna del Señor es serenidad: «No os dejéis engañar (v. 8), «no os aterréis» (v.9). - vv. 10-19: anuncia a los discípulos las dificultades que van a tener en la expansión del Reino de Dios: persecuciones, incomprensiones, odio, etc. (vv. 12.16.17). Pero les promete su asistencia (vv. 14-15) y la victoria que nacerá de su perseverancia (vv. 18-19). - vv. 20-24 (que ya no están en la parte del evangelio leída hoy): se refiere a las señales de la destrucción de Jerusalén, que son signos del fin del mundo que concluirá con la venida gloriosa de Cristo (vv. 25-28). Por último, con la imagen de la higuera (vv. 29-33) el Señor asegura que todo se va a cumplir. De ahí a la exhortación a velar llevando una vida sobria (v. 34) y de oración (v. 36). 2. Estar alerta, vigilar... despertar la conciencia: diversos aspectos Las guerras, las revoluciones y los hechos terroríficos, etc. son signos de la precariedad de la vida, de la precariedad del mundo no de su final inmediato. A) Ante el anuncio del Señor de la destrucción del Templo, la reacción de los discípulos se centra en desear que les aclare el «cuándo» y el «cómo» sucederá. Pero ante el hecho de la destrucción del Templo y de las dificultades que aparecerán en la difusión del Reino de Dios, el Señor: - les alerta para que no se dejen engañar por los falsos profetas (v. 8); - les pide serenidad («no os aterréis», v. 9) - les advierte de que las pruebas serán la ocasión para que den testimonio (v. 13) - les pide que tengan confianza en su asistencia (vv. 15.18),); - y les anima para que perseveren en la fidelidad (v. 19) La perseverancia tiene su fundamento en la fe en el Señor, no se apoya en las propias fuerzas. B) Las guerras, revoluciones, los hechos terroríficos, etc. son signos de la precariedad de la vida, de la precariedad del mundo no de su final inmediato. C) Acerca del «cuándo» y el «cómo» de la segunda venida de Cristo, el mismo Señor dijo: «Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Estad atentos, velad: porque no sabéis cuando será el momento» (Mc 13,32-33). Lo que cuenta es que sucederá el hecho, que “la apariencia de este mundo pasa” ( 1 Cor 7,31). “El mundo es pasajero, y también sus concupiscencias” (1 Juan 2,17): «mundo» entendido en sentido peyorativo de enemigo de Dios y del hombre, abarcando todo lo que se opone a Dios: el reino del pecado. D) El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2849) advierte: - que es el mismo Señor quien nos recuerda con insistencia la necesidad de estar alerta, de velar, de vigilar, etc. : Cf. Marcos 13, 9. 23. 33-37; 14, 38; Lucas 12, 35-40; 4 - que el Espíritu Santo2 trata de despertarnos continuamente a esa vigilancia: C 1 Co 16, 13; Col 4, 2; 1 Ts 5, 6; 1 P 5, 8 E) El hecho de tener despierta la conciencia es, por tanto, obra del Señor. Hemos de descubrir su proyecto (antífona de entrada, con palabras del profeta Jeremías: “Mis pensamientos son pensamientos de paz”) a través de signos externos (que son los que perciben nuestros sentidos: guerras, engaños, la figura de este mundo que pasa, no quedará piedra sobre piedra, etc.), que por ser, como acabamos de ver, signos de la precariedad de la vida en este mundo, no favorecen el descubrimiento de los proyectos del Señor. El desierto de la conciencia • Muchos de esos signos exteriores que dificultan la vida cristiana a veces son consecuencia de acciones que proceden de la mala - o oscurecida, o narcotizada - conciencia de los hombres, que los provocan y consolidan. Por ello es también necesario el “despertar de la conciencia”, es necesaria la vigilancia. Benedicto XVI hablaba (en la Misa del inicio del Ministerio Petrino, el 24 de abril de 2005) del desierto “interior”: “Hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores”. Estos desiertos “interiores” también han sido llamados los desiertos “espirituales” que se llaman “pobreza, miseria, soledad, vacío, crisis de la conciencia y de la fe, dignidad perdida”. “Hay una tradición musulmana en la que se imagina que Dios deja caer sobre el jardín de la creación un grano de arena cada vez que el hombre comete un pecado. Por ello se explica el avance de las tierras áridas que van comiendo incesantemente el verde de la vida y del mundo. Los efectos de cada maldad o delito no se reducen a lo «privado» sino que tienen ecos e influjos en la sociedad. También por lo mismo, cada conversión y acto de bien fecundan y transfiguran el mundo” (Cfr. G. Ravasi, Avvenire 19/10/2006). 3. Algunos puntos sobre el contenido de la vigilancia cristiana. A) En la espera del Señor hay que seguir trabajando: segunda Lectura a) En la segunda lectura de hoy (2 Tesalonicenses 3, 7-12), S.Pablo condena el que, algunos, pensando equivocadamente en la inminente venida del Señor ya no trabajaban. Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, Eunsa (2 Tesalonicenses 3, 6-15): “Pensando equivocadamente en la inminencia de la Parusía, había en Tesalónica algunos que no trabajaban. Por esto, el Apóstol recuerda que trabajó allí abnegadamente para ganarse el sustento y no resultar gravoso a nadie. Los cristianos tienen que «cumplir fielmente sus deberes temporales, guiados por el espíritu del Evangelio. (...) Por su misma fe están más obligados a cumplirlos, cada uno según la vocación a la que ha sido llamado» (C. Vat. II, Gaud. et sp. 43). Esta debe ser la actuación de cualquier cristiano responsable: trabajar con intensidad para dar gloria a Dios, atender las necesidades de la propia familia y servir también a los demás hombres. «Cada uno en su tarea, en el lugar que ocupa en la sociedad ha de sentir la obligación de hacer un trabajo de Dios, que siembre en todas partes la paz y la alegría del Señor» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 2.70). b) Gaudium et spes, 39: Y ciertamente se nos advierte que de nada sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo (Cf Lucas 9,25). Mas la esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra, en donde crece aquel Cuerpo de la nueva humanidad que puede ya ofrecer una cierta prefiguración del mundo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir con sumo cuidado entre el progreso temporal y el crecimiento del Reino de Cristo, el primero, en cuanto contribuye a una sociedad mejor ordenada, interesa en gran medida al Reino de Dios (Cf. Pio XI, e. QA l. c., 207). 2 El Espíritu Santo es luz para la mente y amor para el corazón: cfr. el Veni creator: Enciende tu luz en la mente/sentidos, infunde amor en el corazón, es decir, principio del conocimiento y del amor. Cfr. CEC 798: Es «el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo» (Pío XII, enc. «Mystici Corporis»: DS 3808), y CEC 1769: moviliza todo nuestro ser, incluidos dolores, temores y tristezas. Se ha escrito que “el objetivo, por así decirlo, privilegiado de la revelación del Paráclito es la persona y la obra de Jesús. El Espíritu Santo enciende en la mente la luz de Cristo, hace presente a aquel que dijo: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12)”: «Danos ir hacia el Padre y conocer a Dios Hijo» (Veni creador, última estrofa). Él es la luz de los corazones, es decir, de las conciencias: cfr. Secuencia Secuencia Veni, Sancte Spiritus y JPII Enc. Dominum et Vivificantem, n. 42. 5 c) 1 Corintios 7, 29-32: 29 Hermanos, os digo esto: el tiempo es corto. Por tanto, en lo que queda: 31 Los que disfrutan de este mundo como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. 32 Os quiero libres de preocupaciones. Biblia de Jerusalén, 7,31: Pablo no invita a la indiferencia con respecto a las realidades terrestres. Quiere evitar que nos sumerjamos en ellas y que olvidemos su carácter relativo en relación con Cristo y su Reino que viene. B) El deber de santificar el tiempo • Se podría decir que es necesario emplear bien el tiempo que resta de nuestra vida, como escribe San Pablo en dos de sus Cartas: “Mirad con cuidado cómo vivís: no como necios, sino como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5,16); “Comportaos sabiamente ante los de fuera, redimiendo el tiempo” (Colosenses 4,5). • Juan Pablo II, en la Carta Apostólica «Tertio millenio adveniente», lo explica así, refiriéndose al tiempo de nuestra vida: “En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvación, que tiene su culmen en la « plenitud de los tiempos » de la Encarnación y su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos. En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno. Con la venida de Cristo se inician los « últimos tiempos » (cf. Hb 1, 2), la « última hora » (cf. 1 Jn 2, 18), se inicia el tiempo de la Iglesia que durará hasta la Parusía. De esta relación de Dios con el tiempo nace el deber de santificarlo” (n. 10). • San Josemaría, en Hoja Informativa nº 1: “Entiendo muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a los de Corinto: tempus breve est!, ¡qué breve es la duración de nuestro paso por la tierra! Estas palabras, para un cristiano coherente, suenan en lo más íntimo de su corazón como un reproche ante la falta de generosidad, y como una invitación constante para ser leal. Verdaderamente es corto nuestro tiempo par amar, para dar, para desagraviar”. • Por tanto, “vigilar no es vivir con ansiedad, pensando noche y día en la muerte, casi como paralizados por este pensamiento. Significa pensar en la vida, y en cómo llenarla de contenido; significa obrar, todos los momentos, conforme a la voluntad de Dios... Es «la fe que actúa por la caridad» (Gálatas 5,6); «caminad mientras tenéis la luz” (Juan 12, 35).” (R. Cantalamessa, La parola e la vita, Anno A, Città Nuova luglio 1992, p. 284). C) No dejemos pasar el «tiempo favorable» para la salvación: es tiempo de conversión en el que hay que velar. • San Pablo apela al sentido de responsabilidad de los Corintios, recordándoles unas palabras del Profeta Isaías (49,8): “Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché, y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6, 1-2). El «tiempo favorable» es el tiempo - del que hablamos antes - de la vida personal de cada uno, hasta el momento de la muerte, el tiempo de nuestra peregrinación en esta tierra (cfr. 1 Pedro 1,17), de duración incierta (1 Tesalonicenses 5,1), que transcurre entre la primera venida de Cristo en la Encarnación hasta su segunda venida gloriosa al final de los tiempos; también veíamos que es el tiempo de conversión en el que hay que velar. D) El cristiano emplea bien el tiempo que le resta cuando no sólo lo dedica a salvarse a sí mismo, sino también a vivir la caridad ayudando a los demás. • Así lo afirma claramente San Pablo (Gal 6,10): “Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, especialmente a nuestros hermanos en la fe”. Biblia de Jerusalén: [Gálatas 6,10]: “En realidad toda obra buena del cristiano, que, en último término, es expresión de amor (5,14), se ordena al prójimo: El amor cristiano se ejerce ante todo dentro de la comunidad (Romanos 14,15; 1 Tesalonicenses 4, 9-10; 2 Tesalonicen ses 1,3, etc.), pero es un testimonio para todos los hombres (Romanos 12,17), y debe extenderse a todos (1 Tesalonicenses 5,15; Romanos 12, 18s), aún a los enemigos (Romanos 12,20)”. www.parroquiasantamonica.com

Entrevista de Papa Francisco. El periódico “Scarp de’ tenis”, es una revista mensual de la calle, proyecto editorial y social sostenido por Caritas Ambrosiana y Caritas Italiana. La entrevista se ha realizado en preparación de la visita del Papa a la diócesis de Milán, programada para el 25 de marzo de 2017.


1 Entrevista de Papa Francisco. El periódico “Scarp de’ tenis”, es una revista mensual de la calle, proyecto editorial y social sostenido por Caritas Ambrosiana y Caritas Italiana. La entrevista se ha realizado en preparación de la visita del Papa a la diócesis de Milán, programada para el 25 de marzo de 2017. EL SIGNIFICADO DE METERSE «EN LOS ZAPATOS DE LOS DEMÁS» Entrevista del Papa Francisco en “Scarp de' tenis”* Martes, 28 de febrero de 2017 Santo Padre, hablemos de los invisibles, de las personas sin techo. Hace pocas semanas, al inicio del invierno y con la llegada del frío, dio orden de acogerlos en el Vaticano, de abrir las puertas de las iglesias. ¿Cómo ha sido recibido su llamamiento? El llamamiento del Papa ha sido escuchado por muchas personas y muchas parroquias. Muchos lo han escuchado. En el Vaticano hay dos parroquias y cada una ha acogido a una familia siria. Muchas parroquias de Roma han abierto las puertas a la acogida, y sé que otras, no teniendo sitio en la casa parroquial, han recogido dinero para pagar el alquiler un año entero a personas y familias necesitadas. El objetivo debe ser la integración, por eso es importante acompañarlos en un periodo inicial. En muchas partes de Italia se ha hecho mucho. Las puertas se han abierto en muchas escuelas católicas, en conventos, en muchas otras estructuras. Por eso digo que el llamamiento ha sido escuchado. También sé de muchas personas que hacen donativos en dinero para que se pueda pagar el alquiler de personas sin techo. En el pasado todo el mundo escribió de los zapatos del Papa, zapatos para trabajar y de caminante, y recientemente los medios quedaron sorprendidos y contaron que el Papa fue a un negocio a comprar un nuevo par. ¿Por qué tanta atención? ¿Quizá porque hoy cuesta meterse — como Scarp de’ tenis invita a hacer— en los zapatos de los demás? Es muy difícil meterse en los zapatos de los demás, porque solemos ser esclavos de nuestro egoísmo. En un primer nivel podemos decir que la gente prefiere pensar en sus propios problemas sin querer ver el sufrimiento o las dificultades del otro. Pero hay otro nivel. Ponerse en los zapatos de los demás significa tener gran capacidad de comprensión, de entender el momento y las situaciones difíciles. Pongo un ejemplo: en el momento del luto se da el pésame, se participa en el velatorio o en la misa, pero son muy pocos los que se ponen en los zapatos de aquel viudo o de aquella viuda o de aquel huérfano. Claro que no es fácil. Se siente dolor, pero todo acaba ahí. Si pensamos además en las existencias que a menudo se forjan en la soledad, entonces ponerse en los zapatos de los demás significa servicio, humildad, magnanimidad, que es también la expresión de una necesidad. Necesito que alguno se ponga en mis zapatos. Porque todos necesitamos comprensión, compañía y algún consejo. Cuántas veces he encontrado a personas que, tras haber buscado consuelo en un cristiano, sea laico, cura, monja, obispo, me dice: «Sí, me ha escuchado, pero no me ha entendido». Entender significa ponerse los zapatos de los demás. Y no es fácil. A menudo para suplir esa falta de grandeza, de riqueza y de humanidad nos perdemos en las palabras. Se habla. Se habla. Se aconseja. Pero cuando solo hay palabras o demasiadas palabras no hay esa “grandeza” de ponerse en los zapatos de los demás. Santidad, cuando encuentra un sin techo, ¿qué es lo primero que le dice? «Buenos días». «¿Cómo estás?». Algunas veces se intercambian pocas palabras, otras veces en cambio se entra en relación y se escuchan historias interesantes: «He estudiado en un colegio, había * El periódico “Scarp de’ tenis”, es una revista mensual de la calle, proyecto editorial y social sostenido por Caritas Ambrosiana y Caritas Italiana. La entrevista se ha realizado en preparación de la visita del Papa a la diócesis de Milán, programada para el 25 de marzo de 2017. 2 un buen cura…». Alguno podría decir, ¿y qué me importa? Las personas que viven en la calle entienden en seguida cuando hay verdadero interés por parte de la otra persona o cuando hay, no quiero decir ese sentimiento de compasión, pero sí de pena. Se puede ver un sin techo y mirarlo como una persona, o bien como si fuese un perro. Y ellos de dan cuenta de ese diferente modo de mirar. En el Vaticano es famosa la historia de una persona sin techo, de origen polaco, que generalmente dormía en la Plaza Risorgimento de Roma, no hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de Caritas que por la noche le llevaban comida caliente. Solo después de mucho tiempo lograron que les contase su historia: «Soy un cura, conozco bien a vuestro Papa, estudiamos juntos en el seminario». La voz llegó a San Juan Pablo II que al escuchar el nombre, confirmó que estuvo con él en el seminario y quiso verlo. Se abrazaron después de cuarenta años, y al final de una audiencia el Papa pidió ser confesado por el sacerdote que fue su compañero. «Pero ahora te toca a ti», le dijo el Papa. Y el compañero de seminario fue confesado por el Papa. Gracias al gesto de un voluntario, de una comida caliente, de alguna palabra de consuelo, de una mirada de bondad, esa persona podo levantarse y emprender una vida normal que le llevó a ser capellán de un hospital. El Papa le ayudó, y es un milagro, pero es también un ejemplo para decir que las personas sin techo tienen una gran dignidad. En el arzobispado de Buenos Aires, bajo un portal entre las gradas y la acera vivía una familia y una pareja. Me los encontraba todas las mañanas cuando salía. Les saludaba e intercambiaba siempre dos palabras con ellos. Nunca pensé en echarlos de allí. Alguno me decía: «Ensucian la Curia», pero la porquería está dentro. Pienso que hay que hablar a las personas con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos una deuda y no tratarles como si fuesen pobres perros. Muchos se preguntan si es correcto dar limosna a las personas que piden por la calle. ¿Qué responde? Hay muchos argumentos para justificarse cuando no se da limosna. «¿Cómo le voy a dar dinero si luego se lo gasta para beber un vaso de vino?». ¡Un vaso de vino es la única felicidad que tiene en la vida! ¡Déjalo! Pregúntate más bien qué haces tú a escondidas. ¿Qué “felicidad” buscas tú a escondidas? O, al revés que él, tú eres más afortunado, con una casa, una mujer, hijos… ¿Qué te hace decir «Ocupaos vosotros de él»? Una ayuda es siempre correcta. Es cierto que no es bueno lanzar al pobre solo monedillas. Es importante el gesto, ayudar a quien te pide, mirándolo a los ojos y tocándole las manos. Echarles dinero y no mirarles a los ojos, no es un gesto de cristiano. ¿Cómo se puede educar en la limosna? Cuento una anécdota de una señora que conocí en Buenos Aires. Madre de cinco hijos (en aquel tiempo tenía tres). El padre estaba en el trabajo y estaban comiendo, oyen llamar a la puerta, el más grande va a abrir: «Mamá, hay un hombre que pide de comer. ¿Qué hacemos?». Los tres —la más pequeña tenía cuatro años— estaban comiendo un filete empanado, y la madre les dice: «Bien, cortemos por la mitad nuestro filete». «Pero no, mamá, hay otro» dice la niña. «Es para papá, para esta noche. Si tenemos que darle, le damos el nuestro». Con pocas y sencillas palabras aprendieron que se debe dar de lo propio, eso de lo que no querrías nunca separarte. Dos semanas después, la misma señora fue a la ciudad para hacer algunos encargos y tuvo que dejar los niños en casa; tenía deberes que hacer y les dejó la merienda preparada. Cuando volvió, encontró a los tres hijos en compañía de un sintecho a la mesa, merendando. Habían aprendido muy bien y muy deprisa, aunque ciertamente les faltó un poco de prudencia. Enseñar la caridad no es descargar culpas propias, sino tocar, mirar una miseria que tengo dentro y que el Señor comprende y salva. Porque todos tenemos miserias “dentro”. Muchas veces el Papa se ha destacado por la defensa de los inmigrantes, invitando a la acogida y a la caridad. En este sentido, Milán es la capital de la acogida. Pero son muchos los que se preguntan si de verdad hay que acoger a todos indistintamente o si no será necesario poner límites. Los que llegan a Europa escapan de la guerra o del hambre. Y nosotros somos de algún modo culpables porque explotamos sus tierras pero no hacemos ningún tipo de inversión para que ellos puedan sacar beneficio. Tienen el derecho de emigrar y tienen derecho a ser acogidos y ayudados. 3 Pero eso se debe hacer con esa virtud cristiana que es la virtud que debería ser propia de los gobernantes, es decir, la prudencia. ¿Qué significa? Significa acoger a todos los que se “puedan” acoger. Y esto por lo que respecta a los números. Pero es igualmente importante una reflexión sobre “cómo” acoger. Porque acoger significa integrar. Esto es lo más difícil porque si los inmigrantes no se integran, se quedan en guetos. Siempre me viene a la cabeza el episodio de Zaventem (el atentado en el aeropuerto de Bruselas del 22 de marzo de 2016, ndr); esos chicos eran belgas, hijos de inmigrantes, pero vivían en un barrio que era un gueto. ¿Y qué significa integrar? También en este caso pongo un ejemplo: desde Lesbos vinieron conmigo a Italia trece personas. Al segundo día de permanencia, gracias a la comunidad de San Egidio, los niños ya iban a la escuela. Luego, en poco tiempo encontraron donde alojarlos, los adultos se esforzaron en acudir a cursos para aprender italiano y buscar algún trabajo. Claro, para los niños es más fácil: van a la escuela y en pocos meses saben hablar italiano mejor que yo. Los hombres buscaron trabajo y lo encontraron. Integrar entonces quiere decir entrar en la vida del país, respetar la ley del país, respetar la cultura del país, y también hacer respetar su propia cultura y sus riquezas culturales. La integración es una labor muy difícil. En los tiempos de las dictaduras militares en Buenos Aires mirábamos a Suecia como un ejemplo positivo. Los suecos hoy son 9 millones, pero de esos, 890 mil son nuevos suecos, es decir, inmigrantes o hijos de inmigrantes integrados. La Ministro de Cultura Alice Bah Kuhnke es hija de madre sueca y de padre proveniente de Gambia. Es un bonito ejemplo de integración. Es verdad que ahora también en Suecia hay dificultades: tienen muchas peticiones y están estudiando qué hacer, porque no hay sitio para todos. Recibir, acoger, consolar y en seguida integrar. Lo que falta es precisamente la integración. Cada país debe ver qué número es capaz de acoger. No se puede acoger si no hay posibilidad de integración. En la historia de su familia, está la travesía del océano por parte de su abuelo y su abuela, con su padre. ¿Cómo se crece como hijo de emigrantes? ¿Le ha pasado alguna vez sentirse un poco desarraigado? Nunca me he sentido desarraigado. En Argentina somos todos inmigrantes. Por eso allá el diálogo interreligioso es la norma. En la escuela había judíos que venía en mayor parte de Rusia, y musulmanes sirios y libaneses, o turcos con el pasaporte del Imperio otomano. Había mucha hermandad. En el país hay un número limitado de indígenas, la mayor parte de la población es de origen italiano, español, polaco, de oriente medio, ruso, alemán, croata, esloveno. En los años a caballo de los dos siglos precedentes el fenómeno migratorio fue enorme. Mi padre tenía veinte años cuando llegó a Argentina y trabajaba en el Banco de Italia; se casó allí. ¿Qué más echa de menos de Buenos Aires? ¿Los amigos, las visitas a las villas miseria, el fútbol? Solo hay una cosa que echo mucho de menos: la posibilidad de salir y pasear por la calle. Me gusta ir de visita a las parroquias y encontrar a la gente. No tengo particular nostalgia. Os cuento, en cambio, otra anécdota: mis abuelos y mi padre tenían que haber salido a final de 1928: tenían los pasajes para el barco “Princesa Mafalda”, nave que se hundió en las costas de Brasil. Pero no consiguieron vender a tiempo lo que tenían, y entonces cambiaron el billete y se embarcaron en el “Julio Cesar” el 1 de febrero de 1929. Por eso estoy aquí. Milán está preparada para recibirle a finales de marzo. Partamos de las organizaciones caritativas, de las asociaciones de voluntariado, de quien se preocupa de dar a los sin techo un sitio donde pasar la noche, comida, asistencia sanitaria, ocasiones de redención. En Milán nos gloriamos de conseguirlo y bastante bien. ¿Es suficiente? ¿Cuáles son las necesidades de los que han acabado en la calle? Como para los inmigrantes, simplemente esas personas necesitan lo mismo: o sea, integración. No es sencillo integrar a una persona sin techo, porque cada uno de ellos tiene una historia particular. Por eso, hay que acercarse a cada uno, encontrar el modo de ayudarles y echarles una mano. 4 Usted repite mucho que los pobres pueden cambiar el mundo. Pero es difícil que exista solidaridad donde existe pobreza y miseria, como en las periferias de las ciudades. ¿Qué piensa? También aquí recojo mi experiencia de Buenos Aires. En las villas miseria hay más solidaridad que en los barrios del centro. En las villas miseria hay muchos problemas, pero a menudo los pobres son más solidarios entre ellos, porque sienten que necesitan uno del otro. He encontrado más egoísmo en otros barrios, no quiero decir de lujo porque sería calificar descalificando, pero la solidaridad que se ve en los barrios pobres y en las villas miseria no se ve en otras partes, aunque allí la vida es más complicada y difícil. En las villas miseria, por ejemplo, la droga se ve más, pero solo porque en los demás barrios está más “tapada” y se usa con guantes blancos. Desde hace poco intentamos leer la ciudad de Milán de manera distinta, partiendo de los últimos y de la calle, y con los ojos de las personas sin techo que frecuentan un centro diurno de Caritas Ambrosiana. Con ellos hemos publicado una guía de la ciudad vista desde la calle, desde el punto de vista de quien la vive cada día. Santo Padre, ¿qué conoce de la ciudad y qué espera de su inminente visita? Milán no la conozco. Solo he estado una vez, pocas horas, en los lejanos años Setenta. Tenía alguna hora libre antes de tomar un tren para Turín y aproveché para una breve visita al Duomo. En otra ocasión, con mi familia, estuve un domingo comiendo con una prima que vivía en Cassina de’ Pecchi. No conozco Milán, pero tengo un gran deseo, y espero encontrar a mucha gente. Esa es mi más grande expectativa: sí, espero encontrar a mucha gente.

viernes, 3 de marzo de 2017

Bioética. La financiación de anticonceptivos, de la píldora del día siguiente y de la esterilización, y la libertad de conciencia. Al presidente Obama se le está complicando la polémica sobre los seguros sanitarios. 43 instituciones católicas han presentado 12 demandas ante tribunales federales contra la norma del Ministerio de Sanidad que impone la obligación de financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización. Las demandas coinciden en que el precepto vulnera la libertad religiosa y, a la vez, revelan un conflicto que afecta a las relaciones Iglesia-Estado y a la libertad de conciencia.


Bioética. La financiación de anticonceptivos, de la píldora del día siguiente y de la esterilización, y la libertad de conciencia. Al presidente Obama se le está complicando la polémica sobre los seguros sanitarios. 43 instituciones católicas han presentado 12 demandas ante tribunales federales contra la norma del Ministerio de Sanidad que impone la obligación de financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización. Las demandas coinciden en que el precepto vulnera la libertad religiosa y, a la vez, revelan un conflicto que afecta a las relaciones Iglesia-Estado y a la libertad de conciencia. Cfr. Instituciones católicas demandan al gobierno de EE.UU. en los tribunales - A la conciencia lo que es de la conciencia Juan Meseguer, Aceprensa 29.MAY.2012 Las demandas presentadas por 43 instituciones católicas plantean si el gobierno de EE.UU. vulnera la libertad religiosa y la separación Iglesia-Estado La demanda presentada ante un tribunal de distrito de Indiana por el semanario Our Sunday Visitor y cinco instituciones más (una diócesis, tres asociaciones benéficas y una universidad) plantea principalmente dos cuestiones de fondo. Primera: si el gobierno tiene autoridad para crear la categoría de los “empleadores religiosos” en unos términos tan restrictivos como los de la norma propuesta. Empleadores religiosos Este precepto del Ministerio de Sanidad sólo considera exentas de la obligación de suministrar el polémico lote de servicios a aquellas organizaciones religiosas que proveen servicios directamente a miembros de su propia confesión y que tienen como único objetivo la enseñanza de valores religiosos (cfr. Aceprensa, 27-01-2012). Como ironizó un comentarista estadounidense, ni siquiera Jesús ni los apóstoles –que no distinguían entre griegos ni judíos, ni se limitaban a la enseñanza de las Escrituras– habrían entrado en esta categoría. Tampoco lo harán los cientos de universidades, escuelas, hospitales y organizaciones benéficas de inspiración religiosa, que se dedican a una gama de actividades más amplia que la enseñanza religiosa o que atienden, por ejemplo, a enfermos de otra confesión. La segunda cuestión que plantean los demandantes al tribunal es si el gobierno puede obligar tanto a instituciones de inspiración religiosa, católicas o no, como a los individuos que trabajan en ellas a suministrar servicios que vulneran sus creencias religiosas. La Primera Enmienda, en juego Ambas cuestiones se articulan en torno a la misma línea argumental: la defensa de la libertad religiosa. Escriben los demandantes: “Esta demanda versa sobre una de las libertades más apreciadas de América: la libertad de practicar la religión de cada uno sin interferencia del gobierno. No se trata de dilucidar aquí si la gente tiene derecho a la contracepción, la píldora del día después o la esterilización”. “En Estados Unidos, estos servicios son, y seguirán siendo, de acceso gratuito, y nada impide al gobierno que amplíe todavía más su acceso. Pero el derecho de acceso a esos servicios no autoriza al gobierno a obligar a los demandantes a violar sus conciencias forzándoles a que suministren esos servicios, los paguen o los faciliten a otros en contra de sus más sinceras convicciones religiosas”. La libertad religiosa también ha sido el marco de argumentación escogido por los obispos estadounidenses en este debate. En un artículo publicado en el Washington Post (23-05-2012), el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, conectaba la defensa de esa libertad con la crítica a la cláusula de los “empleadores religiosos”. A su juicio, si el Ministerio de Sanidad hubiera regulado una objeción de conciencia razonable, esta cascada de demandas no habría sido necesaria. El problema es que la exención de los empleadores religiosos es “la más restrictiva que ha adoptado nunca una ley federal. No contempla, por ejemplo, que una organización pueda atender al público general. De modo que, bajo esta norma, los hospitales, escuelas y programas de servicios sociales católicos –abiertos a todos– no son ‘lo suficientemente católicos’ como para que les dejen seguir nuestras convicciones católicas”. “La garantía de la libertad religiosa recogida en la Primera Enmienda protege no solo lo que ocurre dentro de las cuatro paredes de una iglesia, sino también los actos de servicio de inspiración religiosa que una confesión necesita llevar a cabo para desempeñar de manera plena su misión”. ¿Quiere Obama regular las conciencias? Sobre la “solución de compromiso” que ofreció Obama en febrero (cfr. Aceprensa, 15-02-2012), dice Wuerl que “no estamos ante un problema de dinero. El núcleo del asunto es que el gobierno quiere forzarnos a violar nuestras creencias”. Las normas dadas entonces admitían que, en el caso de las instituciones de inspiración religiosa, el pago de los anticonceptivos, la píldora del día después y la esterilización se trasladase a sus aseguradores. Pero eso no eximía a aquellas instituciones de la obligación de prestar esos servicios. Como es lógico, este ajuste no convenció a las organizaciones católicas. Primero, porque la obligación de suministrar unos servicios que les planteaban objeciones morales seguía intacta. Y segundo, porque creaba otro posible problema de conciencia a los dueños de las compañías de seguros, fueran o no creyentes. De ahí el rechazo al ajuste de Obama, que ahora reitera Wuerl: “Mientras el gobierno pretende regular la religión, nosotros no queremos forzar a nadie en ningún aspecto. Autorizar a las organizaciones religiosas a servir a la sociedad no vulnera la separación Iglesia-Estado. Querer hacernos cómplices de los objetivos del gobierno en contra de nuestra conciencia, sí”. En la misma línea, la jurista de Harvard Mary Ann Glendon escribe en el Wall Street Journal (21- 05-2012): “La principal intención del mandato no es, como alegó el Ministerio de Sanidad, proteger la salud de las mujeres. Más bien se trata de un movimiento para reclutar a la fuerza a las organizaciones católicas a favor de una agenda política, forzándolas a facilitar y financiar servicios que vulneran sus creencias, desde dentro de sus propias instituciones”. “Estamos siendo testigos de un ataque a las instituciones de la sociedad civil, que son esenciales para limitar el poder del Estado e impedir que invada la esfera de autonomía de los ciudadanos”. Entre las 43 instituciones que han presentado las 12 demandas destacan: la Universidad de Notre Dame (que en 2009 concedió un doctorado honoris causa a Obama), la archidiócesis de Washington, la Universidad Católica de América, la archidiócesis de Nueva York. www.parroquiasantamonca.com Vida Cristiana

La conversión de Newman. Cultura y conciencia. Objetividad y subjetividad.




La conversión de Newman. Cultura y conciencia. Objetividad y subjetividad. Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana con ocasión de la Navidad, 20 de diciembre de 2020 Lunes 20 de diciembre de 2010 o El viaje al Reino Unido Me gustaría hablar con detalle del inolvidable viaje al Reino Unido, sin embargo, me limitaré a dos puntos que están relacionados con el tema de la responsabilidad de los cristianos en el tiempo actual y con el cometido de la Iglesia de anunciar el Evangelio. El encuentro con el mundo de la cultura en Westminster Hall Sólo si existe un consenso moral sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar. Este consenso de fondo que proviene del patrimonio cristiano está en peligro allí donde en su lugar, en vez de la razón moral, se pone la mera racionalidad finalista. Mi pensamiento se dirige en primer lugar al encuentro con el mundo de la cultura en Westminster Hall, un encuentro en el que la conciencia de la responsabilidad común en este momento histórico provocó una gran atención, que, en última instancia, se orientó a la cuestión sobre la verdad y la fe. Era evidente a todos, que en este debate la Iglesia debe dar su propia aportación. Alexis de Tocqueville, en su tiempo, observó que en América la democracia fue posible y había funcionado porque, más allá de las denominaciones particulares, existía un consenso moral de base que unía a todos. Sólo si existe un consenso semejante sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar. Este consenso de fondo que proviene del patrimonio cristiano está en peligro allí donde en su lugar, en vez de la razón moral, se pone la mera racionalidad finalista de la que ya hemos hablado antes. Esto es realmente una ceguera de la razón para lo que es esencial. Combatir esta ceguera de la razón y conservar la capacidad de ver lo esencial, de ver a Dios y al hombre, lo que es bueno y verdadero, es el propósito común que ha de unir a todos los hombres de buena voluntad. Está en juego el futuro del mundo. La beatificación del Cardenal John Henry Newman a) La fe en el Dios vivo. Dios y el alma, el ser mismo del hombre a nivel espiritual, constituye aquello que es verdaderamente real, lo que vale. Son mucho más reales que los objetos que se pueden tocar. Por último, quisiera recordar ahora la beatificación del Cardenal John Henry Newman. ¿Por qué ha sido beatificado? ¿Qué nos puede decir? A estas preguntas se pueden dar muchas respuestas, que se han desarrollado en el contexto de la beatificación. Quisiera resaltar solamente dos aspectos que van unidos y, en el fondo, expresan lo mismo. El primero es que debemos aprender de las tres conversiones de Newman, porque son pasos de un camino espiritual que a todos nos interesa. Quisiera sólo resaltar aquí la primera conversión: la de la fe en el Dios vivo. Hasta aquel momento, Newman pensaba como el hombre medio de su tiempo y también como el de hoy, que simplemente no excluye la existencia de Dios, sino que la considera en todo caso como algo incierto, que no desempeña un papel esencial en la propia vida. Para él, como para los hombres de su tiempo y del nuestro, lo que aparecía como verdaderamente real era lo empírico, lo que se puede percibir materialmente. Esta es la «realidad» según la cual se nos orienta. Lo «real» es lo tangible, lo que se puede calcular y tomar con la mano. En su conversión, Newman reconoce que las cosas están precisamente al revés: que Dios y el alma, el ser mismo del hombre a nivel espiritual, constituye aquello que es verdaderamente real, lo que vale. Son mucho más reales que los objetos que se pueden tocar. Esta conversión significa un giro copernicano. Aquello que hasta el momento aparecía irreal y secundario se revela como lo verdaderamente decisivo. Cuando sucede una conversión semejante, no cambia simplemente una teoría, cambia la forma fundamental de la vida. Todos tenemos siempre necesidad de esa conversión: entonces estamos en el camino justo. b) La conciencia. Es capacidad de verdad y obediencia en relación con la verdad, que se muestra al hombre que busca con corazón abierto. No es un camino de la subjetividad que se afirma. Lo objetivo y lo subjetivo. La conciencia era la fuerza motriz que impulsaba a Newman en el camino de la conversión. ¿Pero qué se entiende con eso? En el pensamiento moderno, la palabra «conciencia» significa que en materia de moral y de religión, la dimensión subjetiva, el individuo, constituye la última instancia de la decisión. Se divide al mundo en el ámbito de lo objetivo y de lo subjetivo. A lo objetivo pertenecen las cosas que se pueden calcular y verificar por medio de un experimento. La religión y la moral escapan a estos métodos y por tanto están consideradas como ámbito de lo subjetivo. Aquí no hay, en último análisis, criterios objetivos. La última instancia decisiva sería por tanto solo el sujeto, y con la palabra «conciencia» se expresa precisamente esto: en este ámbito puede decidir sólo el sujeto, el individuo con sus intuiciones y experiencias. La concepción que Newman tiene de la conciencia es diametralmente opuesta. Para él «conciencia» significa la capacidad de verdad del hombre: la capacidad de reconocer en los ámbitos decisivos de su existencia, religión y moral, una verdad, la verdad. La conciencia, la capacidad del hombre para reconocer la verdad, le impone al mismo tiempo el deber de encaminarse hacia la verdad, de buscarla y de someterse a ella allí donde la encuentre. Conciencia es capacidad de verdad y obediencia en relación con la verdad, que se muestra al hombre que busca con corazón abierto. El camino de las conversiones de Newman es un camino de la conciencia, no un camino de la subjetividad que se afirma, sino, por el contrario, de la obediencia a la verdad que paso a paso se le abría. Su tercera conversión, la del Catolicismo, le exigía abandonar casi todo lo que le era querido y apreciado: sus bienes y su profesión; su título académico, los vínculos familiares y muchos amigos. La renuncia que la obediencia a la verdad, su conciencia, le pedía, iba más allá. Newman fue siempre consciente de tener una misión para Inglaterra. Pero en la teología católica de su tiempo, su voz difícilmente podía ser escuchada. Era demasiado extraña con relación al estilo dominante del pensamiento teológico y también de la piedad. En enero de 1863 escribió en su diario estas frases conmovedoras: «Como protestante, mi religión me parecía mísera, pero no mi vida. Y ahora, de católico, mi vida es mísera, pero no mi religión». Aún no había llegado la hora de su eficacia. En la humildad y en la oscuridad de la obediencia, él esperó hasta que su mensaje fuera utilizado y comprendido. Para sostener la identidad entre el concepto que Newman tenía de conciencia y la moderna comprensión subjetiva de la conciencia, se suele hacer referencia a aquellas palabras suyas, según las cuales – en el caso de tener que pronunciar un brindis –, él habría brindando antes por la conciencia y después por el Papa. Pero en esta afirmación, «conciencia» no significa la obligatoriedad última de la intuición subjetiva. Es expresión del carácter accesible y de la fuerza vinculante de la verdad: en esto se funda su primado. Al Papa se le puede dedicar el segundo brindis, porque su tarea es exigir obediencia con respecto a la verdad.

La objeción de conciencia: la dignidad de la persona (I) y la cuestión del aborto (II).


1 La objeción de conciencia: la dignidad de la persona (I) y la cuestión del aborto (II). cfr. La objeción de conciencia y la dignidad de la persona (I) Entrevista al catedrático de Derecho Rafael Navarro-Valls por Inma Alvarez Zenit.org, 24 de febrero de 2011 MADRID, jueves 24 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La posibilidad de objetar por razones de conciencia ante una obligación impuesta legalmente que se considera injusta, constituye una de las batallas legales más importantes de los últimos años en los países occidentales, en campos tan dispares como la Medicina o la Educación. España, precisamente, es uno de los países donde la lucha por que el Estado respete el derecho de las personas a negarse a hacer algo moralmente injusto es más evidente, gracias a casos como la asignatura Educación para la Ciudadanía, la nueva ley del aborto o la venta de la píldora abortiva, entre otros. Sobre esta cuestión, el jurista español Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho y colaborador habitual de ZENIT, donde dirige la columna “Observatorio Jurídico”, acaba de publicar, junto con el catedrático Javier Martínez Torrón, el libro Conflictos entre conciencia y ley. Las objeciones de conciencia (Editorial IUSTEL). En esta entrevista concedida a ZENIT explica la naturaleza y los límites de la objeción de conciencia. La segunda parte se publicará en el servicio de mañana viernes. - ¿No es un contrasentido que, precisamente en el siglo de los derechos humanos, haya sido necesario desarrollar el derecho a la objeción de conciencia? Rafael Navarro-Valls: La elaboración jurídica de un derecho humano es un proceso largo y, a veces, doloroso. Pasó con las libertades de expresión y religiosa, con el de no discriminación por cuestiones raciales y, ahora, está ocurriendo con el de objeción de conciencia. Respecto a él caben dos posiciones: entenderlo como una especie de “delirio religioso”, una simple excepción a la norma legal, que conviene restringir , o, al contrario, entenderlo como una derivación evidente del derecho fundamental de libertad de conciencia, un verdadero derecho humano. En esta segunda perspectiva- la correcta- el derecho de objeción de conciencia debe perder su trasfondo de “ilegalidad más o menos consentida”. Solo desde una concepción totalizante del Estado puede mirarse la objeción de conciencia con sospecha, precisamente porque ocupa un lugar central, no marginal, en el ordenamiento jurídico, por la misma razón y de la misma manera que es central la persona humana. Los poderes públicos están obligados a procurar una adaptación razonable a los deberes de conciencia de los ciudadanos en la medida en que no perjudique un interés público superior. El Tribunal Supremo estadounidense lo ha expresado muy bien: “ Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional, es que ninguna autoridad, del rango que sea, puede prescribir lo que es ortodoxo en política, religión u otras materias opinables, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de hecho, su fe en ellas”. -Existe el derecho a la objeción al servicio militar, a la objeción de conciencia de los médicos, etc. ¿Se puede objetar a todo o hay un límite? Rafael Navarro-Valls: Como ha señalado (1982) el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, para que una objeción de conciencia pueda estimarse digna de ser tomada en consideración, la convicción o creencia que la motiva debe proceder “de un sistema de pensamiento suficientemente estructurado coherente y sincero”. Por su parte, una sentencia de la Cámara de los Lores en el caso Williamson (2005), exige, para que una creencia (religiosa o no) pueda ser tomada en cuenta , que sea “coherente con unos estándares elementales de dignidad humana”, referirse a “problemas fundamentales y no a “cuestiones triviales” y revestir un “cierto grado de seriedad e importancia”. Estas características se encuentran más fácilmente en creencias de trasfondo religioso, ya que implican un sistema coherente de creencias. Tal vez por eso, la objeción de conciencia ha marchado históricamente en paralelo con la libertad religiosa, constituyendo una de sus dimensiones más destacadas. Naturalmente, la libertad de conciencia no se agota en el marco de las convicciones religiosas. Existen otras de carácter filosófico, deontológico etc que también alimentan las objeciones de conciencia. Aparte de este criterio, en materia de límites de la objeción de conciencia, podemos mencionar algún criterio adicional. Tal vez el más destacable sea el nivel potencial de peligro social de los comportamientos. En principio, la pura actitud omisiva (no realizar un aborto, no formar parte de un jurado, no asistir a unas clases etc) ante una norma que obliga a hacer algo alcanza una cota de riesgo social menor que otras objeciones que llevan a una actitud activa frente a la norma legal, que prohibe un determinado comportamiento. Un ejemplo, el TS americano en el caso Reynolds rechazó la pretensión de la Iglesia 2 Mormona, basada en razones de conciencia, de que las leyes penales sobre la poligamia no se aplicaran a los fieles cuya religión se lo permitiera. La práctica de la poligamia, entendió el Tribunal, “contradice el orden público occidental que exige que el matrimonio sea monógamo”. En fin, por muy elevada que sea la sensibilidad de un determinado Derecho hacia el respeto a la libertad de conciencia, es claro que en algunos supuestos no podrán conciliarse del todo los bienes jurídicos en conflicto, es decir, que no se podrá adaptar la norma jurídica, en su totalidad, a las exigencias morales de conciencia de todos los ciudadanos. En tales situaciones, sin embargo, lo ideal es evitar respuestas simplistas de carácter negativo. El poder político debe hacer un esfuezo flexibilizador para buscar aquellas soluciones menos lesivas para la conciencia del objetor. -El caso reciente de la implantación en España de la objeción a la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, ¿entra en la definición de objeción de conciencia? Rafael Navarro-Valls: Desde luego. El derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derecho a elegir una concepción del bien y a ponerla en práctica, sin interferencia de los poderes públicos. El problema se plantea cuando entre el Estado y los padres se da un desacuerdo sobre cuál es la mejor manera de preparar a los alumnos para participar en la vida política o asegurar su progreso moral. En estos casos, el Estado puede adoptar dos posiciones. La primera, decidir por sí mismo cuál es la mejor manera de asegurar el desarrollo de las competencias morales, cívicas y políticas de la nuevas generaciones. La segunda, decidir que no le corresponde a él dar una respuesta definitiva a la cuestión. Esta es la postura correcta, desde la vertiente de los derechos humanos y de una democracia madura. Por eso, la imposición legal de una asignatura de formación antropológica y moral con carácter general para todos los alumnos puede ser una clara infracción de los derechos constitucionales que corresponden a los padres, y que justifican que la lesión del derecho fundamental de libertad de conciencia sea amparado. En esa línea se mueve la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (casos Folgero y Zengin, 2007) y la del TS de los Estados Unidos de América que, en el caso Yoder (1972), ya decidió hace años que la libertad de los padres para educar moralmente a sus hijos está por encima del poder coercitivo del Estado en materia de escolarización obligatoria. De ahí la severa crítica que ha recibido el TS español al decretar en febrero de 2009, el rechazo de la objeción de conciencia planteada por numerosos padres ante la asignatura de Educación a la Ciudadanía. La debilidad del planteamiento jurídico del TS es evidente, cuando se comprueba que las sentencias aludidas van acompañadas nada menos que de diez votos particulares contrarios de los propios magistrados de la Sala. Las sentencias del TS han sido recurridas ante el Constitucional y el Tribunal de Derechos Humanos. Existen fundadas esperanzas de que, al final, los padres objetores sean tutelados en sus derechos. -¿Podría existir la objeción de conciencia fiscal, por ejemplo, ante el uso de fondos públicos para usos moralmente comprometidos, como el aborto? Rafael Navarro-Valls: Conviene advertir, ante todo, que la objeción de conciencia fiscal no suele ir dirigida contra el acto exigido por la ley – el abono de impuestos- si no más bien contra el destino que se hace de una parte de ellos. Por eso, los llamados objetores fiscales plantean como alternativa destinar a otros fines compatibles con su conciencia la cuota que inicialmente se niegan a pagar. No son, pues, evasores fiscales: su finalidad no es defraudar al fisco, sino evitar contribuir a gastos que entienden inmorales según su conciencia (gastos militares, financiación de abortos etc). Que yo sepa, se han presentado proyectos de ley a favor de la objeción fiscal en Estados Unidos, Canadá, Holanda, Bélgica, Alemania, Reino Unido Italia y España (éste último en junio de 2005, por el grupo parlamentario ERC). Por ahora no han obtenido la aprobación mayoritaria de las Cámaras. Sin embargo, alguna jurisprudencia canadiense y norteamericana ha aceptado formas similares a la objeción fiscal. En concreto, han protegido a objetores que, por razón de conciencia, rehusaban abonar las cuotas debidas a los sindicatos, destinando su importe a instituciones de beneficiencia o charities. En mi opinión, la aplicación inflexible del principio de no afectación del impuesto –que es el gran obstáculo para admitir la objeción fiscal- está siendo cada vez más contestado por la doctrina jurídica tributaria, hoy más proclive a concepciones impositivas basadas parcialmente en el principio del beneficio en lugar del de capacidad de pago: el ciudadano paga en función del beneficio que recibe de la actuación pública, y no sólo de su capacidad económica. Este tipo de consideraciones facilitarán que, en un futuro no lejano, se tomen en cuenta las opciones de conciencia, incluida la contraria a pagar impuestos destinados a financiar abortos. 3 cfr. La objeción de conciencia y la cuestión del aborto (II) Entrevista al catedrático de Derecho Rafael Navarro-Valls, por Inma Alvarez Zenit.org 25 de febrero de 2011. MADRID, viernes 25 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La objeción de conciencia en el ámbito sanitario constituye hoy un asunto del máximo interés, ante legislaciones que paulatinamente están transformando, en varios países occidentales, el aborto en un derecho amparado por la ley. El caso de los médicos y profesionar sanitario que se niega a practicar o colaborar en un aborto ha llegado ya al Parlamento Europeo, que ha votado a favor de la objeción de conciencia. Otra de las prácticas que está empezando a ser objeto de objeción es el diagnóstico prenatal, especialmente en los casos en que éste pone en peligro la vida del feto. Sobre esta cuestión, el jurista español Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho y colaborador habitual de ZENIT, donde dirige la columna “Observatorio Jurídico”, acaba de publicar, junto con el catedrático Javier Martínez Torrón, el libro Conflictos entre conciencia y ley. Las objeciones de conciencia (Editorial IUSTEL). En esta entrevista concedida a ZENIT explica la naturaleza y los límites de la objeción de conciencia. - La objeción de conciencia presupone una objeción de conciencia rectamente formada? Es decir, ¿presupone que la ley positiva puede ser injusta, lo cual equivale reconocer un fundamento legal por encima de la ley positiva, una "ley natural" que obliga a la conciencia? Rafael Navarro-Valls: En principio, la objeción de conciencia es un derecho fundamental que, incluso, ampara la llamada conciencia errónea. El Estado no es competente para valorar las motivaciones que mueven a las conciencias de sus ciudadanos. Pero es evidente que, en muchos casos, el objetor actúa movido por una ley natural que está por encima de la ley positiva. Esto no es una anomalía. Cuando hace años se cumplió el medio siglo del inicio de ese drama judicial que fueron los juicios de Nurembreg se observó que, al rechazar la tesis de la “obediencia debida” a la ley nacional-socialista y a la cadena de mando cuando ordena atrocidades, se potenció la función ética que en la teoría clásica de la justicia corresponde a la conciencia personal. Nuremberg demostró que la cultura jurídica occidental se fundamenta en valores jurídicos radicales, por encima de decisiones de eventuales mayorías o imposiciones plebiscitarias. -¿Qué opina de las directivas europeas en el caso concreto de la objeción del personal sanitario contra el aborto? ¿Y de la ley del aborto española? ¿Por qué tanta reticencia a reconocer este derecho? Rafael Navarro-Valls: Las reticencias detectables a reconocer este derecho en toda su plenitud, han sufrido un varapalo jurídico severo por la reciente resolución 1763(2010) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. En ella se establece una clara prohibición de coaccionar o discriminar a personas o instituciones que rehúsen –por cualquier razón- participar o colaborar en un aborto voluntario, eutanasia o cualquier acto que cause la muerte de un feto o embrión humano. Al tiempo, invita a los Estados miembros a que desarrollen una normativa que tutele en su plenitud la objeción de conciencia al aborto, garantizando al personal sanitario el derecho a abstenerse en cualquier tipo de prácticas abortivas o eutanásicas. Respecto a España, la regulación de la objeción de conciencia al aborto que hace la Ley Orgánica 2/2010, en la medida que intenta restringirla, choca frontalmente con la doctrina del Tribunal Constitucional l que, ya en el fundamento jurídico 14 de la STC 53/1985, la tutela ampliamente, al declararla parte integrante del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida por el art. 16.1 de la Constitución española. Por otra parte, las cláusulas de la ley de 2010 que prevén la inserción de técnicas abortivas en los planes curriculares de ciertas carreras sanitarias justifican el que, varias Facultades de Medicina de Universidades españolas, hayan planteado objeción de conciencia institucional a dichas enseñanzas. Su argumentación: “No se puede solucionar la tragedia de un embarazo indeseado con la tragedia superior del aborto. Nuestro compromiso es formar profesionales para curar, investigar y ayudar”. Me recuerda la postura adoptada por dos anestesistas en una penitenciaría americana llamados a inyectar la inyección letal en un condenado a muerte. Su negativa se basó en este argumento: “Nosotros somos médicos, no verdugos”. -En algunos casos se ha planteado la objeción al diagnóstico prenatal, pues puede suponer una “condena a muerte” del feto. De llevarse esto al extremo, no podrían hacerse siquiera ecografías, pues 4 cualquier diagnóstico podría llevar a la madre a abortar. ¿En qué casos estaría justificado objetar? ¿Hay diferencia entre técnicas invasivas y no invasivas? Rafael Navarro-Valls: Para entender este tipo de objeciones, que efectivamente ya se han planteado por algunos ginecólogos, conviene recordar que esta técnica médica suele utilizarse para detectar malformaciones genéticas. Por ejemplo, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda en sus protocolos que la amniocentesis se haga antes de la semana 22, para dar tiempo a abortar legalmente. De ahí que el examen prenatal habitual se relaciona con valores relacionados con la vida humana: afecta a las personas discapacitadas, como individuos y como grupo, así como al respeto a los derechos de autonomía de las mujeres embarazadas. En este contexto, las objeciones planteadas por ginecólogos se basan en los siguientes razonamientos: 1. No hay nada objetable en hacer controles obstréticos orientados a detectar situaciones que puedan ser prevenidas o puedan tratarse, incluso buscar enfermedades fetales para ser tratadas intraútero o tras el nacimiento ; 2. Pero, a veces, el diágnóstico prenatal supone un riesgo potencial desproporcionado para el hijo en gestación o carece de utilidad terapéutica. En estos supuestos se convierte en un instrumento eugenésico. Los hijos pueden ser abortados (y de hecho a veces lo son) con diagnósticos leves: labio leporino, pie zambo, patologías curables, como cardiopatías etc; 3. Es en estas situaciones cuando se han planteado las objeciones. En España, se han aceptado judicialmente la adopción de medidas cautelares para que el ginecólogo objetor pueda dejar de hacer esos diagnósticos, “pues los perjuicios que se le pueden causar serían de difícil reparación” (STSJ de Andalucía, 30 septiembre 2008). -Por último, pongamos el caso de un médico que se ve obligado a objetar ante una práctica médica que considera contraria a su conciencia. ¿Qué pasos debe seguir para tomar esa decisión? La objeción ¿debe ser o no la última posibilidad? Rafael Navarro-Valls: Antes de objetar en conciencia, el médico (incluido el de atención primaria, que en algunos paises es el primer obligado por ley a entregar a la mujer gestante la información sobre la práctica abortiva) debe comprobar que el aborto que se le propone es legal, es decir, incluido en los supuestos contemplado por la ley. Si no lo fuera, desde luego debe oponer lo que se llama la objeción de legalidad, es decir, la negativa a realizar una práctica abortiva, que puede ser delictuosa. Comprobado que el aborto es legal, es cuando puede oponer objeción de conciencia. El modo dependerá de cada legislación. En España, la nueva legislación de 2010 establece que la objeción debe manifestarse “anticipadamente y por escrito”, sin especificar nada más. Lo normal será hacerla ante el hospital o centro asistencial en el que se trabaje. Existen colegios médicos donde existe un registro de objetores: es prudente también que conste en ese registro. Basta objetar una vez y no es necesario ningún tipo de autorización. En caso de negativa por parte de la autoridad superior, es cuando el médico puede iniciar la vía administrativa y luego la judicial hasta que se dicte resolución judicial, hasta agotar todos los recursos. En todo caso, durante la duración de ese proceso o judicial el médico no está obligado a realizar el aborto en ningún caso. En España existe una Guía de objeción de conciencia sanitaria al aborto (editada por ANDOC , julio 2010) donde está muy bien explicado todos estos pasos que aquí resumo, al igual que la relación de personas (personal administrativo, médico, paramédico etc) que gozan del derecho a la objeción. A esta excelente Guía me remito. www.parroquiasantamonica.com

La conciencia y la ley. La conciencia no incluye solamente convicciones religiosas, sino también otras creencias. Probablemente, quien lo ha expresado con mayor claridad es el Tribunal Supremo norteamericano que ha afirmado: «Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional, es que ninguna autoridad civil puede prescribir lo que es ortodoxo en política, religión u otras materias opinables, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de hecho, su fe en ellas» (Sentencia Barnette,1943).


1 La conciencia y la ley. La conciencia no incluye solamente convicciones religiosas, sino también otras creencias. Probablemente, quien lo ha expresado con mayor claridad es el Tribunal Supremo norteamericano que ha afirmado: «Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional, es que ninguna autoridad civil puede prescribir lo que es ortodoxo en política, religión u otras materias opinables, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de hecho, su fe en ellas» (Sentencia Barnette,1943). Cfr. Rafael Navarro Valls presenta su nuevo estudio sobre el derecho a la objeción ¿Ley o conciencia? Alfa y Omega n. 727, 3 marzo 2011 Aistimos a «un Big Bang de objeciones de conciencia», es el punto de partida de este libro. A menudo, se trata realmente -exponen ustedes- de objeciones de legalidad. Por ejemplo, el objetor al aborto no apela sólo a sus creencias, sino a la protección debida a toda vida humana, un bien reconocido por el ordenamiento jurídico. Y los objetores a EpC aluden al derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa de sus hijos… Pero ante ese tipo de leyes, impregnadas de positivismo, ¿es posible negociar un compromiso con el poder, o la misma lógica de esas leyes lleva a quienes las promueven a anular el derecho a la objeción? La llamada objeción de legalidad es, simplemente, la negativa a realizar un determinado comportamiento exigido por la ley, aduciendo no tanto un problema de conciencia, cuanto una cuestión de legalidad. Los médicos pueden decir -como ha ocurrido en una penitenciaría de Texas con dos analistas que se negaron a poner la inyección letal a un condenado- que ellos «son médicos, no verdugos». Los padres que ven lesionado su derecho constitucional a ser los últimos responsables de la educación afectivo-sexual de sus hijos o de la conciencia moral de los mismos, pueden aducir que una asignatura como la EpC supone una intromisión ilícita en el derecho fundamental y constitucional de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones morales y religiosas. Lo que ocurre es que el poder -consciente o no de esa lesión- puede reaccionar más fácilmente a la objeción de conciencia que a la de legalidad. Mientras que la jurisprudencia -en teoría- tendría que ser más receptiva con la de legalidad. Afirman ustedes: «Un tribunal civil no puede, ni debe juzgar si las convicciones alegadas son razonables; sólo debe determinar si son sinceras». Si se trata de proteger el derecho de cada cual a vivir según sus convicciones -no sólo a tener unas ideas en la cabeza-, parece una afirmación arriesgada… No tanto, si se tienen en cuenta los límites de las objeciones de conciencia. Por ejemplo, ante el poder (Ejecutivo o Judicial), su atención depende de que las motivaciones alegadas por los objetores procedan «de un sistema de pensamiento suficientemente estructurado, coherente y sincero» (Tribunal 2 Europeo de Derechos Humanos, caso Campbell contra Reino Unido, 1982 ). A su vez, la Cámara de los Lores (caso Williamson, 2005) habla de la necesidad de que la objeción de conciencia sea coherente con «estándares elementales de dignidad humana y se revista de un cierto grado de seriedad e importancia». Características más fáciles de encontrar en la conciencia religiosa. Tal vez por eso, la objeción de conciencia, aunque incluye desde luego también convicciones no religiosas, ha marchado históricamente en paralelo con la libertad religiosa. ¿Por qué se tiende hoy a favorecer las pretensiones del ateo sobre el creyente, como si debiera ser protegido de resultar contaminado por la fe de los demás. ¿Es activismo judicial? ¿Se trata quizá de un efecto del proceso de secularización, con incidencia en el Derecho, en normas y Sentencias que reafirman una cosmovisión que excluye a Dios? La conciencia no incluye solamente convicciones religiosas, sino también otras creencias. Probablemente, quien lo ha expresado con mayor claridad es el Tribunal Supremo norteamericano, quien entendió tutelables «creencias que ocupan en la conciencia el lugar que Dios ocupa en la conciencia religiosa». Añadiendo: «Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional, es que ninguna autoridad civil puede prescribir lo que es ortodoxo en política, religión u otras materias opinables, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de hecho, su fe en ellas» (Sentencia Barnette,1943). www.parroquiasantamonica.com

Conciencia. Polémica sobre la objeción de conciencia en Estados Unidos. El pasado febrero, el presidente Obama eliminó las garantías para proteger la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios. Por otra parte, un juez de Illinois anuló una ley de ese estado que obligaba a los farmacéuticos a dispensar la píldora del día siguiente y otros “anticonceptivos de emergencia”, sin que pudieran alegar objeción de conciencia.


1 Conciencia. Polémica sobre la objeción de conciencia en Estados Unidos. El pasado febrero, el presidente Obama eliminó las garantías para proteger la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios. Por otra parte, un juez de Illinois anuló una ley de ese estado que obligaba a los farmacéuticos a dispensar la píldora del día siguiente y otros “anticonceptivos de emergencia”, sin que pudieran alegar objeción de conciencia. Cfr. Polémica sobre la objeción de conciencia en Estados Unidos. Juan Meseguer, Aceprensa 11 Abril 2011 El pasado febrero, el presidente Obama eliminó las garantías establecidas por Bush en 2008 para proteger la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios, con una actualización de las normas dictadas a partir de los años setenta (cfr. Aceprensa, 26-11-2008). Al llegar a la Casa Blanca, la Administración Obama anunció que quería revisar aquellas disposiciones. Y entonces se armó el revuelo. Mientras que el Ministerio de Sanidad aseguraba que los ajustes realizados por Bush sólo añadían “confusión” al debate, llegaron a la Casa Blanca más de 300.000 comentarios sobre el asunto; de ellos, al menos dos tercios estaban a favor de conservar las normas de 2008 (cfr. The Lancet, 19-03-2011). Finalmente Obama decidió anular la orden de Bush, que pretendía asegurar la protección otorgada por las leyes a los empleados de instituciones subvencionadas por el Departamento de Sanidad. Las disposiciones de 2008 exigían una certificación de que se cumplen las normas legales relativas a los objetores y facilitaba un cauce para presentar quejas a quienes consideraran haber sido discriminados por motivos de conciencia. o Propuesta una ley para proteger a los objetores A esta polémica hay que añadir la aprobación de la Patient Protection and Affordable Care Act (PPACA), una ley que desarrolla algunos aspectos de la reforma sanitaria de Obama y que, según la aplicación que se haga de ella, podría poner en un aprieto al personal sanitario que se opone a ciertas prácticas en virtud de sus convicciones morales o sus creencias religiosas. En efecto, la PPACA establece –entre otras prestaciones– los llamados “servicios preventivos para las mujeres”; algo que, según Planned Parenthood y otras organizaciones abortistas, exigiría dispensar los “anticonceptivos de emergencia” aprobados por la Food and Drug Administration (o sea, la píldora del siguiente y otros análogos con efecto abortivo) y ciertas prácticas como la fecundación in vitro. Así las cosas, dos congresistas norteamericanos –el republicano Jeff Fortenberry (Nebraska) y el demócrata Dan Boren (Oklahoma)– introdujeron en marzo una propuesta de ley en la Cámara de Representantes para proteger la libertad de conciencia del personal sanitario. La llamada Respect for Rigths of Conscience Act se limita a garantizar que ningún individuo ni ningún colectivo se vea obligado a actuar en contra de sus convicciones; sobre todo cuando ya hay profesionales dispuestos a realizar ciertas prácticas. En una carta dirigida con fecha de 6 de abril a todos los miembros de la Cámara de Representantes, el cardenal Daniel DiNardo –presidente del Comité de Actividades Pro Vida de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos– recuerda que lo que está en juego aquí es la protección de la libertad religiosa y el derecho a la objeción de conciencia. Tras subrayar que la PPACA “respeta la libertad religiosa en algunos contextos”, DiNardo considera “arbitrario e inexplicable el hecho de que no proteja a las muchas confesiones religiosas –incluidas aquellas que constituyen el núcleo duro del sistema de asistencia sanitaria sin ánimo de lucro de este país–, cuyas enseñanzas morales se oponen a ciertas técnicas”. Por eso, el cardenal pide a los representantes –tanto a los que votaron a favor de la PPACA como a los que votaron en contra– que se unan para promover la Respect for Rigths of Conscience Act. 2 o Sentencia favorable a la objeción de conciencia Precisamente el día antes de la misiva de DiNardo, un juez de Illinois anuló una ley de ese estado que obligaba a los farmacéuticos a dispensar la píldora del día siguiente y otros “anticonceptivos de emergencia”, sin que pudieran alegar objeción de conciencia. Los demandantes, Luke VanderBleek y Glenn Kosirog, son los dueños de una farmacia con sede en Illinois. Durante seis años han estado batallando en los tribunales para impedir que una ley les obligue a actuar contra su conciencia. Aunque la sentencia se puede recurrir, el abogado de los demandantes no ha dudado en considerarla como “una gran victoria para el derecho a la objeción de conciencia”. En su decisión, el juez John W. Belz declara que la ley recurrida vulnera la cláusula de libertad religiosa de la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos y dos leyes del estado de Illinois: la Health Care Right of Conscience Act y la Illinois Religious Freedom Restoration Act. Entre otros argumentos, Belz sostiene que las autoridades de Illinois no han logrado probar en este caso que la negativa de los farmacéuticos objetores a dispensar los anticonceptivos haya supuesto una amenaza para la salud de nadie. Para Charmaine Yoest, presidenta de la organización Americans United for Life, esta sentencia hace justicia a los demandantes que ya no tendrán que elegir entre vulnerar sus creencias religiosas o vulnerar una ley inconstitucional, dice en declaraciones a LifeNews.com (5-04-2011). www.parroquiasantamonica.com

Domingo 6º de Pascua Ciclo A (2011). El Espíritu Santo, Espíritu de verdad. El Espíritu Santo es luz de las conciencias. La conciencia es una “propiedad clave del sujeto personal” que se refiere a la dignidad de la persona humana; la fatiga de la conciencia: tiene dificultades por los determinismos, condicionamientos y presiones que ejercen sobre ella diversos mecanismos y estructuras. No es fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno y lo que es malo


1 Domingo 6º de Pascua Ciclo A (2011). El Espíritu Santo, Espíritu de verdad. El Espíritu Santo es luz de las conciencias. La conciencia es una “propiedad clave del sujeto personal” que se refiere a la dignidad de la persona humana; la fatiga de la conciencia: tiene dificultades por los determinismos, condicionamientos y presiones que ejercen sobre ella diversos mecanismos y estructuras. No es fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno y lo que es malo Cfr. 6 Pascua Ciclo A Evangelio: Juan 14, 15-21; 1 Pedro 3, 15-18 - 29 mayo 2011 Juan 14, 15-21: 15 «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16 Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17 el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. 18 No os dejaré huérfanos, volveré. 19 Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20 Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. 21 El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él. » El Señor, antes de su partida, promete el envío del Espíritu Santo, que es, por tanto, un don suyo: “yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre” (Jn 14,15); “No os dejaré huérfanos, y volveré a vosotros” (Jn 14, 18). Paráclito significa «llamado junto a uno», con la finalidad de consolar, acompañar, defender, proteger ... Paráclito se traduce por «Consolador», «Abogado», «Mediador». La misión del Espíritu Santo es que Jesús viva en nosotros, traernos y hacer presente a Jesucristo en nuestras vidas. CEC 692: Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el «Paráclito», literalmente «aquel que es llamado junto a uno», «advocatus» (Jn 14, 16.26; 15, 26; 16, 7). «Paráclito» se traduce habitualmente por «Consolador», siendo Jesús el primer consolador (Cf 1 Jn 2, 1). El mismo Señor llama al Espíritu Santo «Espíritu de Verdad» (Jn 16, 13). CEC 693: Además de su nombre propio, que es el más empleado en el libro de los Hechos y en las cartas de los apóstoles, en S. Pablo se encuentran los siguientes apelativos: el Espíritu de la promesa (12), el Espíritu de adopción (13), el Espíritu de Cristo (Rm 8, 11), el Espíritu del Señor (2 Co 3, 17), el Espíritu de Dios (Rm 8, 9.14; 15, 19; 1 Co 6, 11; 7, 40), y en S. Pedro, el Espíritu de gloria (1 P 4, 14) 1. Dentro de dos semanas, celebra la Iglesia Católica la solemnidad de Pentecostés. Hoy, en el Evangelio, se refiere el primero de los 5 textos sobre el Espíritu Santo que encontramos en el discurso de Jesús después de la Cena. “Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre” (Jn 14,16): breve resumen sobre la acción del Espíritu Santo • Biblia de Jerusalén 14,16: “Primero de los cinco textos sobre el Espíritu (Paráclito, Espíritu de verdad, Espíritu santo) en el discurso después de la Cena. Enviado por el Padre (o por Cristo) después de la marcha de Jesús (16,7; 7,39; Hch 2,33), permanecerá para siempre junto a los discípulos (14, 15-17), para recordar y completar la enseñanza de Cristo (14, 25-26), conduciendo a los discípulos por los caminos de la verdad (8,32+), y explicándoles el sentido de los acontecimiento futuros (16, 12-15; ver 2,22; 12,16; 13,7; 20,9). El glorificará a Cristo (16,14), en el sentido de que atestiguará (15, 26-27; 1 Jn 5, 6-7) que su misión venía efectivamente de Dios y que el mundo, engañado por su Príncipe, el «padre de la mentira» (8,44), se ha equivocado no creyendo en él (16, 7-11). (...)” 2. “El Espíritu de la verdad” (Jn 14, 17): algunos aspectos o contenidos. En el hombre hay dos tendencias inherentes: el «espíritu de verdad» y el «espíritu de error». • Biblia de Jerusalén, Jn 14,17: “La expresión proviene de Qumrán, donde se contraponía • «espíritu de verdad» y «espíritu de error» (ver 1 Juan 4,6+), para designar dos tendencias inherentes al hombre. Aquí, el Espíritu de verdad (8,32+), está personalizado (confrontar con 2 Juan 1-2) texto que calca el de Jn 14,17 c.” • 1 Jn 4,6: “Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha, el que no es de Dios no nos • escucha. En esto reconocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error”. Biblia de Jerusalén: “El tema de los dos espíritus es conocido del Judaísmo (por ejemplo, Qumrán), afín al de las dos vías (Dt 11, 26-28; Mt 7, 13-14+). El hombre está situado entre dos mundos, «es» del uno o del otro 2 participando de su espíritu (3, 8.19). La victoria final de los creyentes no ofrece duda (v. 4; 2, 13- 14; 5, 4-5)." En San Juan, la «verdad» tiene un sentido amplio, que comprende la fe y el amor. Se «camina en la verdad» cuando se cumplen los mandamientos en el amor. • 1 Juan 2,4: “Quien dice: «Yo le conozco y no guarda los mandamientos es un mentiroso y la • verdad no está en él»”; 1 Juan 3,23: “Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo”; 1 Juan 3,18: “Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y según la verdad”; 2 Juan 4-6: “Me alegré mucho al encontrar entre tus hijos a quienes viven en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, Señora, y no te escribo un mandamiento nuevo, sino el que tenemos desde el principio: que nos amemos unos a otros. Y en este consiste el amor: en que vivamos según sus mandamientos. Este es el mandamiento que oísteis desde el principio: que caminéis en el amor”. 3 Juan 3-4 ss: “Me alegré mucho cuando vinieron unos hermanos que daban testimonio de tu verdad, y de cómo vives en la verdad. No siento alegría mayor que oir que mis hijos caminan en la verdad”; Juan 3, 21: “El que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios”; Juan 18, 37: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Conocimiento de la verdad en la Biblia (sentido semítico): es principio de vida moral, caminamos según sus directrices, obramos conforme a sus exigencias, etc. • Juan 8, 32: Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Biblia de Jerusalén, Jn 8,32: “La verdad es la expresión de la voluntad de Dios sobre el hombre, tal como nos ha sido transmitida por Cristo (8, 40.45; 17,17). Nosotros «conocemos» en el sentido (semítico) de que permanece en nosotros (2 Jn 1,2), como un principio de vida moral: «andamos» (=vivimos) según sus directrices (3 Jn 3-4; Sal 86,11); «hacemos la verdad» (3,21; 1 Jn 1,6; ver Tb 4,6), es decir, obramos conforme a lo que ella exige de nosotros. Se contrapone, pues, al «mundo» (1,9+), como una especie de clima ético: los que son «del mundo» no pueden sino odiarla (15,19; 17, 14-16), los que son «de la verdad» obedecen al mensaje de amor que Cristo nos ha transmitido de parte de Dios (18,37; 1 Jn 3, 18-19). Y son santificados por la verdad lo mismo que por la palabra de Cristo (17,17; 15,3). Por cuanto esta verdad se nos da por Cristo, éste puede afirmar que él es la Verdad que nos conduce al Padre (14,6+), del mismo modo que, después de su retorno junto al Padre, será el Espíritu el que, guiándonos hacia la verdad completa (16,13), será la Verdad (1 Jn 5,6), o el Espíritu de verdad (14,17+). Un conocimiento que implica el empeño de toda la vida • 1 Tmoteo 2,4: “Dios, nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y llegue al conocimiento pleno de la verdad”; Biblia de Jerusalén 1 Timoteo 2,4: “ La salvación es conocimiento de la verdad (1 Timoteo 4,3; 2 Tm 2,25; 3,7; Tt 1,1).Pero ese conocimiento importa el empeño de toda la vida (ver Oseas 2,22+; Juan 8,32+; 10,14+; 2 Tesalonicenses 2,12; etc.)” 3. El Espíritu de verdad: el Espíritu Santo y las conciencias cfr.Enc.Dominum et vivificantem, nn. 42-45 I El Espíritu Santo, es luz de los corazones, es decir, de las conciencias. • Cfr. Secuencia Domingo de Pentecostés Juan Pablo II, Dominum et Vivificantem (DV) 42: «Convirtiéndose en « luz de los corazones », (Cf. Secuencia Veni, Sancte Spiritus) es decir de las conciencias, el Espíritu Santo « convence en lo referente al pecado », o sea hace conocer al hombre su mal y, al mismo tiempo, lo orienta hacia el bien.» II Importancia de la conciencia (Dominum et vivificantem, 43) La conciencia es la capacidad específica del hombre de discernir el bien que es “la propiedad clave del sujeto personal” y se refiere a la dignidad de la persona humana. • Juan Pablo II, DV, 43: “El Concilio Vaticano II ha recordado la enseñanza católica sobre la conciencia, al hablar de la vocación del hombre y, en particular, de la dignidad de la persona humana. Precisamente la conciencia decide de manera específica sobre esta dignidad. En efecto, la conciencia es « el 3 núcleo más secreto y el sagrario del hombre », en el que ésta se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo. Esta voz dice claramente a « los oídos de su corazón advirtiéndole ... haz esto, evita aquello ». Tal capacidad de mandar el bien y prohibir el mal, puesta por el Creador en el corazón del hombre, es la propiedad clave del sujeto personal”. • Benedicto XVI, Benedicto XVI, Discurso a un congreso organizado, entre otros, por la Academia de las Ciencias deParís, 28 enero 2008: : El hombre tiene una capacidad específica: discernir lo bueno y el bien. Impresa en él como un sello, la sindéresis le lleva a hacer el bien. Movido por ella, el hombre está llamado a desarrollar su conciencia por la formación y por el ejercicio para orientarse libremente en su existencia, fundándose en las leyes esenciales que son la ley natural y la ley moral. En nuestra época, cuando el desarrollo de las ciencias atrae y seduce por las posibilidades ofrecidas, es más importante que nunca educar las conciencias de nuestros contemporáneos para que la ciencia no se transforme en el criterio del bien, y el hombre sea respetado como centro de la creación y no se convierta en objeto de manipulaciones ideológicas, de decisiones arbitrarias, ni tampoco de abuso de los más fuertes sobre los más débiles. Se trata de peligros cuyas manifestaciones hemos podido conocer a lo largo de la historia humana, y en particular en el siglo XX. III La conciencia no es fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno y lo que es malo • Juan Pablo II, DV 43: “Pero, al mismo tiempo, «en lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley de una ley que él no se dicta a si mismo, pero a la cual debe obedecer ».(165) La conciencia, por tanto, no es una fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo; al contrario, en ella está grabado profundamente un principio de obediencia a la norma objetiva, que fundamenta y condiciona la congruencia de sus decisiones con los preceptos y prohibiciones en los que se basa el comportamiento humano, como se entrevé ya en la citada página del Libro del Génesis.(Cfr. Gen 2, 9.17)”. a) Si la conciencia es recta ayuda a resolver numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. • Juan Pablo II, DV 43: “Si la conciencia es recta, ayuda entonces a « resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad ». Entonces « mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad ». (Cfr. Gaudium et spes, 16)”. b) El fruto de la recta conciencia es llamar por su nombre al bien y al mal. Las prácticas que degradan la civilización humana. • Juan Pablo II, DV 43: Fruto de la recta conciencia “Fruto de la recta conciencia es, ante todo, el llamar por su nombre al bien y al mal, como hace por ejemplo la misma Constitución pastoral: « Cuanto atenta contra la vida —homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado—; cuanto viola la integridad de la persona, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana »; y después de haber llamado por su nombre a los numerosos pecados, tan frecuentes y difundidos en nuestros días, la misma Constitución añade: « Todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, que degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador ».(Cfr. Gaudium et spes, 27)”. c) la fatiga de la conciencia. A menudo cuesta mucho reconocer el mal en uno mismo: cfr. DV n. 45 - «Se sabe que reconocer el mal en uno mismo a menudo cuesta mucho.»; - La conciencia juzga; es también fuente de remordimiento: sufre interiormente por el mal cometido. “Se sabe que la conciencia no sólo manda o prohibe, sino que juzga a la luz de las órdenes y de las prohibiciones interiores. Es también fuente de remordimiento: el hombre sufre interiormente por el mal cometido. ¿No es este sufrimiento como un eco lejano de aquel « arrepentimiento por haber creado al hombre », que con lenguaje antropomórfico el Libro sagrado atribuye a Dios; de aquella « reprobación » que, inscribiéndose en el « corazón » de la Trinidad, en virtud del amor eterno se realiza en el dolor de la Cruz y en la obediencia de Cristo hasta la muerte? Cuando el Espíritu de la verdad permite a la conciencia humana la participación en aquel dolor, entonces el sufrimiento de la conciencia es particularmente profundo y también salvífico. Pues, por medio de un acto de contrición perfecta, se realiza la auténtica conversión del corazón: es la « metanoia » evangélica. 4 La fatiga del corazón humano y la fatiga de la conciencia, donde se realiza esta « metanoia » o conversión, es el reflejo de aquel proceso mediante el cual la reprobación se transforma en amor salvífico, que sabe sufrir. El dispensador oculto de esa fuerza salvadora es el Espíritu Santo, que es llamado por la Iglesia « luz de las conciencias », el cual penetra y llena « lo más íntimo de los corazones » humanos.(176) Mediante esta conversión en el Espíritu Santo, el hombre se abre al perdón y a la remisión de los pecados.” IV. En el conocimiento de la verdad, la conciencia del hombre tiene dificultades por los determinismos, condicionamientos y presiones que ejercen sobre él diversos mecanismos y estructuras, de los que es liberado por la fuerza y luz del Espíritu Santo 1 . • Juan Pablo II, DV 60: “Cuando, bajo el influjo del Paráclito, los hombres descubren esta dimensión divina de su ser y de su vida, ya sea como personas ya sea como comunidad, son capaces de liberarse de los diversos determinismos derivados principalmente de las bases materialistas del pensamiento, de la praxis y de su respectiva metodología. En nuestra época estos factores han logrado penetrar hasta lo más íntimo del hombre, en el santuario de la conciencia, donde el Espíritu Santo infunde constantemente la luz y la fuerza de la vida nueva según la libertad de los hijos de Dios. La madurez del hombre en esta vida está impedida por los condicionamientos y las presiones que ejercen sobre él las estructuras y los mecanismos dominantes en los diversos sectores de la sociedad. Se puede decir que en muchos casos los factores sociales, en vez de favorecer el desarrollo y la expansión del espíritu humano, terminan por arrancarlo de la verdad genuina de su ser y de su vida, —sobre la que vela el Espíritu Santo— para someterlo así al « Príncipe de este mundo ». El gran Jubileo del año dos mil contiene, por tanto, un mensaje de liberación por obra del Espíritu, que es el único que puede ayudar a las personas y a las comunidades a liberarse de los viejos y nuevos determinismos, guiándolos con la « ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús » (Rom 8, 2), descubriendo y realizando la plena dimensión de la verdadera libertad del hombre. En efecto —como escribe San Pablo— « donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad » (2 Cor 3, 17). Esta revelación de la libertad y, por consiguiente, de la verdadera dignidad del hombre adquiere un significado particular para los cristianos y para la Iglesia en estado de persecución —ya sea en los tiempos antiguos, ya sea en la actualidad—, porque los testigos de la verdad divina son entonces una verificación viva de la acción del Espíritu de la verdad, presente en el corazón y en la conciencia de los fieles, y a menudo sellan con su martirio la glorificación suprema de la dignidad humana. También en las situaciones normales de la sociedad los cristianos, como testigos de la auténtica dignidad del hombre, por su obediencia al Espíritu Santo, contribuyen a la múltiple « renovación de la faz de la tierra », colaborando con sus hermanos a realizar y valorar todo lo que el progreso actual de la civilización, de la cultura, de la ciencia, de la técnica y de los demás sectores del pensamiento y de la actividad humana, tiene de bueno, noble y bello (Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 53-59). Esto lo hacen como discípulos de Cristo, —como escribe el Concilio— « constituido Señor por su resurrección ... obra ya por virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo también con ese deseo aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin » (Ibid., 38). De esta manera, afirman aún más la grandeza del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios; grandeza que es iluminada por el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, el cual, « en la plenitud de los tiempos », por obra del Espíritu Santo, ha entrado en la historia y se ha manifestado como verdadero hombre, primogénito de toda criatura, « del cual proceden todas las cosas y para el cual somos » (1 Corintios 8, 6). www.parroquiasantamonica.com 1 En diversos números del Catecismo se explican los obstáculos o dificultades que tiene el hombre para conocer la verdad en sus diversos aspectos: por ejemplo, n. 37 (los que se refieren al conocimiento de Dios), y los medios para superar esos obstáculos.

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