viernes, 24 de marzo de 2017

Sacramentos para ver: por Monseñor Agrelo

Participando en las celebraciones cuaresmales de la comunidad de fe, catecúmenos y fieles salimos al encuentro de Cristo resucitado, encuentro que se hace real en los sacramentos pascuales: en el bautismo que da el “ser otro Cristo”; en la confirmación que da el “actuar al modo de Cristo”; y en la eucaristía que nos lleva a la plenitud de la inserción en Cristo.
Los sacramentos que celebramos son signo de la presencia de Cristo resucitado en medio de sus discípulos. Cuando hablamos de bautismo, confirmación o eucaristía, en realidad hablamos de Cristo y de nosotros, de lo que él es para nosotros, de lo que nosotros somos para él.
Presta ahora atención a la palabra que se proclama en la asamblea litúrgica de este domingo.
 Mientras el lector recuerda la unción de David como rey, tú recuerdas que, incorporado a Cristo por el bautismo, en Cristo eres sacerdote, profeta y rey.
Mientras con el Salmista elevas tu canto al Señor, que es tu rey y tu pastor, tú recuerdas que, en Cristo, Dios se te ha revelado pastor que da la vida por ti, buen pastor que te guía por el sendero justo, que te da seguridad aunque camines por cañadas oscuras.
Y mientras el diácono proclama el evangelio de la curación del ciego de nacimiento, tú, Iglesia cuerpo de Cristo, hecha discípulo que escucha, reconocerás en Jesús a la Palabra que era la luz verdadera que alumbra a todo hombre, reconocerás en Jesús al que es la luz del mundo; y a ti misma te reconocerás en aquel ciego, y te verás ungida por Cristo con Espíritu Santo, lavada, purificada e iluminada en Siloé, es decir, en el Enviado, en la muerte y resurrección de tu Señor.
Aquel a quien escuchando viste, comulgando lo recibes.
Aquel en quien, escuchando, creíste, comulgando te haces una con él.
Comulgas, y nada te falta con el pastor de tu vida.
Comulgas, y ungida, te sumerges en Siloé, y la vida entera se te ilumina por dentro con la luz de Dios.
Comulgas, y ves; entras en un mundo que sólo tú puedes ver: un mundo nuevo que resplandece con la luz de la vida.

Feliz domingo, Iglesia iluminada por Cristo. 

Domingo Cuaresma Año A 26 de marzo de 2017. Jesús cura a un ciego de nacimiento.



  • 4º Domingo de cuaresma, Año A. (2017). Jesús cura a un ciego de nacimiento. El milagro no essimplemente una curación, sino que también es la historia de una conversión a Cristo, luz del mundo. El cristiano debe caminar en esta vida como hijo de la luz. El Señor dijo concisamente: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Sigamos al Señor; desatemos aquellas ataduras que nos impiden seguirlo. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Si permitimos que Jesús aplique el colirio a nuestros ojos, percibiremos las realidades terrenas y eternas con la luz de la fe, adquirimos una mirada limpia. Cristo transforma la inteligencia y la voluntad. El relato evangélico nos hace comprender cuán preciosa es la vista a los ojos, pero cuánto más preciosa es aún la luz de la fe. Debemos apreciar y sentir la responsabilidad de nuestra fe cada uno en su puesto de vida y de trabajo, en el ámbito de la familia. Necesidad de una catequesis completa y metódica. Conocer la propia fe significa estimarla más.

  • Cfr. 4 Domingo Cuaresma Año A 26 de marzo de 2017

1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13A¸ Efesios 5, 8-14; Juan 9, 1-41. - Cfr. Raniero Cantalamessa, Echad las redes, Ciclo A, Edicep
  • Efesios 5, 8-14 : En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz – toda
bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»
  • Juan 9, 1-41: 1 En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le
preguntaron: -«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» 3 Jesús contestó: -«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. 5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» 6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego 7 y le dijo: -«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. 8 Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -«¿No es ése el que se sentaba a pedir?» 9 Unos decían: -«El mismo.» Otros decían: -«No es él, pero se le parece.» Él respondía: -«Soy yo.» 10 Y le preguntaban: -«¿Y cómo se te han abierto los ojos?» 11 Él contestó: -«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. » 12 Le preguntaron: -«¿Dónde está él?» Contestó: -«No sé.» 13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: -«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» 16 Algunos de los fariseos comentaban: -«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: -«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos.
17 Y volvieron a preguntarle al ciego: -«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: -«Que es un profeta.» 18 Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres 19 y les preguntaron: -«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» 20 Sus padres contestaron: -«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; 21 pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. » 22 Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. 23 Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
24 Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: -«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. » 25 Contestó él: -« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» 26 Le preguntan de nuevo: -¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» 27 Les contestó: -«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? » 28 Ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: -«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» 30 Replicó él: -«Pues eso es lo asombroso: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. 32 Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; 33 si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.» 34 Le replicaron: -«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. 35 Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -«¿Crees tú en el Hijo del hombre?» 36 Él contestó: -«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» 38 Él dijo: Creo, Señor.» Y se postró ante él. 39 Jesús añadió: -«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.» 40 Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: -«¿También nosotros estamos ciegos?» 41 Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

Yo soy la luz del mundo – dice el Señor -;

el que me sigue tendrá la luz de la vida.
(Juan 8,12B, versículo antes del Evangelio de este domingo)
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
(Juan 9, 5; Evangelio de hoy)
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.
caminad como hijos de la luz.
(Efesios 5, 8; segunda Lectura de este domingo)
Todos los hombres están llamados a la unión con Cristo, Luz del mundo,
de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos
(Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium, n. 3)

1. El ciego de nacimiento y la fe en Cristo

  • El ojo físico y el ojo de la fe: creer en Cristo

Cfr. Raniero Cantalamessa, o.c. pp. 103-104
  • El niño nace si no propiamente ciego, al menos incapaz aún de distinguir los contornos de las cosas. Es
sólo después de alguna semana cuando comienza a ver las cosas. ¡Si el niño estuviese en disposición de expresar lo que experimenta cuando comienza a ver claramente el rostro de su madre, las personas, las cosas, los colores, ¡qué «¡oooh!» de admiración o maravilla se escucharía! ¡Qué himno a la luz y a la vista!
El ver es un milagro. Solo que no le hacemos caso porque estamos habituados y lo damos por descontado. He aquí entonces que Dios realiza a veces la misma cosa de un modo repentino, extraordinario, como sacudiéndose de nuestra torpeza, y hacernos atentos”.
  • El ojo de la fe: creer en Cristo.

  • Pero, ¿es sólo por esto por lo que Jesús cura al ciego de nacimiento? Hay otra razón por la que nosotros
hemos nacido ciegos. Hay otro ojo que todavía debe abrirse al mundo, otro distinto al ojo material: ¡el ojo de la fe! Éste permite darse cuenta de otro mundo más allá del que vemos con los ojos del cuerpo: el mundo de Dios, de la vida eterna, el mundo del Evangelio, el mundo que no acaba ni siquiera con el … fin del mundo. La fe es como una ventana, que se abre de par en par ante un horizonte sin fin. (…)
En nuestro caso no se trata de creer genéricamente en Dios sino creer en Cristo. El suceso le sirve al evangelista para mostrarnos cómo se llega a la fe plena y madura en el Hijo de Dios”. (p. 104).
  • La recuperación de la vista por parte del ciego procede al mismo tiempo que su descubrimiento de quién es Jesús.

Cfr. Raniero Cantalamessa, o.c. pp. 104-106
  • Las tres etapas del camino de la fe

  • La recuperación de la vista por parte del ciego procede por igual con su descubrimiento de quién es Jesús.
Reconstruyamos las tres etapas de este camino.
a) Al comienzo, el ciego no sabe nada de Jesús. A la pregunta «¿Y cómo se te han abierto los ojos?», responde : «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro … ». Para él, Jesús es todavía un «hombre» cualquiera, nada más que un hombre.
b) Más tarde, le preguntan también: «Y tú, qué dices del que te ha abierto los ojos?», y é responde: «Que es un profeta». Jesús es un enviado de Dios, que habla y trabaja en nombre de él. Hemos llegado a la base de un simple razonamiento que cualquiera podría hacer: «Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder».
c) En fin, después de que los fariseos lo han arrojado de la sinagoga e insultado por haberse atrevido a defender lo efectuado por Cristo, el ciego se encuentra de nuevo con Jesús y esta vez le grita: «Creo, Señor», y se postra ante él para adorarlo, reconociéndole así manifiestamente como a su Señor y a su Dios”.
  • Nuestra fe: ¿a qué punto estamos en esas tres etapas de la fe?

  • Se llega a ser cristiano cuando se proclama que Jesús es el «Señor» 1.
Creer para los cristianos es creer en Jesucristo. La fe cristiana no es, primariamente, creer en algo sino en alguien.
  • Describiéndonos detalladamente así todo esto, es como si el evangelista Juan nos invitase muy
discretamente a plantearnos la pregunta: «Y yo, ¿en qué punto estoy de este camino? ¿Quién es Jesús de Nazaret para mí? Que Jesús sea un hombre, esto es, que haya existido un hombre llamado Jesús, nadie lo niega. Que haya habido un profeta, un enviado por Dios, que ha abierto a la humanidad nuevos horizontes religiosos, también esto es admitido casi universalmente.
Muchos se detienen aquí. Pero no basta. También un musulmán, siendo coherente con lo que encuentra escrito en el Corán, reconoce que Jesús es un profeta. Pero no por esto se le considera un cristiano. El salto mediante el cual se llega a ser cristianos en sentido propio es cuando se llega proclamar, como el ciego de nacimiento, que Jesús es «Señor» y se le adora como Dios. (…)
La fe cristiana no es primariamente creer algo (que Dios existe, que hay un más allá …) sino creer en alguien. Jesús en el Evangelio no nos da una lista de cosas a creer, no nos dice: «Creed esto y esto», dice más bien: Creéis en Dios: creed también en mí (Juan 14, 1). Creer para los cristianos es creer en Jesucristo. Actuar de forma distinta es como poner el carro delante de los bueyes. La dificultad para creer de muchos intelectuales depende del hecho de que no han encontrado nunca a Jesucristo y posiblemente ni siquiera se han dado prisa por encontrarlo”.

2. La visión física y la visión sobrenatural. Ceguera física y ceguera sobrenatural.

  • Primera Lectura, de la carta a los Efesios: un texto espléndido sobre la luz.

  • Caminad como hijos de la luz

a) el ciego no ve las realidades de la Creación, el mundo ... le falta la visión física.
b) el ciego que tampoco «ve», en un primer momento, al Mesías, que está delante de él, “Jesús le pregunta: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?» Y él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Le dijo Jesús: «¿Si lo has visto: el que está hablando contigo, ese es». Y el ciego exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él”. (vv. 35-38). Lo que dice Jesús en el v. 5 (“Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”), es una declaración sobre el sentido del milagro, v. 37 (“Si lo has visto: el que está hablando contigo, ése es”).
c) Por ello, debemos resaltar que, en el texto de la Carta a los Efesios que se ha leído hoy (Efesios 5, 8-14), hemos escuchado un texto espléndido, sobre la luz: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora en cambio sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz, porque el fruto de la luz se manifiesta en toda bondad, justicia y verdad. Sabiendo discernir los que es agradable al Señor. (...) Despierta, tú que duermes, álzate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.” (vv. 8-10.14).

3. El Señor es colirio para nuestros ojos

  • Cristo es el camino hacia la luz, la verdad y la vida

De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Tratado 34, 8-9
En la Liturgia de las Horas, IV Domingo de Cuaresma, 2ª Lectura
  • El Señor dijo concisamente: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

  • Sigamos al Señor; desatemos aquellas ataduras que nos impiden seguirlo.
Quedaremos iluminados, hermanos, si tenemos el colirio de la fe. Hemos nacido ciegos por causa de Adán, y necesitamos que el Señor nos ilumine.
El Señor dijo concisamente: «Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8,12). (…)
Hagámoslo ahora, sigamos al Señor; desatemos aquellas ataduras que nos impiden seguirlo. Pero ¿quién será capaz de desatar tales cadenas, si no nos ayuda aquel mismo a quien se dijo: «Rompiste mis cadenas?» (Salmo 115, 16). El mismo de quien en otro salmo se afirma: «El Señor liberta a los cautivos, el Señor endereza a los que ya se doblan» (Salmo 145, 7.8).
¿Y en pos de qué corren los liberados y los puestos en pie, sino de la luz de la que han oído: «Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas»? (Juan 8,12). Porque el Señor abre los ojos al ciego. Quedaremos iluminados, hermanos, si tenemos el colirio de la fe. Porque fue necesaria la saliva de Cristo mezclada con tierra para ungir al ciego de nacimiento. También nosotros hemos nacido ciegos por causa de Adán, y necesitamos que el Señor nos ilumine. Mezcló saliva con tierra; por ello está escrito: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Juan 1,14). Mezcló saliva con tierra, pues estaba también anunciado: «La verdad brota de la tierra» (Salmo 84,12); y él mismo había dicho: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14,6). (…)
Si lo amas, síguelo. «Yo lo amo —me dices—, pero ¿por qué camino lo sigo?» Si el Señor, tu Dios, te hubiese dicho: «Yo soy la verdad y la vida», y tú deseases la verdad y anhelaras la vida, sin duda que hubieras preguntado por el camino para alcanzarlas, y te estarías diciendo: «Gran cosa es la verdad, gran cosa es la vida; ojalá mi alma tuviera la posibilidad de llegar hasta ellas.»
  • ¿Quieres saber por dónde has de ir? Oye que el Señor dice primero: Yo soy el camino.

  • No se te dice: «Trabaja por dar con el camino, para que llegues a la verdad y a la vida». El mismo camino viene hacia ti y te despierta del sueño en que estabas dormido. Levántate, pues, y anda.
¿Quieres saber por dónde has de ir? Oye que el Señor dice primero: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde, te dijo por dónde: Yo soy el camino. ¿Y a dónde lleva el camino? A la verdad y a la vida. Primero dijo por dónde tenías que ir, y luego a donde. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Permaneciendo junto al Padre, es la verdad y la vida; al vestirse de carne, se hace camino.
No se te dice: «Trabaja por dar con el camino, para que llegues a la verdad y a la vida»; no se te ordena esto. Perezoso, ¡levántate! El mismo camino viene hacia ti y te despierta del sueño en que estabas dormido, si es que en verdad te despierta; levántate, pues, y anda. (…)
Esta vida debe ser un tiempo que prepara para la eternidad, en el que haya jerarquía en nuestros valores, problemas y ambiciones.

4. Acerca de la necesidad de la presencia de Cristo en nuestras vidas

  • Lo que debe preocupar a nuestra conciencia: que tantos vivan sin el consuelo de la amistad con Jesucristo.

Cfr. Francisco, Exhortación Apostólica «Evangelii gaudium», 24 de noviembre de 2013.
  • n. 49: «Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos
nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida».
  • No conformarnos con poco: cada ser humano necesita más y más a Cristo.
  • n. 160: «Cada ser humano necesita más y más de Cristo, y la evangelización no debería consentir que
alguien se conforme con poco, sino que pueda decir plenamente: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2,20)».
  • Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.
Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos.
  • n. 183: Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las
personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien «el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política», la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, (25 diciembre 2005, 28). Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. (…) (Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 12).
  • El encuentro con el prójimo nos hacer reconocer a Dios.
  • n. 272: Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir
algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios.

5. Percibir el verdadero rostro de Jesús.

  • Pedimos al Señor que nos dé la luz que ilumina nuestra vida actual. Pedimos que nos demos cuenta de
que es un tiempo que prepara para la eternidad, que nos ayuda para que haya jerarquía en nuestros valores, problemas, ambiciones, búsquedas ....De modo que las cosas ocupen el lugar que les corresponde.
La presencia del Señor será el colirio para nuestros ojos, es decir, para dilatar los horizontes. El ciego de nacimiento penetra en el misterio de Dios, percibe el verdadero rostro del Señor, como Hijo de Dios, como Mesías, como Cristo, de un modo progresivo: reconoce a Jesús como alguien que hace milagros (v. 16); después lo reconoce como profeta (v. 17); más adelante, como alguien que hace la voluntad de Dios (v. 31); finalmente, percibe a Jesús como quien viene de Dios (v. 33) y llega a la Confesión de Fe: "Creo, Señor. Y se postró ante Él"(v. 37).

6. Si permitimos que Jesús aplique el colirio a nuestros ojos, percibiremos las realidades terrenas y eternas con la luz de la fe, adquirimos una mirada limpia. Cristo transforma la inteligencia y la voluntad.

  • Es Cristo que pasa, n. 71: “Entre los que no conocen a Cristo hay muchos hombres honrados que, por
elemental miramiento, saben comportarse delicadamente: son sinceros, cordiales, educados. Si ellos y nosotros no nos oponemos a que Cristo cure la ceguera que todavía queda en nuestros ojos, si permitimos que el Señor nos aplique ese lodo que, en sus manos, se convierte en el colirio más eficaz, percibiremos las realidades terrenas y vislumbraremos las eternas con una luz nueva, con la luz de la fe: habremos adquirido una mirada limpia. Esta es la vocación del cristiano: la plenitud de esa caridad que «es paciente, bienhechora, no tiene envidia, no actúa temerariamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no es interesada, no se irrita, no piensa mal, a todo se acomoda, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13, 4-7). La caridad de Cristo no es sólo un buen sentimiento en relación al prójimo; no se para en el gusto por la filantropía. La caridad, infundida por Dios en el alma, transforma desde dentro la inteligencia y la voluntad: fundamenta sobrenaturalmente la amistad y la alegría de obrar el bien”.

7. Por qué Jesús realizó el llamativo milagro de la curación del ciego de nacimiento.

Cfr. San Juan Pablo II, domingo 4º de Cuaresma, Ciclo A, Homilía en la parroquia de San Sabas,
Roma (29-III-1981)
  • La curación física del ciego se convierte en un símbolo de la conversión espiritual a Jesús que es luz del mundo. Quien le sigue no anda en tinieblas.

El ciego, una vez curado, no sabe todavía quién es Jesús, pero lo intuye, y contra la incredulidad de los judíos y el temor de sus mismos padres, afirma: “Jamás se oyó decir que nadie abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Cuando después Jesús le dice claramente que es el “Hijo del Hombre”, esto es, el Mesías, el Hijo de Dios, el ciego curado no tiene duda alguna e inmediatamente hace su profesión de fe: “Creo, Señor”.
He aquí, pues el significado inmediato del milagro realizado por Jesús: Él es verdaderamente Dios el cual, como pudo dar enseguida la vida a un ciego, mucho más puede dar la vista al alma, puede abrir los ojos interiores para que conozcan las verdades supremas que se refieren a la naturaleza de Dios y al destino del hombre. Por esto la curación física del ciego, que luego es causa de su fe, se convierte en un símbolo de la conversión espiritual. De este modo, Jesús vuelve a confirmar: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12).
  • El relato evangélico nos hace comprender cuán preciosa es la vista a los ojos, pero cuánto más preciosa es aún la luz de la fe.

  • Debemos apreciar y sentir la responsabilidad de nuestra fe cada uno en su puesto de vida y de trabajo, en el ámbito de la familia. Necesidad de una catequesis completa y metódica. Conocer la propia fe significa estimarla más.
De la meditación de las lecturas de la liturgia de hoy debemos sacar ahora alguna conclusión práctica, que pueda servir en el camino ulterior de vuestra vida personal.
Ante todo, tened siempre un profundo sentido de responsabilidad sobre vuestra fe cristiana. El relato evangélico nos hace comprender cuán preciosa es la vista a los ojos, pero cuánto más preciosa es aún la luz de la fe. Pero sabemos que esta fe exige firmeza y fortaleza, porque está siempre insidiada. Frente a la luz de Cristo, hay siempre una actitud de abierta hostilidad, o de rechazo y de indiferencia, o también de crítica injusta y parcial.
Sentíos responsables de vuestra fe en la sociedad moderna en la que debéis vivir, cada uno en su puesto de vida y de trabajo, cada uno en el ámbito de sus relaciones de familia y de profesión. Y por esto, profundizad cada vez más en ella, con una catequesis sana, completa, metódica. ¡Conocer mejor la propia fe significa estimarla más, vivirla más intensamente, irradiarla con más eficaz testimonio!
  • Caminemos como hijos de la Luz (Segunda Lectura).

Una segunda consecuencia práctica se puede sacar de la Carta de San Pablo.
"En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz” (Efesios 5,8). La exhortación de San Pablo es siempre actual: “Buscad lo que agrada al Señor”. “No toméis parte en las obras estériles de las tinieblas” (Efesios 5,10-11).
¡Sed luz también vosotros en vuestra parroquia, en vuestra ciudad, en vuestra patria! Sed luz con la frecuencia asidua y convencida a la Santa Misa...; sed luz eliminando escrupulosamente las palabras soeces, la blasfemia, la lectura de diarios y revistas pornográficas, la visión de espectáculos negativos; sed luz con el ejemplo continuo de vuestra bondad y de vuestra fidelidad en todo lugar, pero especialmente en el ambiente privilegiado de la familia, recordando que “toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz”.
¡Estemos dispuestos a seguir a Cristo por los caminos que Él nos indica, también mediante la enseñanza de la Iglesia que Él ha instituido!
  • Sacamos fuerza de las fuentes de la gracia: mediante los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.
¡Estemos dispuestos a sacar fuerza de las fuentes de la gracia, que Él nos abre en la Iglesia mediante los sacramentos de la fe: Penitencia y Eucaristía!
Y, finalmente, ¡estemos dispuestos a buscar en Él el apoyo en todas las dificultades de nuestra vida y de nuestra conciencia! ¡No nos separemos nunca de Él! ¡Él es la luz del mundo!

8. El cometido fundamental y único fin de la Iglesia: que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida.

Cfr. San Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, nn. 10 y 13.
  • El cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas y particularmente en la nuestra es orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo.

  • n. 10 (…) El cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas y particularmente en la nuestra es
dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo, ayudar a todos los hombres a tener familiaridad con la profundidad de la Redención, que se realiza en Cristo Jesús. Contemporáneamente, se toca también la más profunda obra del hombre, la esfera --queremos decir-- de los corazones humanos, de las conciencias humanas y de las vicisitudes humanas.
  • n. 13 (…) La Iglesia desea servir a este único fin: que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda
recorrer con cada uno el camino de la vida, con la potencia de la verdad acerca del hombre y del mundo, contenida en el misterio de la Encarnación y de la Redención, con la potencia del amor que irradia de ella.
La Iglesia, en consideración de Cristo y en razón del misterio, que constituye la vida de la Iglesia misma, no puede permanecer insensible a todo lo que sirve al verdadero bien del hombre, como tampoco puede permanecer indiferente a lo que lo amenaza.
En nombre de tal solicitud, como leemos en la Constitución pastoral del Concilio, « la Iglesia que por razón de su ministerio y de su competencia, de ninguna manera se confunde con la comunidad política y no está vinculada a ningún sistema político, es al mismo tiempo el signo y la salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana ».[Conc.Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, 91]
Vida Cristiana

1 “San Pablo habla de un conocimiento «superior», y hasta «sublime», de Cristo, que consiste en conocerlo y proclamarlo «Señor» (cfr. Filipenses 3,8). Es la proclamación que, unida a la fe en la resurrección de Cristo, nos salva (cfr. Romanos 10,9). Y este conocimiento lo hace posible sólo el Espíritu Santo: «Nadie puede decir: "Jesús es Señor", si no está movido por el Espíritu Santo» (1 Corintios 12,3)”. (Raniero Cantalamessa, El Canto del Espíritu (Meditaciones sobre el Veni Creator), PPC 1999,Cap. XXI pp. 384-385).


Peregrinación 05_11/09/2017: "Tras las huellas de San Antonio de Padua y San Juan XXIII"



miércoles, 22 de marzo de 2017

Conversión. A.N. Wilson. "He vuelto a la fe gracias al ejemplo de la gente que conozco. No son famosos ni santos, pero se han portado como amigos y han afrontado la vida y la muerte con la luz de la Resurrección”. (Novelista, biógrafo y articulista de renombre en la prensa británica).



1 Conversión. A.N. Wilson. "He vuelto a la fe gracias al ejemplo de la gente que conozco. No son famosos ni santos, pero se han portado como amigos y han afrontado la vida y la muerte con la luz de la Resurrección”. (Novelista, biógrafo y articulista de renombre en la prensa británica). cfr. El escritor A.N. Wilson cambia de ateo a cristiano Fuente: New Statesman - Fecha: 11 Mayo 2009 - Aceprensa Desde que Richard Dawkins y compañía comenzaron su particular cruzada para salvar al mundo de la creencia en Dios, las filas del ateísmo han sufrido algunas bajas importantes. Primero fue el filósofo inglés Antony Flew que, tras estudiar los recientes hallazgos científicos sobre el origen de la vida, llegó a aceptar la existencia de Dios (cfr. Aceprensa, 16- 04-2009). Ahora le ha seguido Andrew Norman Wilson, un novelista, biógrafo y articulista de renombre en la prensa británica. A diferencia de Flew, que no ha abrazado ninguna religión en particular, la conversión intelectual de A. N. Wilson ha sido una vuelta a casa. Nacido en 1950 y bautizado en la Iglesia de Inglaterra, perdió la fe a finales de los años ochenta. Por entonces escribió un panfleto incendiario titulado Against Religion. El pasado 2 de abril, tras un lento proceso de maduración interior, anunció su regreso a la fe cristiana en un artículo publicado en el New Statesman (2-04-2009). En su etapa de ateo convencido, Wilson escribió una biografía sobre el célebre apologista cristiano C.S. Lewis. El libro aunaba la fascinación con la perplejidad. Wilson no entendía cómo un hombre con tanto talento podía perder el tiempo escribiendo sobre algo tan infantil como el cristianismo. A su juicio, había alguna causa psicológica oculta que había trastornado gravemente el alma de Lewis. Hablando de su abandono de la fe, explica que “el sentido de la presencia de Dios en el mundo y la creencia en la existencia de un Dios misericordioso, chocó brutalmente con la concepción terrible que yo tenía del mundo”. Por aquella época Wilson retomó la amistad con Richard Dawkins –al que conoció en Oxford– y con Christopher Hitchens, dos de los más vehementes ateos del mundo. Con tono bromista, Wilson recuerda su reencuentro con Hitchens, que le sometió a una dura prueba de catecismo ateo: “‘¿Así que ya no crees en Dios?’ ‘No’, contesté orgulloso. ‘¿Ni en la vida eterna ni en un más allá?’ ‘No’, volví a responder dócilmente”. “¡Por fin podía unirme al credo que defendían tantos (¿tantos?) colegas míos del mundo occidental: que los hombres y las mujeres son pura materia (signifique esto lo que signifique), que no hay más que lo que vemos, y que Dios, Jesús y la religión no son más que tonterías. O peor aún: la causa de todos los problemas del mundo, desde Jerusalén hasta Belfast, desde Washington hasta Islamabad”. o Desencantando con el ateísmo Wilson explica que su visión negativa del cristianismo comenzó a gestarse en un ambiente cargado de prejuicios. “Como mucha gente ilustrada de Gran Bretaña y del norte de Europa, crecí en una cultura que era abrumadoramente laicista y antirreligiosa. Las universidades, los presentadores de TV y los medios en general, no sólo eran indiferentes a la religión sino antirreligiosos”. 2 “Para vergüenza mía, reconozco que fue esto lo que me hizo perder la fe en mi juventud. Pensé que ser creyente era algo trasnochado. Con la mentalidad de un niño pequeño, sentía de forma visceral que ser religioso era algo tan poco atractivo como tener granos o pecas”. Impregnado de esta mentalidad, Wilson comenzó a triunfar como escritor y articulista en diversos periódicos británicos (The Spectator, Evening Standard, Daily Mail, Daily Telegraph…). También cosechó premios con diversos ensayos, novelas y biografías. Aunque nunca planteó un ataque directo a la religión, algunas de sus obras desprenden cierto tufo antirreligioso. La conversión de Wilson no fue nada abrupta. Se reencontró con la fe, dice, tras un lento proceso de desencanto con el ateísmo. La vida era demasiada rica y profunda, como para dejarlo todo en manos del materialismo. También atribuye su cambio a un crecimiento interior que le ha llevado a dejar a un lado los prejuicios. “Mi regreso a la fe me ha sorprendido a mí más que a nadie. ¿Por qué volví? En parte, por la confianza que he ganado con la edad. En lugar de achicarme ante los detractores de la religión, he caído en la cuenta de que cuando profeso mi fe en Cristo resucitado estoy desafiando a todos esos listillos”. “Pero hay algo más que eso. En buena medida, he vuelto a la fe gracias al ejemplo de la gente que conozco. No son famosos ni santos, pero se han portado como amigos y han afrontado la vida y la muerte con la luz de la Resurrección”. “Lo que vivimos en la Pascua responde a las preguntas sobre la dimensión espiritual de las personas. Este mensaje cambia la vida porque ayuda a comprender que nosotros, como Cristo, somos seres espirituales”. Tras su salida del ateísmo, Wilson reprocha la ceguera de sus antiguos compañeros de viaje: “Cuando pienso en mis amigos ateos, incluido mi padre, me parece que estoy ante personas que no tienen oído para la música, o que nunca han estado enamorados”. “No han descubierto –como creen ellos– el tremendo engaño de la religión (…) El problema es que no se han dado cuenta de algo muy sencillo. Quizá es demasiado obvio para entenderlo; tan obvio como los amantes creen que deben estar juntos, o tan obvio como la decisión final del que se fuga”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Antonio Oriente, el «Nathanson de Italia», fundador de «Ginécólogos Católicos» conoce el otro lado: él también fue doctor abortista. También él, como Nathanson, vivía su cotidianeidad practicando abortos rutinariamente y hoy, sin embargo, es fundador y vicepresidente de laAsociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos. Un cambio radical que él explicó recientemente en un congreso realizado por la asociación.



1 Antonio Oriente, el «Nathanson de Italia», fundador de «Ginécólogos Católicos» conoce el otro lado: él también fue doctor abortista. También él, como Nathanson, vivía su cotidianeidad practicando abortos rutinariamente y hoy, sin embargo, es fundador y vicepresidente de laAsociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos. Un cambio radical que él explicó recientemente en un congreso realizado por la asociación. El fundador de «Ginecólogos Católicos» conoce el otro lado: él también fue doctor abortista Antonio Oriente, fundador y vicepresidente de la Asociación Italia de Ginecólogos y Obstetras Católicos, no lo esconde: «Soy ginecólogo y hasta hace pocos años mataba a los hijos de los demás con mis propias manos», lamenta. Actualizado 15 mayo 2013 – Religión en libertad Sabrina Pietrangeli Palazzi / L´Ottimista Al principio fue Bernard Nathanson. Hablamos del famoso ginecólogo estadounidense que durante su época de trabajo activo coleccionó más de 75.000 abortos, hasta que se dio cuenta de lo que significaba la «humanidad» del feto y realizó un auténtico camino de conversión que le llevó a escribir «La mano de Dios». Desde ese momento, su trabajo se convirtió en una lucha por completo a favor de la vida incipiente. Pero «la mano de Dios» continúa trabajando en todos los continentes, y también Italia tiene su propio Nathanson: es el doctor Antonio Oriente. También él, como Nathanson, vivía su cotidianeidad practicando abortos rutinariamente y hoy, sin embargo, es fundador y vicepresidente de laAsociación Italiana de Ginecólogos y Obstetras Católicos. Un cambio radical que él explicó recientemente en un congreso realizado por la asociación. Silencio absoluto «Me llamo Antonio Oriente, soy ginecólogo y, hasta hace pocos años, yo, con estas manos, mataba a los hijos de los demás». Hielo. Silencio absoluto. La frase pronunciada es seca, sin reflejo de duda, lúcida. La verdad sin falsas beaterías, con la crudeza lógica y la simplicidad de quien ha comprendido y ya ha pagado las consecuencias. La de quien ha tenido el tiempo de pedir perdón. 2 Llaman la atención dos cosas de esta frase y son dos enormes verdades: la palabra «mataba», que desvela el engaño del término interrupción voluntaria, y la palabra «hijos». No embriones, no agrupaciones de células, sino hijos. Simplemente. Y el doctor Oriente consideraba que su práctica cotidiana de abortos era una forma de asistencia a las personas que tenían un «problema». «Venían a mi estudio –cuenta-, y me decían: “Doctor, he tenido una aventura con una mujer, yo no quería dejar a mi familia, amo a mi esposa. Pero ahora esta mujer está embarazada, ayúdeme...”. Y yo le ayudaba. O a lo mejor llegaba una chica y decía: “Doctor, era la primera vez que me acostaba con alguien, no es el chico con el que me quiero casar, ha sido simplemente algo ocasional. Mi padre me matará si se entera... ¡Ayúdeme!”. Y yo la ayudaba. No pensaba que me estaba equivocando». Años de calvario Pero la vida continuaba haciéndole pensar: él, como ginecólogo que era, también traía niños a la vida. Su mujer, como pediatra, atendía a los niños de los demás. Pero no conseguían tener hijos propios. Una esterilidad insidiosa y sin motivo era la respuesta a su vida cotidiana. «Mi mujer ha sido siempre una mujer de Dios. Sólo gracias a ella y a su oración cambió algo. Para ella no tener hijos era un sufrimiento inmenso, enorme. Todas las noches que volvía a casa la encontraba triste y deprimida. No podía más. Después de años de calvario, una noche cualquiera no tenía el valor de volver a casa. Desesperado, apoyé la cabeza en mi escritorio y comenzé a llorar como un niño». Y precisamente allí, en ese momento, la mano de Dios se hizo presente a través de una pareja que el doctor Oriente atendía desde hacía tiempo. Vieron la luz encendida tarde en su estudio, temieron que hubiera pasado algo y subieron. Encontraron al doctor en este estado que el define como «de tener compasión» y, por primera vez, abre su corazón a dos personas que eran solamente pacientes, practicamente desconocidos. Le dijeron: «Doctor, nosotros no tenemos una solución a su problema. Sin embargo, le podemos presentar a una persona que sí puede darle un sentido: Jesucristo». Y lo invitaron a un encuentro de oración que él esquivó hábilmente. Pasó el tiempo y una noche, siempre inseguro sobre si volver a casa o no, decidió hacerlo a pie y, al pasar junto a un edificio, se sintió atraído por una música. Entró y 3 se encontró en una sala donde algunas personas (casualmente el grupo de oración de la pareja que lo había invitado) estaban cantando. En un momento se encontró de rodillas llorando y recibió una revelación sobre su propia vida: «¿Cómo puedo pedir un hijo al Señor cuando yo mismo mato a los hijos de los demás?». El «no hacer» se convierte en un problema Atrapado por un fervor improvisado, coge un papel y escribe su testamento espiritual:«Nunca más muerte, hasta la muerte». Después llama a su «Amigo» y se lo entrega, advirtiéndolo para que vigile sobre su constancia y su fe. Pasan las semanas y el doctor Oriente comienza a vivir de otra manera. Comienza también a coleccionar problemas, sobre todo entre los colegas en su ambiente de trabajo. En ciertos casos el «no hacer» se convierte también en un problema: profesional, económico, de imagen. Una noche vuelve a casa y se encuentra a su mujer vomitando. Piensa en alguna indigestión, pero continua vomitando en los días siguientes. Entonces, propone a su mujer hacer un test de embarazo, pero ella se niega vehementemente. Eran demasiados los meses en los que ella, silenciosamente, los hacía, y recibía una puñalada al ver que siempre eran negativos... Pero después de un mes con este malestar, él le obliga a hacer un examen de sangre que muestra presencia del BetaHCG: ¡Estaban esperando un hijo! Han pasado los años. Los dos hijos que la familia Oriente ha recibido como un don son hoy adolescentes. La vida de este médico ha cambiado totalmente. Es menos rico, menos famoso, una «mosca» en un ambiente donde el aborto se considera aún como una «forma de ayuda» a quien, debido a una vida poco ordenada o de un engaño, lo solicita. Pero él se considera rico, profundamente rico. De alegría familiar, de sus valores, del amor de Dios, de esa mano que le acaricia cada día haciéndole sentir digno de ser un «Hijo suyo». www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Fabrice Hadjadj, filósofo de primera línea, de familia judía de izquierda radical, él era ateo y nihilista … hasta que leyó la Biblia. Ahora es uno de los mayores intelectuales católicos. Es un converso pero se ha hablado muy poco de este proceso, quizás porque él mantiene que la conversión sólo es el punto de salida, no el de llegada. La lectura de Nietzsche le llevaba al nihilismo aumentando en él una “violencia anti-cristiana” pues la palabra de Dios “me daba urticaria”.



1 Fabrice Hadjadj, filósofo de primera línea, de familia judía de izquierda radical, él era ateo y nihilista … hasta que leyó la Biblia. Ahora es uno de los mayores intelectuales católicos. Es un converso pero se ha hablado muy poco de este proceso, quizás porque él mantiene que la conversión sólo es el punto de salida, no el de llegada. La lectura de Nietzsche le llevaba al nihilismo aumentando en él una “violencia anti-cristiana” pues la palabra de Dios “me daba urticaria”. De familia judía de izquierda radical, él era ateo y nihilista... hasta que leyó la Biblia Era comunista y de origen judío. Sólo quería atacar a la Iglesia. Ahora Fabrice Hadjadj es uno de los mayores intelectuales católicos. Actualizado 15 mayo 2013 – Religión en libertad Javier Lozano / ReL Fabrice Hadjadj es uno de los intelectuales católicos más importantes en este momento. Las obras de este pensador y profesor francés se están convirtiendo en referencia en el pensamiento cristiano y hasta Juan Manuel de Prada ha dicho de su libro La fe de los demonios que es “el mejor libro de teología divulgativa que se ha escrito en décadas”. Es un converso pero se ha hablado muy poco de este proceso, quizás porque él mantiene que la conversión sólo es el punto de salida, no el de llegada. Sin embargo, este camino hacía Dios dice mucho de cómo es y muestra una vez más el poder salvífico que hay en la Escritura, un vuelco a la vida en un pestañear de ojos. “La Palabra me daba urticaria” “Mi familia era judía y de extrema izquierda y yo crecí en el espíritu de la revuelta”, cuenta el mismo Hadjadj. Desarrolló en él un ateísmo marcado por el anarquismo. Además, la lectura de Nietzsche le llevaba al nihilismo aumentando en él una “violencia anti-cristiana” pues la palabra de Dios “me daba urticaria”. Pese a las seguridades que este joven francés creía tener, Dios siempre sorprende y le tenía deparada una gran sorpresa. “Un día un amigo mío publicó un libro de aforismos, en el que cada uno de ellos venía precedido por una cita bíblica”, recuerda Fabrice, que gracias a esto vio la oportunidad de ridiculizar a Dios. “Quería leer la Biblia para hacerme reír”, afirma. “Había encontrado un procedimiento mordaz para ridiculizar las Escrituras. El problema es que para burlarse bien de la Biblia, hay que leerla”. La lectura de Isaías y Job Con su intención de burlarse de la Iglesia y de Dios, continua, “comencé con la lectura de Isaías y de Job. ¡El shock! ¡Qué soplo más increíble! Más tarde releí los Evangelios. ¡Cuanta sencillez unida a tanta profundidad! La palabra de Jesús no era una palabra como cualquier otra: era la palabra en carne, en hueso y 2 en espíritu”. “Había querido desviar la Escritura, y era ella la que me devolvió al camino”, agregó. La enfermedad de su padre y el juicio a un pronazi Ese fue el primer encuentro que tuvo con Dios y que le fascinó. Algo que ya tenía en su corazón aunque olvidase lo ocurrido. Sin embargo, “unos meses más tarde mi padre enfermó. No sabía que hacer para ayudarle. Corrí a la iglesia de Saint-Séverin, cerca de mi casa en París. Esta era la iglesia en la que me había burlado de los feligreses unos días antes. Entonces oré y fue una revelación. No era una gran luz, era una voz descendiendo del Cielo. Estaba en paz y la paz me mostró que la oración es la esencia de la palabra, el lugar propio del hombre”. Cuenta el mismo Hadjadj que “otro signo de Dios en mi vida fue el juicio a Paul Touvier”, un colaboracionista nazi condenado por crímenes contra la humanidad por ordenar fusilar a siete judíos en 1944. “Asistí porque un amigo mío era abogado en el juicio. Vi a ese tipo en el banquillo de los acusados, un tipo como tú y yo que no podía ver al diablo”. Esa tarde en su casa este joven se preguntaba si “habría sido mejor que este hombre”. “De repente descubrí mi miseria interior” y pensó en Cristo, “como un Inocente, un absoluto Inocente vino para redimirme con toda la humanidad manchada por el mal, para salvarme con todos, víctimas y verdugos”. Cinco años más tarde “fui bautizado en la Abadía de Solesmes”. Supo años más tarde que fue precisamente el lugar en el que el condenado en el juicio al que asistió y que le abrió los ojos se había escondido durante meses. Profesor, padre de familia y defensor de la vida Su vida cambió por completo tras descubrir la fe. No quería tener hijos y ahora tiene seis. Desde su columna en Le Figaro y desde otros medios ha sido uno de los intelectuales que con más vehemencia ha argumentado contra el matrimonio y adopción por parte de homosexuales aprobada en Francia recientemente. Actualmente es además de un importante escritor,profesor de Filosofía en institutos, universidades y en el Seminario de Toulon. Pese a la historia de conversión que hizo Dios con él, a Fabrice no le gusta hablar demasiado de ella. “No me gusta ser anecdótico y retrospectivo. La conversión es un punto de partida, no de llegada. Es como un nacimiento. Pero no se puede preguntar a los conversos únicamente por aquello que sucedió en el momento del parto. Me he preguntado a menudo sobre mi bautismo, que fue algo extraordinario. Pero me preguntan menos por mi matrimonio que, sin embargo, es el cumplimiento de mi bautismo. Podría escribir miles de páginas sobre mi conversión. Pero si dijese aquello que hizo que me hiciera cristiano sería prisionero de algo que pertenece al 3 pasado. Debo siempre poder decir que si soy cristiano es también gracias a ella, que está a mi lado. Lo que fundamenta la fe es sobre todo el asombro ante aquello que me rodea”. El demonio, muy presente en el mundo de hoy Uno de sus libros más importantes trata precisamente sobre el demonio, el príncipe de este mundo. Así, advierte de que “hay que entender que el ateísmo y el liberalismo no son los peores dolores de cabeza, ya que el diablo no es ateo Entonces, para evitar las trampas de un demonio, que sabiendo exactamente la verdad, sabe llevarnos a errores dándoles un aspecto atractivo: utiliza nuestra energía para luchar contra un error haciéndonos caer en el error opuesto”. Del mismo modo, dijo que los cristianos deben tener cuidado con la “fe desencarnada, en la que uno se dedica a ‘organizaciones benéficas imaginarias’ y nos olvidamos de amar a nuestro prójimo en nuestra casa o en nuestra propia cama”. Su vida y su experiencia le han acreditado como uno de los pensadores de la Iglesia más acreditados para el diálogo fe-razón y con el mundo no creyente. “Hoy en día está de moda decir ‘soy ateo’, ‘soy homosexual’, etc…Nadie dice ‘soy un hombre’. Lo importante para el creyente es comprender que ante él tiene siempre a un hombre. Uno que está como yo expuesto al pecado y a la muerte y que tal vez es un poco menos consciente del Misterio”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

La conversión. Janne Haaland, casada con 4 hijos, es la primera católica en un gobierno noruego (Ministra de Asuntos Exteriores). Es doctora en Filosofía y profesora de Política Internacional en la Universidad de Oslo. Se hizo católica (Pascua de 1982) en un país luterano donde la Iglesia Católica estaba peor que mal vista. Ahora es la defensora de un “nuevo feminismo” desde la órbita católica, con todos los problemas que tiene enfrentarse al establishment y al feminismo radical. Sobre la dificultad de ser católica en el mundo de la política: “En el debate político, cuando tengo un compromiso, no tengo por qué introducir todos los elementos con argumentos claramente reconocidos cristianos. Tengo que utilizar la lógica de la ley natural, y lo que tiene que primar es el bien natural. Es lo que aplico siempre, basándome en esos principios, que, al final, son cristianos”.



1 [Chiesa/Testi/Conversión/JanneHaalandPrimeraCatólicaGobiernoNoruego] La conversión. Janne Haaland, casada con 4 hijos, es la primera católica en un gobierno noruego (Ministra de Asuntos Exteriores). Es doctora en Filosofía y profesora de Política Internacional en la Universidad de Oslo. Se hizo católica (Pascua de 1982) en un país luterano donde la Iglesia Católica estaba peor que mal vista. Ahora es la defensora de un “nuevo feminismo” desde la órbita católica, con todos los problemas que tiene enfrentarse al establishment y al feminismo radical. Sobre la dificultad de ser católica en el mundo de la política: “En el debate político, cuando tengo un compromiso, no tengo por qué introducir todos los elementos con argumentos claramente reconocidos cristianos. Tengo que utilizar la lógica de la ley natural, y lo que tiene que primar es el bien natural. Es lo que aplico siempre, basándome en esos principios, que, al final, son cristianos”. Janne Haaland, una mujer contracorriente: la conversa que hizo historia en Noruega Actualizado 4 mayo 2013 Fuente: religión en libertad - Javier Lozano / ReL Fue la primera católica en un gobierno noruego. Intelectual notable, ahora colabora con el Vaticano y lucha contra el feminismo. “Mi conversión fue un proceso intelectual para alcanzar cuál es la verdad objetiva. Para mi, encontrar a Cristo fue una verdadera sorpresa, igual que verme convertida en católica”. Este es el resumen de la vida de Jane Haaland Matlary, una mujer todoterreno que ha ido siempre contracorriente y que encontró la fe gracias a Santo Tomás de Aquino. Haaland es noruega y se hizo católica en un país luterano donde la Iglesia Católica estaba peor que mal vista. Ahora es la defensora de un “nuevo feminismo” desde la órbita católica, con todos los problemas que tiene enfrentarse al establishment y al feminismo radical. Nada le importaba. Ella ya había encontrado la verdad y la iba a defender hasta el final. Siempre ha ido rompiendo moldes. Es por ello que es uno de los grandes activos de la Iglesia. Una intelectual fuerte y valiente. Es doctora en Filosofía y profesora de Política Internacional en la Universidad de Oslo. Fue además la primera católica en un puesto de responsabilidad en un Gobierno noruego al ser ministra de Asuntos Exteriores. Luego dejó el partido por ser incompatible con su fe. Está casada, tiene cuatro hijos y es miembro del Consejo Pontificio de Justicia y Paz y formó parte de la delegación del Vaticano en la Conferencia Mundial de la 2 ONU sobre la mujer en Pekín. La intercesión de Santo Tomás de Aquino Su conversión es un encuentro con Cristo en lo más profundo. Tuvo que romper sus esquemas y aceptar de dónde venía la verdad. Janne nació en una familia luterana aunque pronto dejó de creer y rechazaba toda religión, especialmente la cristiana por considerarla “retrógrada”. Sin embargo, cuando estudiaba filosofía la cosa empezó a cambiar. Estaba tratando a Santo Tomás de Aquino y para comprenderle mejor pidió ayuda a un dominico de Oslo. Cada semana durante año y medio Janne se reunió con el fraile de la Orden de Predicadores para hablar de este santo erudito. Aquí, su coraza empezó a caer y empezó a sentirse atraída por el catolicismo. “Estaba sentada con el dominico, en los jardines del claustro, una tarde de agosto de 1981. Le dije que la persona de Cristo había aparecido en la escena de forma misteriosa. Nunca había rezado y a duras penas vivía fuera de los libros. Pero, de pronto, me había sucedido este hecho inquietante, intuí que el catolicismo no era un precioso sistema filosófico, sino una persona que exigía derecho a estar hoy tan vivo como hace dos mil años…De repente, empecé a interesarme por Cristo y por su vida. ¿Podría ser verdad todo lo que los cristianos creían? Ahora Cristo era como una llama que me iluminaba de vez en cuando”. El miedo a la conversión al catolicismo La mecha estaba ya prendida. Empezó a ir a misa y a leer a los místicos y distintas conversiones. “La cuestión de la conversión volvía a mi continuamente, pero pensar en las reacciones negativas de una conversión me echaron para atrás. Pensaba en mis padres, en mis compañeros de estudio, en mis amigos y en el sentimiento general anticatólico de Noruega. Los católicos eran vistos como extraños y papistas antinoruegos”. A pesar de ello, la Eucaristía le atraía más y más. “Captaba que el verdadero amor y el verdadero sentido de la vida estaban allí escondidos, frente al tabernáculo, donde la hostia consagrada se guarda en la Iglesia”. “El amor me llevó a convertirme” Finalmente, en la Pascua de 1982 decidió convertirse al catolicismo. “Fue el amor, el estar enamorada, lo que en definitiva me llevó a convertirme, no una decisión racional. Había ido de la razón a la fe o, por lo menos, a cierta fe. Ésta no era muy sólida, pero yo amaba a la Iglesia. No sé de dónde provenía ese amor. Pero sabía que si borraba a la Iglesia de mi vida, sería una desgraciada”, cuenta Janne Haaland 3 en su libro sobre su conversión, El amor escondido. Pero tras su conversión, Janne se acomodó en su fe y “viví durante muchos años en lo que yo llamo estado de cristiano dominguero. Iba a misa cada domingo y vivía el resto de la semana como si ese domingo no tuviese nada que ver con mi vida cotidiana”. Su segundo encuentro con Cristo Sin embargo, Cristo la volvía a esperar como ya lo hizo en un claustro de Oslo sólo que ahora era en una abadía benedictina en Hungría. Visitaron este lugar pues ahí estudió su marido. En aquel lugar, la noruega conoció a un monje que daría un vuelco a su vida para siempre. “Hablé con él. Jamás pensé que la confesión funcionaría y hubiese querido evitarla…De pronto, sucedió la cosa más asombrosa e inesperada. Me recorrió una oleada de inmensa alegría que no se parecía a nada que me hubiese ocurrido antes. No puedo explicarlo con palabras, pero fue un giro absoluto a i vida como católica. Dios, que hasta ese momento me resultaba una entidad bastante lejana, se convirtió en un Dios personal allí y en ese momento”, recuerda. Esta experiencia transformó su vida. “Ahora estaba suspirando por Cristo, mi amigo. Ya no era una posibilidad teológica, sino una realidad íntima y personal”, dijo. Por ello, Dios empezó a inundar todas las facetas de su vida: la vida docente, familiar y política. Por ello, es un baluarte en la defensa de la ve y la ley natural. Por un “nuevo feminismo” Esta valentía le ha permitido poder enfrentarse al poder establecido y defender en todos los ámbitos la doctrina de la Iglesia. Ella es defensora de un “nuevo feminismo”, postulados muy alejados a los que están de moda en estos momentos. “Consiste en que tiene que ser algo natural el hecho de tener niños y utilizar al máximo la inteligencia en el desarrollo de la propia educación. En el feminismo que tiene su raíz en los años 70 hay una pregunta que es injusta: ¿quieres tener hijos o desarrollar tu carrera profesional? Defiende que hombre y mujer son iguales. Mi punto de partida es contrario: no somos iguales. Las sociedades deben entenderlo, y apoyar precisamente a la mujer para que pueda desarrollarse activamente”, contaba Janne al semanario Alfa y Omega. Del mismo modo habla sobre la dificultad de ser católica en el mundo de la política. “En el debate político, cuando tengo un compromiso, no tengo por qué introducir todos los elementos con argumentos claramente reconocidos cristianos. Tengo que 4 utilizar la lógica de la ley natural, y lo que tiene que primar es el bien natural. Es lo que aplico siempre, basándome en esos principios, que, al final, son cristianos”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Sobre la conversión. G.K Chesterton. Un libro al alcance de cualquier católico con ciertos conocimientos de Historia y un mínimo de confianza en la razón; esto es, con capacidad para superar el tan asombrosamente extendido miedo a aplicar el sentido común.



1 Sobre la conversión. G.K Chesterton. Un libro al alcance de cualquier católico con ciertos conocimientos de Historia y un mínimo de confianza en la razón; esto es, con capacidad para superar el tan asombrosamente extendido miedo a aplicar el sentido común. G.K. Chesterton: Por qué soy católico R.B. Alfa y Omega, n. 659 – 16-X-2009 Por qué soy católico (El buey mudo - Editorial Ciudadela) recoge los principales escritos religiosos de G.K. Chesterton después de su conversión, en 1922, en poco más de 700 páginas llenas de sentido del humor y perspicacia intelectual Recién convertido al catolicismo, Chesterton escribía: «Cuando me preguntan: ¿Por qué la Iglesia católica?, la respuesta capital, aunque resulte un poco elíptica, es para liberarme de mis pecados, ya que no existe ninguna otra religión que realmente pueda librar a la persona de sus pecados». En otro momento, zanja así la cuestión: «La dificultad de explicar por qué soy católico radica en el hecho de que existen diez mil razones para ello, aunque todas acaban resumiéndose en una sola: que la religión católica es verdadera». Chesterton se maravilla sinceramente, con la emoción del converso, ante el descubrimiento de que en la Iglesia «anida una verdad firme y objetiva, una verdad que no depende de la personal creencia para existir». Y lo que transmite y contagia en sus ensayos es esa sorpresa, que una y otra vez se ve actualizada y confirmada. No recurre a complicadas elucubraciones teológicas. No es eso lo que convierte a Chesterton en uno de los mayores apologetas católicos de todos los tiempos, sino precisamente su brillante simplicidad: llega a conclusiones, en principio, al alcance de cualquier católico con ciertos conocimientos de Historia y un mínimo de confianza en la razón; esto es, con capacidad para superar el tan asombrosamente extendido miedo a aplicar el sentido común. o La juventud de la Iglesia En las páginas de Por qué soy católico, abundan los ejemplos sobre este tipo de descubrimientos. En el primero de los ensayos del Chesterton ya convertido, Adonde todos los caminos conducen (1922), el escritor alude a la permanente juventud de la Iglesia, que no sólo ha sobrevivido dos mil años, sino que se muestra siempre capaz de renacer con grandes muestras de vigor. Chesterton explica que «no es cierto que la ortodoxia haya ido envejeciendo lentamente a lo largo de la Historia. Es más bien la herejía la que se ha vuelto vieja de repente», la que siempre se vuelve vieja prematuramente. «La Reforma envejeció con sorprendente rapidez, mientras que la Contrarreforma, en cambio, rejuvenecía. En Inglaterra sorprende comprobar lo rápido que el puritanismo se transformó en paganismo, y quizás, en última instancia, en fariseísmo. También sorprende constatar cuán fácilmente los 2 puritanos se convirtieron en whigs [miembros del Partido Liberal]. A finales del siglo XVII, la política en Inglaterra había perdido todo su vigor y se había reducido a un acartonado cinismo, tan viejo y enjuto casi como los ceremoniales chinos. El ardor y aun la impaciencia juvenil había que buscarlos en la Contrarreforma». Está escrito que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Gracias a una fuerza sobrehumana, siempre que parece al borde de la muerte, el catolicismo «se las ha ingeniado para volver como novedad. Como si se tratara de una parábola en la que, expulsado del hogar, un anciano se ve obligado a vagar en la tormenta, como Lear, pero al cabo regresa, transformado en un joven que encabeza una revuelta, como Laertes». Una cosa sí está dispuesto a conceder Chesterton a los críticos de la Iglesia: a veces es un poco conservadora. Pero esto es comprensible. «Las ideas de hoy la dejan literalmente atrás, es decir, que desaparecen en el horizonte por sí solas antes de que la Iglesia haya acabado de refutarlas. Es lenta y tardía..., porque pone más empeño en estudiar las herejías que los mismos heresiarcas». R.B. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Conversión. La experiencia de San Pablo puede ser el modelo de toda auténtica conversión cristiana. Convertirse significa, también para cada uno de nosotros, creer que Jesús “se ha entregado a sí mismo por mí”, muriendo en la cruz y, resucitado, vive conmigo y en mí. (Benedicto XVI).



Conversión. La experiencia de San Pablo puede ser el modelo de toda auténtica conversión cristiana. Convertirse significa, también para cada uno de nosotros, creer que Jesús “se ha entregado a sí mismo por mí”, muriendo en la cruz y, resucitado, vive conmigo y en mí. (Benedicto XVI). Benedicto XVI, Palabras durante el Angelus del 25 enero 2009, Domingo 3º Tiempo Ordinario y Fiesta de la Conversión de San Pablo: “Pablo, modelo de toda auténtica conversión cristiana” Queridos hermanos y hermanas, En el Evangelio de este domingo resuenan las palabras de la primera predicación del Jesús en Galilea: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dio: convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Y precisamente hoy, 25 de enero, se hace memoria de la “Conversión de san Pablo”. Una feliz coincidencia - especialmente en este Año Paulino – gracias a la cual podemos comprender el verdadero significado de la conversión evangélica – metànoia – mirando la experiencia del Apóstol. A decir verdad, en el caso de Pablo, algunos prefieren no utilizar el término conversión, porque -dicen- él ya era creyente, es más hebreo ferviente y por ello no pasó de la no-fe a la fe, de los ídolos a Dios, ni tuvo que abandonar la fe hebrea para adherirse a Cristo. En realidad, la experiencia del Apóstol puede ser el modelo de toda auténtica conversión cristiana. La de Pablo maduró en el encuentro con el Cristo resucitado; fue este encuentro el que le cambió radicalmente la existencia. En el camino de Damasco sucedió para él lo que Jesús pude en el Evangelio de hoy: Saulo se convirtió porque, gracias a la luz divina, “creyó en el Evangelio”. En esto consiste su conversión y la nuestra: en creer en Jesús muerto y resucitado y en abrirse a la iluminación de su gracia divina. En aquel momento, Saulo comprendió que su salvación no dependía de las obras buenas realizadas según la ley, sino del hecho que Jesús había muerto también por él -el perseguidor- y que estaba, y está, resucitado. Esta verdad, que gracias al Bautismo ilumina la existencia de cada cristiano, alumbra completamente nuestro modo de vivir. Convertirse significa, también para cada uno de nosotros, creer que Jesús “se ha entregado a sí mismo por mí”, muriendo en la cruz (cfr Gal 2,20) y, resucitado, vive conmigo y en mí. Confiándome al poder de su perdón, dejándome tomar la mano por Él, puedo salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y te toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor. Queridos amigos, la invitación a la conversión, valorada por el testimonio de san Pablo, resuena hoy, en la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, particularmente también en el plano ecuménico. El Apóstol nos indica la actitud espiritual adecuada para poder progresar en el camino de la comunión. “Ciertamente no he llegado a la meta -escribe a los Filipenses -, no he llegado a la perfección; pero me esfuerzo en correr para alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús” (Fil 3,12). Ciertamente, nosotros los cristianos no hemos conseguido llegar aún a la meta de la unidad plena, pero si nos dejamos continuamente convertir por el Señor Jesús, llegaremos seguramente. La Beata Virgen María, Madre de la Iglesia una y santa, nos obtenga el don de una conversión verdadera, para que cuanto antes se realice el anhelo de Cristo: “Ut unum sint”. Le confiamos a ella el encuentro de oración que presidiré esta tarde en la Basílica de San Pablo Extramuros, y en la que participarán, como cada año, los representantes de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales presentes en Roma. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

La etapas de la conversión de san Agustín. Homilía de Benedicto XVI



1 [Chiesa/Testi/Conversione/AgustínEtapasConversiónPavíaBXVI] La etapas de la conversión de san Agustín. Homilía de Benedicto XVI Cfr. Homilía de Benedicto XVI, domingo 22 de abril de 2007 Pavía, domingo 22 de abril de 2007 (...) En el tiempo pascual la Iglesia nos presenta, domingo tras domingo, algún pasaje de la predicación con que los Apóstoles, en particular san Pedro, después de la Pascua invitaban a Israel a la fe en Jesucristo, el Resucitado, fundando así la Iglesia. En la lectura de hoy, los Apóstoles están ante el Sanedrín, ante la institución que, habiendo declarado a Jesús reo de muerte, no podía tolerar que ese Jesús, mediante la predicación de los Apóstoles, comenzara ahora a actuar nuevamente; no podía tolerar que su fuerza sanadora se manifestara de nuevo y, en torno a este nombre, se reunieran personas que creían en él como el Redentor prometido. La acusación que se imputa a los Apóstoles es: "Queréis hacer que caiga sobre nosotros la sangre de ese hombre". San Pedro responde a esa acusación con una breve catequesis sobre la esencia de la fe cristiana: "No, no queremos hacer que su sangre caiga sobre vosotros. El efecto de la muerte y resurrección de Jesús es totalmente diverso. Dios lo hizo "jefe y salvador" de todos, también de vosotros, de su pueblo Israel". ¿Y a dónde conduce este "jefe"?, ¿qué trae este "salvador"? Él, dice san Pedro, conduce a la conversión, crea el espacio y la posibilidad de recapacitar, de arrepentirse, de recomenzar. Y da el perdón de los pecados, nos introduce en una correcta relación con Dios y, de este modo, en una correcta relación de cada uno consigo mismo y con los demás. Esta breve catequesis de Pedro no valía sólo para el Sanedrín. Nos habla a todos, puesto que Jesús, el Resucitado, vive también hoy. Y para todas las generaciones, para todos los hombres, es el "jefe" que precede en el camino, el que muestra el camino, y el "salvador" que justifica nuestra vida. Las dos palabras "conversión" y "perdón de los pecados", correspondientes a los dos títulos de Cristo "jefe" y "salvador", son las palabras clave de la catequesis de san Pedro, palabras que en esta hora quieren llegar también a nuestro corazón. Y ¿qué quieren decir? Aunque cada conversión tiene su forma propia, se puede hablar de algunos modelos de conversión: Pedro, Pablo, San Agustín El camino que debemos seguir, el camino que Jesús nos indica, se llama "conversión". Pero ¿qué es? ¿Qué es necesario hacer? En toda vida la conversión tiene su forma propia, porque todo hombre es algo nuevo y nadie es una copia de otro. Pero a lo largo de la historia del cristianismo el Señor nos ha mandado modelos de conversión que, si los contemplamos, nos pueden orientar. Por eso podríamos contemplar al mismo san Pedro, a quien el Señor en el Cenáculo le dijo: "Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos" (Lc 22, 32). Podríamos contemplar a san Pablo como a un gran convertido. La ciudad de Pavía habla de uno de los más grandes convertidos de la historia de la Iglesia: san Aurelio Agustín. Murió el 28 de agosto del año 430 en la ciudad portuaria de Hipona, en África, entonces rodeada y asediada por los vándalos. Tras gran confusión de una historia agitada, el rey de los longobardos consiguió sus restos mortales para la ciudad de Pavía, de forma que ahora él pertenece de modo particular a esta ciudad, y en ella y desde ella nos habla a todos, a la humanidad entera, pero de manera especial a todos nosotros. o La conversión de san Agustín: no fue un acontecimiento de un momento determinado sino un camino, que no terminó en la pila bautismal, sino que duró hasta su última enfermedad. En su libro Las Confesiones, san Agustín ilustró de modo conmovedor el camino de su conversión, que alcanzó su meta con el bautismo que le administró el obispo san Ambrosio en la catedral de Milán. Quien lee Las Confesiones puede compartir el camino que Agustín, en una larga lucha interior, debió recorrer para recibir finalmente, en la noche de Pascua del año 387, en la pila bautismal, el sacramento que marcó el gran cambio de su vida. Siguiendo atentamente el desarrollo de la vida de san Agustín se puede ver que su conversión no fue un acontecimiento sucedido en un momento determinado, sino un camino. Y se puede ver que este camino no había terminado en la pila bautismal. Como antes del bautismo, también después de él la vida de Agustín siguió siendo, aunque de modo diverso, un camino de conversión, hasta en su última 2 enfermedad, cuando hizo colgar en la pared los salmos penitenciales para tenerlos siempre delante de los ojos; cuando no quiso recibir la Eucaristía, para recorrer una vez más la senda de la penitencia y recibir la salvación de las manos de Cristo como don de la misericordia de Dios. Así, podemos hablar con razón de las "conversiones" de Agustín que, de hecho, fueron una única gran conversión, primero buscando el rostro de Cristo y después caminando con él. o Tres grandes etapas Quisiera hablar brevemente de tres grandes etapas en este camino de conversión, de tres "conversiones". 1. Hacia el “sí” de la fe y del bautismo: fue una persona que estaba en búsqueda, quería encontrar la verdad. La primera conversión fundamental fue el camino interior hacia el cristianismo, hacia el "sí" de la fe y del bautismo. ¿Cuál fue el aspecto esencial de este camino? Agustín, por una parte, era hijo de su tiempo, condicionado profundamente por las costumbres y las pasiones dominantes en él, así como por todos los interrogantes y problemas de un joven. Vivía como todos los demás y, sin embargo, había en él algo diferente: fue siempre una persona que estaba en búsqueda. No se contentó jamás con la vida como se presentaba y como todos la vivían. La cuestión de la verdad lo atormentaba siempre. Quería encontrar la verdad. Quería saber qué es el hombre; de dónde proviene el mundo; de dónde venimos nosotros mismos, a dónde vamos y cómo podemos encontrar la vida verdadera. Quería encontrar la vida correcta, y no simplemente vivir a ciegas, sin sentido y sin meta. La pasión por la verdad es la verdadera palabra clave de su vida. Realmente, lo guiaba la pasión por la verdad. Y hay, además, una peculiaridad. No le bastaba lo que no llevaba el nombre de Cristo. Como él mismo nos dice, el amor a este nombre lo había bebido con la leche materna (cf. Las Confesiones III, 4, 8). Y siempre había creído —unas veces vagamente, otras con más claridad— que Dios existe y se interesa por nosotros (cf. Las Confesiones VI, 5, 8). Pero la gran lucha interior de sus años juveniles fue conocer verdaderamente a este Dios y familiarizarse realmente con Jesucristo y llegar a decirle "sí" con todas sus consecuencias. Nos cuenta que, a través de la filosofía platónica, había aprendido y reconocido que "en el principio estaba el Verbo", el Logos, la razón creadora. Pero la filosofía, que le mostraba que el principio de todo es la razón creadora, no le indicaba ningún camino para alcanzarlo; este Logos permanecía lejano e intangible. Sólo en la fe de la Iglesia encontró después la segunda verdad esencial: el Verbo, el Logos, se hizo carne. Y así nos toca y nosotros lo tocamos. A la humildad de la encarnación de Dios debe corresponder —este es el gran paso— la humildad de nuestra fe, que abandona la soberbia pedante y se inclina, entrando a formar parte de la comunidad del cuerpo de Cristo; que vive con la Iglesia y sólo así entra en comunión concreta, más aún, corpórea, con el Dios vivo. No creo necesario decir cuánto nos atañe todo esto: ser personas que buscan, sin contentarse con lo que todos dicen y hacen. No apartar la mirada del Dios eterno y de Jesucristo. Aprender la humildad de la fe en la Iglesia corpórea de Jesucristo, del Logos encarnado. 2. Había pensado en retirarse en soledad a la vida contemplativa, pero el Señor le llamó a estar a disposición de todos con su predicación, etc. La segunda conversión de Agustín nos la describe al final del segundo libro de Las Confesiones con las palabras: "Aterrado por mis pecados, y por la carga de mi miseria, había tratado en mi corazón y pensado huir a la soledad; pero tú me detuviste, y me animaste diciendo que Cristo murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para Aquel que por ellos murió (2 Co 5, 15)" (Las Confesiones X, 43, 70). ¿Qué había sucedido? Después de su bautismo, Agustín había decidido volver a África, donde había fundado, junto con sus amigos, un pequeño monasterio. Ahora su vida debía dedicarse totalmente a hablar con Dios y a la reflexión y contemplación de la belleza y de la verdad de su Palabra. Así, pasó tres años felices, durante los cuales creía haber llegado a la meta de su vida; en ese período nació una serie de valiosas obras filosófico-teológicas. En 391, cuatro años después de su bautismo, fue a la ciudad portuaria de Hipona para encontrarse con un amigo, a quien quería conquistar para su monasterio. Pero en la liturgia dominical, en la que participó en la catedral, lo reconocieron. El obispo de la ciudad, un hombre proveniente de Grecia, que no hablaba bien el latín y tenía dificultad para predicar, dijo en su homilía que tenía la intención de elegir a un sacerdote para encomendarle también la tarea de predicación. Inmediatamente la gente aferró a Agustín y a la fuerza lo llevó delante, para que fuera consagrado sacerdote al servicio de la ciudad. 3 Inmediatamente después de su consagración forzada, Agustín escribió al obispo Valerio: "Me sentí como uno que no sabe manejar el remo y a quien, sin embargo, le asignan el segundo lugar al timón... De ahí surgieron las lágrimas que algunos hermanos me vieron derramar en la ciudad durante mi ordenación" (Epist. 21, 1 s). El hermoso sueño de vida contemplativa se había esfumado; la vida de Agustín había cambiado fundamentalmente. Ahora ya no podía dedicarse sólo a la meditación en la soledad. Debía vivir con Cristo para todos. Debía traducir sus conocimientos y sus pensamientos sublimes en el pensamiento y en el lenguaje de la gente sencilla de su ciudad. No pudo escribir la gran obra filosófica de toda una vida, con la que había soñado. En su lugar, nos dejó algo más valioso: el Evangelio traducido al lenguaje de la vida diaria y de sus sufrimientos. Así describe lo que desde entonces constituía su vida diaria: "Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, confutar a los opositores..., estimular a los negligentes, frenar a los pendencieros, ayudar a los necesitados, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos, tolerar a los malos y amar a todos" (cf. Serm. 340, 3). "Predicar continuamente, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todos, es una carga enorme, un gran peso, un trabajo inmenso" (Serm. 339, 4). Esta fue la segunda conversión que este hombre, luchando y sufriendo, debió realizar continuamente: estar allí siempre a disposición de todos, no buscando su propia perfección; siempre, junto con Cristo, dar su vida para que los demás pudieran encontrarlo a él, la verdadera vida. 3. El reconocimiento de que él mismo y toda la Iglesia peregrinante necesitaba y necesita continuamente la bondad misericordiosa de un Dios que perdona: el libro Las Retractaciones Hay una tercera etapa decisiva en el camino de conversión de san Agustín. Después de su ordenación sacerdotal, había pedido un período de vacaciones para poder estudiar más a fondo las sagradas Escrituras. Su primer ciclo de homilías, después de esta pausa de reflexión, versó sobre el Sermón de la montaña; en él explicaba el camino de la vida recta, "de la vida perfecta" indicada de modo nuevo por Cristo; la presentaba como una peregrinación al monte santo de la palabra de Dios. En esas homilías se puede percibir aún todo el entusiasmo de la fe recién encontrada y vivida: la firme convicción de que el bautizado, viviendo totalmente según el mensaje de Cristo, puede ser, precisamente, "perfecto", según el Sermón de la montaña. Unos veinte años después, Agustín escribió un libro titulado Las Retractaciones, en el que analiza de modo crítico las obras que había publicado hasta ese momento, realizando correcciones donde, mientras tanto, había aprendido cosas nuevas. Con respecto al ideal de la perfección, en sus homilías sobre el Sermón de la montaña anota: "Mientras tanto, he comprendido que sólo uno es verdaderamente perfecto y que las palabras del Sermón de la montaña sólo se han realizado en uno solo: en Jesucristo mismo. Toda la Iglesia, en cambio, —todos nosotros, incluidos los Apóstoles—, debemos orar cada día: "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden"" (cf. Retract. I, 19, 1-3). San Agustín había aprendido un último grado de humildad, no sólo la humildad de insertar su gran pensamiento en la fe humilde de la Iglesia, no sólo la humildad de traducir sus grandes conocimientos en la sencillez del anuncio, sino también la humildad de reconocer que él mismo y toda la Iglesia peregrinante necesitaba y necesita continuamente la bondad misericordiosa de un Dios que perdona; y nosotros —añadía— nos asemejamos a Cristo, el único Perfecto, en la medida más grande posible cuando somos como él personas misericordiosas. En esta hora demos gracias a Dios por la gran luz que irradia la sabiduría y la humildad de san Agustín, y pidamos al Señor que nos conceda a todos, día a día, la conversión necesaria, y así nos conduzca a la verdadera vida. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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