sábado, 3 de junio de 2017

Matrimonio (2017): Rumanía, el matrimonio es “entre un hombre y una mujer”.



Ø     Matrimonio (2017): Rumanía, el matrimonio es “entre un hombre y una mujer”. La Coalición por

la Familia, una organización rumana sin ánimo de lucro que también defiende causas provida, consiguió más de tres millones de firmas en apoyo de su propuesta de consignar expresamente la diferencia de sexos en la definición legal de matrimonio. Después de varios retrasos, el proyecto fue discutido y aprobado con una gran mayoría en la Cámara baja. Ahora falta que el Senado dé su beneplácito. Si es así, como se espera, en treinta días se convocará un referéndum. En caso de que gane el “sí”, el texto pasará a formar parte de la Constitución.

ACEPRENSA - 24.MAY.2017
  
La iniciativa de la Coalición por la Familia pretende cambiar la redacción del párrafo primero del art. 48 de la Constitución rumana. Donde dice que “la familia se basa en el matrimonio libre y consentido entre los esposos”, se quiere sustituir “los esposos” por “un hombre y una mujer”.
Se espera que el Senado aborde la cuestión en los próximos días. El resultado de la votación se augura muy favorable, tal y como ha ocurrido en la Cámara de los Diputados, donde la pasada semana recibió el respaldo de 232 de los 267 parlamentarios. Si los porcentajes fueran parecidos, se superaría holgadamente el mínimo de dos tercios de apoyos que marca la ley.

La iniciativa pretende cambiar en la Constitución la referencia a “los esposos” por “un hombre y una mujer”
Sin embargo, los promotores de la iniciativa cruzan los dedos, después de que se hayan producido varios retrasos en la tramitación. Su intención era que el referéndum pudiera haberse celebrado en diciembre del año pasado, coincidiendo con las elecciones legislativas. De esta forma, además de ahorrar en costes, la participación habría sido muy alta.
Pues ese es uno de los obstáculos que le quedan por salvar a la iniciativa. Al tratarse de una modificación constitucional, se requiere que voten al menos un 30% de los electores.

o    Una historia complicada

La aprobación por referéndum sería el final de un largo y tortuoso camino. Todo comenzó en abril de 2010, cuando el Parlamento constituyó un comité para estudiar la reforma de la Constitución, pues entendía que era necesario modernizar algunos puntos. Algunos diputados señalaron que uno de ellos podía ser la definición de matrimonio: en su opinión, convendría adecuarla a la del Código Civil, que sí habla de “hombre y mujer”. No obstante, la propuesta fue asumida oficialmente solo tres años más tarde, pese a la oposición del entonces primer ministro y las protestas de algunas organizaciones como Amnistía Internacional.
A finales de 2015, la Coalición por la Familia presentó el texto para la modificación del mencionado artículo. Para que la iniciativa fuera discutida en las Cortes, debía conseguir al menos medio millón de firmas en seis meses. La respuesta ciudadana fue abrumadora, y en abril se presentaron tres millones, lo que supone algo más del 15% de la población del país.

El Tribunal Constitucional validó la legalidad de la propuesta, ya que esta no hace más que ratificar el sentido que se dio al artículo actual cuando fue redactado
Sin embargo, varios diputados plantearon recurso de inconstitucionalidad contra la propuesta, pues, según ellos, representaba una violación de derechos fundamentales. No opinó lo mismo el Tribunal Constitucional, que en julio falló en contra de la impugnación (aunque la sentencia no fue publicada hasta octubre, con retraso según lo que establecía la ley). El fallo señalaba que no existe un derecho universal al matrimonio, y que la jurisprudencia europea siempre había permitido a los Estados soberanos decidir en la cuestión del matrimonio homosexual. Por otra parte, los jueces argumentaron que la iniciativa de la Coalición por la Familia respondía a la intención original de la Constitución, que cuando fue aprobada en 1991 no contemplaba otro tipo de matrimonio que no fuera entre un hombre y una mujer.
Esta sentencia provocó fuertes reacciones entre los líderes políticos del país. La gran mayoría respaldó el fallo, pero el presidente del país mostró su oposición. En noviembre la iniciativa iba a recibir la votación definitiva, pero la cercanía de las elecciones hizo que se pospusiera unos meses. Mientras tanto, el debate se internacionalizó. Desde Estados unidos llegaron dos cartas a los presidentes de las dos cámaras, y a los líderes de los principales partidos: una firmada por congresistas republicanos, en la que se pedía el apoyo a la propuesta, y otra suscrita por congresistas demócratas, con la petición contraria. Finalmente, la comisión encargada de tramitar el proyecto en la Cámara baja dio su beneplácito y lo refirió al pleno, donde obtuvo un amplio apoyo la semana pasada.
Si después gana el “sí” en la votación popular, Rumanía se convertiría en el cuarto país europeo en pronunciarse en referéndum a favor del matrimonio entre un hombre y una mujer, después de Eslovenia, Croacia y Eslovaquia, aunque en este último la participación no alcanzó el mínimo exigido.
VIDA CRISTIANA


Educación diferenciada (2017). El Tribunal Supremo español avala la legitimidad de la escuela diferenciada.



  • Educación diferenciada (2017). El Tribunal Supremo español avala la legitimidad de la escuela diferenciada. La disputa de la Junta de Andalucía con varios colegios de educación diferenciada de la comunidad viene de antiguo, pero la argumentación expuesta en una sentencia recién dictada podría suponer un hito importante a favor de este tipo de colegios. Siempre que el Tribunal Supremo mantenga una línea coherente a partir de ahora, algo que no ha ocurrido anteriormente.

FERNANDO RODRÍGUEZ-BORLADO – Aceprensa - 5.MAY.2017
actualizado el 29-05-2017

Las dos sentencias se refieren a los colegios Altair y Ribamar (Sevilla), de chicos y chicas respectivamente, aunque se pueden extrapolar a los demás centros. Aún no han sido publicadas en la web oficial del Tribunal Supremo, donde hasta ahora solo ha aparecido una nota de prensa. No obstante, el periódico Magisterio permite leer la segunda, en la que la ponente transcribe tal cual todos los fundamentos jurídicos de la primera. Llama la atención la contundencia con que los jueces rebaten los principales argumentos aducidos por la Junta de Andalucía para negar el concierto a varios centros de educación diferenciada; los mismos que ya desestimó el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en una decisión de 2015, contra la cual la Junta había presentado el recurso que ahora el Supremo ha rechazado.

La sentencia explica que la igualdad entre chicos y chicas no queda menoscabada por la existencia de centros diferenciados, como ya señaló la Unesco en 1960
Un año antes, la administración andaluza denegó varios conciertos a colegios de enseñanza diferenciada argumentando que no admitir alumnos de ambos sexos suponía violar el artículo 14 de la Constitución, así como la Ley Orgánica de Educación y la Convención de la Unesco relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (1960).
La sentencia del Supremo contradice las tres afirmaciones, y ordena el reembolso de los conciertos deducidos a los colegios Altair y Ribamar. Los fallos explican que la actual redacción de la LOE –es decir, la LOMCE–, que permite a los centros diferenciados acceder al sistema de conciertos en igualdad de condiciones con los mixtos, es “plenamente conforme” con el principio de igualdad consagrado en el mencionado artículo 14 de la Constitución, pues el modelo mixto “es un medio, no el único, de promover la eliminación de aspectos de desigualdad por razón de sexo”. Así pues, la sentencia no solo desmiente a la Junta en cuanto a la supuesta ilegalidad, respecto de la norma educativa vigente, de subvencionar a colegios diferenciados, sino que da por sentada la constitucionalidad de la LOMCE –hay un recurso pendiente, interpuesto precisamente por la Junta de Andalucía–; y lo que es más importante: al señalar que “no se puede asociar la enseñanza separada con la discriminación por razón de sexo” desbarata la crítica de fondo que suele hacerse a este modelo de educación.
También se hace referencia a la Convención de la Unesco aludida por la Junta de Andalucía. Como explica el fallo, este texto obliga a los Estados firmantes a eliminar los obstáculos que impidan a un sexo participar en igualdad de condiciones en la educación, pero esto no exige “que sean los centros los que deban ofrecer tales condiciones de acceso equivalentes para ambos sexos”. De hecho, el artículo 2 de la Convención, en su apartado A, señala directamente a la educación diferenciada entre las situaciones que “no serán consideradas constitutivas de discriminación”.
Punto y…
Así pues, hay motivos para esperar que este fallo suponga un hito en la consideración legal de los centros diferenciados. Hasta ahora, el TS ha dado algunos bandazos. Como recientemente explicaba Alejandro González-Varas en Aceprensa, hasta 2008 la jurisprudencia había mantenido una posición coherente a favor de que estos colegios pudieran recibir conciertos. Sin embargo, a partir de entonces, y especialmente desde 2012, algunas sentencias empezaron a señalar que este modelo educativo era “legítimo”, “no discriminatorio”, y sin embargo podía ser excluido “conforme a derecho” del sistema de financiación pública; lo que, en la práctica, suponía situar a las familias que lo deseen para sus hijos en inferioridad de condiciones respecto a las demás, pues solo lo podrían elegir si tenían dinero para sufragar un centro privado.
Para evitar que el futuro de estas escuelas dependa de la ley educativa en vigor, sería importante que el TC aclarara si es legal discriminar económicamente a unos colegios por motivos pedagógicos
De ahí la importancia de la reciente sentencia. La frase de que “no se puede asociar la enseñanza separada con la discriminación por motivo de sexo” señala un límite a posibles leyes educativas futuras, y crea jurisprudencia.
No obstante, a pesar de la contundencia de algunos fragmentos sueltos, sería precipitado considerar esta sentencia como una solución definitiva a la incertidumbre legal en que la escuela diferenciada lleva años moviéndose. El hecho de que el fallo sea una contestación a un recurso hace que los jueces se limiten a valorar los motivos concretos aducidos por la Junta. Es cierto que hay en el texto frases “de peso” sobre este modelo educativo; pero podría ocurrir que, como ya ha sucedido anteriormente, un cambio en la normativa nacional al estilo de la redacción original de la LOE –es decir, que obligara a los colegios a admitir alumnado de ambos sexos para obtener subvenciones públicas– provocara que el TS volviera al argumento de que el gobierno tiene derecho a denegar conciertos a la diferenciada a pesar de que esta opción sea legítima.
La futura sentencia del TC respecto de la LOMCE podría añadir luz al tema. Parece claro que el fallo reafirmará la constitucionalidad de la ley aprobada por el PP, pero está por ver cuáles son los argumentos, y si se entra al asunto de fondo. En definitiva, se trata de juzgar dos casos de posible discriminación: una por motivo de sexo, la que experimentarían los chicos o las chicas por la existencia de centros diferenciados subvencionados; y otra por motivos pedagógicos, la que sufren estos colegios –por tanto, las familias– cuando se les impide acceder a la financiación pública. Si los jueces aclararan definitivamente qué límites tiene la Administración para denegar conciertos (es decir, para limitar la oferta educativa al alcance de la ciudadanía), probablemente evitarían que haya que estar litigando cada vez que se aprueba una nueva ley educativa. La hacienda pública y los padres se lo agradecerán.

VIDA CRISTIANA

viernes, 2 de junio de 2017

“Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar”: (Monseñor Agrelo. Arzobispo de Tanger)

En quienes se llenan de él, el Espíritu de Dios  produce un efecto que puede parecer semejante al que causa en los borrachos el “espíritu del vino”: Salen de sí.
Esa plenitud del Espíritu de Dios que a todos alcanza en la comunidad apostólica, es luz que a los discípulos los lleva al conocimiento del misterio de Cristo, y es  fuente de inspiración para que puedan anunciar lo que han conocido.
El Espíritu pone verdad en las palabras, clarividencia en la mirada, alegría y paz en el corazón.
Lamentablemente, para los creyentes, para los ungidos por el Espíritu, siempre ha sido posible reducir la fe a ideología, el misterio a palabras que lo anulan, la salvación a doctrina que se aprende.
El misterio de Pentecostés, misterio del Espíritu dispensado a manos llenas, me devuelve a los días en que se cumplía el misterio de la encarnación, cuando el Espíritu de Dios, como nos recuerdan los relatos de la infancia de Jesús, se movía dejando fuera de sí por la alegría y la fiesta a todos los que llenaba:
“Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, a voz en grito, exclamó: « ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa la que ha creído, porque lo que el Señor le ha dicho se cumplirá”.
“Zacarías se llenó de Espíritu Santo y profetizó”.
La historia de Simeón, hombre justo y piadoso que aguardaba el consuelo de Israel, muestra cómo el Espíritu Santo se le revela, lo mueve, lo inspira para que vea lo que los ojos no pueden ver, y profetice pronunciado palabras que sólo pueden nacer en los carriles del misterio contemplado.
Necesitamos sobre nuestra vida la alegría, la paz, la fiesta, el fuego que trae consigo la efusión del Espíritu.
Ven, Espíritu Santo, enséñanos a decir: “¡Jesús es Señor!”, sólo Jesús es Señor, no hay más Señor que Jesús. Ven y enséñanos a decir: El forastero es Señor, el hambriento es Señor, el sediento es Señor, el desnudo es Señor, el enfermo es Señor, el encarcelado es Señor. Ven y llévanos a Cristo, haz que aprendamos a Cristo, que hagamos nuestros los sentimientos de Cristo: transfórmanos en Cristo, “entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos” con la semejanza de Cristo.
Tú, que santificas y transformas el pan de nuestra eucaristía, transforma en Cristo Jesús el pan de nuestra vida, de modo que, en Cristo, todos formemos un solo cuerpo y un solo espíritu.
“Ven, dulce huésped del alma”.

Solemnidad de Pentecostés (1917). Podemos vivir nuestra vida según «la carne» o según el Espíritu.



  • Solemnidad de Pentecostés (1917). Podemos vivir nuestra vida según «la carne» o según el Espíritu.

El Espíritu de Dios desciende sobre el Señor, que lo da a la Iglesia; el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre. Se trata del fortalecimiento del hombre interior, del que habla San Pablo en la Carta a los Efesios. La «carne» designa el hombre en su condición de debilidad y de mortalidad, lo que hay de perecedera debilidad en la condición humana. San Pablo en la Carta a los Gálatas, habla claramente de los frutos de la carne y los del Espíritu en nuestra existencia. Los frutos de la carne y los del Espíritu. Por la influencia del Espíritu, el hombre «interior» o «espiritual» es capaz de renovarse cada día, aunque el hombre «exterior» vaya «decayendo». La diferencia que existe entre la madurez connatural a las capacidades del alma humana y la madurez propiamente cristiana, que implica el desarrollo de la vida del Espíritu, la madurez de la fe, de la esperanza y de la caridad. San Pablo atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos incluso “sobreabundar en la esperanza”. Abundar en la esperanza significa no desanimarse jamás; significa esperar «contra toda esperanza». También nos hace capaces de ser sembradores de esperanza

A. Podemos vivir nuestra vida según «la carne» o según el Espíritu.

  • Como veremos enseguida, la «carne» designa el hombre en su condición de debilidad y de mortalidad, lo
que hay de perecedera debilidad en la condición humana. La vida según el Espíritu se refiere a la vida movida por la fuerza y el amor de Dios, por la fuerza y el amor de Cristo.
  • A este respecto, son muy importantes las palabras de san Pablo en la Carta a los Romanos (8, 5-
27), acerca de la lucha entre la carne y el Espíritu:

5 Pues los que viven según la carne desean las cosas de la carne; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean las cosas del Espíritu. 6 El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz. 7 Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse. 8 Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. 9 Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. 11 Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. 12 Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. 13 Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. El don de la adopción filial 14 Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. (…) 26 Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. 27 Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

  • El Espíritu Santo nos hace capaces de Dios.

Cfr. San Ireneo, contra las herejías (Libro 3, 17,1-3), 2ª Lectura del Oficio de Lectura
del Domingo de Pentecostés.
  • Nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo.

El Señor prometió que nos enviaría aquel Defensor que nos haría capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto.
Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu.

  • El Espíritu de Dios desciende sobre el Señor, que lo da a la Iglesia; el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre

El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor, Espíritu de prudencia y sabiduría, Espíritu de consejo y de valentía, Espíritu de ciencia y temor del Señor, y el Señor, a su vez, lo dio a la Iglesia, enviando al Defensor sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío divino, para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego; y, ya que tenemos quien nos acusa, tengamos también un Defensor, pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses.
  • Se trata del fortalecimiento del hombre interior, del que habla San Pablo en la Carta a los Efesios 1.

  • El Padre de nuestro Señor Jesucristo ... Os conceda fortaleceros firmemente en el hombre interior mediante su Espíritu (Efesios 3, 16)

  • El Espíritu Santo es la fuerza y la potencia que actúa en los creyentes conduciéndolos a la plenitud de la madurez humana y cristiana en la relación con Dios
  • El Espíritu del Señor, BAC Madrid 1997, cap. III, pp. 49-59: “Cuando en el lenguaje cristiano
se habla de la «vida espiritual» del hombre, no se entiende referirse simplemente a una vida superior, en contraposición a la corporal o biológica, sino, precisamente, a la «Vida en el Espíritu». Todo el hombre es «espiritual», vive en el Espíritu y por el Espíritu de Dios, como su destino último y su plenitud. «La unión del alma y de la carne, recibiendo el Espíritu de Dios, constituye al hombre espiritual», afirma San Ireneo (Contra las herejías, V, 8,2), concepto que se encuentra todavía más explícitamente en la misma obra: «Estos son los hombres que el Apóstol llama espirituales (I Corintios 2, 15; 3, 1 ), siendo espirituales gracias a la participación del Espíritu, no gracias a la privación y eliminación de la carne» (Contra las herejías, V, 6,1).”
  • El Espíritu del Señor, BAC Madrid 1997, cap. III, pp. 49-59Los Padres han buscado
siempre la forma de explicar cómo es posible que Dios y el hombre formen una unidad en el Espíritu. San Basilio sostiene que el Espíritu Santo es la fuerza y la potencia que actúa en los creyentes conduciéndolos a la plenitud de la madurez humana y cristiana en la relación con Dios: «Aquel que no vive ya más según la carne, sino que es conducido por el Espíritu de Dios y es llamado hijo de Dios, hecho conforme a la imagen del Hijo de Dios, es llamado espiritual. Y de la misma manera que en el ojo sano se encuentra la capacidad de ver, así en el alma purificada se encuentra la fuerza operante del Espíritu»” (San Basilio, El Espíritu Santo, XXVI, 61).
  • La «carne» designa el hombre en su condición de debilidad y de mortalidad, lo que hay de perecedera debilidad en la condición humana.

  • La «carne» designa el hombre en su condición de debilidad y de mortalidad, lo que hay de perecedera
debilidad en la condición humana. Cf. Juan 3,6: «lo nacido de la carne, carnes es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es». Se ha escrito que la carne es el nombre de la debilidad humana; y caminar/vivir según la carne es caminar/vivir solamente con los propios recursos, sin aceptar el don gratuito de Dios, su gracia, su Espíritu. Vida “carnal” es una vida apoyada en la propia autosuficiencia. Por el contrario, en la vida en el Espíritu, por la inhabitación del Espíritu en el creyente, se da la instauración del señorío del Espíritu de Cristo, según leemos en el evangelio según Juan (17,1-2, oración sacerdotal de Jesús): “Padre ha llegado ya la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique; ya que le diste potestad sobre toda carne, que él dé vida eterna a todos los que Tú le has dado”.

De la alternativa de vivir con la confianza puesta en Dios o en nosotros, habló ya el profeta Jeremías:
«Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien: habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jr 17, 5-8).
  • San Pablo en la Carta a los Gálatas, habla claramente de los frutos de la carne y los del Espíritu en nuestra existencia.

  • Los frutos de la carne y los del Espíritu

Gálatas 5, 16-24: “Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne, pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgias y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el Reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, espíritu de servicio, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la Ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos» (Ga 5, 16-24)”.
  • Por la influencia del Espíritu, el hombre «interior» o «espiritual» es capaz de renovarse cada día, aunque el hombre «exterior» vaya «decayendo».
  • Por tanto, «el hombre interior» o «espiritual» es la parte de nosotros mismos que está bajo
la influencia del Espíritu... que es capaz de renovarse de día en día, aun cuando «el hombre exterior» vaya «decayendo» (Cf. II Corintios, 4-16) San Pablo, en la Carta a los Romanos, explica con toda claridad la contradicción que hay entre el hombre «interior» y el «exterior»: (7, 18-23):
18 Querer el bien está a mi alcance, pero ponerlo por obra, no. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. 20 Y si yo hago lo que no quiero, no soy yo quien lo realiza, sino el pecado que habita en mí. 21 Así pues, al querer yo hacer el bien encuentro esta ley: que el mal está en mí; 22 pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, 23 pero veo otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi espíritu y me esclaviza bajo la ley del pecado que está en mis miembros”.
  • La influencia del Espíritu en nuestras vidas se da en cuanto que el Espíritu Santo sustituye el principio malo de la carne.
  • Romanos 7,5: «Porque cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, ocasionadas
por la Ley, actuaban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte»: 6 ahora, muertos a la Ley en la que estábamos presos, hemos sido liberados para servir con un espíritu nuevo y no según la antigua letra.
  • Biblia de Jerusalén, Comentario de Romanos 7,5: (...) La carne sirve así, según el uso bíblico
de basar, para recalcar lo que hay de perecedera debilidad en la condición humana. (Romanos 6,19; 2 Corintios 7,5; 12,7; Gálatas 4, 13s; ver Mateo 26, 41s), y para designar al hombre en su pequeñez ante Dios (Romanos 3, 20 y Gálatas 1,16; 1 Corintios 1,29; ver Mateo 24, 22p; Lucas 3,6; Jn 17,2; Hechos 2,17; 1 Pedro 1,24). De ahí el uso de expresiones como: según la carne (1 Corintios 1,26; 2 Corintios 1,17; Efesios 6,5; Colosenses 3,22; ver Filemón 16; Juan 8,15; la carne y la sangre (1 Corintios 15,50; Gálatas 1,16; Efesios 6,12; Hebreos 2,14; ver Mateo 16,17), y carnal (Romanos 15,27; 1 Corintios 3,1.3; 9,11; 2 Corintios 1,12; 10,4) para contraponer, el orden de la naturaleza al orden de la gracia. etc.
  • La concupiscencia

  • Por ello entendemos la petición al Señor: ¡Haznos fuertes con tu fuerza, Señor! Que sería lo
mismo que decir: envíanos tu Espíritu; con el fin de superar la inclinación que se opone a la ley del espíritu (Rom. 7, 23). Esa inclinación se llama «concupiscencia» en la tradición cristiana, que se explica así en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1426:
La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho «santos e inmaculados ante El» (Ef 1, 4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es «santa e inmaculada ante El» (Ef 5, 27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama ö concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (Cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (Cf DS 1545; LG 40).
  • Es necesario recordar que la «concupiscencia o ley del pecado» que se haya en nosotros no tiene
un poder irresistible; lo que hace es desordenar nuestra vida moral, y, sin ser falta en sí misma, nos inclina a cometer los pecados. San Pablo no niega la responsabilidad personal del hombre, de cada uno de nosotros, frente al mal. Nuestra naturaleza, como consecuencia del pecado original, está debilitada e inclinada al mal - pero no está totalmente corrompida -, y somos llamados a un combate espiritual (Cfr. Catecismo… n. 405).

B. El Espíritu Santo, raíz de la vida interior

Cfr. Juan Pablo II, Audiencia general del miércoles 10/04/1991

La diferencia que existe entre la madurez
connatural a las capacidades del alma humana
y la madurez propiamente cristiana,
que implica el desarrollo de la vida del Espíritu,
la madurez de la fe, de la esperanza y de la caridad.

  • La ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús

1. San Pablo nos ha hablado en la catequesis anterior de la «ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús» (Rm 8, 2): una ley según la cual hay que vivir, si se quiere «caminar según el Espíritu» (cf. Ga 5, 25), realizando las obras del Espíritu, no las de la «carne».
El Apóstol pone de relieve la contraposición entre «carne» y «Espíritu», y entre los dos tipos de obras, de pensamientos y de vida que dependen de ella: «Los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el Espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del Espíritu, vida y paz» (Rm 8, 5-6).
El espectáculo de las «obras de la carne» y de las condiciones de decadencia espiritual y cultural a la que llega el homo animalis es desolador. Sin embargo ello no debe hacer olvidar la realidad de la vida «según el Espíritu», que es muy diversa y que también está presente en el mundo y se opone a la expansión de las fuerzas del mal. San Pablo habla de ello en la carta a los Gálatas poniendo de relieve el «fruto del Espíritu», que es «amor, gozo, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (cf. 5, 19-22), en contraposición a las «obras de la carne», que excluyen del «reino de Dios». Estas cosas - también según san Pablo- se le dictan al creyente desde el interior, es decir, desde la «ley del Espíritu» (Rm 8, 2), que está en él y lo guía en la vida interior (cf. Ga 5, 18. 25).
  • Es un principio de vida espiritual y de la conducta cristiana, que es interior al hombre y transcendente

2. Por tanto, se trata de un principio de la vida espiritual y de la conducta cristiana, que es interior y al mismo tiempo transcendente, como se deduce ya de las palabras de Jesús a los discípulos: «el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce... en vosotros está» (Jn 14, 17). El Espíritu Santo viene de lo alto, pero penetra y reside en nosotros para animar nuestra vida interior. Jesús no dice sólo: «él permanece junto a vosotros», lo cual puede sugerir la idea de una presencia que es solamente cercana, sino que añade que se trata de una presencia dentro de nosotros (cf. Jn 14, 17). San Pablo, a su vez, desea a los efesios que el Padre les conceda que sean «fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior» (Ef 3, 16): es decir, en el hombre que no se contenta con una vida externa, a menudo superficial, sino que trata de vivir en las «profundidades de Dios», escrutadas por el Espíritu Santo (cf. 1 Co 2, 10).
  • La distinción que hace Pablo entre el hombre «psíquico» y el hombre «espiritual».

La distinción que hace Pablo entre el hombre «psíquico» y el hombre «espiritual» (cf. 1 Co 2, 13-14) nos ayuda a comprender la diferencia y la distancia que existe entre la madurez connatural a las capacidades del alma humana y la madurez propiamente cristiana, que implica el desarrollo de la vida del Espíritu, la madurez de la fe, de la esperanza y de la caridad. La conciencia de esta raíz divina de la vida espiritual, que se expande desde lo íntimo del alma a todos los sectores de la existencia, incluso los externos y sociales, es un aspecto fundamental y sublime de la antropología cristiana. Fundamento de esa conciencia es la verdad de fe por la que creo que el Espíritu Santo habita en mí (cf. 1 Co 3, 16), ora en mí (cf. Rm 8, 26; Ga 4, 6), me guía (cf. Rm 8, 14) y hace que Cristo viva en mí (cf. Ga 2, 20).
  • El «agua viva» del que habla Jesús a la Samaritana, simboliza el manantial interior de la vida espiritual.

3. También la comparación que Jesús utiliza en el coloquio con la samaritana junto al «pozo de Jacob» sobre el «agua viva» que él dará a quien crea, agua que «se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna, (Jn 4, 14), simboliza el manantial interior de la vida espiritual. Lo aclara Jesús mismo con ocasión de la «fiesta de las Tiendas» (cf. Jn 7, 2), cuando, «puesto en pie, gritó: “si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí”; como dice la Escritura (cf. Is 55, 1): de su seno correrán ríos de agua viva». Y el evangelista Juan comenta: «esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él» (Jn 7, 37-39).
El Espíritu Santo desarrolla en el creyente todo el dinamismo de la gracia que da la vida nueva, y de las virtudes que traducen esta vitalidad en frutos de bondad. El Espíritu Santo actúa también desde el «seno» del creyente como fuego, según otra semejanza que utiliza el Bautista a propósito del bautismo: «él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Mt 3, 11); y Jesús mismo sobre su misión mesiánica: «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra» (Lc 12, 49). Por ello, el Espíritu suscita una vida animada por aquel fervor que san Pablo recomendaba en la carta a los Romanos: «sed fervorosos en el Espíritu» (12, 11). Es la «llama viva de amor» que pacífica, ilumina, abrasa y consuma, como tan bien explicó san Juan de la Cruz.
  • La acción del Espíritu Santo asume, eleva y lleva la perfección la personalidad de cada uno. La acción del Espíritu Santo varía según las diversas condiciones de la vida personal.

4. De esta forma se desarrolla en el creyente, bajo la acción del Espíritu Santo, una santidad original, que asume, eleva y lleva a la perfección la personalidad de cada uno, sin destruirla. Así cada santo tiene su fisonomía propia. Stella differt a stella, se puede decir con san Pablo: «una estrella difiere de otra en resplandor» (1 Co 15, 41): no sólo en la «resurrección futura» a la que se refiere el Apóstol, sino también en la condición actual del hombre, que no es ya sólo psíquico (dotado de vida natural), sino espiritual (animado por el Espíritu Santo) (cf. 1 Co 15, 44 ss.).
La santidad está en la perfección del amor. Y sin embargo varía según la multiplicidad de aspectos que el amor adquiere en las diversas condiciones de la vida personal. Bajo la acción del Espíritu Santo, cada uno vence en el amor el instinto del egoísmo, y desarrolla las mejores fuerzas en su modo original de darse. Cuando la fuerza expresiva y expansiva de la originalidad es muy poderosa, el Espíritu Santo hace que en torno a esas personas (aunque a veces permanezcan escondidas) se formen grupos de discípulos y seguidores. De este modo nacen corrientes de vida espiritual, escuelas de espiritualidad, institutos religiosos, cuya variedad en la unidad es, pues, efecto de esa divina intervención. El Espíritu Santo valora las capacidades de todos en las personas y en los grupos, en las comunidades y en las instituciones, entre los sacerdotes y entre los laicos.
  • De la fuente interior del Espíritu deriva también el nuevo valor de libertad, que caracteriza la vida cristiana.

5. De la fuente interior del Espíritu deriva también el nuevo valor de libertad, que caracteriza la vida cristiana. Como dice san Pablo: «donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad» (2 Co 3, 17). El Apóstol se refiere directamente a la libertad adquirida por los seguidores de Cristo respecto a la ley judaica, en sintonía con la enseñanza y la actitud de Jesús mismo. Pero el principio que él enuncia tiene un valor general. Efectivamente, él habla repetidas veces de la libertad como vocación del cristiano: «Hermanos, habéis sido llamados a la libertad» (Ga 5, 13). Y explica bien de qué se trata. Según el Apóstol, «el que camina según el Espíritu» (Ga 5, 13) vive en la libertad, porque no se halla ya bajo el yugo opresor de la carne: «Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne» (Ga 5, 16). «Las tendencias de la carne son muerte; mas las del Espíritu, vida y paz» (Rm 8, 6).
Las «obras de la carne», de las que está libre el cristiano fiel al Espíritu, son las del egoísmo y las pasiones, que impiden el acceso al reino de Dios. En cambio, las obras del Espíritu son las del amor: «Contra tales cosas - observa san Pablo- no hay ley» (Ga 5, 23).
Se deriva de aquí - según el Apóstol- que «si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley» (Ga 5, 18). Al escribir a Timoteo, no duda en decir: «La ley no ha sido instituida para el justo» (1 Tm 1, 9). Y santo Tomás explica: «La ley no tiene fuerza coactiva sobre los justos, sino sobre los malos» (I-II, q. 96 a. 5, ad. 1), puesto que los justos no hacen nada contrario a la ley. Más aún guiados por el Espíritu Santo, hacen libremente más de lo que pide la ley (cf. Rm 8, 4; Ga 5, 13-16).
  • Admirable conciliación de la libertad y de la ley. El cristiano es el ferviente y fiel realizador del designio de Dios.

6. Ésta es la admirable conciliación de la libertad y de la ley, fruto del Espíritu Santo que actúa en el justo, como habían predicho Jeremías y Ezequiel al anunciar la interiorización de la ley en la Nueva Alianza (cf. Jr 31, 31-34; Ez 36, 26-27).

«Infundiré mi Espíritu en vosotros» (Ez 36, 27). Esta profecía se ha verificado y sigue realizándose siempre en los fieles de Cristo y en el conjunto de la Iglesia. El Espíritu Santo da la posibilidad de ser, no meros observantes de la ley, sino libres, fervientes y fieles realizadores del designio de Dios. Se realiza así cuanto dice el Apóstol: «Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un Espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!» (Rm 8, 14-15). Es la libertad de hijos que anunció Jesús como la verdadera libertad (cf. Jn 8, 36). Se trata de una libertad interior, fundamental, pero orientada siempre hacia el amor, que hace posible y casi espontáneo el acceso al Padre en el único Espíritu (cf. Ef 2, 18). Es la libertad guiada que resplandece en la vida de los santos.

C. San Pablo atribuye al Espíritu Santo la capacidad de sobreabundar en la esperanza.

Cfr. Papa Francisco, Catequesis sobre la esperanza cristiana, Audiencia General del 31 de mayo de 2017.
  • San Pablo atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos incluso “sobreabundar en la esperanza”.
Abundar en la esperanza significa no desanimarse jamás; significa esperar «contra toda esperanza» (Rom 4,18), es decir, esperar incluso cuando disminuye todo motivo humano para esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y como fue, aún más, para la Virgen María bajo la cruz de Jesús.
El Espíritu Santo hace posible esta esperanza invencible dándonos el testimonio interior que somos hijos de Dios y sus herederos (Cfr. Rom 8,16). ¿Cómo podría Aquel que nos ha dado a su propio Hijo único no darnos toda cosa con Él? (Cfr. Rom 8,32). «La esperanza – hermanos y hermanas – no defrauda: la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rom 5,5). Por esto no defrauda, porque está el Espíritu Santo dentro que nos impulsa a ir adelante, siempre adelante. Y por esto la esperanza no defrauda.
  • También nos hace capaces de derrochar esperanza con los más necesitados.

Hay más: el Espíritu Santo no nos hace sólo capaces de esperar, sino también de ser sembradores de esperanza, de ser también nosotros – como Él y gracias a Él – los “paráclitos”, es decir, consoladores y defensores de los hermanos. Sembradores de esperanza. Un cristiano puede sembrar amargura, puede sembrar perplejidad, y esto no es cristiano, y tú, si haces esto, no eres un buen cristiano. Siembra esperanza: siembra el bálsamo de esperanza, siembre el perfume de esperanza y no vinagre de amargura y de des-esperanza.
El Beato Cardenal Newman, en uno de sus discursos, decía a los fieles: «Instruidos por nuestro mismo sufrimiento, por el mismo dolor, es más, por nuestros mismos pecados, tendremos la mente y el corazón ejercitados a toda obra de amor hacia aquellos que tienen necesidad. Seremos, según nuestra capacidad, consoladores a imagen del Paráclito – es decir, del Espíritu Santo – y en todos los sentidos que esta palabra comporta: abogados, asistentes, dispensadores de consolación. Nuestras palabras y nuestros consejos, nuestro modo de actuar, nuestra voz, nuestra mirada, serán gentiles y tranquilizantes» (Parochial and plain Sermons, vol. V, Londra 1870, pp. 300s.). Son sobre todo los pobres, los excluidos, los no amados los que necesitan de alguien que se haga para ellos “paráclito”, es decir, consoladores y defensores, como el Espíritu Santo se hace para cada uno de nosotros, que estamos aquí en la Plaza, consolador y defensor. Nosotros debemos hacer lo mismo por los más necesitados, por los descartados, por aquellos que tienen necesidad, aquellos que sufren más. Defensores y consoladores. (…)
Hermanos y hermanas, la próxima fiesta de Pentecostés – que es el cumpleaños de la Iglesia: Pentecostés – esta próxima fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del Espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza. Les diré más: nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que son los más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad. Gracias.

Vida Cristiana

1 Efesios 3, 14-19: “14 Por este motivo, me pongo de rodillas ante el Padre, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que, conforme a las riquezas de su gloria, os conceda fortaleceros firmemente en el hombre interior mediante su Espíritu. 17 Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en la caridad, 18 podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad; 19 y conocer también el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios”.   

jueves, 1 de junio de 2017

Fe. La tempestad calmada en el mar de Galilea. Domingo 12 del Tiempo Ordinario, año B, 21 de junio de 2015. La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida. Las tempestades de nuestra vida; son las pruebas de la vida. Vamos a la otra orilla: el paso de esta vida a la eterna: sólo es posible realizarlo acompañados por Cristo, que nos abre el camino, y fiados de la fe.


1 Fe. La tempestad calmada en el mar de Galilea. Domingo 12 del Tiempo Ordinario, año B, 21 de junio de 2015. La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida. Las tempestades de nuestra vida; son las pruebas de la vida. Vamos a la otra orilla: el paso de esta vida a la eterna: sólo es posible realizarlo acompañados por Cristo, que nos abre el camino, y fiados de la fe. Cfr. Domingo 12 del Tiempo Ordinario, Ciclo B, 21 de junio de 2015. Job 38, 8-11; 2 Corintios 5, 14-17; Marcos 4, 35-41 2 Corintios 5, 14-17: Hermanos, 14 nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. 15 Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. 16 De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. 17 Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Marcos 4, 35-41: 35 Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla. » 36 Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. 37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. 38 El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: « Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» 39 El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: « ¡Calla, enmudece! » El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40 . Y les dijo: « ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? » 41 Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: « Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? La confianza en Dios ante las pruebas o dificultades de la vida. 1. La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida. A) El Señor fue despertado y regañado por los Apóstoles o Nos podemos encontrar en plena tempestad por un achaque grande en la salud, por un revés financiero, por la pérdida del trabajo, por las dificultades familiares propias de un hijo, o del cónyuge … • Hoy el evangelio nos narra un hecho, sucedido en el mar de Galilea, que se puede calificar como emblemático. Los discípulos tienen dificultades y parece que el Señor no se da cuenta, duerme tranquilamente. • Tal vez todos podemos pensar que estamos sobre aquella barca, sobre todo cuando también nosotros nos sentimos amenazados por pequeñas y grandes tempestades, incluso con el riesgo de naufragar. La travesía del mar es la travesía de nuestra vida, el mar es el trabajo, la familia, la salud, cualquier meta que nos proponemos, de cualquier tipo; las pruebas, la oscuridad, las contradicciones ... • Nos podemos encontrar en plena tempestad por un achaque grande en la salud, por la pérdida del trabajo, por las dificultades familiares, propias o de un hijo, o del cónyuge … Y probablemente pensaremos que Jesús nos puede ayudar … él no nos ha prometido que desaparecerán las dificultades pero nos puede dar la fuerza para superarlas si se lo pedimos. • Los discípulos lo despertaron y también, aunque no sabemos el tono que emplearon, lo regañaron : Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Recurren a él cuando parece que han perdido toda esperanza humana. o La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida Raniero Cantalamessa, ofmcap., 25 junio 2006 (ZENIT.org).- • “La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida. El mar es mi familia, mi comunidad, mi corazón mismo. Pequeños mares, en los que se pueden desencadenar, como sabemos, tempestades grandes e imprevistas. ¿Quién no ha conocido algunas de estas tempestades, cuando todo se oscurece y la barquita de nuestra vida comienza a hacer agua por todas las partes, mientras Dios parece que está ausente o duerme? Un diagnóstico alarmante del médico, y nos encontramos de repente en plena tempestad. Un hijo que emprende un mal camino dando de qué hablar y ya tenemos a los padres en plena tempestad. Un revés financiero, la pérdida del trabajo, el amor del novio, del cónyuge, y nos encontramos en plena tempestad. ¿Qué hacer? ¿A qué podemos agarrarnos y hacia qué lado podemos tirar el ancla? Jesús no nos da la receta mágica para 2 escapar de todas las tempestades. No nos ha prometido que evitaremos todas las dificultades; nos ha prometido, sin embargo, la fuerza para superarlas, si se lo pedimos”. o Aunque pueda parecer que Cristo duerme y deja su barca a merced de las olas encrespadas, se pide a la Iglesia en Europa que cultive la certeza de que el Señor, por el don de su Espíritu, está siempre presente y actúa en ella y en la historia de la humanidad. Cfr. Juan Pablo II, Exhortac. Apostólica Ecclesia in Europa, 28 de junio de 2003, n. 27 • “A pesar de que a veces, como en el episodio evangélico de la tempestad calmada (cf. Marcos 4, 35- 41; Lucas 8, 22-25), pueda parecer que Cristo duerme y deja su barca a merced de las olas encrespadas, se pide a la Iglesia en Europa que cultive la certeza de que el Señor, por el don de su Espíritu, está siempre presente y actúa en ella y en la historia de la humanidad. Él prolonga en el tiempo su misión, constituyendo a la Iglesia como una corriente de vida nueva, que fluye dentro de la vida de la humanidad como signo de esperanza para todos”. o Los milagros son señales por las que Jesús quiere inculcar en nosotros la fe en su presencia operante y protectora en nuestras vidas. Cfr. Juan Pablo II, Catequesis: “Los milagros de Jesús como signos salvíficos” (2/12/1987): • “La tempestad calmada en el lago de Genesaret puede releerse como "señal" de una presencia constante de Cristo en la "barca" de la Iglesia, que, muchas veces, en el discurrir de la historia, esta sometida a la furia de los vientos en los momentos de tempestad. Jesús, despertado por sus discípulos, orden a los vientos y al mar, y se hace una gran bonanza. Después les dice: "¿Por qué sois tan tímidos? ¿Aún no tenéis fe?" (Marcos 4,40). En éste, como en otros episodios, se ve la voluntad de Jesús de inculcar en los Apóstoles y discípulos la fe en su propia presencia operante y protectora, incluso en los momentos más tempestuosos de la historia, en los que se podría infiltrar en el espíritu la duda sobre la asistencia divina. De hecho, en la homilética y en la espiritualidad cristiana, el milagro se ha interpretado a menudo como "señal" de la presencia de Jesús y garantía de la confianza en Él por parte de los cristianos y de la Iglesia”. B) “Pasemos a la otra orilla” (Marcos 4, 35): más allá del milagro de la tempestad calmada. Cfr. David Amado Fernández, Palabra de Dios para el domingo, Junio 2015, n. 139, pp. 304-305 o En el mandato de Jesús: Vamos a la otra orilla, algunos autores han visto prefigurado el paso de esta vida a la eterna. Sólo es posible realizarlo acompañados por Cristo, que nos abre el camino, y fiados de la fe. “El Señor, al usar su poder para silenciar el viento y amansar la mar, nos quiere llevar a reconocer un misterio aún mayor: no se conforma con ser el «señor de las tormentas» o el «apaciguador de los temporales». De ahí que se suscite en sus apóstoles la pregunta: ¿Quién es éste? (Marcos 4, 41) (…) En el mandato de Jesús: Vamos a la otra orilla, algunos autores han visto prefigurado el paso de esta vida a la eterna, paso que sólo es posible realizar acompañados por Cristo, que nos abre el camino, y fiados de la fe. (…) Pero ese caminar de toda la vida es también un tránsito por la fe en cada momento. Así lo explica san Pablo en la segunda lectura cuando dice: No valoramos a nadie con criterios humanos, es decir, en todos los acontecimientos, en todas las personas, está Cristo escondido de alguna manera, ero se deja reconocer por la fe. El silencio de Dios. Entonces hay que volver a Cristo y llamarlo. Cristo dormido sobre el almohadón es imagen de Jesús clavado en la cruz, cuando aparentemente fue desposeído de todo poder y fue vencido. En la vida también podemos encontrarnos con este silencio de Dios. El evangelio de hoy nos enseña que siempre hay que volver a Cristo y llamarlo. Es decir, debe despertar de nuevo en nuestro corazón por la fe. Él conduce la barca (imagen de la Iglesia) para que pueda llegar a la otra orilla. Con Cristo avanzamos hacia la vida eterna. Pero ya aquí podemos experimentar la verdad de esa vida, por la que son vencidas las tribulaciones y las tentaciones contra la fe. Así el cuadro que nos queda es que con Cristo avanzamos hacia la vida eterna. Pero ya aquí podemos experimentar la verdad de esa vida, por la que son vencidas las tribulaciones y las tentaciones contra la fe. La tempestad se apacigua cada vez que se impone la caridad de Cristo. En este sentido, san Pablo dice que nos apremia el amor de Cristo (2 Corintios 5, 14). Al contemplar lo que el Señor ha hecho por nosotros, vemos 3 cómo nos ama y de qué manera destruye el mal. La pregunta del evangelio: ¿No te importa que nos hundamos? (Marcos 4, 38), se transforma en otra: Señor, ¿qué debo hacer para agradecer tu amor? 2. La fe no es sólo pura adhesión intelectual sino también confianza y obediencia. Cfr. Biblia de Jerusalén, comentario a Romanos 1, 16 • La fe no es pura adhesión intelectual; es también confianza y obediencia (Romanos 1,5, Romanos 6,17, Romanos 10,16, Romanos 16,26; ver Hechos 6,7) a una verdad de vida (2Tesalonicenses 2,12s) que compromete a todo el ser mediante la unión con Cristo (2 Corintios 13,5, Gálatas 2,16, Gálatas 2,20, Efesios 3,17) …. o Es esencial que pidamos al Señor que aumente nuestra fe, que la madure. a) Aprendamos que el Señor quiere ser despertado, que hace falta seguirlo, que no renunciemos a su presencia. b) La madurez en nuestra fe proviene de que llevemos a Jesús en la barca de la propia vida, por medio de la oración, de la vida sacramental, de la observancia de sus preceptos, etc. 3. Las pruebas en la vida de los cristianos. Estar rodeados de pruebas es para los cristianos un gran gozo • Carta de Santiago 1, 2-4.12: "Considerar como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear". ¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman". En las pruebas (el desánimo, la tribulación, la noche en el alma, etc.), pedimos al Señor que haga nacer en nosotros la sed de ver su rostro. Cfr. Amigos de Dios, n. 310 “Me alzaré y rodearé la ciudad: por las calles y las plazas buscaré al que amo 1 ... Y no sólo la ciudad: correré de una parte a otra del mundo —por todas las naciones, por todos los pueblos, por senderos y trochas— para alcanzar la paz de mi alma. Y la descubro en las ocupaciones diarias, que no me son estorbo; que son —al contrario— vereda y motivo para amar más y más, y más y más unirme a Dios. Y cuando nos acecha —violenta— la tentación del desánimo, de los contrastes, de la lucha, de la tribulación, de una nueva noche en el alma, nos pone el salmista en los labios y en la inteligencia aquellas palabras: con El estoy en el tiempo de la adversidad 2 . ¿Qué vale, Jesús, ante tu Cruz, la mía; ante tus heridas mis rasguños? ¿Qué vale, ante tu Amor inmenso, puro e infinito, esta pobrecita pesadumbre que has cargado Tú sobre mis espaldas? Y los corazones vuestros, y el mío, se llenan de una santa avidez, confesándole — con obras— que morimos de Amor 3 . Nace una sed de Dios, una ansia de comprender sus lágrimas; de ver su sonrisa, su rostro... Considero que el mejor modo de expresarlo es volver a repetir, con la Escritura: como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así te anhela mi alma, ¡oh Dios mío! Y el alma avanza metida en Dios, endiosada: se ha hecho el cristiano viajero sediento, que abre su boca a las aguas de la fuente. Cuándo Dios libra de las pruebas o tribulaciones • “Dios libra de las tribulaciones no cuando las hace desaparecer (…), sino cuando con la ayuda de Dios no nos abatimos al sufrir tribulación”. (Orígenes - Alejandría 185-254 -, Padre de la Iglesia oriental, De oratione 30,1) www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana 1 Cant III, 2 2 Sal 90,15 3 Cfr. Cant V,8

Domingo 13 del Tiempo Ordinario, Año B (28 de junio de 2015). La resurrección de la hija de Jairo, y la curación de una mujer enferma. Nuestra fe en Jesús Señor de la vida y de la muerte. En Jesús que salva. El encuentro decisivo con Cristo Palabra encarnada. La función de la fe. A la hemorroisa le dice: «Hija, tu fe te ha salvado». Un encuentro supremo entre Dios y el hombre, que se celebra en Jesucristo. La mujer tocó la vestidura y fue curada. Infelices de nosotros que no nos curamos de nuestras calamidades aun comiendo el cuerpo del Señor. Todo es posible para quien cree. La ayuda a las necesidades de los demás. Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. La costumbre de la colecta en la Misa, siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos.



1 Domingo 13 del Tiempo Ordinario, Año B (28 de junio de 2015). La resurrección de la hija de Jairo, y la curación de una mujer enferma. Nuestra fe en Jesús Señor de la vida y de la muerte. En Jesús que salva. El encuentro decisivo con Cristo Palabra encarnada. La función de la fe. A la hemorroisa le dice: «Hija, tu fe te ha salvado». Un encuentro supremo entre Dios y el hombre, que se celebra en Jesucristo. La mujer tocó la vestidura y fue curada. Infelices de nosotros que no nos curamos de nuestras calamidades aun comiendo el cuerpo del Señor. Todo es posible para quien cree. La ayuda a las necesidades de los demás. Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. La costumbre de la colecta en la Misa, siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos. Cfr. Domingo 13 del Tiempo Ordinario Año B, 28 de junio de 2015 Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24; 2 Corintios 8, 7.9.13-15; Marcos 5, 21-43 Sabiduría 1: 13 Dios no hizo la muerte, ni se goza con la destrucción de los vivientes. 14 Sino que creó todas las cosas para que existieran: las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo reina sobre la tierra, 15 porque la justicia es inmortal. 2 23 Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, y lo hizo imagen de su propia eternidad. 24 Mas por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen. 2 Corintios 8, 7-9.13-15: 7 Y lo mismo que sobresalís en todo –en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado–, sobresalid también en esta obra de caridad. 8 No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor. 9 Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 13 Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. 14 En este momento, vuestra abundancia remedia su carencia, para que la abundancia de ellos remedie vuestra carencia; así habrá igualdad. 15 Como está escrito: Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba. Marcos 5, 21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. 22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, 23 y le suplica con insistencia diciendo: « Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva. » 24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: « Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro? » 36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: « No temas; solamente ten fe. » 37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. 39 Entra y les dice: « ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida ». 40 Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dice: « Talitá kum », que quiere decir: « Muchacha, a ti te digo, levántate. » 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. 43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer. 2 La resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer enferma significan que Dios, en Jesucristo, tiene en su mano la suerte del hombre. 1. La resurrección de la hija de Jairo: somos llamados a renovar nuestra fe en Jesús Señor de la vida y de la muerte. En Jesús que salva. Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Anno B, ed. città Nuova IX Edizione giugno 2001, XIII domenica pp. 230-233 • pp. 231-232: Leyendo el texto del evangelio sobre la resurrección de la hija de Jairo, vuelve el “estupor; y es que, ¡no sólo le obedece el mar, sino también la muerte! Si el hombre pudiese volver a vivir .... suspiraba Job, he aquí ahora una señal concreta de que él puede volver a vivir”. (p. 231) “Hoy somos llamados a renovar nuestra fe en Jesús Señor de la vida y de la muerte; en Jesús que salva, porque éste es hoy el motivo que domina [en la liturgia]: la salvación. Una salvación que no se limita a la mente, al corazón o al alma, sino que abraza todo el hombre entero, su carne no menos que su espíritu. También la salud forma parte de la salvación. Hemos tocado un punto delicado en el que es fácil trampear y tenemos el deber de ser honrados en relación con quien escucha la palabra, sin engañar con palabras fáciles pero ilusorias. ¿Qué promete hoy el Evangelio: curaciones milagrosas para todos, resurrección de la muerte? El hombre está siempre buscando angustiosamente soluciones para sus enfermedades, especialmente de aquellas - cada generación tiene la suya - ante las que se siente impotente. ¡Y cuando el médico, es decir, la ciencia, se declara vencido, se recurre al curandero o al exorcista! Nos agarramos a cualquier esperanza. ¿Es Jesús, por casualidad, una de esos curanderos de la última hora, al que nos podemos dirigir después de todo lo demás ha fallado? Podría ser así, pero es un aspecto secundario de todo ello. Las curaciones de Jesús no son manifestaciones taumatúrgicas que acaban en sí mismas; son, en cambio, señales, son como sacramentos en acción. Algo así como el pan en la Eucaristía y el agua en el Bautismo. Su grandeza no está en lo que se ve y obran externamente, sino en lo que prometen y significan. pp. 231-232 El significado de la curación de la mujer y la resurrección de la hija de Jairo. o No eliminando las enfermedades, o la decadencia o la muerte, sino rescatándolas con la apertura para ellas de un paso hacia la vida. ¡Habrá vida y vida eterna! Dios, en Jesucristo, ha tomado en su mano la suerte del hombre y ha vuelto a manifestarse a sí mismo como quien es en realidad, es decir, el Dios de vivos y no de muertos (cf. Mt 22,32) ¿Y qué significan, en nuestro caso, la curación de la mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo? Significan que Dios, en Jesucristo, ha tomado en su mano la suerte del hombre, que ha vuelto a manifestarse a sí mismo como quien es en realidad, es decir, el Dios de vivos y no de muertos (cf. Mateo 22,32); el Dios que hace que triunfe la vida y que preserva la existencia de sus criaturas. Todo esto lo hace no eliminando las enfermedades o la decadencia o la muerte, sino rescatándolas, con la apertura para ellas de un paso hacia la vida. Un día ya no habrá más muerte, ni luto, ni lamento, ni ansiedad: todas estas cosas han pasado (cf. Apocalipsis 21,4). El último enemigo - la muerte - será aniquilado (cf. 1 Corintios 15, 26). ¡Habrá vida y vida eterna! Esta es la promesa que se contiene en aquellos signos, que hace de los milagros de Jesús como otros tantos sacramentos de la esperanza.” (p. 232) No temas; solamente ten fe 2. El encuentro decisivo con Cristo Palabra encarnada. La función de la fe. A la hemorroisa le dice: «Hija, tu fe te ha salvado» 3 Un encuentro supremo entre Dios y el hombre, que se celebra en Jesucristo. Cfr. san Juan Pablo II, Catequesis, miércoles 9 de agosto del 2000 - En nuestras reflexiones anteriores hemos seguido los pasos de la humanidad en su encuentro con Dios, que la creó y salió a su camino para buscarla. Hoy meditaremos en el encuentro supremo entre Dios y el hombre, el que se celebra en Jesucristo, la Palabra divina que se encarna y pone su morada en medio de nosotros (cf. Juan 1,14). Como afirmaba en el siglo II san Ireneo, obispo de Lyon, la revelación definitiva de Dios se realizó "cuando el Verbo se hizo hombre, haciéndose semejante al hombre y haciendo al hombre semejante a sí mismo, para que, a través de la semejanza con el Hijo, el hombre llegara a ser precioso ante el Padre" (Adversus haereses V, 16, 2). Este abrazo íntimo entre divinidad y humanidad, que san Bernardo compara con el "beso" del que habla el Cantar de los cantares (cf. Sermones super Cantica canticorum II), se extiende desde la persona de Cristo hasta aquellos a quienes él llega. Ese encuentro de amor manifiesta varias dimensiones que ahora trataremos de ilustrar. (…) o Encontrarse con Cristo en el sendero de la propia vida significa a menudo obtener una curación física. Jesús exige la fe. A la hemorroísa que, como última esperanza, había tocado la orla de su manto, Jesucristo le dice: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad· - Encontrarse con Cristo en el sendero de la propia vida significa a menudo obtener una curación física. A sus discípulos Jesús les encomendará la misión de anunciar el reino de Dios, la conversión y el perdón de los pecados (cf. Lucas 24,47), pero también curar a los enfermos, librar de todo mal, consolar y sostener. En efecto, los discípulos "predicaban a la gente que se convirtiera; expulsaban a muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Marcos 6,12-13). Cristo vino para buscar, encontrar y salvar al hombre entero. Como condición para la salvación, Jesús exige la fe, con la que el hombre se abandona plenamente a Dios, que actúa en él. En efecto, a la hemorroísa que, como última esperanza, había tocado la orla de su manto, Jesucristo le dice: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad" (Marcos 5,34). (…) La mujer tocó la vestidura y fue curada. Infelices de nosotros que no nos curamos de nuestras calamidades aun comiendo el cuerpo del Señor. Cfr. san Pedro Crisólogo 1 , Sermones 33. • “La fe curó en un momento lo que en doce años no pudo curar la ciencia humana. (…) La mujer tocó la vestidura y fue curada, fue liberada de un mal antiguo. Infelices de nosotros que, aun recibiendo y comiendo cada día el cuerpo del Señor, no nos curamos de nuestras calamidades. No es Cristo quien falta al que está enfermo sino la fe. Ahora que Él permanece en nosotros podrá curar las heridas mucho más que entonces, cuando de paso curó de esta manera a una mujer”. Todo es posible para quien cree (Marcos 9, 23) Cfr. san Juan Pablo II, Catequesis, 18 de marzo de 1998 - “La función de la fe es cooperar con esta omnipotencia. Jesús pide hasta tal punto esta cooperación, que, al volver a Nazaret, no realiza casi ningún milagro porque los habitantes de su aldea no creían en él (cf. Mc 6,5-6). Con miras a la salvación, la fe tiene para Jesús una importancia decisiva. San Pablo desarrollará la enseñanza de Cristo cuando, en oposición con los que querían fundar la esperanza de salvación en la observancia de la ley judía, afirmará con fuerza que la fe en Cristo es la única fuente de salvación: «Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» (Romanos 3,28). Sin embargo, no conviene olvidar que san Pablo pensaba en la fe auténtica y plena, «que 1 San Pedro, llamado Crisólogo (que significa «palabra de oro»), nació a finales del siglo IV o inicio del V, fue arzobispo de Rávena (433-450). Padre de la Iglesia, fue proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Benedicto XIII en 1729. Dedica sus sermones a la formación de los catecúmenos, antes de recibir el Bautismo. Siete de ellos son explicaciones del Símbolo (Sermones 56-62) y otros tantos son comentarios de la oración dominical (Sermones 77-82). 4 actúa por la caridad» (Gálatas 5,6). La verdadera fe está animada por el amor a Dios, que es inseparable del amor a los hermanos”. Los milagros de Jesucristo fortalecen la fe en Jesús y pueden ser ocasión de escándalo. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 548: Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Juan 5, 36; Juan 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Juan 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Marcos 5, 25 - 34; Marc 10, 52; etc.). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquél que hace las obras de su Padre: éstas testimosonian que él es Hijo de Dios (cf. Juan 10, 31 - 38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mateo 11, 6). No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos (cf. Juan 11, 47 - 48); incluso se le acusa de obrar movido por los demonios (cf. Marcos 3, 22). Jesús pide a menudo a menudo a los enfermos que crean • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1504: A menudo Jesús pide a los enfermos que crean (cf Marcos 5, 34. 36; 9, 23). Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de manos (cf Marcos 7, 32 - 36; Marcos 8, 22 - 25), barro y ablución (cf Juan 9, 6s). Los enfermos tratan de tocarlo (cf Marcos 1, 41; Marcos 3, 10; Marcos 6, 56) "pues salía de él una fuerza que los curaba a todos" (Lucas 6, 19). Así, en los sacramentos, Cristo continúa "tocándonos" para sanarnos. Las curaciones de Jesús hacen referencia a la fe y revelan la realidad de un Dios que ama. • Romano Guardini, El Señor, ed. Cristiandad 2ª ed. 2005, cfr. pp. 87-88: “Las curaciones de Jesús hacen referencia a la fe, igual que el anuncio del mensaje; y al mismo tiempo revelan la realidad de un Dios que ama. La auténtica finalidad de esas curaciones consiste en que los hombres descubran la realidad de la fe, se abran a ella y se identifiquen con ella”. 3. Jesús es el Señor Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme 4 Edizione, settembre 1996, XIII domenica. Un gesto y dos palabras. Cristo no necesita actos mágicos, ritos complicados, escenas taumatúrgicas largas y elaboradas, aplausos de la muchedumbre. o Marcos nos quiere introducir en un misterio divino más que en un milagro. La figura de Jesús, el Maestro, “emerge con toda su potencia y grandeza en el silencio que ha descendido en aquella habitación. Su gesto es solemne y, en cierto sentido, nos hace pensar en el Dios creador de Miguel Angel, quien con su dedo llama a la vida a Adán. Jesús toma la mano de la niña y su mano en la delicada y pequeña de la niña se enciende de fuerza y de luz, sobre la estela del Salmo 37: «Aunque tropiece, el fiel no cae, porque el Señor sostiene su mano» (v. 24). Las palabras acompañan al gesto sencillo pero creador, que Jesús pronuncia en su lengua, el arameo popular: Talikà kum! Es una orden a la niña para que se ponga en pié, volviendo a caminar entre los vivientes. Un gesto y dos palabras: Cristo no necesita actos mágicos, ritos complicados, escenas taumatúrgicas largas y elaboradas, aplausos de la muchedumbre. Marcos nos quiere introducir en un misterio divino más que en un milagro. En efecto, como dice el canto de Ana, la madre de Samuel, «Sólo el Señor da muerte y vida, hace bajar al los infiernos y retornar» (1 Samuel 2,6). 5 o Más allá de la simple reanimación de un cadáver. Es la participación en la resurrección de Cristo, en su vida divina, en la eterna comunión con Dios. La muerte, que ahora ha sido evitada, llamará otra vez en su casa y en su corazón, pero, a través de la muerte del «Maestro» Jesús que ella ha encontrado, esa muerte será solamente el umbral que se abre sobre la luz y sobre la vida. En la niña, se encarna algo más que una simple beneficiaria de un milagro: se trata de una «resucitada», y esta palabra en el lenguaje del Nuevo Testamento tiene resonancias particulares que van más allá de la simple reanimación de un cadáver. Es la participación en la resurrección de Cristo, en su vida divina, en la eterna comunión con Dios. Marcos por tanto nos hace entrever en aquella joven de doce años que vuelve a la vida lo que Juan hará vislumbrar en la narración de la resurrección de Lázaro: usando el lenguaje de los Padres de la Iglesia, podemos decir que para el cristiano la muerte es un sueño y la resurrección es un despertar en el día perfecto del Señor. La hija de Jairo, como Lázaro, ahora vuelve entre sus personas queridas, a su trabajo, a la espera de la boda (que en el Israel antiguo solamente era posible después de los doce años y medio). La muerte, que ahora ha sido evitada, llamará otra vez en su casa y en su corazón, pero, a través de la muerte del «Maestro» Jesús que ella ha encontrado, esa muerte será solamente el umbral que se abre sobre la luz y sobre la vida”. 4. La ayuda a las necesidades de los demás • Segunda Lectura, 2 Corintios 8, 7-9: “7 Sobresalid también en esta obra de caridad. 8 No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor. 9 Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. o La donación de Jesucristo es punto de referencia en los donativos que hacen los fieles. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1351: “Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta (cf 1 Corintios 16, 1), siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos (cf 2 Corintios 8, 9): "Los que son ricos y lo desean, cada uno según lo que se ha impuesto; lo que es recogido es entregado al que preside, y él atiende a los huérfanos y viudas, a los que la enfermedad u otra causa priva de recursos, los presos, los inmigrantes y, en una palabra, socorre a todos los que están en necesidad" (S. Justino, apol. 1, 67, 6). www.paroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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