sábado, 24 de junio de 2017

Los pobres antes que el Papa: Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)

He de volver sobre la carta «Nuestra conciencia nos impulsa», de los cardenales Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Joachim Meisner y Carlo Caffarra.
Si fuese un desahogo de cuatro díscolos, no valdría la pena dedicarle un segundo del propio tiempo. Pero no es eso: es un documento nacido, no de indocilidad al Papa sino de docilidad a la propia conciencia, no de dudas sino de certezas.
Los que suscriben la carta representan un cierto modo de entender lo que es la Iglesia y cuál es su misión en el mundo, un modo de entender común a un amplísimo sector eclesial y que choca con el que manifiesta tener el Papa Francisco.
No es una cuestión de cardenales enfrentados al Papa, sino de modos de entender la Iglesia enfrentados entre sí.
Estas cuestiones no se aclaran en las líneas de un post en ningún muro, pero merece la pena que, reflexionando, nos ayudemos a situarnos honestamente donde nos lleve el discernimiento de la voluntad de Dios.
Hoy me voy a fijar en el lenguaje de la carta. Es muy significativo.
«Beatísimo Padre:
Es con cierta trepidación que, en estos días del tiempo pascual, me dirijo a Su Santidad…
Deseamos, ante todo, renovar nuestra absoluta dedicación y nuestro amor incondicional a la Cátedra de Pedro y a Su Augusta persona, en la que reconocemos al Sucesor de Pedro y Vicario de Jesús: el «dulce Cristo en la tierra», como amaba decir Santa Catalina de Siena.»
A la luz de esas palabras, salta a la vista la sacralización –la divinización- de la persona del Papa, a quien se dicen con toda naturalidad cosas que los creyentes solemos decir, aunque no sin rubor, delante de Dios, pues la conciencia de nuestros límites nos impediría profesar esa absoluta dedicación y ese amor incondicional que a Dios se deben.
Salta a la vista que, desde la perspectiva de quien suscribe la carta, de alguna manera ha desaparecido el hombre Jorge Mario Bergoglio, suplantado por “la Cátedra de Pedro”, “el Sucesor de Pedro”, “el Vicario de Jesús”, “el «dulce Cristo en la tierra»”.
Ese lenguaje, que es no sólo legítimo sino incluso insustituible en el marco de una cierta mentalidad eclesial, resulta anacrónico, empalagoso, untuoso, viscoso, insufrible para quienes ha sido educados en sociedades en las que, al menos de palabra, se enaltece la igualdad entre las personas.
Por otra parte, ese lenguaje levanta barreras insalvables en torno a la persona sacralizada, la hace única, la eleva a donde nadie puede subir. El Papa Francisco lo sabe –en realidad lo sabe todo el mundo-, y desde el primer momento en el ejercicio de su ministerio ha profanado esa sacralidad mítica y ha apostado por el abajamiento. Lo cual suscita alarma en quienes continúan viéndole a él y viéndose a sí mismos, por razón del ministerio que desempeñan en la Iglesia, rodeados de un halo de sacralidad.
Pero hay algo más: para los discípulos de Jesús de Nazaret, para los bautizados en Cristo, se ha hecho una evidencia que, si hay alguien a quien hemos de prometer dedicación absoluta y amor incondicional, es a los pobres; que si en algún lugar de la tierra se nos hace el encontradizo el dulce Cristo, es en los pobres; que si alguien es para nosotros augusto por el respeto que nos merece, son los pobres. Los pobres son tan sagrados como el Papa. Los pobres antes que el Papa. Los pobres más que el Papa.
Y entre los pobres en los que Cristo sufre y nos sale al encuentro, el Papa tiene la certeza que se encuentran muchos de esos que, con expresión absolutamente reductiva, designamos como “divorciados vueltos a casar”.
Como se ve, se trata de mundos diversos, de modos diversos de entender lo sagrado, de modos diversos de acercarse a la realidad, y tocará escoger en qué mundo queremos estar.

Domingo 12 del tiempo ordinario, Ciclo A (25 de junio de 2017).





  • Domingo 12 del tiempo ordinario, Ciclo A (25 de junio de 2017). La oración. Oración de
Jeremías: se queja al Señor y, al mismo tiempo, manifiesta su confianza. Tenemos el consuelo en esta vida no porque no haya humillaciones y violencia, sino por la compañía del Señor que hace que podamos soportar las dificultades. Estar junto a Dios no significa que todo vaya bien pues, de hecho, habrá oposición a su reinado. La oración del creyente: presenta a Dios los problemas reales y también, si es el caso, se queja y le pide explicaciones. Al final, pondrá su causa en manos de Dios. El reconocimiento de que el Señor «escruta las entrañas y el corazón», la interioridad del hombre. El reconocimiento de que el Señor «escruta las entrañas y el corazón», la interioridad del hombre. La interioridad del hombre. Las pruebas en la vida cristiana.

Jeremías, 20, 10-13: 10 Oigo las calumnias de la gente: « ¡Terror alrededor!, ¡delatadle!, ¡delatémosle!». Todos mis conocidos aguardan mi tropiezo: «¡ Ojalá se deje seducir, entonces podremos con él, y nos tomaremos venganza!» 11 Pero el Señor está conmigo como bravo guerrero, por eso, los que me persiguen caerán impotentes; sentirán gran vergüenza de no haber triunfado, oprobio perenne, inolvidable. 12 ¡Señor de los ejércitos que escrutas al justo, que ves entrañas y corazón, que vea yo cómo te vengas de ellos, a ti presento mi causa!. 13 Cantad al Yahvé, alabad a Yahvé, porque ha salvado la vida de un pobre de manos de malhechores.

Salmo 69 (68), 8-10; 14.17; 33-35
R. Escúchame, Señor, porque eres bueno
8 Por ti soporto el insulto, la vergüenza cubre mi semblante; 9 a mis hermanos resulto un extraño, un desconocido a los hijos de mi madre; 10 pues el celo por tu Casa me devora, y si te insultan sufro el insulto.
14 Yo te dirijo mi oración, Dios mío, en el tiempo propicio: Oh Dios, por tu gran misericordia, escúchame, por tu fidelidad que salva.
17 ¡Respóndeme, Yahvé, que tu misericordia es benigna, vuélvete hacia mí con tu inmensa compasión! 33 Lo han visto los humildes y se alegran, animaros los que buscáis a Dios. 34 Porque Yahvé escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. 35 ¡Alábenlo los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!

  • Cfr. Domingo 12 tiempo ordinario, Ciclo A, 25 de junio 2017

Jeremías 20, 10-13 – Salmo Responsorial 68, 8-10; 14,17; 33-35 – Mateo 10, 26-33

La Iglesia es peregrina en este mundo
«entre las persecuciones de la tierra y los consuelos de Dios»
(San Agustín, La Ciudad de Dios, Libro XVIII - Capítulo LI)

1. Jeremías termina confiando en el Señor

    • Su oración. Se queja al Señor y, al mismo tiempo, manifiesta su confianza.

  • A Jeremías, nacido hacia el 650 a.C., le tocó vivir una etapa muy revuelta: el imperio asirio
había sido derrocado y el nuevo imperio babilónico era ya una amenaza para los israelitas ( 605 a.C. y siguientes); esa amenaza se realizó con la caída definitiva de Jerusalén ante las tropas de Nabucodonosor (587 a.C.). Fue perseguido y encarcelado por denunciar en su predicación la incredulidad de Israel, y los graves errores de los reyes del pueblo elegido.
El texto que está en la liturgia de hoy tiene por título “las confesiones de Jeremías", y, en concreto, se trata de la quinta «confesión».
A continuación ponemos los versículos anteriores y los posteriores a los que se leen en la Misa, con el fin de que se entienda mejor el texto de la celebración.
Anteriores: 7 Me has seducido, Yahvé, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He la irrisión cotidiana: todos me remedaban. 8 Cada vez que abro la boca es para clamar «¡Atropello!», y para gritar: «¡Me roban!» La palabra de Yahvé ha sido para mí oprobio y befa cotidiana. 9 Yo decía: «No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía.
Posteriores: 14 ¡Maldito el día en que nací!, ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! 15 ¡Maldito aquel que felicitó a mi padre diciendo: «Te ha nacido un hijo varón», y le llenó de alegría! 16 Sea el hombre aquel semejante a las ciudades que destruyó Yahvé sin que le pesara, y escuche alaridos de mañana y gritos de ataque al mediodía. 17 ¡Oh, que no me haya hecho morir desde el vientre, y hubiese sido mi madre mi sepultura, con seno preñado eternamente! 18 ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis días?
En la primera parte del texto (vv. 7-10), el profeta se queja al Señor por la persecución de que es objeto, y llega a acusar a Dios de seductor, como la joven engañada y abandonada. Tiene que predicar lo que no le gusta, y es objeto de burla por parte de sus conciudadanos.
En los vv. 11-13, expresa su confianza en el Señor, como un himno de alabanza a su salvador; en los vv. 14-18 Jeremías profiere un conjunto de maldiciones por la situación en que se encuentra. Se puede resumir su actitud reconociendo en ella una gran tensión en la que si por una parte manifiesta la seguridad de que el Señor nunca abandona (vv. 11-13), reconoce también que tiene muchos sufrimientos y dificultades (vv. 14-18). Jeremías, por otra parte, no abandonó su misión, a la que fue fiel hasta su muerte1.
Es frecuente en la Biblia que se den juntos una atestación de confianza en el Señor y una narración dolorosa de los acontecimientos, de la historia, que muchas veces aparece como una realidad misteriosa donde no se percibe el sentido de la misma.
  • Tenemos el consuelo en esta vida no porque no haya humillaciones y violencia, sino por la compañía del Señor que hace que podamos soportar las dificultades.

  • Estar junto a Dios no significa que todo vaya bien pues, de hecho, habrá oposición a su reinado.
Por otra parte aparece, como en el caso de Jeremías, que tenemos el consuelo en esta vida no porque no haya humillaciones y violencia, sino por la compañía del Señor que hace que podamos soportar las dificultades. Dicho de otro modo, estar junto a Dios no significa que todo vaya bien pues, de hecho, habrá oposición a su reinado.
“Cristo no promete que sobre una casa en construcción no caerá jamás un aguacero; no promete que una ola violenta no derribará lo que para nosotros es más querido; no promete que vientos impetuosos no arrastrarán lo que hemos construido a veces a costa de enormes sacrificios. Cristo no sólo comprende la aspiración del hombre a una casa duradera, sino que también es plenamente consciente de todo lo que puede arruinar la felicidad del hombre. Por eso, no debéis sorprenderos de que surjan contrariedades, cualesquiera que sean. No os desaniméis a causa de ellas. Un edificio construido sobre roca no queda exento de la acción de las fuerzas de la naturaleza, inscritas en el misterio del hombre. Haber construido sobre roca significa tener la certeza de que en los momentos difíciles existe una fuerza segura en la que se puede confiar”2.

2. La oración del creyente: presenta a Dios los problemas reales y también, si es el caso, se queja y le pide explicaciones. Al final, pondrá su causa en manos de Dios.

  • La oración del creyente según el Catecismo de la Iglesia Católica

  • En la Biblia, las grandes figuras de los creyentes - no sólo Jeremías, sino también Abraham, Moisés
(quien en su oración «rehuye, objeta y sobre todo interroga»: Cf. CCE 2575), etc.- nos enseñan a llevar a Dios los problemas reales y a preguntarle sobre el «por qué» de lo que nos sucede. En el CCE se nos dice 3 que “En el «cara a cara» con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la palabra de Dios; es, a veces, un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia (Cf Am 7, 2. 5; Is 6, 5. 8. 11; Jr 1, 6; 15, 15-18; 20, 7-18)”.

  • El salmo 122 y comentario de BXVI

    • El Salmo 122

  • También en nuestro tiempo hay dificultades evidentes en la vida y, como se dice en el Salmo 122,
nuestros ojos se fijan en el Señor, esperando su misericordia:
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos
(Sal 122).

  • Así comentó, Benedicto XVI estas palabras del Salmo:

Los fieles tienen necesidad de una intervención de Dios porque se encuentran en una
situación penosa, de desprecio y de vejaciones por parte de prepotentes. La imagen que utiliza ahora el salmista es la de la saciedad: «estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos» (versículos 3-4).
A la tradicional saciedad bíblica de comida y de años, considerada como signo de la bendición divina, se le opone ahora una intolerable saciedad constituida por una carga exorbitante de humillaciones. Y sabemos que hoy muchas naciones, muchos individuos están llenos de vejaciones, están demasiado saciados de las vejaciones de los satisfechos, del desprecio de los soberbios. Recemos por ellos y ayudemos a estos hermanos nuestros humillados.
Por este motivo, los justos han confiado su causa al Señor y no es indiferente a esos ojos implorantes, no ignora su invocación ni la nuestra, ni decepciona su esperanza” 4.

3. El «pobre» pone su causa en las manos de Dios

“El Señor libró la vida del pobre de manos de los impíos” (Jeremías 20, 13).

  • ¿Quien es el «pobre» en la Biblia?

    • Pobre no es tanto quien no tiene propiedad material, sino aquél que se fía del Señor, y se abandona en Él.

  • Hemos leído en el último versículo del texto de Jeremías (13): 13 Cantad a Yahvé, alabad a
Yahvé, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos de malhechores. ¿Quien es el pobre o pobrecillo en la Biblia?
En la Biblia, el pobre no es tanto quien no tiene propiedad material, sino aquél que se fía del Señor, y se abandona en El – Sal 52 (51),10 - : «en el amor de Dios confío para siempre jamás».
Una de las consecuencias de la fe, según el Catecismo, n. 227:
es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente:
Nada te turbe, / Nada te espante, Todo se pasa, / Dios no se muda, La paciencia / Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene / Nada le falta: Sólo Dios basta (Poesías, 30)”.
  • Pobre es quien no fundamenta su seguridad y su confianza en los bienes que posee, en el
triunfo, en el orgullo, en los ídolos del oro y del poder. Su corazón está abierto a Dios y a los hermanos.
    • Los títulos para dirigirnos a Dios no son nuestros méritos sino su misericordia, etc.

  • En el Salmo responsorial (69/68) que hoy hemos leído después de la primera lectura, el salmista
expone los títulos en los que se basa para dirigirse a Dios con confianza: se apoya en la «misericordia», en la «fidelidad» y en la «compasión» de Yahvé. (vv. 14 y 17).

4. El reconocimiento de que el Señor «escruta las entrañas y el corazón», la interioridad del hombre (cf Jeremías 20, 12).

  • La interioridad del hombre.

Cfr. G. Barbaglio, Psicología, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Paulinas 1990.
(Diccionario, GF RAVASI 2656).

  • El hombre tiene una cara externamente perceptible y un rostro interior.

  • La verdad y autenticidad del hombre está en su mundo interior, y lo que aparece externamente tiene valor sólo si está en correspondencia con lo interior; en otro caso, resulta falso e inauténtico.
Con el vocablo "corazón", o también "ríñones", la Biblia subraya ante todo que el hombre es un ser bifronte o bidemensional: a su cara externa e inmediatamente perceptible se suma su rostro interior, profundo y escondido; su yo interior, diríamos nosotros, que no escapa a la mirada penetrante de Dios, ni tampoco al ojo penetrante del mismo interesado. Esta distinción, sin duda obvia, va acompañada a menudo significativamente de una valoración precisa: la verdad y autenticidad del hombre está en su mundo interior, y lo que aparece externamente tiene valor sólo si está en correspondencia con lo interior; en otro caso, resulta falso e inauténtico.
  • El profeta Isaías reprende al pueblo que honra a Dios sólo de palabra y con los labios, mientras que su corazón está lejos.
Así, el profeta Isaías, en nombre de Dios, reprende al pueblo que honra a Dios sólo de palabra y con los labios, mientras que su corazón está lejos (29,13). Reproche tomado por Jesús para estigmatizar la actitud hipócrita de los fariseos y escribas, que critican la conducta de los discípulos del rabbi de Galilea por descuidar las prescripciones acerca de lo puro y lo impuro (Mc 7,6 y par). (…)
  • El interior es un mundo que el hombre puede que consiga ocultar a los demás, pero no a Dios, el cual ve en el corazón, lo conoce, lo escruta.
El interior es un mundo que el hombre puede que consiga ocultar a los demás, pero no a Dios, el cual ve en el corazón (1 Samuel 16,7), lo conoce (Hechos 1,24), lo escruta (Jeremías 11,20; Sirácida 42,18; Hebreos 4,12-13), escruta el corazón y examina los riñones (Jeremías 17,10), ve los riñones y el corazón (Jeremías 20,12). La Biblia llega incluso a calificar a Dios como "el que conoce el corazón humano" (kardiognostes: Ac 1,24 Ac 15,8), el que sondea los corazones y los riñones (Salmo 7,10 Jeremías 11,20).
  • Lo íntimo del hombre es la sede de sus sentimientos, pensamientos y proyectos.
Pues bien, lo íntimo del hombre (= el corazón) es la sede de sus sentimientos, pensamientos y proyectos. Así Ez 22,14 habla de resistencia del corazón para significar el coraje; Deuteronomio 28,47; de alegría y satisfacción del corazón en el servicio de Dios, y Hechos 14,17, del creador que llena de alegría los corazones de los hombres.
El anuncio de la partida de Jesús llena de tristeza el corazón de los discípulos (Juan 16,6), mientras que Pablo declara que siente un profundo dolor en su corazón por la incredulidad de sus "hermanos" israelitas (Romanos 9,2).
Oseas anuncia así antropomórficamente la compasión de Dios por su pueblo: "¿Cómo voy a abandonarte, Efraín; cómo voy a traicionarte, Israel...? Mi corazón se revuelve dentro de mí y todas mis entrañas se estremecen" (11,8).
La altivez encuentra expresión plástica en la fórmula de exaltación del corazón (Génesis 49,16 Deuteronomio 8,14). El deseo y el anhelo ardiente son atribuidos lo mismo al corazón que al alma: en Romanos 10,1 Pablo habla del deseo de su corazón, y el libro de los Proverbios afirma que el deseo del alma del impío está vuelto al mal (21,10). Pero también la alegría (Salmo 86,4), la tristeza (Mateo 26,38), el dolor (Lucas 2,37) y la angustia (Romanos 2,9) brotan del alma. Hay, pues, una identidad parcial de significado entre "corazón" y "alma".

5. Las pruebas en la vida cristiana

Este domingo una de las realidades que se presentan a la contemplación del cristiano es la valoración de las pruebas o contradicciones de la vida, como aparece en la primera Lectura y en el Evangelio.
Lo más importante que, a este respecto, podemos recordar es la bienaventuranza del Señor: Lucas 22, 28-29: “Vosotros sois los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones. Por eso yo os preparo un Reino como mi Padre me lo preparó a mí”, y las palabras del apóstol Santiago (1, 2-4.12): "Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear, 12¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman".
En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos diversos números que hace referencia a las pruebas de la vida: nn. 45; 769; 992; 1742; 1808; 1820; 2710.
Benedicto XVI, trata de las pruebas en la vida en:
a) Enc. Spe salvi nn.: nn. 8-9; 39-40. b) Discurso a los jóvenes, viaje a Polonia mayo 2006 5. c) Jesús de Nazaret, La oración del Señor, pp. 161-205 (Sexta petición del Padre nuestro: No nos dejes caer en la tentación).
San Juan Pablo II:
a) en la Encíclica «Redemptoris Mater» 25 marzo 1987, tratando de cómo la Virgen fue bienaventurada porque creyó en medio de todas las pruebas y contradicciones.
b) En la Encíclica Dominum et vivificantem, 18 de mayo de 1986, trata de la fatiga del corazón
humano y de la conciencia. La acción del Espíritu Santo en la lucha, inquietudes y peligros de cada época: nn. 44,45, 67.


Vida Cristiana



1 Cfr. Sagrada Biblia, Libros proféticos, Eunsa 2002, nota a Jeremías 20, 7-18; Cfr La casa de la Biblia, Antiguo Testamento II, 1997, Jeremías 20, 7-18
2 Benedicto XVI, Discurso a los jóvenes, Polonia 27 de mayo 2006, comentario a Mateo 7, 21-27).
3 Cf n. 2584
4 Benedicto XVI, Audiencia general 15 junio 2005, comentario al Salmo 122.

5 Todo el discurso es un comentario a las palabras del Señor (Mateo 7) donde pide escuchar sus palabras para construir la casa de nuestra vida sobre roca. En uno de los últimos párrafos del discurso explica cómo construir sobre roca es confiar en Alguien que fue rechazado. Así los discípulos del Señor no pueden admirarse cuando son también rechazados: “Muchas veces Jesús es ignorado, es escarnecido, es proclamado rey del pasado, pero no del hoy y mucho menos del mañana; es arrumbado en el armario de cuestiones y de personas de las que no se debería hablar en voz alta y en público. Si en la construcción de la casa de vuestra vida os encontráis con los que desprecian el fundamento sobre el que estáis construyendo, no os desaniméis. Una fe fuerte debe superar las pruebas” (ibid. BXVI).

viernes, 23 de junio de 2017

“No tengáis miedo”: Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)

Lo dijo Jesús  a sus apóstoles: “No tengáis miedo”.
Lo dijo el que había de ser crucificado a otros que, en aquella hora de sus vidas, aún no sabían que iban a ser crucificados. Y hoy lo dice el Señor resucitado a quienes, celebrando la eucaristía, nos sentamos con él a la mesa de la gracia, escuchamos su palabra, hacemos memoria de su vida, de su éxodo, de su pascua, de su camino de hijo del hombre hacia la casa del Padre.
No tengáis miedo”: Lo dice hoy el Señor al emigrante, al desplazado, a esa multitud de hombres, mujeres y niños que en los caminos de la clandestinidad van dejando a borbotones la sangre de sus vidas.
Se lo dice a los excluidos del bienestar, que se ven obligados a mendigar con humillación un pan que deberían poder ganar, que tienen derecho a ganar con la dignidad del propio trabajo.
Se lo dice a las mujeres, a esa multitud de mujeres para quienes las esperanzas de vivir han quedado reducidas a tristísima certeza de ser explotadas.
Se lo dice a un mundo de niños que aprenderán a sonreír y a confiar sólo si el amor los envuelve en una fantasía de hermosura.
Se lo dice también a los violentos, a todos los que, bajo el velo de una agresividad irracional, esconden la cobardía del odio, el miedo al sinsentido, la angustia de no ser, la insignificancia de sus vidas.
También me lo dice a mí, que soy un pecador, y hago en mi barquilla rota la travesía de la noche.
No tengáis miedo”, pues sois amados. “No tengáis miedo”, pues Dios os ha creado para el amor y para la vida. “No tengáis miedo”, pues el amor de Dios es el insobornable tribunal de apelación contra el mal que acecha vuestras vidas.
No tengáis miedo”: Nos lo dice el Padre que, por amor, nos da a su único Hijo. Nos lo dice el Hijo de Dios con quien hacemos comunión. Nos lo dice el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad que da testimonio de Jesús y que va haciendo plena nuestra comunión con el Hijo de Dios.
Miradlo los humildes y alegraos.
Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos”.
Feliz domingo a todos los amados de Dios.



jueves, 22 de junio de 2017

Tercer Domingo de Pascua, Ciclo C (2016). ¡Jesús el Señor! Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. Para reconocer a Jesús como Señor, es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. Quien hace esa afirmación decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». La afirmación del señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo.


1  Tercer Domingo de Pascua, Ciclo C (2016). ¡Jesús el Señor! Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. Para reconocer a Jesús como Señor, es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. Quien hace esa afirmación decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». La afirmación del señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Juan 21 1 Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así: 2 estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.4 Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús. 5 Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No.6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 7 Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.9 Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. 10 Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.11 Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y aunque eran tantos no se rompió la red.12 Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor. 13 Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos. [15 Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». 16 Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». 17 Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: « ¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». 19 Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme»].  Cfr. 3º Pascua Ciclo C 10/04/2016 Hechos 5, 27b-32.40b-41; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19 cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme 1999, pp. 115-116; Cfr. Raniero Cantalamessa, El Canto del Espíritu (Meditaciones sobre el Veni Creator), PPC 1999, Cap. XXI pp. 377-391 Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! (Juan 21,7) A. Cuatro comentarios del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la proclamación de que Jesucristo es el Señor, que nos ayudan a entender el contenido de esta proclamación.  1. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Corintios 12,3). • n. 152: No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios...Nadie conoce lo íntimo de 2 Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.  2. Sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demuestran su soberanía divina. • n. 447 El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 109 (Mateo 22,41-46; cf. también Hechos 2, 34-36; Hebreos 1, 13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus apóstoles (Juan 13, 13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.  3. Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. • n. 448 Con mucha frecuencia, en los Evangelios, hay personas que se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación (Mateo 8, 2; 14, 30; 15, 22, etc.). Bajo la moción del Espíritu Santo, expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús (Lucas 1, 43; 2, 11). En el encuentro con Jesús resucitado, se convierte en adoración: "Señor mío y Dios mío" (Juan 20, 28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: "¡Es el Señor!" (Juan 21, 7).  4. La afirmación del Señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo. • n. 450 Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (Apocalipsis 11, 15) significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (Marcos 12, 17; Hechos 5, 29). " La Iglesia cree.. que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Señor y Maestro" (Gaudium et spes 10, 2; 45, 2). B. Ciertamente no es fácil creer.  a) La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano. o Hay que recorrer el camino de la fe, que no está privado de signos sensibles, como el de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes» del Evangelio de hoy. • Cfr. G. Ravasi, o.c. p. 118: “La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano. Por tanto, hay que recorrer un camino diverso para encontrar y reconocer a Cristo glorioso. Ese camino no puede seguir siendo el de la simple costumbre familiar, el de los ojos y los sentimientos, sino que es el camino de la fe. Un camino que, sin embargo, no está privado de signos comprensibles: como en el caso de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes». También en este dato cuantitativo probablemente no se esconden grandes secretos, no obstante las muy agudas y frenéticas investigaciones de los lectores del Evangelio de todos los siglos, sino, sencillamente, un recuerdo histórico y ocular. Y es precisamente a partir de este signo cuando la narración de Juan empieza a orientarse hacia una dimensión más alta y completa. (...) Pedro reconoce a su Señor y se echa al agua y se dirige hacia él con todo el impulso de su amor”. Cfr. Gianfranco Ravasi o.c. pp. 115-116  b) Juan Pablo II, Carta Novo millennio inneunte, 6 de enero de 2001 o Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús y Tomás n. 19. « Los discípulos se alegraron de ver al Señor » (Jn 20,20). El rostro que los Apóstoles contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido unos tres años, 3 y que ahora los convencía de la verdad asombrosa de su nueva vida mostrándoles « las manos y el costado » (ibíd.). Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron sólo después de un laborioso itinerario del espíritu (cf. Lc 24,13-35). El apóstol Tomás creyó únicamente después de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel rostro. Ésta era una experiencia que los discípulos debían haber hecho ya en la vida histórica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sentían interpelados por sus gestos y por sus palabras. o Cómo llega Pedro a la fe A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús les pregunta quién dice la « gente » que es él, recibiendo como respuesta: « Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas » (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante aún —¡y cuánto!— de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensión religiosa realmente excepcional de este rabbí que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad, ¡Jesús es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que atañe al nivel profundo de su persona, lo que él espera de los « suyos »: « Y vosotros ¿quién decís que soy yo? » (Mt 16,15). Sólo la fe profesada por Pedro, y con él por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al corazón, yendo a la profundidad del misterio: « Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo » (Mt 16,16). o Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. • Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento auténtico, fiel y coherente de ese misterio. n. 20. ¿Cómo llegó Pedro a esta fe? ¿Y qué se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez más convencido sus pasos? Mateo nos da una indicación clarificadora en las palabras con que Jesús acoge la confesión de Pedro: « No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos » (16,17). La expresión « carne y sangre » evoca al hombre y el modo común de conocer. Esto, en el caso de Jesús, no basta. Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre (cf. ibíd.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma dirección, haciendo notar que este diálogo con los discípulos se desarrolló mientras Jesús « estaba orando a soalas » (Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: « Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad » (Jn 1,14).  c) Para reconocer al Señor es necesario ser amigo suyo: los amigos de Dios en el AT y en el NT: • S.A. Panimolle, Amor, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ed, Paulinas 1990: c) Los amigos de Dios. En el pueblo de Dios algunas personas en particular son amadas por el Señor porque desempeñan una misión salvífica y han amado con todo el corazón a su Dios, adhiriéndose a él por completo, escuchando su voz y viviendo su palabra: tales son los padres de .Israel, Moisés, los justos, el rey David; se les llama amigos de Dios. Abrahán es el primer padre de Israel, presentado como amigo del Señor(2Ch 20,7 Is 41,8 Da 3,35 Jc 2,23). Dios conversó afablemente con este siervo suyo y le manifestó sus proyectos, lo mismo que se hace con un amigo íntimo (Gen 18,17ss). También Benjamín fue considerado de tal modo porque fue amado por el Señor (Dt 33,12). / Moisés es otro gran amigo de Dios: hablaba con él cara a cara, lo mismo que habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Moisés fue amado por Dios y por los hombres; su memoria será bendita (Si 45,1); en efecto, él fue el gran mediador de la revelación del amor misericordioso del Señor (Ex 34,6s; Núm 14,18s; Dt 5,9s). También / Samuel fue amado por el Señor (Si 46,13), lo mismo que / David y Salomón (2 S 12,24 lCrón 2S 17,16 [LXX]; Si 47,22 Ne 13,26), y lo mismo el siervo del Señor (Is 48,14). Finalmente, todos los hombres fieles y piadosos son amigos de Dios (Ps 127,2). 4 En el NT los amigos de Dios y de su Hijo son los creyentes (cf 1 Tes 1,4; 2Th 2,13 Col 3,12), y de manera especial los apóstoles y los primeros discípulos, que son amados por el Padre y por Jesús (Jn 14,21 Jn 17,23). Pero es preciso merecer esta amistad divina, observando y guardando la palabra del Hijo de Dios (Jn 14,23s), es decir, creyendo vitalmente en él (Jn 17,26). En el grupo de los primeros seguidores de Cristo hay uno que es designado especialmente por el cuarto evangelista como "el discípulo amado", es decir, el amigo de Jesús (Jn 21,7 Jn 21,20), que se reclinó sobre el pecho del maestro (Jn 13,23), es decir, vivió en profunda intimidad con el Hijo de Dios, lo siguió hasta el Calvario (Jn 18,15 19,26s) y lo amó intensamente (Jn 20,2-5). ( Diccionario RAVASI 153) 3. Importancia del reconocimiento de Jesucristo como «Señor». Cfr. Raniero Cantalamessa, o.c.  Quien pronuncia esa proclamación, es como si dijese: «Tú eres mi Señor, me someto a ti, te reconozco como como mi salvador». • Desde el punto de vista subjetivo - es decir, en lo que depende de nosotros - la fuerza de esa proclamación está en que supone también una decisión. Quien la pronuncia decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». (…) 4- Anunciar, dar testimonio, adorar Cfr. Papa Francisco, Homilía, Domingo 3º de Pascua, 14 de abril de 2013  Anunciar o Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. • No los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. • En la Primera Lectura llama la atención la fuerza de Pedro y los demás Apóstoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio.  Con su vida dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo • Pero demos un paso más: el anuncio de Pedro y de los Apóstoles no consiste sólo en palabras, sino que la fidelidad a Cristo entra en su vida, que queda transformada, recibe una nueva dirección, y es precisamente con su vida con la que dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo. En el Evangelio, Jesús pide a Pedro por tres veces que apaciente su grey, y que la apaciente con su amor, y le anuncia: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21,18). (…) Esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? ¿Tengo el valor de Pedro y los otros Apóstoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada día, los santos «ocultos», una especie de «clase media de la santidad», como decía un escritor francés, esa «clase media de la santidad» de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los Apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un 5 testimonio marcado con el precio de su sangre. Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. (…) Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.  Adorar • (…) Es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como «el Señor». ¡Adorarlo! El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoración: miríadas de ángeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoración ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. Ap 5,11-14). Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. (…) Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia. o Despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. • ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Jesucristo, el Buen Pastor (2016). Los pastores en la Iglesia están al servicio de Jesús. Textos sobre el Buen Pastor en Jesús de Nazaret, de Benedicto XVI. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor. La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer?


1  Jesucristo, el Buen Pastor (2016). Los pastores en la Iglesia están al servicio de Jesús. Textos sobre el Buen Pastor en Jesús de Nazaret, de Benedicto XVI. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor. La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer?  Cfr. 4 Domingo de Pascua Año C EL PASTOR pp. 320-335 A. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La esfera de los libros 2007, CAP. 8 Las grandes imágenes del Evangelio de Juan pp. 261-335 [El agua – la vid y el vino – el pan – el pastor]; B. Benedicto XVI, Spe Salvi, sobre la esperanza Cristiana, n. 6, 30 noviembre 2007  Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, 2007 1. Precedentes de esta imagen de los sinópticos y de Juan • “La imagen del pastor, con la cual Jesús explica su misión tanto en los sinópticos como en el Evangelio de Juan cuenta con una larga historia precedente”.  A. En el antiguo Oriente: apacentar a los débiles es una imagen de la tarea de gobierno p. 321 • “En el antiguo Oriente, tanto en las inscripciones de los reyes sumerios como en el ámbito asirio y babilónico, el rey se considera como el pastor establecido por Dios; el «apacentar» es una imagen de su tarea de gobierno. La preocupación por los débiles es, a partir de esta imagen, uno de los cometidos del soberano justo. Así, se podría decir que, desde sus orígenes, la imagen de Cristo buen pastor es un evangelio de Cristo rey, que deja traslucir la realiza de Cristo”.  B. En el Antiguo Testamento pp. 321-322 o Dios mismo aparece como pastor de Israel  Salmo 23: • “Esta imagen ha marcado profundamente la piedad de Israel y, sobre todo en los tiempos de calamidad, se ha convertido en un mensaje de consuelo y confianza. Esta piedad confiada tiene tal vez su expresión más bella en el Salmo 23: El Señor es mi pastor. «Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo...» (v. 4).  Cfr. Ezequiel capítulos 34-37: • “La imagen de Dios pastor se desarrolla más en los capítulos 34-37 de Ezequiel, cuya visión, recuperada con detalle en el presente, se retoma en las parábolas sobre los pastores de los sinópticos y en el sermón de Juan sobre el pastor, como profecía de la actuación de Jesús. Ante los pastores egoístas que Ezequiel encuentra en su tiempo y a los que recrimina, el profeta anuncia la promesa de que Dios mismo buscará a sus ovejas y cuidará de ellas. «Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra... Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré sestear... Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré» (34, 13.15-16)”. (p. 321) • “Ante las murmuraciones de los fariseos y de los escribas porque Jesús compartía mesa con los pecadores, el Señor relata la parábola de las noventa y nueve ovejas que están en el redil, mientras una anda descarriada, y a la que el pastor sale a buscar, para después llevarla a hombros todo contento y devolverla al redil. Con esta parábola Jesús les dice a sus adversarios: ¿no habéis leído la palabra de Dios en Ezequiel? Yo sólo hago lo que Dios como verdadero pastor ha anunciado: buscaré las ovejas perdidas, traeré al redil a las descarriadas”. (p. 322)  Un pastor que sufre la muerte. Redentor que sufre, pastor que se convierte en cordero (pp. 322-324) 2 • “En un momento tardío de las profecías veterotestamentarias se produce un nuevo giro sorprendente y profundo en la representación de la imagen del pastor, que lleva directamente al misterio de Jesucristo. Mateo nos narra que Jesús, de camino hacia el monte de los Olivos después de la Última Cena, predice a sus discípulos que pronto iba a ocurrir lo que estaba anunciado en Zacarías 13, 7: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño» (Mt 26, 31). En efecto, aparece aquí, en Zacarías, la visión de un pastor «que, según el designio de Dios, sufre la muerte, dando inicio al último gran cambio de rumbo de la historia» (Jeremias, ThWNT VI 487). Esta sorprendente visión del pastor asesinado, que a través de la muerte se convierte en salvador, está estrechamente unida a otra imagen del Libro de Zacarías: «Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron; harán llanto como llanto por el hijo único... Aquel día será grande el duelo de Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Megido... Aquel día manará una fuente para que en ella puedan lavar su pecado y su impureza la dinastía de David y los habitantes de Jerusalén» (12,10.11; 13, 1)”. (pp. 322-323) • “Se aprecia una relación interna con el siervo de Dios del Deutero-Isaías. Los últimos profetas de Israel vislumbran, sin poder explicar mejor la figura, el Redentor que sufre y muere, al pastor que se convierte en cordero” (p. 323) • “Mientras que en Mateo, al comienzo de la historia de la pasión, Jesús cita a Zacarías 13,7 – la imagen del pastor asesinado -, Juan cierra el relato de la crucifixión del Señor con una referencia a Zacarías 12,10: «Mirarán al que atravesaron» (19,37). Ahora ya está claro: el asesinado y el salvador es Jesucristo, el Crucificado”. (p. 324) • “Juan relaciona todo esto con la visión de Zacarías de la fuente que limpia los pecados y las impurezas: del costado abierto de Jesús brotó sangre y agua (Cf. Jn 19,34). El mismo Jesús, el que fue traspasado en la cruz, es la fuente de la purificación y de la salvación para todo el mundo. Juan lo relaciona además con la imagen del cordero pascual, cuya sangre tiene una fuerza purificadora: «No le quebrantará un hueso» (Jn 19,36; Ex 12,46). Así se cierra al final el circulo enlazando con el comienzo del Evangelio, cuando el Bautista, al ver a Jesús, dice: «Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1, 29)”. (p. 324). 2. La puerta de las ovejas pp. 324-326 “Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,17). “Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas (Jn 10, 1s)  Los pastores del rebaño de Jesús son buenos cuando entran a través de Jesús, entendido como puerta • “Se comprueba que alguien es un buen pastor cuando entra a través de Jesús, entendido como la puerta. De este modo, Jesús sigue siendo, en sustancia, el pastor: el rebaño le «pertenece» sólo a Él. (p. 325)  Es el amor - que hace ser una sola cosa con Jesús - lo que hace llegar a las ovejas a través de Jesús pp. 325-326 “«Apacienta mis corderos» (respectivamente «mis ovejas»)”: Jn 21, 15-17 • “Pedro es designado claramente pastor de las ovejas de Jesús, investido del oficio pastoral propio de Jesús. Sin embargo, para poder desempeñarlo debe entrar por la «puerta». A este entrar - o mejor dicho, ese dejarle entrar por la puerta (cf 10,3)- se refiere la pregunta repetida tres veces: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Ahí está lo más personal de la llamada: se dirige a Simón por su nombre propio, «Simón», y se menciona su origen. Se le pregunta p0or el amor que le hace ser una sola cosa con Jesús. Así llega a las ovejas «a través de Jesús»; no las considera suyas - e Simón Pedro -, sino como el rebaño de «Jesús». Puesto que llega a ellas por la «puerta» que es Jesús, como llega unido a Jesús en el amor, las ovejas escuchan su voz, la voz de Jesús mismo; no siguen a Simón, sino a Jesús, por el cual y a través del cual llega a ellas, de forma que, en su guía, es Jesús mismo quien guía”. (pp. 325-326) 3 3. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor pp. 326-27 “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11) • “Destacan sobre todo cuatro elementos fundamentales.[1] «El ladrón viene para robar, matar y hacer estragos» (10,10). [2]Ve las ovejas como algo de su propiedad, que posee y aprovecha para sí. [3] Sólo le importa él mismo, todo existe sólo para él. [4]Al contrario, el verdadero pastor no quita la vida, sino que la da: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia “(10,10).  La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? pp. 326-328 • “Ésta es la gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. Todo hombre desea la vida en abundancia. Pero, ¿qué es, en qué consiste la vida? ¿Dónde la encontramos? ¿cuándo y cómo tenemos «vida en abundancia»? ¿Es cuando vivimos como el hijo pródigo, derrochando toda la dote de Dios? ¿Cuándo vivimos como el ladrón y el salteador, tomando todo para nosotros? Jesús promete que mostrará a las ovejas los «pastos» aquello de lo que viven, que las conducirá realmente a las fuentes de la vida. Podemos escuchar aquí como una eco de las palabras del Salmo 23: «En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas … preparas una mesa ante mí … tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida …» (2,5s). resuenan más directas las palabras del pastor en Ezequiel: «La apacentaré en pastizales escogidos, tendrán su dehesa en lo alto de los montes de Israel …»” (34,14). o ¿De qué vive el hombre? De la Palabra de Dios y de la Eucaristía. pp. 326- 328  La Palabra de Dios • “Ahora bien, ¿qué significa todo esto? Ya sabemos de qué viven las ovejas, pero, ¿de qué vive el hombre? Los Padres han visto en los montes altos de Israel y en los pastizales de las camperas, donde hay sombra y agua, una imagen de las alturas de la Sagrada Escrituras, del alimento que da la vida, que es la Palabra de Dios. Y aunque este no sea el sentido histórico del texto, ene. Fondo lo han visto adecuadamente y, sobre todo, han entendido correctamente a Jesús. El hombre vive de la verdad y de ser amado, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. Quien le da todo esto, le «da vida en abundancia». Y así libera también las fuerzas mediante las cuales el hombre puede plasmar sensatamente la tierra, encontrando para sí y para los demás los bienes que sólo podemos tener en la reciprocidad. (…) Jesús, como palabra de Dios hecha carne, no es sólo el pastor, sino también el alimento, el verdadero «pasto»; nos da la vida entregándose a sí mismo, a Él, que es la vida (cf. 1,4; 3, 26; 11,25).  La Eucaristía pp. 328-329 “El buen pastor da la vida por las ovejas” (10,11) • “Igual que el sermón sobre el pan no se queda en una referencia a la palabra, sino que se refiere a la Palabra que se ha hecho carne y «don para la vida del mundo» (6,51), así, en el sermón sobre el pastor es central la entrega de la vida por las «ovejas». La cruz es el punto central del sermón sobre el pastor, y no como un acto de violencia que encuentra desprevenido a Jesús y se le inflige desde fuera, sino como una entrega libre por parte de Él mismo: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (10, 17 s). Aquí se explica lo que ocurre en la Eucaristía: Jesús transforma el acto de violencia externa de la crucifixión en un acto de entrega voluntaria de sí mismo por los demás. Jesús no entrega algo, sino que se entrega a sí mismo. Así, Él da la vida. Tendremos que volver de nuevo sobre este tema y profundizar más en él cuando hablemos de la Eucaristía y del acontecimiento de la Pascua”. 4. El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer? pp. 329-331 “Él va llamando a sus ovejas por el nombre y las saca fuera… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (10, 3s). “Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas”. (10, 14s) 4 “En estos versículos saltan a la vista dos interrelaciones que debemos examinar para entender lo que significa «conocer».  Primera interrelación: conocimiento y pertenencia, no posesión; conocimiento y entrega pp. 329-331 • “En primer lugar, conocimiento y pertenencia están entrelazados. El pastor conoce a las ovejas porque éstas le pertenecen, y ellas lo conocen precisamente porque son suyas. Conocer y pertenecer (en el texto griego, «ser propio» de : ta ídia) son básicamente lo mismo. El verdadero pastor no «posee» las ovejas como un objeto cualquiera que se usa y se consume; ellas le «pertenecen» precisamente en ese conocerse mutuamente, y ese «conocimiento» es una aceptación interior. Indica una pertenencia interior, que es mucho más profunda que la posesión de las cosas. Lo veremos claramente con un ejemplo tomado de nuestra vida. Ninguna persona «pertenece» a otra del mismo modo que le puede pertenecer un objeto. Los hijos no son «propiedad» de los padres; los esposos no son «propiedad» el uno del otro. Pero se «pertenecen» de un modo mucho más profundo de lo que pueda pertenecer a uno, por ejemplo, un trozo de madera, un terreno o cualquier otra cosa llamada «propiedad». Los hijos «pertenecen» a los padres y son a la vez criaturas libres de Dios, cada uno con su vocación, con su novedad y su singularidad ante Dios. No se pertenecen como una posesión, sino en la responsabilidad. Se pertenecen precisamente por el hecho de que aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse; son libres y al mismo tiempo una sola cosa para siempre en esta comunión. De este modo, tampoco las «ovejas», que justamente son personas creadas por Dios, imágenes de Dios, pertenecen al pastor como objetos; en cambio, es así como se apropian de ellas el ladrón y el salteador. Ésta es precisamente la diferencia entre el propietario, el verdadero pastor y el ladrón: para el ladrón, para los ideólogos y dictadores, las personas son sólo cosas que se poseen. Pero para el verdadero pastor, por el contrario, son seres libres en vista de alcanzar la verdad y el amor; el pastor se muestra como su propietario precisamente por el hecho de que las conoce y las ama, quiere que vivan en la libertad de la verdad. Le pertenecen mediante la unidad del «conocerse», en la comunión de la Verdad, que es él mismo. Del mismo modo que va unidos Logos y encarnación, Logos y pasión, también conocerse y entregarse son en el fondo una misma cosa”.  Segunda interrelación: el conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo se entrecruza con el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas. Sólo en Dios y a través de Dios se conoce verdaderamente al hombre.. pp. 331-332 “Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas” (10, 14s). • “El conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo se entrecruza con el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas. El conocimiento que une a Jesús con los suyos se encuentra dentro de su unión cognoscitiva con el Padre. Los suyos están entretejidos en el diálogo trinitario … (…) La compenetración de estos dos niveles del conocer resulta de suma importancia para entender la naturaleza del «conocimiento» de la que habla el Evangelio de Juan. Trasladando esto a nuestra experiencia vital, podemos decir: sólo en Dios y a través de Dios se conoce verdaderamente al hombre. Un conocer que reduzca al hombre a la dimensión empírica y tangible no llega a lo más profundo de su ser. El hombre sólo se conoce a sí mismo cuando aprende a conocerse a partir de Dios, y sólo conoce al otro cuando ve en él el misterio de Dios.  El pastor no debe sujetar a los hombres a él mismo, a su pequeño yo. El conocimiento recíproco debe ser un encontrarse juntos en Dios y dirigirse hacia Él. Para el pastor al servicio de Jesús eso significa que no debe sujetar a los hombres a él mismo, a su pequeño yo. El conocimiento recíproco que le une a las «ovejas» que le han sido confiadas debe tender a introducirse juntos en Dios y dirigirse hacia Él; debe ser, por tanto, un encontrarse en la comunión del conocimiento y del amor de Dios. El pastor al servicio de Jesús debe llevar siempre más allá de sí mismo para que el otro encuentre toda su libertad; y por ello, él mismo debe ir también siempre más allá de sí mismo hacia la unión con Jesús y con el Dios trinitario.” (…) 5. La unidad pp. 332-333 • (…) “ La misión de Jesús como pastor no sólo tiene que ver con las ovejas dispersas de la 5 casa de Israel, sino que tienden, en general, «a reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos» (11,52). (…) «Recibiréis la fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo» (Hechos 1,8). (…) “Aquí se nos muestra con claridad la razón interna de esta misión universal: hay un solo pastor. El Logos, que se ha hecho hombre en Jesús, es el pastor de todos los hombres, pues todos han sido creados mediante aquel único Verbo; aunque estén dispersos, todos son uno a partir de Él y envista de él. (…)  B. Benedicto XVI Encíclica «Spe salvi», sobre la esperanza cristiana, n. 6 30 noviembre 2007 El filósofo y el pastor en la cultura pre-cristiana y en el cristianismo  El filósofo: quien sabía enseñar el arte de vivir y morir; quien sabe indicar verdaderamente el camino de la vida 6. Los sarcófagos de los primeros tiempos del cristianismo muestran visiblemente esta concepción, en presencia de la muerte, ante la cual es inevitable preguntarse por el sentido de la vida. En los antiguos sarcófagos se interpreta la figura de Cristo mediante dos imágenes: la del filósofo y la del pastor. En general, por filosofía no se entendía entonces una difícil disciplina académica, como ocurre hoy. El filósofo era más bien el que sabía enseñar el arte esencial: el arte de ser hombre de manera recta, el arte de vivir y morir. Ciertamente, ya desde hacía tiempo los hombres se habían percatado de que gran parte de los que se presentaban como filósofos, como maestros de vida, no eran más que charlatanes que con sus palabras querían ganar dinero, mientras que no tenían nada que decir sobre la verdadera vida. Esto hacía que se buscase con más ahínco aún al auténtico filósofo, que supiera indicar verdaderamente el camino de la vida. o Cristo, el verdadero filósofo Hacia finales del siglo III encontramos por vez primera en Roma, en el sarcófago de un niño y en el contexto de la resurrección de Lázaro, la figura de Cristo como el verdadero filósofo, que tiene el Evangelio en una mano y en la otra el bastón de caminante propio del filósofo. Con este bastón Él vence a la muerte; el Evangelio lleva la verdad que los filósofos deambulantes habían buscado en vano. En esta imagen, que después perdurará en el arte de los sarcófagos durante mucho tiempo, se muestra claramente lo que tanto las personas cultas como las sencillas encontraban en Cristo: Él nos dice quién es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre. Él nos indica el camino y este camino es la verdad. Él mismo es ambas cosas, y por eso es también la vida que todos anhelamos. Él indica también el camino más allá de la muerte; sólo quien es capaz de hacer todo esto es un verdadero maestro de vida.  Cristo Pastor: conoce el camino que pasa por el valle de la muerte y nos acompaña para atravesarlo Lo mismo puede verse en la imagen del pastor. Como ocurría para la representación del filósofo, también para la representación de la figura del pastor la Iglesia primitiva podía referirse a modelos ya existentes en el arte romano. En éste, el pastor expresaba generalmente el sueño de una vida serena y sencilla, de la cual tenía nostalgia la gente inmersa en la confusión de la ciudad. Pero ahora la imagen era contemplada en un nuevo escenario que le daba un contenido más profundo: « El Señor es mi pastor, nada me falta... Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo... » (Sal 22,1-4). El verdadero pastor es Aquel que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su « vara y su cayado me sosiega », de modo que « nada temo » (cf. Sal 22,4), era la nueva « esperanza » que brotaba en la vida de los creyentes. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado «del buen pastor». (2016). El buen pastor es Cristo. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena en el exterior de nosotros: es una gracia que precede la historia de cada uno. Los cristianos debemos escuchar la voz del Señor y seguirle. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor. Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. La meta de la vocación cristiana es la vida eterna, es decir, la comunión de vida con Dios. El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. Es decir, tiene implicaciones éticas. El verdadero conocimiento lleva a la comunión. Jornada mundial por las vocaciones.. "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.


1  Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado «del buen pastor». (2016). El buen pastor es Cristo. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena en el exterior de nosotros: es una gracia que precede la historia de cada uno. Los cristianos debemos escuchar la voz del Señor y seguirle. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor. Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. La meta de la vocación cristiana es la vida eterna, es decir, la comunión de vida con Dios. El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. Es decir, tiene implicaciones éticas. El verdadero conocimiento lleva a la comunión. Jornada mundial por las vocaciones.. "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.  Cfr. 4º Domingo de Pascua, Ciclo C. 17 de abril de 2016 Evangelio: Juan 10, 27-30; 2ª Lectura: Apocalipsis 7, 9.14-17; Cfr. Temi di predicazione – Omelie – editrice dominicana italiana – n. 102 Nuova Serie – IV Domenica di Pasqua; Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme, I edizione economica 1999, IV Domenica del Tempo di Pasqua. Segunda Lectura, Apocalipsis 7, 9.14b-17: 9 Yo, Juan, vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero. 15 Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habitará en medio de ellos. 16 Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, 17 pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor, que los conducirá a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. Evangelio, Juan 10, 27-30: 27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno. Aleluya antes del Evangelio: Juan 10, 14: Yo soy el buen Pastor – dice el Señor -, conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Escuchan mi voz Yo las conozco y ellas me siguen. (Evangelio de hoy: Juan 10,27) Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor. (2ª Lectura, Apocalipsis 7, 16) 1. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena desde el exterior de nosotros: una gracia que precede la historia de cada uno. 2 • Ravasi o.c.: “A través de esa constelación de palabras [en el Evangelio: escuchar, conocer, seguir, da la vida, no perecerán, nadie les arrebatará de mi mano ...] relacionadas entre sí según un hilo luminoso y espiritual, se puede construir la historia integral de la vocación cristiana. Comienza con una voz que resuena externamente a nosotros. San Pablo escribe en la Carta a los Romanos1 que «Isaías 2 , se atreve a decir: Fui encontrado por los que no me buscaban, me manifesté a los que no preguntaban por mí»”. La gracia divina precede toda historia personal y rompe el silencio de la conciencia del mismo modo que la palabra creadora de Dios ha quebrantado el silencio de nuestra nada en el nacimiento”. p. 121 2. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. • Ravasi o.c.: “El hombre debe «escuchar» y sabemos que en el lenguaje bíblico ese verbo está cargado de resonancias ulteriores que implican también la adhesión gozosa, la obediencia, la elección de vida”. p. 121 “Se establece una comunicación íntima y profunda entre Cristo y el discípulo, que es definida por una grande palabra bíblica: «conocer». Esta palabra abraza de una manera tan intensa la mente y el corazón, la acción y el ser entero del hombre, que llega a ser, en los labios de Jesús, la misma definición que la de vida eterna: “Ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado” (Juan 17,3). p. 121 “Quien ha escuchado y se ha dado a conocer y ha conocido a Dios «sigue» a Cristo como a su único Pastor. Este seguimiento debe ser cotidiano y continuo, también cuando en el horizonte se entrevé la pesadilla del lobo que se para ante nosotros dispuesto a devorar nuestra carne y a torturar nuestro espíritu. En esos momentos salen a relucir en nuestra mente otras dos verbos del párrafo del Pastor: nunca «pereceremos», y nadie nos podrá «arrebatar» de la mano segura y omnipotente de Cristo”. p. 121  La fuerza del conocimiento de Cristo en San Pablo. “Esta seguridad está expresada de modo luminoso por Pablo en una especie de himno que se encuentra al final del capítulo 8 de la Carta a los Romanos: Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro. (8, 38-39)”. (…) p. 122  La meta de la vocación cristiana es la vida eterna no la que enseñaban los griegos, sino la comunión de vida con Dios. “La meta de la vocación cristiana, en efecto, nos es ni oscura ni incierta, sino que se encuentra en la frase última pronunciada por Cristo Pastor: «Yo les doy vida eterna» (Juan 10, 28). En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude a un infinita extensión de años, a una inmortalidad del alma como la enseñaban los Griegos; se trata, en cambio, de la misma vida divina, es la comunión de vida, de paz, de estar con Dios mismo”. p. 122 o Encontramos la descripción simbólica de esta experiencia de la vida eterna en la segunda Lectura de hoy, del libro del Apocalipsis. La comunión perfecta con Dios cara cara. “La descripción simbólica de esta experiencia la tenemos delante de nosotros en la segunda Lectura de hoy, que presenta a nuestra mente un grandioso fresco del Apocalipsis. En él una inmensa multitud de discípulos pertenecientes a todas las regiones, a todos los tiempos y a todas las culturas de nuestro planeta, no tiene en adelante hambre y sed, no es herida por los sucesos externos del clima y de la historia, no conoce en adelante el amargo sabor de las lágrimas, no bebe ya el veneno de la muerte, porque Dios, a sus fieles, les ha abierto «la fuente de las aguas de la vida»”. p. 122 “Es el momento de la comunión perfecta con Dios. Ha quedado a las espaldas el tiempo en el que ellos, los fieles, debían sumergirse en la sangre de la prueba, del sufrimiento y de la tribulación participando en la pasión de Cristo. Ahora ellos se visten con el vestido cándido y resplandeciente del angel pascual (Lucas 24,4). Ellos están ya en la felicidad y sobre ellos se extiende la tienda estrellada del cielo, imagen del Templo celeste 1 Romanos 10,20 2 Isaías 65,1 3 perfecto en el que Dios estará presente no ya como en un reflejo para contemplar como en un espejo, sino que se mostrará cara a cara (1 Corintios 13,12)”. pp. 122-123  Una aclaración acerca de la imagen de las ovejas en la época actual. • Los discípulos se llaman así porque «aprenden»: «discere» en latín significa aprender. El uso de la imagen de las ovejas, no tiene nada que ver con el sentido actual a veces peyorativo; responde más bien a la cultura de la época en que hablaba el Señor, a una sociedad como la hebrea donde ser pastor y tener ovejas era señal de una buena situación social, señal de riqueza y de bienestar. Los verdaderos discípulos acogen dócilmente sus palabras, es decir, permiten al Maestro que enseñe («docere», en latín, significa enseñar). Los verdaderos discípulos son dóciles en cuanto que aprenden a vivir como su modelo, Cristo, pastor ejemplar. 3. El conocimiento en la Biblia o A) Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor.  Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. • El verbo «conocer» no indica solamente una acción intelectual, sino una relación cordial y afectiva. Jesús nos conoce en el sentido de que ama a las personas que están ligadas a Él. Por analogía, nosotros le conocemos en cuanto que le amamos. Se trata de una relación mutua y recíproca: se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama.  El verdadero conocimiento en la Biblia lleva a la comunión. • Biblia de Jerusalén, comentario a Juan 10,14: “En la Biblia (ver Os 2,22+), el «conocimiento» no procede de una actividad puramente intelectual, sino de una «experiencia», de una presencia (comparar Juan 10, 14-15 y 14,20; 17, 21-22; ver 14, 17; 17,3; 2 Jn 1-2); acaba necesariamente en el amor (ver Oseas 6,6+ y 1 Jn 1,3+, 10,16)”. • Biblia de Jerusalén, comentario a 1 Juan 1,3: El verdadero «conocimiento» en la Biblia lleva a la «comunión». “El término «comunión» (ver 1 Corintios 1,9+; 2 Pedro 1,4), expresa uno de los temas principales de la mística joánica (Jn 14,20; 15, 1-6; 17, 11.20-26); unión de la comunidad cristiana basada en la unión de cada fiel con Dios, en Cristo. Esta unión se expresa bajo diversas formas: el cristiano «permanece en Dios y Dios permanece en él» (1 Juan 2, 5.6.24.27; 3,6.24; 4, 12.13.15.16; ver Juan 6,56+), ha nacido de Dios (2,29; 3,9; 4,7; 5, 1.18), es de Dios (2,16; 3,10; 4,4.6; 5,19), conoce a Dios (2, 3.13.14; 3,6; 4, 7-8) (sobre conocimiento y presencia, ver también: Juan 14,17; 2 Juan 1,2). o B) Nuestro conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. • Esta identidad divina justifica el que el Señor afirmase en cierta ocasión una exigencia absoluta: “Quien no está conmigo está contra mí” (Mateo 12,30) (cfr. CEC n. 590). No le reconocieron como Dios hecho hombre y veían en Él a “un hombre que se hace Dios” (Juan 10, 33), y, por tanto, lo juzgaron como un blasfemo (cfr. CEC n. 594).  Es decir, implica un comportamiento ético. La obediencia concreta a su voluntad. • Cfr. Comentario al Nuevo Testamento, la Casa de la Biblia, 3ª edición 1995, Juan 10, 1-6 y 7-21: El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de la soberanía divina y la aceptación de sus exigencias (Is 1,2ss; Jr 9, 3-5; 31,34), y la garantía del verdadero conocimiento es la obediencia concreta a su voluntad (Jr 16,11). “Implica, por tanto, el comportamiento ético adecuado, el aspecto moral, del que prescindían los gnósticos. Igualmente el evangelio de Juan habla de un conocimiento activo, de una relación personal entre el pastor y sus ovejas, «como» la que existe entre el Padre y el Hijo. Así como éste se expresa en el amor del Padre por el Hijo (Jn 3,35; 10,17; 15,9 ...) y en la obediencia del Hijo del Padre (Jn 4,34; 6,39 ...), del mismo modo el conocimiento del pastor se manifiesta en el amor por las ovejas (Jn 13,1; 15,12-13) y en la confianza que las ovejas tienen en el pastor (Jn 10, 25-30.37-38). La fe se traduce aquí por el seguimiento de las ovejas al pastor (Jn 14, 21-24).” 4 4. El significado de dar la vida Cfr. Evangelio, Juan 10,28 y 2ª Lectura, del libro del Apocalipsis.  Dos significados. • El conocimiento de sus discípulos por parte del Señor se aclara con lo que afirma en Juan 10, en el v. 28: “yo les doy vida eterna”. “Dar la vida” tiene dos significados: por una parte, Jesús da la propia vida en el sentido de que la pierde; y por otra, en el sentido de que comunica su vida, permitiendo así a los discípulos de tener una vida plena. También hay que tener en cuenta que el adjetivo “eterna” en Juan indica plenitud y totalidad, no solamente duración infinita. Vida eterna por tanto es plena realización de la vida, completa madurez humana. Primariamente no significa una realidad contraria a temporal, sino más bien participación en la vida misma de Dios. o Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. Nuestra condición actual. • Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. En la segunda lectura se nos habla de “una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos. (...) Han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero (...) el Cordero que está en el trono será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida, y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”. En cuanto hombres destinados a la vida eterna, debemos considerar provisional nuestra condición terrestre, y también que nuestra debilidad y fragilidad son una situación límite de la que seremos liberados. • JPII, Catequesis 16-12-1998: “Esta "vida eterna" no es mas que la participación de los creyentes en la vida misma de Jesús resucitado y consiste en ser insertados en la circulación de amor que une al Padre y al Hijo, que son uno (Juan 10,30; 17,21-22). • Ravasi o.c: “En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude tanto a una infinita prolongación de los años, a una inmortalidad del alma como era enseñado por los Griegos; en cambio, es la misma vida divina, y la comunión de vida, de paz, de ser con Dios mismo”. p. 122 5. La vida como vocación  Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la 38 jornada mundial por las vocaciones, 6 de mayo de 2001. 4º Domingo de Pascua. o A) “La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios”.  Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. 1. – (…) La palabra "vocación" cualifica muy bien las relaciones de Dios con cada ser humano en la libertad del amor, porque "cada vida es vocación" (Pablo VI, carta Enc. Populorum progressio, 15). (...) Vocación es la palabra que introduce a la comprensión de los dinamismos de la revelación de Dios y descubre al hombre la verdad sobre su existencia: "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndole creado Dios por amor, por amor le conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad, si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador". (N° 19). Es en este diálogo de amor con Dios que se funda la posibilidad para cada uno de crecer según líneas y características propias, recibidas como don y capaces de " dar sentido" a la historia y a las relaciones fundamentales de su existir cotidiano, mientras se está en camino hacia la plenitud de la vida. 5 o B) Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. 2. - Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. La vida asume así el valor del "don recibido, que tiende por naturaleza a llegar a ser bien dado" (Doc. Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 1997,16, b). El hombre muestra ser renovado en el Espíritu (cfr. Jn. 3, 3.5) cuando aprende a seguir el camino del nuevo mandamiento "que os améis los unos a los otros, como yo os he amado" ( cfr. Jn 15,12). Se puede afirmar que, en cierto sentido, el amor es el DNA de los hijos de Dios; es la " la vocación santa" con la que hemos sido llamados "según su propósito y su gracia, gracia que nos fue dada en Cristo Jesús, antes de los tiempos eternos y manifestada en el presente por la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo " (2 Tm 1,9.10). o C) En el origen de todo camino vocacional, está Emmanuel, el Dios-connosotros.  Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. En el origen de todo camino vocacional está Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. Y al mismo tiempo, en armonía con la humanidad y con el mundo entero. Descubrir la presencia de Dios en la propia historia, no sentirse nunca huérfano sino siendo consciente de tener un Padre del que podemos fiarnos totalmente: este es el gran cambio que transforma el horizonte simplemente humano y lleva al hombre a comprender, como afirma la Gaudium et spes, que no puede " encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo" (N°24). En estas palabras del Concilio Vaticano II está encerrado el secreto de la existencia cristiana y de toda la auténtica realización humana. o D. La necesidad del testimonio de hombres y mujeres: a) que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente; b) en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza; c) en la comunión con Cristo y con la Iglesia, que es garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana.  Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. 3. - Hoy, sin embargo, esta lectura cristiana de la existencia debe hacer el balance de algunos comportamientos de la cultura occidental, en la que Dios es prácticamente marginado del vivir cotidiano. He aquí porqué es necesario un compromiso acorde de toda la comunidad cristiana para "reevangelizar la vida". Conviene a esta fundamental obligación pastoral el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente, en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza, en la comunión con Cristo y con la Iglesia la garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana. Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. Cada vida es una vocación, y todo creyente es invitado a cooperar en la edificación de la Iglesia. (…). www.parroquiasantamomnica.com Vida Cristiana

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